Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Donde el corazón no sobrevive. (Cruzaste el mundo por mi). - Capítulo 27

  1. Inicio
  2. Donde el corazón no sobrevive. (Cruzaste el mundo por mi).
  3. Capítulo 27 - 27 Encuentro bajo los cerezos
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

27: Encuentro bajo los cerezos.

27: Encuentro bajo los cerezos.

La música terminó, pero el mundo no.

El último acorde quedó suspendido en el aire como un suspiro contenido, delicado, casi sagrado, mientras las parejas se detenían con elegancia sobre el mármol pulido.

Los vestidos dejaban de girar, las máscaras recuperaban su rigidez, y el brillo del salón volvía a ser solo una apariencia cuidadosamente construida.

En el centro de todo, Akane permaneció inmóvil.

La mano de Pedro aún sostenía la suya.

Un segundo más.

Solo uno.

Como si ambos comprendieran, sin necesidad de palabras, que ese instante no volvería a repetirse.

Que, en cuanto se soltaran, todo lo que habían logrado sostener en ese breve espacio de tiempo sería reclamado por el mundo al que pertenecían.

Entonces Pedro hizo una leve reverencia.

Elegante, precisa, silenciosa.

Y la soltó.

El contacto desapareció.

Pero no lo que había ocurrido.

Akane no se movió.

Su respiración no encontraba ritmo, como si su propio cuerpo estuviera intentando ponerse de acuerdo con lo que acababa de suceder.

Sus manos temblaron suavemente frente a ella, ajenas, frágiles, y las observó con una necesidad casi desesperada de entender.

Las giró.

Las examinó.

Como si buscara una prueba tangible.

Como si temiera que todo hubiera sido un engaño de su propia mente.

Su corazón latía con una fuerza que ya no podía contener.

Demasiado rápido.

Demasiado vivo.

Aquello no era un recuerdo.

Era presente.

Era real.

Porque algo dentro de ella había despertado.

No era solo amor.

No era solo nostalgia.

Era ella.

La verdadera.

La que había estado dormida durante semanas.

Desde el nivel superior del salón, Kenji Takamura observaba en silencio.

Su mirada, entrenada durante años para descifrar intenciones, poder y debilidad en los demás, se detuvo en su hija con una precisión inquietante.

Pero lo que vio no encajaba con nada que conociera.

No vio a la heredera.

Vio a alguien más.

Había algo en su postura, en la forma en que respiraba, en ese leve desorden que rompía la perfección que siempre la había definido.

Algo que no pertenecía a ese lugar.

Un brillo.

Fugaz.

Pero inconfundible.

Un recuerdo cruzó su mente sin permiso, arrastrando consigo una emoción que creía enterrada.

Ese mismo brillo… lo había visto antes.

En los ojos de su esposa.

Kenji frunció apenas el ceño.

No por enojo.

Por reconocimiento.

Algo estaba cambiando.

Y por primera vez en mucho tiempo… no estaba seguro de poder controlarlo.

—Akane.

La voz llegó desde su lado con la precisión de quien nunca interrumpe sin intención.

Satoshi Ono.

Perfecto.

Impecable.

Intocable.

Akane giró el rostro lentamente.

Lo miró… pero no lo vio.

Su mente seguía en otro lugar.

Su cuerpo, en cambio, ya comenzaba a reaccionar.

—¿Todo está bien?

—preguntó él con calma medida.

Ella tardó un segundo más en responder.

Uno que, para alguien como Satoshi, no pasó desapercibido.

—Yo… —respiró hondo— necesito salir un momento.

Satoshi la observó en silencio.

Analizando.

Midiendo.

Había algo fuera de lugar.

No sabía exactamente qué… pero estaba ahí.

—¿Salir?

—repitió, con una suavidad que no admitía cuestionamientos.

Akane asintió levemente.

—A tomar aire fresco.

Hubo una pausa breve.

Tensa.

Satoshi sostuvo su mirada un instante más, como si buscara algo detrás de sus palabras.

Luego sonrió.

Apenas.

Controlado.

—No te demores —dijo finalmente—.

Tengo un anuncio importante que hacer esta noche.

Sus ojos se fijaron en ella con una claridad incómoda.

—Y tú eres la estrella de esta gala.

Las palabras no sonaron como una invitación.

Sonaron como una certeza.

Como una estructura ya definida en la que ella simplemente debía encajar.

Akane asintió.

Pero por dentro, algo se quebró con un silencio definitivo.

Se giró sin decir más y comenzó a caminar.

Al principio despacio, manteniendo la elegancia que se esperaba de ella.

Pero cada paso parecía arrancarla un poco más de ese lugar.

A medida que avanzaba, su ritmo cambió, su respiración se volvió más profunda, más urgente.

Atravesó el salón sin mirar a nadie.

Las luces, las voces, las miradas… todo comenzó a perder sentido.

Las puertas se abrieron.

Y el aire frío de la noche la recibió como una verdad.

El silencio fue inmediato.

Real.

Profundo.

El jardín se extendía ante ella como un mundo aparte, ajeno al control, ajeno a las expectativas.

Un espacio donde, por primera vez en mucho tiempo, podía respirar sin ser observada.

Lo hizo.

Una vez.

Otra.

Y entonces lo vio.

Bajo un cerezo en flor, inmóvil, como si formara parte del paisaje… estaba Pedro.

Esperándola.

No había duda en su postura.

No había prisa.

Solo certeza.

El viento se movió suavemente, arrastrando consigo los pétalos que comenzaron a caer alrededor de él con una lentitud casi irreal.

Akane no caminó.

Corrió.

Y cuando llegó, no habló.

No preguntó.

No dudó.

Se lanzó a sus brazos.

Pedro la sostuvo con una firmeza que no dejaba espacio a la incertidumbre.

Sus brazos la envolvieron como si el mundo entero pudiera desaparecer… y aun así eso bastara.

—Pensé que te había perdido… —susurró ella contra su pecho, con la voz quebrada.

Pedro cerró los ojos un instante, absorbiendo ese contacto como si también lo necesitara para mantenerse en pie.

—Te dije que no te abandonaría.

Akane levantó el rostro.

Lo miró de verdad.

Sin filtros.

Sin miedo.

Sin distancia.

Y entonces lo besó.

No fue un gesto elegante ni contenido.

Fue urgente.

Intenso.

necesario.

Como si cada segundo tuviera peso propio.

Como si ese beso fuera lo único que podía sostenerlos en medio de todo lo que estaba a punto de romperse.

Pedro respondió de inmediato, acercándola más, profundizando ese instante con la misma necesidad.

El mundo se detuvo.

El viento, los pétalos, el silencio… todo parecía girar en torno a ellos.

Y por primera vez… no había máscaras.

Cuando se separaron, sus frentes permanecieron unidas.

Sus respiraciones aún no encontraban ritmo, pero ya no importaba.

—Si nos vamos ahora… —dijo Pedro en voz baja— no hay vuelta atrás.

Akane no dudó.

No necesitó pensar.

—Nunca quise volver.

La decisión cayó entre ambos con una claridad absoluta.

Pedro tomó su mano.

Y esta vez, no la soltó.

Comenzaron a avanzar rápidamente por el jardín.

Sus pasos eran firmes, medidos, pero la tensión crecía con cada metro.

La salida lateral estaba cerca.

Todo estaba calculado.

Hasta que la voz rompió el aire.

—¡Señorita Takamura!

Akane se tensó.

Pedro no se detuvo.

—Ahora.

Y entonces corrieron.

El sonido de sus pasos rompió la calma de la noche.

Detrás de ellos, las voces comenzaron a alzarse, las órdenes a multiplicarse, el movimiento a expandirse como una reacción inevitable.

Ya no había discreción.

Ya no había retorno.

Llegaron al vehículo.

Pedro abrió la puerta con rapidez.

Akane subió sin mirar atrás.

Él rodeó el auto, entró, y encendió el motor.

El rugido fue inmediato.

Decisivo.

Las luces del lugar comenzaron a encenderse a lo lejos.

Sombras moviéndose.

Tiempo agotándose.

—Pedro… —susurró ella.

Él la miró un segundo.

—Confía en mí.

Y aceleró.

El auto se lanzó hacia la salida, alejándose del único mundo que ambos habían conocido hasta ese momento.

— Dentro del salón, la música había vuelto, pero ya no cumplía su función.

Satoshi Ono avanzó hacia el centro con la misma elegancia de siempre.

Tomó el micrófono, sostuvo la mirada del público y sonrió con precisión.

—Señoras y señores… El murmullo se apagó.

—Esta noche marca una unión importante.

Una alianza que trasciende generaciones, poder… y futuro.

Las miradas se concentraron en él.

Expectantes.

—La unión de dos familias destinadas a construir algo aún más grande.

Sus ojos comenzaron a buscar.

—Por eso… es un honor anunciar el compromiso entre… Pausa.

Su mirada se detuvo.

Algo no estaba donde debía estar.

Recorrió el salón una vez más.

Nada.

El espacio vacío se volvió evidente.

El murmullo creció.

—¿Dónde está?

—¿Akane?

Desde un costado, Kenji Takamura avanzó lentamente.

Su rostro se tensó, pero no perdió compostura.

—Hija… —murmuró apenas— ¿qué hiciste?

En ese momento, un guardia se acercó con urgencia.

Se inclinó hacia Satoshi y le habló en voz baja.

—Señor… la señorita Takamura salió del recinto… subió a un vehículo con un hombre… Satoshi no reaccionó de inmediato.

—Descríbelo.

—Alto… traje negro…al parecer extranjero.

Silencio.

Un segundo.

Dos.

Y entonces algo en su expresión cambió.

—No puede ser… Su mirada se endureció.

—Ese maldito don nadie… Bajó el micrófono lentamente.

El murmullo del salón se convirtió en ruido de fondo.

Ya no le importaba.

Miró al guardia.

—Acompáñame.

El hombre dudó apenas.

Satoshi extendió la mano.

Y tomó el arma.

El peso se acomodó en su palma como si siempre hubiera estado ahí.

Sus ojos se alzaron.

Oscuros.

Fríos.

Y entonces recordó, con una claridad absoluta: —Siempre hay un plan B.

La noche apenas comenzaba.

Y esta vez… no iba a fallar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo