Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

Donde el corazón no sobrevive. (Cruzaste el mundo por mi). - Capítulo 51

  1. Inicio
  2. Donde el corazón no sobrevive. (Cruzaste el mundo por mi).
  3. Capítulo 51 - Capítulo 51: Epílogo
Anterior
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 51: Epílogo

Epílogo

Donde la vida continúa

El tiempo no borró el dolor. Lo acomodó.

Cinco años después, la mansión Takamura ya no era un símbolo de poder. Era un hogar. Uno que respiraba distinto, como si cada rincón hubiese aprendido, con paciencia silenciosa, a soltar la tensión que alguna vez lo sostuvo todo.

El jardín estaba vivo. No solo por el verde impecable o el orden casi perfecto, sino por algo más difícil de nombrar: la calma. Esa que no se impone, que no se compra, que simplemente aparece cuando ya no queda nada que defender.

El pequeño Kenji corría descalzo sobre el césped, riendo con una libertad que no conocía límites, persiguiendo a un perrito que giraba sobre sí mismo, torpe y feliz. Detrás de él, Kenji Takamura lo seguía con pasos medidos, dejando que el niño creyera que la ventaja era suya. A ratos aceleraba apenas, como si aún recordara cómo se jugaba, y otras veces simplemente lo observaba, con esa atención silenciosa que no interrumpe, pero sostiene.

Sus manos estaban sucias, su ropa desordenada, su risa llena. No había cálculo en el niño. No había sombra.

Y eso era, precisamente, la victoria más grande.

Bajo la sombra amplia de un árbol antiguo, Pedro y Akane observaban sin interrumpir ese momento, sentados sobre una manta simple, con bocadillos olvidados entre ellos. No hablaban. No hacía falta. Habían aprendido, después de todo, que el amor más profundo no siempre necesita palabras para sostenerse.

La camisa de Pedro estaba apenas abierta, lo suficiente para dejar ver las cicatrices que cruzaban su pecho como marcas de una historia que no podía —ni quería— ser olvidada. Ya no dolían. Pero tampoco se habían ido. Permanecían ahí, no como una herida, sino como un recordatorio silencioso de lo que habían atravesado.

Akane deslizó sus dedos sobre ellas con una suavidad que no tenía miedo. No tocaba el pasado. Tocaba la certeza de que él seguía ahí.

Pedro la miró con esa calma que solo se alcanza después de haber estado al borde de perderlo todo. Tomó su mano sin prisa y la acercó a sus labios, besándola con una delicadeza que hablaba más que cualquier promesa.

—Sigo aquí —murmuró.

Akane sonrió apenas, como si esa frase no fuera nueva, pero sí necesaria.

A lo lejos, la risa del niño volvió a estallar, mezclada con la voz de Kenji, que fingía cansancio mientras intentaba alcanzarlo.

—Kenji —llamó Pedro, alzando la voz con una tranquilidad firme—. Ven a comer antes de que ese perro te gane.

El pequeño giró de inmediato, como si esa voz fuera un lugar seguro al que siempre se puede volver.

—¡Voy!

Corrió hacia ellos sin medir el impulso, seguido por el perro. Kenji llegó unos pasos después, acomodándose con naturalidad junto a ellos, como si ese lugar siempre le hubiese pertenecido.

El niño se dejó caer sobre la manta con una energía desbordada, manchando sin querer todo a su alrededor.

Akane lo miró de inmediato, entre la ternura y la disciplina.

—Mira cómo estás… te dije que tuvieras cuidado.

El niño la observó un segundo, dudando entre justificarse o simplemente sonreír.

Pedro intervino antes de que eligiera.

—Hazle caso a tu madre —dijo, apoyándose levemente hacia atrás—. Porque si no… cuando seas grande, te va a tirar la barba.

El niño abrió los ojos con sorpresa.

—¿En serio?

Akane soltó una risa que no pudo contener.

—Eres un idiota —le dijo a Pedro, girando hacia él justo para cumplir la amenaza en ese mismo instante.

Sus dedos se enredaron en la barba de Pedro y tiraron con suavidad.

Pedro hizo una mueca exagerada.

—¿Ves? —añadió, mirando al pequeño—. Te estoy salvando.

El niño rió. El perro ladró. Y por un momento, todo fue exactamente como debía ser.

Kenji los observó, aún con la respiración levemente agitada por el juego. Sus ojos pasaron del niño a su hija, y de ella a Pedro. Ya no había dureza en su mirada. Solo una calma profunda, construida con los restos de todo lo que alguna vez se rompió.

—Atsuko… estaría orgullosa —dijo finalmente, con una voz más baja de lo habitual.

No era una declaración. Era una verdad que le había tomado años poder pronunciar sin romperse.

—De lo que construyeron… —añadió—. De lo que son.

Akane bajó la mirada un instante, como si esas palabras encontraran un lugar donde quedarse. Pedro inclinó levemente la cabeza, en un gesto que era respeto… pero también comprensión.

El viento movió suavemente las hojas del árbol.

Y por primera vez en mucho tiempo… no parecía haber nada pendiente.

Akane respiró hondo. Su mirada se perdió un segundo en el horizonte antes de volver a ellos.

—Voy a necesitar más ayuda en la empresa —dijo de pronto, con un tono que no era grave… pero tampoco casual.

Pedro la miró de inmediato.

—¿Por qué? ¿Vas a viajar? ¿Te estás exigiendo demasiado?

Kenji también giró hacia ella, atento.

Akane dudó. Solo un segundo.

Sus dedos se entrelazaron con los de Pedro, como si ese pequeño gesto le diera el impulso que faltaba.

—No… —murmuró, dejando escapar una leve sonrisa nerviosa—. Es que…

Hizo una pausa.

Y en ese instante, el mundo pareció inclinarse hacia ella.

—Creo que estoy embarazada.

El silencio no fue vacío. Fue absoluto.

Pedro la miró sin entender.

—¿Qué…? —dijo primero, en voz baja.

Luego más alto.

—¿¡QUÉ!?

El pequeño Kenji dio un pequeño salto, sobresaltado por el tono.

Kenji Takamura no dijo nada al principio. Sus ojos, sin embargo, se llenaron de algo que no intentó ocultar. Una emoción limpia. Directa. Sin defensa.

El niño miró a todos, confundido.

—¿Qué es embarazada?

Pedro abrió la boca para responder… pero no pudo.

Akane lo miró, riendo suavemente entre la emoción y los nervios.

Y en medio de ese instante imperfecto, vivo, desordenado…

La vida volvió a empezar.

Sin ruido.

Sin promesas grandilocuentes.

Solo… sucediendo.

Y por primera vez…

el futuro no dolía.

———————————————————–

Gracias por llegar hasta aquí.

Esta historia comenzó como algo pequeño… casi en silencio.

Pero en el camino, dejó de ser solo mía.

Cada lectura, cada emoción, cada persona que se detuvo en estas páginas…

la convirtió en algo mucho más grande de lo que imaginé.

Si en algún momento Pedro y Akane lograron tocar algo en ti, aunque haya sido por un instante… entonces todo esto ya valió la pena.

Y si quieres seguir caminando conmigo…

Hay otra historia esperando.

Una historia sobre el amor que no se olvida,

sobre los recuerdos que el tiempo no logra borrar…

y sobre dos personas destinadas a encontrarse, incluso cuando todo está en contra.

Siempre fuiste tú

Gracias por estar aquí

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo