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Dos ingenieros en otro mundo - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 La apuesta de medianoche
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10: La apuesta de medianoche 10: La apuesta de medianoche ●— ¿Está bien?

— — Durman — Tsk… este trasto está roto ha absorbido mucho maná de goles y me he maread, además no me da lectura.

Se las atreveré a Dalia para que las arregle.

— Su tono sonaba normal, pero había algo en su expresión que no me cuadraba.

Durman me miró de una forma distinta, como si intentara medir algo que no comprendía.

Entonces, con un gesto brusco, se levantó y se irguió.

— Durman — ¡En fin, deja de hacer preguntas y recoge todo, zagal!

— Me lanzó un trapo sin previo aviso.

— Durman — Voy a… eh… al baño.

No esperaba respuesta.

Simplemente se fue a toda prisa.

Me quedé de pie en el taller, viendo cómo desaparecía por la puerta.

(Vale.

¿Por dónde empezó?) ==+-+-+-+== Durman entró en la cocina con el ceño fruncido y la respiración pesada.

Astrid estaba organizando los platos para la cena, junto a las sirvientas, cuando su esposo la tomó suavemente del brazo.

— Durman — Ven conmigo.

— Astrid lo miró de reojo.

No era un pedido, era una orden.

— Astrid — No ves que estoy ocupada.

— —Durman—Ahora.

— Su tono era tenso, casi tembloroso.

Astrid entrecerró los ojos.

No era fácil ver a Durman así.

Sin decir nada, dejó los platos y lo siguió.

Subieron las escaleras y entraron en su habitación matrimonial.

Durman cerró la puerta con firmeza y se apoyó contra ella, como si temiera que alguien pudiera escucharlos.

—Durman—…Astrid.

Tenemos un problema.

— Ella cruzó los brazos y lo observó en silencio, esperando que continuara.

Durman se quitó las gafas de análisis y las sostuvo en su mano.

Las lentes estaban rotas, las runas grabadas habían perdido su brillo y aún se notaban rastros de residuo de maná.

— Durman — Se rompieron cuando miré a Neo.

— — Astrid — ¿Y qué viste?

— Dijo manteniendo la calma.

Durman tragó saliva.

— Durman — Nivel 100.

690 puntos de vida.

500 de maná.

Oficio: Enviado de Tolmas.

— El silencio se hizo insoportable.

Astrid, sin cambiar su expresión, se sentó en el borde de la cama y apoyó un codo en su rodilla, llevando la mano al mentón, con la mirada en el suelo.

— Astrid — Eso es imposible.

— — Durman — Lo sé.

— — Astrid — Solo hubo siete Enviados de Tolmas.

Y eso fue hace más de 750 años.

— — Durman — Las gafas no pudieron analizarlo más.

Solo mostraron errores y luego explotaron.

— — Astrid — …Entonces no sabemos qué más puede hacer.

— Durman avanzó lentamente.

El silencio volvió a reinar en la habitación.

Astrid cerró los ojos un momento.

Cuando los abrió, su mirada estaba afilada como una espada recién forjada.

— Astrid — No diremos nada.

— Durman la miró con sorpresa.

— Durman — ¿Qué?

— — Astrid — Si un Enviado de Tolmas ha llegado a nuestra casa, es por algo.

— — Durman — ¡Pero, Astrid!

¡Le he llamado zagal!

— Durman se agarró la cabeza con ambas manos, caminando en círculos por la habitación.

—Durman—Zagal, Astrid.

Yo, un simple herrero, menospreciando a un Enviado de Tolmas.

— Astrid lo miró con severidad, apoyando su mano derecha en su cara para tranquilizarlo.

— Astrid — Y seguirá siendo un zagal, mientras no diga lo contrario.

— Durman sintió un escalofrío en la espalda.

Astrid no estaba asustada.

No estaba en shock.

Estaba aceptando la situación con la misma firmeza con la que manejaba todo en su vida.

— Astrid — No ha venido como un mensajero.

No ha traído juicio ni advertencias.

Es solo un joven herrero con talento.

Hasta que él diga lo contrario, lo trataremos igual que antes.

— Durman respiró hondo, pero Astrid aún no había terminado.

— Astrid — ¿Las gafas de repuesto?

— Durman parpadeó varias veces sorprendido.

— Durman — ¿Qué gafas?

— — Astrid — Las que están en tu despacho, en el gremio de herreros.

Las auténticas, recuerda que está son una imitación que hizo Dalia.

— — Astrid — Mañana iré yo misma a comprobarlo.

Si ese muchacho es realmente lo que dice, lo veré con mis propios ojos.

— Durman apretó los dientes.

La idea de que Astrid quisiera comprobar por sí mismas las estadísticas de Neo no le hacía gracia, pero tampoco podía negarse.

— Durman — …Está bien.

— Astrid lo miró directo a los ojos.

— Astrid — Si temes lo que pueda llegar a ser, entonces guíalo.

Hazlo tu discípulo antes de que alguien con malas intenciones lo manipule y lo convierta en una amenaza para la humanidad.

— Durman frunció el ceño, pero no tuvo forma de rebatirlo.

— Astrid — Has sacado a decenas de chavales de las calles enseñándoles tu oficio.

Podrás hacer lo mismo con este chico.

— Durman bajó la mirada.

La idea de entrenar a Neo ya se le había cruzado por la cabeza, pero ahora, escucharlo de Astrid lo hacía inevitable.

Astrid con un gesto suave, le acomodó la camisa arrugada.

Luego, sin decir más, le dio un beso breve pero firme.

— Astrid — Vámonos, la cena nos espera.

— Durman soltó un largo suspiro y la siguió en silencio, con el peso de un secreto que no podía compartir con nadie más.

==+-+-+-+== Durman llegó al taller y me encontré sentado en el banco de trabajo, revisando unos planos de espadas que había encontrado entre los papeles.

El hombre se quedó en la puerta, mirando a su alrededor con el ceño fruncido.

—Durman—…Zagal.

Su voz tenía un tono extraño, como si intentara sonar normal, pero se le escapaba un nerviosismo que no había mostrado antes.

— Durman — ¡Ven, la cena ya está puesta!

— Me giré hacia él.

No pasé por alto cómo miraba el taller, analizando cada rincón con una mezcla de incredulidad y sorpresa.

Mientras caminábamos por los pasillos, Durman chasqueó la lengua y cruzó los brazos.

— Durman — Has hecho un buen trabajo limpiando.

— ●— Me gusta mantener el espacio de trabajo ordenado.

—Sonreí levemente.

Durman solo resopló, sin responder.

Al llegar al comedor, vi que en la mesa solo estaban Astrid y Dalia, sentadas con tranquilidad.

Me detuve un segundo antes de sentarme.

●— ¿Y los demás?

— — Durman — Los sirvientes comen en la cocina, después de que la familia haya comido… o antes, depende de la situación.

A mí me da igual, mientras hagan bien su trabajo.

— No dije nada más y tomé asiento.

La cena comenzó tranquilamente, hasta que grabé algo.

●— Por cierto, Durman, ¿Qué pasó con esas gafas que usaste en el taller?

— El silencio fue inmediato.

Durman presionó la mandíbula y Astrid, sin perder el ritmo, le dio una patada bajo la mesa.

El hombre hizo una mueca de dolor, pero no tardó en responder.

— Durman — Se me cayó el otro día… y me olvidé de ellas.

— Fingió naturalidad, pero su tono era forzado.

— Durman — Dalia, cuando tengas tiempo, échales un ojo y arréglalas.

Dalia se acercó sin mucha emoción.

Mi se atención desvió a ella.

●— Señorita Dalia, ¿Sabes trabajar con runas?

— — Dalia — Sí.

— Me incliné un poco hacia adelante, interesado.

●— ¿Y cómo las tallas en materiales como el cristal?

— Dalia alzó una ceja, sorprendida por mi interés.

Supongo que no es normal preguntaran por la parte técnica de su trabajo.

— Dalia — Depende del material y de la finalidad del artefacto.

Algunas runas se graban con calor, otras con precisión extrema.

Si te equivocas en una línea, el resultado puede ser catastrófico.

Nos pasamos un buen rato hablando sobre cómo funcionan las runas y algunos artefactos mágicos o rúnicos como ella los llama, técnicas secretas de como ellas talla las runas, hablamos sobre runas específicas y muy raras… — Astrid — Hacen buena pareja, ¿no crees, Durman?

— Durman se atragantó con su comida y me miró de reojo con una expresión de puro pánico.

Me mantuve en silencio, disfrutando de la comida como si no hubiera escuchado nada.

— Dalia — Tía Astrid ¡no digas tonterías tú también!

— — Astrid — No es ninguna tontería.

Ambos tenéis interés sobre las runas y el metal.

Dalia nunca ha mostrado interés en nadie, pero con él parece que tienes de que conversar.

— — Dalia — ¡Ya basta!

— Dejó su tenedor en la mesa con fuerza.

— Dalia — Sí, ya sé que tengo edad de sobra para casarme, pero no me voy a casar con el primer herrero que me cruce en la calle.

— Giró la cabeza hacia mí con una expresión entre fastidio y resignación.

— Dalia — Sin ofender.

— Levanté la mano con calma, afirmando que me es indiferente su comentario, No tenía interés en meterme donde no me llaman, Lo único que realmente me importaba en ese momento era la comida.

(Esto está mil veces mejor que lo de la posada.) No puedo evitar hacer la pregunta.

●— ¿Me podrían enseñar esta receta?, está muy bueno si se puede me justificaría repetir.

— Durman soltó una carcajada.

— Durman — ¡Todo lo que quieras, zagal!

— Me detuve un segundo, mi mirada se fijó en la puerta de la cocina.

(¿Y los sirvientes?

¿Ellos podrán comer esta comida también?

La idea me incomodó, estaría muy feo si repito varias veces y los sirviente no podrán disfrutar de esta buena comida) Me apoyé en el respaldo de la silla y negué con la cabeza.

●— Lo siento esta tan bueno que solo pienso en repetir, pero estoy lleno.

— Astrid me miró con curiosidad, pero no dijo nada.

Dalia terminó su cena apresuradamente y se levantó.

— Dalia — Voy al taller.

— — Astrid — ¿Si ya casi es medianoche?

— — Dalia — Quiero arreglar esas gafas cuanto antes.

—Dijo saliendo por la puerta.

Durman resopló, pero no dijo nada.

— Astrid — ¿Entonces te quedas a dormir aquí verdad?

— ●— Siempre y cuando no sea una molestia.

— — Durman — Jamás serás una molestas, al fin y al cabo, era mi futuro aprendiz— ●— Les agradezco mucho, desde que tuvimos el accidente no nos hemos encontrado con muchas personas y conocer a personas tan amables como Ustedes es muy reconfortante.

— — Durman — Siéntete como en tu casa.

— — Astrid — Casi todos los aprendices de mi marido se quedaron a dormir después de trabajar todo el día.

— — Durman — Cambiando de tema, sabes mucho de aceros, ¿Dónde lo aprendiste?, acaso fue en tu aldea— ●— Lo siento, Señor Durman para mi es un tema muy reciente y no quiero hablar del tema — (Me he librado por poco, me siento mal al mentira personas tan amables, pero es la única manera de desviar el tema de mi procedencia) — Astrid — EL tiempo lo cura todo, poco a poco, no te vamos a forzar a hablar del tema — — Durman — Lo siento, fue una pregunta fuera de lugar.— ●— No pasa nada, he podido notar que no fue con mala intención, y si aprende sobre el hacer en mi aldea.— — Astrid — Pareces muy entusiasmado, habla con Dalia sobre las runas ¿Quieres que Dalia te enseñe?

— ●— De echo querías preguntarles si ¿Puedo ver cómo trabajan las runas?

— Durman dejó una ceja.

— Durman — Si Dalia no tiene problema, a mí me da igual.

— Me levanté de la mesa con calma y la seguí.

(Ahora sí podrás ver en detalle cómo otros se tallan las runas en cristal…) Casi no tarde en ir al taller, pero Dalia al igual que su tío tenía todo preparado en su mesa de trabajo, las herramientas alineadas con precisión, las lentes de cristal listas para ser grabadas.

La observé con atención mientras tomaba una de las lentes y la colocaba sobre un soporte de metal.

●— ¿Cómo vas a tallar las runas?

— Dalia se detuvo en seco y me lanzó una mirada afilada.

— Dalia — Si me vas a molestarme con preguntas estúpidas, mejor vete.

— Me crucé los brazos y fruncí el ceño, pero no insistí.

Si algo había aprendido en este mundo es que la gente se toma su oficio muy en serio.

Así que me limité a observar cómo trabajaba Dalia.

Dalia comenzó a grabar la primera línea de runas sobre la lente mágica, concentrada en cada trazo.

Pero algo no me cuadraba.

(¿Esto está mal escrito… o solo me lo parece?) Los trazos no eran precisos y algunos trazos estaban mal conectados.

No podía afirmarlo sin comparar con una referencia.

●—Quiero intentarlo también— Dalia sospechó con fastidio y deslizó otra lente sobre la mesa.

—Dalia— Bien, listo.

A ver si lo haces mejor.

— Dalia frunció el ceño, claramente molesta por mi tono.

Pero en vez de discutir, tomó otra lente y la deslizó sobre la mesa.

●— Me puedes dibujar las runas que tengo que usar.

— Dalia resopló y sacó un pergamino, haciendo un boceto rápido de la secuencia rúnica.

(Perfecto.

Ahora puedo compararlas.) Active la interfaz mental y abra el documento donde tenía almacenadas las runas que Hunt y yo habíamos recopilado.

Hice una foto a las runas de Dalia y superpuse las imágenes y mi sospecha se confirma.

●— ¿Tienes un libro de referencia?

— Dalia dejó una ceja.

—Dalia— ¿Para qué?

— ●— Quiero revisar algo.

— Ella me observó con desconfianza, pero terminó yendo hacia un estante en la esquina del taller.

Tras unos segundos rebuscando, sacó un tomo grueso y me lo tendió.

—Dalia— Aquí tienes.

Pero ni se te ocurre dañarlo, este libro vale más que tu vida.

— No respondí.

Lo abrí y comencé a escanear las páginas (Me va a llevar tiempo copiar todo esto…) página por página.

Tenía delante un libro rúnico de verdad, no unas hojas mal escritas.

Rápidamente me di cuenta de que muchas de las runas que conocíamos estaban mal escritas o con mala forma, corregí los errores y analicé algunos de los ejemplos que venían en el libro, la sintaxis rúnica era fácil.

Pero compleja, hay muchas referencias y runas que se pueden mezclar para dar nuevas runas o comandos.

Active el pensamiento rápido para analizar toda la sintaxis rápidamente y entender las runas nuevamente.

(El pensamiento rápido es usar la potencia del superordenador para realizar cálculos o análisis mentalmente, esto supone un gran desgaste mental y un gasto de manan altísimo, de momento solo puedo usar este pensamiento rápido una vez al día) .

Al terminar de revisar las inscripciones, confirmé que muchas runas que conocíamos estaban mal escritas o deformadas.

Dalia tenía pésima caligrafía rúnica.

(Esto es un desastre…

pero se puede arreglar.) Al terminar de hacer una copia del libro, levante la vista.

●— Creo que estás escribiendo la secuencia al revés.

— —Dalia— ¿QUÉ?

— parpadeando varias veces, ofendida.

●— En este tipo de runas, primero pones la función y luego el objetivo.

Pero tú lo haces al revés.

Estás escribiendo “persona” antes de “detectar”, cuando debería ser “detectar persona”.

— Dalia abrió la boca para responder, pero se detuvo.

Se giró y revisó su propio trabajo.

— Dalia — …No puede ser.

Siempre las he escrito así.

— ●— Has estado invirtiendo las runas desde el principio.

— Ella frunció el ceño, tomó el libro y comenzó a revisarlo con rapidez.

Claramente, estaba buscando más errores.

— Dalia — Supongo que tienes razón.

— Nos pasamos unos minutos redefiniendo las runas que necesitábamos.

Luego, cada uno tomó su herramienta y comenzó a trabajar en su propia lente mágica.

Mientras tallábamos, la conversación se volvió más ligera.

Dalia me contó que le gustaría ver un lago… o el océano.

También mencionó su interés en la exploración de mazmorras, aunque el simple hecho de imaginarse frente a un monstruo la aterraba.

Su pasión por tallar runas y aprender sobre la forja y los metales.

Le encanta leer, aunque los libros son caros.

Disfruta cocinar con su tía Astrid, ayudar a Joan o Peter con sus tareas.

No tenía muchos amigos.

Apenas unas pocas amigas.

Odia el pescado, le encanta la futa y los pastelitos de frutos secos.

(Y tiene razón en tener miedo.

Cualquier criatura fuera de la muralla es un peligro real.

En este mundo los monstruos si existen, tiene que ser aterrador para ella o cualquier otra persona que piense en el exterior de la muralla) Me limité a compartir algunas cosas sobre mí.

Le conté que crecí en una granja con mi familia, que conocí a Hunt peleándonos por quién era el mejor “cazador”.

(No podía decirle que en realidad competiríamos por las mejores notas en la universidad) .

También le mencioné cómo fabricábamos trampas y lanzas rudimentarias con madera para nuestras “expediciones”.

(De cierto modo, no era del todo mentira…) Luego, ella habló de su infancia.

Su voz se volvió más pausada, como si eligiera cuidadosamente qué decir.

Ella me contó cómo se quedó huérfana mientras estaba viajando con su familia (su madre, la hermana de Astrid, su padre y sus primos, Los hijos de Durman y Astrid, camino a la capital a visitar a un duque, cuando fueron atacados por lobos gigantes.

Ella fue la única superviviente.

Durman y Astrid la adoptaron y la criaron como a una hija.

Lo contó con calma, sin dramatismo.

Pero su mirada se perdió en la lente que tallaba, noté que evitaba algunos detalles.

(No pregunte nada, no quería meter el dedo en esa llaga).

Pero de repente, se detuvo y chasqueó los dedos.

— Dalia — ¡Espera un momento!

Si he estado tallando mal las runas hasta ahora… ¡Entonces esto podría funcionar!

— Dejó todo lo que tenía entre manos y salió corriendo del taller.

No tardó en volver, cargando con una placa de acero llena de marcas.

—Dalia—Mira esto.

Quería hacer un hornillo mágico portátil, pero nunca logré que funcione bien.

Siempre tuve problemas con la distribución del calor… ¡pero si lo estaba escribiendo mal, entonces todo tiene sentido!

— Miré su diseño.

(La idea es buena…

pero el método es un desastre.) ●—Sí, claro.

Tienes razón.

Pero lo estás haciendo todo mal.

— Dalia se giró con cara de pocos amigos.

— Dalia — ¿Y tú qué vas a saber?

¡Acabas de aprender sobre runas!

— ●— ¿Qué te apuestas a que puedo hacer un mejor diseño?

— Dalia entrecerró los ojos, desafiante.

—Dalia—Hmph.

Si lo logras, acepto casarme contigo.

— ●— …Nunca dije que quisiera casarme contigo.

— — Dalia — ¿Qué pasa?

¿No te parezco guapa?

¿O es que no soy suficiente para ti?

— Mi cerebro sufrió un cortocircuito.

Me congelé un segundo.

El aire se atasco en mi garganta.

%% ( Neo se ha puesto nerviosos y ha contestado hablando en x2 o x3 ) %% ●— ¡No, no, no!

Claro que eres guapa.

Muy guapa.

Guapísima.

O sea, sí, obvio, evidente, cualquiera lo diría… además eres lista, y tienes un tono de voz que… que suena bien.

Y… y tallas runas, y… y tienes una sonrisa genial.

Y ojos bonitos.

Y… y un buen pe—pe… ¡peinado bonito!

o… o algo así.

Y…y…manos.

¡Muchas buenas manos!

Quiero decir… firmes, hábiles… eh… ¡joder!

Dalia me miró con una ceja arqueada y comenzó a reír.

Entonces, se inclinó un poco hacia mí, entrecerró los ojos.

Se quedó en silencio un segundo, viéndome con una expresión neutra… — Dalia — ¡JAJAJAJAJA!

Se sujetó el estómago mientras reía con ganas, inclinándose hacia adelante.

Cuando por fin pudo recuperar el aliento, se limpió una lágrima del ojo y me miró con una sonrisa tímida.

— Dalia — Tienes suerte de que me gustes desde el principio… porque, sinceramente, no suelo fijarme en idiotas.

— Sus labios se curvaron en una sonrisa juguetona mientras me miraba de arriba abajo, como si estuviera evaluándome.

— Dalia — Pero supongo que hasta los tontos como tú pueden ser encantadores… aunque quizás solo sea porque me divierte verte nervioso.

— ●— Pero volviendo a lo importante… si tú ganas, ¿Qué quieres?

— Dalia aun sonriendo, se cruzó de brazos y me miró con picardía.

— Dalia — Mmmm, Si yo gano, serás mi sirviente de por vida.

— Yo me recompuse, fingiendo que todo lo anterior nunca pasó.

Sonreí de lado, tratando de ignorar el calor que sentía en la cara.

●— Trato hecho.

— (Se me ha calentado la boca y he aceptado una apuesta estúpida…) El sonido de las herramientas y el suave chisporroteo de la forja.

De vez en cuando, levantaba la vista para ver cómo avanzaba Dalia, pero cada vez que lo hacía, ella también parecía estar mirándome.

En cuanto nuestros ojos se encontraban, ella apartaba la mirada con rapidez, fingiendo estar concentrada en su trabajo.

No pude evitar sonreír levemente.

¿Ella también se daba cuenta de esta extraña tensión?

Mientras tallábamos las runas, ambos alcanzamos la misma herramienta al mismo tiempo.

Mi mano rozó la suya apenas un instante antes de que la apartara con rapidez, sintiendo el calor subir a mi rostro.

●—T-Tú primero —balbuceé, retrocediendo rápidamente.

Dalia solo alzó una ceja, pero no dijo nada.

Tomó la herramienta con una sonrisa apenas visible en sus labios antes de volver a concentrarse en su trabajo.

Seguimos en silencio, pero la tensión en el aire se sentía diferente.

En algún momento, nos movimos al mismo tiempo para ajustar nuestras piezas y nuestras espaldas se tocaron brevemente.

Un escalofrío me recorrió, y me separé de inmediato, sintiendo el corazón latir un poco más rápido de lo normal.

Dalia ni siquiera se inmutó.

O eso parecía.

(Es que esta chica está demasiado concentrada en su trabajo) Después de varias horas, el cansancio comenzó a pasar factura.

Terminando los últimos ajustes de su diseño, Dalia soltó un largo suspiro y, sin previo aviso, se dejó caer ligeramente hacia atrás, apoyando su peso contra mi espalda.

Me quedé completamente inmóvil, sin atreverme a moverme.

— Dalia — Solo un segundo… — murmuró ella, con los ojos cerrados.

— Dalia — Estoy agotada.

— Tragué saliva, sintiendo el calor de su cuerpo contra el mío.

Mi mente gritaba que me moviera, pero mi cuerpo se negaba a obedecer.

Me obligué a respirar hondo ya no pensar demasiado en ello.

Después de todo, era solo porque estaba cansada… (¿verdad?) Me levanté con cuidado, temiendo despertarla, y me dejé caer sobre unos sacos de arena en un rincón del taller.

A los pocos segundos, Dalia hizo lo mismo, acomodándose a mi lado sin pensarlo demasiado.

—Dalia, ¿por qué tu tío tiene tantos sacos de arena?

—murmuré con la voz pesada por el sueño.

— Dalia — Creo que dijo que quería probar a hacer cosas de cristal… — respondió ella, ya medio dormida.

●— … — La conversación se apagó en susurros hasta que el sueño nos atrapó sin que nos diéramos cuenta.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Miret_2O ¡Opinión rápida!

¿Sienten que los capítulos son demasiado largos, demasiado cortos o están en el punto justo?

Quiero asegurarme de que la historia se disfrute al máximo, así que cuéntenme qué les parece el ritmo.

¡Los leo en los comentarios!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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