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Dos ingenieros en otro mundo - Capítulo 11

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  4. Capítulo 11 - 11 Los latidos que no quiero dejar atrás
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11: Los latidos que no quiero dejar atrás 11: Los latidos que no quiero dejar atrás El amanecer trajo consigo los primeros movimientos en la casa de los Blackforge.

Astrid despertó temprano y, como de costumbre, reviso la habitación de su hija que normalmente está vacía.

Astrid estaba acostumbrada a encontrar a Dalia durmiendo en su despacho o en algún rincón del taller, pero esa mañana encontrar la cama vacía fue un alivio y no una preocupación.

Aunque a Astrid le justaba la idea de tener nietos imaginarse a su niña con un hombre que acaba de conocer no le emocionaba del todo.

Decidida a buscarlos, primero fue al despacho que se encontraba frio y vacío.

La última opción de Astrid era el taller.

Taller donde todas sus preocupaciones se iban a solucionar.

Rápidamente bajo las escaleras para llegar al patio, dende se encontró con Peter, que ya estaba realizando los estiramientos antes de comenzar el día.

— Astrid — Buenos días, Peter, ¿Sabes a qué hora se fueron a dormir Dalia y Neo?

— — Peter — Buenos días, señora Astrid, cuando me fui a dormir la señorita Dalia y el joven aún estaban discutiendo en el taller del señor Durman.

— Su sospechas se hicieron realidad, al abrir la puerta del taller y encontrarse a Dalia y Neo.

Estaban profundamente dormidos sobre los sacos de arena, acurrucados.

Sus ojos no dieron crédito, su niña se veía feliz durmiendo sobre ese muchacho.

Un intento de sonrisa se dibujó en su cara, cuando el viento gélido de la mañana, le produjo un escalofrió y tras un suspiró brevemente, busco unas mantas por el taller y con suavidad, los cubrió antes de dejarlos descansar.

Dalia sintió el peso de la tela sobre sus hombros y se obligó a mantener la respiración estable.

Había despertado unos minutos antes.

(— Dalia — No lo entiendo… ¿Por qué con él es tan fácil?

Nunca he sido de las que buscan compañía, y, sin embargo, aquí estoy… sintiéndome más cómoda que nunca.

Su respiración, el calor que emana, la forma en que su pecho se eleva y desciende con cada aliento… es como si su presencia hubiera encontrado la manera de encajar perfectamente con la mía.

No puedo dejar de mirar su rostro, ¿Por qué ?.

Parece tan tranquilo, ¿Qué estará soñando?

¿Estará soñando conmigo ?

¿Dónde aprendió de herrería o como dominó las runas?

¿Por qué es tan fácil hablar con él?

¿Sabrá conjurar magia también?, tiene una mente ágil, manos hábiles, un conocimiento que va más allá de lo común.

Por primera vez, he encontrado a alguien que me entiende.

Alguien que no solo me desafía, sino que va un paso adelante… y eso me desconcierta.

Siempre he sido yo quien guía, quien sabe más, quien resuelve antes que los demás.

Pero con él… con él es diferente.

¿Por qué siento que puedo confiar en cada palabra suya?

¿Por qué, en lugar de querer adelantarlo, quiero seguirlo?

¿Por qué me parece tan fácil dejarme llevar?

Pero ¿y si despierta?

¿Si abre los ojos y me encuentra observándolo como una tonta?

Me apartaría de golpe, Me hago la tonta, le digo que me he caído , le digo algo absurdo.

¿Y él?

¿Qué haría él?

No quiero pensar en eso.

Solo… unos minutos más.

Luego me levanto.

—) Para Dalia, la soledad nunca había sido algo malo.

No la buscaba, pero tampoco la evitaba.

Los demás siempre la llamaban fuerte, independiente, una mujer con ambición… pero ella en realidad, simplemente estaba en su propio mundo.

Los libros, la forja, las runas… Los hombres de su edad solo sabían de espadas y peleas, creían que las runas eran “detalles sin importancia”.

Eran ruidosos, brutos, poco pacientes.

Y ella no tenía paciencia ni ganas para ellos.

Apenas un atisbo de sonrisa se asomó en su rostro, pero la borró de inmediato al notar la figura de su tía en la entrada del taller.

Se quedó quieta.

No quería que la descubrieran.

Si lo hacían, probablemente le diría algo molesto.

Como si leyera sus pensamientos, Astrid abandono el taller rápidamente.

Dalia no necesitaba ver a su tía para saber que tenía cierto aire de travesura.

Astrid soltó una pequeña risa nasal antes de retirarse en silencio.

Dalia cerró los ojos, acurrucándose apenas un poco más contra Neo.

(— Dalia — Solo unos minutos más…

luego me levanto.) El día debía comenzar, así que Astrid se dirigió a la cocina.

Allí, Joan y Eliza ya estaban en movimiento, y Astrid comenzó a organizar la jornada.

Tras una hora, Durman apareció en la cocina somnoliento.

— Durman — ¿Y esos dos?

— pregunto rascándose la tripa.

— Astrid — Durmiendo en el taller.

— Dijo con superioridad.

Durman se quedó paralizado.

— Durman — ¿Cómo?

— Su expresión se endureció, el sueño saltó de su cuerpo en un instante y, sin perder un segundo, corrió al taller.

— Astrid — ¡Durman no!

— Grito sin que Durman le prestara atención.

Durman abrió las puertas de par en par, para encontrarse con su “pequeña”, pegada a ese chico.

(— Durman — Neo podrá ser un Enviado de Tolmas, un prodigio, y todo lo que quiera, pero eso no le da derecho a dormir con mi niña.

No bajo mi propio techo.

No sin mi permiso.

—) Sin dudarlo, se agachó y sacudió a Neo del hombro.

Neo abrió los ojos con dificultad, solo para encontrarse con la mirada fulminante de Durman.

Parpadeó un par de veces, sin comprender bien la situación.

Luego, de un vistazo rápido.

(●— Oh… no… esto no es lo que parece.

¡Esto no es lo que parece!

¡¿Por qué demonios está tan acomodada?!

¡¿Por qué demonios me veo como si estuviera abrazándola a propósito?!

—) Neo entró en pánico y, antes de que su cuerpo procesara una reacción lógica, simplemente saltó de los sacos de arena, irguiéndose como un soldado.

Durman lo observó con una mirada asesina.

Dalia, por su parte, gruñó suavemente y se removió entre los sacos sin abrir los ojos.

(— Dalia — Tío Durman… déjame en paz… quiero dormir un rato más con él…

—) Sin decir nada más, Durman tomó a Dalia en brazos con total tranquilidad y se la llevó de vuelta a su habitación.

Antes de salir, lanzó una mirada severa a Neo.

— Durman — Tú y yo hablaremos luego.

— Neo tragó saliva, esperando lo peor.

Tas la marcha de Durman apareció Astrid apoyada sobre la puerta del taller con una expresión divertida.

— Astrid — Bueno… ¿Hasta dónde llegaste con mi hija?

— preguntó con un tono sospechosamente casual, cruzándose de brazos.

Neo, aún confundido.

— Arreglamos las gafas y luego creamos estos hornillos.

— Astrid soltó una pequeña carcajada.

— Astrid — Me refería a otra cosa.

¿Al final te acostaste con Dalia?

— Neo se puso rojo como un tomate y negó frenéticamente con las manos.

●— ¡No-no-no-no-no!

¡Solo estábamos trabajando!

— Astrid se río aún más.

En ese momento, Durman regresó al taller, listo para darle a Neo una buena, pero un hombre entró tras él, jadeando.

—Ruki (Administrador del Gremio de Herreros)— Señor, necesita ir al gremio de comerciantes de inmediato.

Es urgente.

— Durman apretó la mandíbula y cerro fuertemente los puños antes de lanzar una última mirada de advertencia a Neo, antes de marcharse apresurado.

Neo soltó el aire que estaba conteniendo al recibir una palmadita en la espalda de Astrid.

— Astrid — Parece que te has salvado… por ahora.

— ●— ¿ Por ahora ?

— Neo dejó escapar un suspiro preocupado y se frotó los ojos, todavía aturdido por el sueño interrumpido.

— Astrid — Si quieres, puedes ir a dormir un rato.

Te puedo enseñar dónde está la habitación…— ●—¡Sí!

— respondió Neo de inmediato, interrumpiéndola sin pensar.

— Astrid — …de Dalia.

—Astrid arqueó una ceja con picardía.

●— ¡No, no, no, no, no!

— agitando las manos.— ¡Solo quiero dormir un ratito!— — Astrid — ¿Cómo que no vas a dormir si vas a su cuarto?

— Astrid dejó escapar una risa baja y burlona.

— Astrid — Anda, ven, te enseñaré una habitación de invitados.

— Aún algo avergonzado, Neo la siguió en silencio, agradeciendo que al menos podría dormir unas horas más antes del regreso de Durman.

— Astrid — Por cierto ¿Qué son esos “Hornillos”?

— ●— Son un… ¿electrodoméstico?

o aparato para el hogar, se usa para calentar la comida sin necesidad de encender un fuego, estos de echo funcionan con maná por lo que serían ¿manádomesticso?

— (— Astrid — Electro… ¿qué?

—) ●— Dalia insiste en un sistema de anillos concéntricos que trasmiten el calor gradualmente.

La idea tiene su lógica al agregar o quitar anillos, la temperatura se puede regular.

Sin embargo, hay un problema fundamental.

Requiere que el usuario manipule manualmente el flujo de maná.

Si bien para alguien con un control avanzado del maná no sería un inconveniente, para cualquier persona promedio, es un sistema poco práctico.

Aparte, si el usuario pierde el control de la energía, se podía sobrecargar el dispositivo o hacerlo inestable.

— — Astrid — ahja — ●— En cambio yo, opté por una solución más automatizada y eficiente.

Esta noche descubrí que no solo la Magiston o Magiston artificial se pueden tallar, sino que también podemos tallar cualquier otro objeto siempre y cuando coloquemos una runa de “Simular” antes de cualquier escrito.

Mi diseño usa un cristal de Magiston y dos válvulas de estrangulación y antirretorno.

— (— Astrid — ¿Magiston artificial?, ¿Válvula de qué?

—) ●— Con los elementos de mando, mi diseño envía maná desde la Magiston a cuatro placas de acero que tienen talladas runas, dos de ellas tienen la función de controlar la conducción térmica y regulación de aislamiento.

Básicamente variando la resistencia térmica de las placas, eran más o menos conductoras, y con otras dos placas de acero pegadas a las dos primeras, generaba el calor.

Que se trasmitía a las superiores.

Para ser sincero creo que este invento es mejor que cualquier vitrocerámica de la tierra.

— (— Astrid — ¿Vitrocerámica?, ¿De la tierra?

—) ●— Físicamente es ese el de los dos círculos uno más grande que el otro, con dos volantes para controlar la temperatura y dos válvulas 3/2 con enclavamiento para seleccionar que “fuego” encender.

De momento está todo montado sobre un listón de madera.

Pero ya he ajustado los detalles con precisión, repasando una y otra vez los trazos de las runas, asegurándome de que la alineación fuera perfecta.

— Astrid caminaba junto a Neo con los brazos cruzados, escuchando atentamente cada palabra mientras él le explicaba el funcionamiento de cada uno de los inventos.

Aunque intentaba mantener su expresión seria, la forma en la que Neo hablaba, emocionado y sin darse cuenta de cuánto estaba divagando, le resultaba demasiado divertida.

Cuando finalmente terminó su explicación, Astrid dejó escapar un leve suspiro y sonrió de lado.

— Astrid — Vaya, vaya… — murmuró con un tono que rezumaba diversión.

— Astrid — Así que pasaste toda la noche “jugando” con Dalia y con esos… ¿Cómo los llamaste?

¿Hornillos?

— ●— Sí, exacto.

Nos tomó varias horas ajustar las temperaturas… — — Astrid — Qué resistencia la tuya, Neo.

Toda la noche ajustando temperaturas, sin descanso, y, aun así, aquí estás de pie.

Me pregunto… ¿Si Dalia también “aguantó” hasta el final?

— Neo se quedó en blanco por un segundo, luego su rostro pasó de la confusión a un rojo intenso cuando entendió la implicación.

●—¡Hey!…

¡E-Espera!

¡No fue nada de eso!

¡Solo trabajamos!

¡En serio!

— Astrid soltó una carcajada.

— Astrid — Tranquilo, tranquilo.

No te pongas tan nervioso, muchacho.

Solo digo que después de tanta “calentura” con ese hornillo, no me sorprendería que Dalia también se haya encendido un poco.

●—¡Señora ASTRID!, por favor — Ella se cubrió la boca con la mano, fingiendo sorpresa ante su reacción exagerada.

— Astrid — Oh, lo siento.

Solo era un comentario inocente.

— Luego le guiñó un ojo.

— Astrid — No te preocupes, Neo.

La próxima vez te llevaré un par de mantas… — — Astrid — Aunque dudo que las necesiten.

— Dijo murmurando.

Neo se tapó la cara con las manos, gimiendo de vergüenza.

Tas las indicaciones de Astrid Neo abrió la puerta con la esperanza de encontrar una habitación vacía donde pudiera descansar.

Sin embargo, en cuanto la puerta se abrió apenas unos centímetros, su cuerpo se paralizó.

Dalia estaba allí, dormida en la cama.

Su cabello se extendía sobre la almohada, y su respiración era tranquila y profunda.

La luz tenue del pasillo iluminó su rostro por un instante, y Neo sintió que se quedaba sin aire.

Sin pensarlo dos veces, cerró la puerta rápidamente, apoyando la espalda contra ella como si hubiera visto un espectro.

●— ¡Astrid, por favor, no juegues más conmigo!

—suplicó con un tono desesperado.

Astrid, divertida, dejó escapar una carcajada.

— Astrid — Oh, Neo… eres demasiado fácil de provocar.

Vamos, te llevaré a otra habitación.

— Neo la siguió con un suspiro de frustración.

Caminando por los pasillos de la casa, Astrid lo guio hasta una puerta al otro lado de la vivienda y la abrió con tranquilidad.

El interior de la habitación era modesto, con una cama ordenada en una esquina y una mesa de trabajo completamente cubierta de papeles.

Diagramas, fórmulas y anotaciones estaban esparcidos por la superficie, algunos incluso cayendo al suelo.

Neo reconoció de inmediato la caligrafía de Dalia.

— Astrid — Este es uno de los cuartos de invitados… aunque Dalia lo usa como despacho.

Así que hay algunas cosas suyas.

— Neo frunció el ceño, observando las notas con interés.

Definitivamente eran cálculos relacionados con la metalurgia y las runas.

— Astrid — Algunas noches también duerme aquí, pero eso no debería preocuparte.

Tú ya pareces estar acostumbrado a dormir con ella.

— Neo giró la cabeza de golpe para mirarla, su rostro rojo de indignación.

●— ¡Astrid, ya basta!

—exclamó, llevándose una mano al rostro, exasperado.

—— ¡Esta habitación está bien!

Voy a dormir y punto.

— Astrid sonrió con satisfacción y se apoyó en el marco de la puerta.

— Astrid — Como quieras… — Luego, antes de marcharse, añadió con un tono burlón— — Astrid — Descansa, Neo… aunque si no puedes dormir sin Dalia, ya sabes dónde está su habitación.

— Neo la fulminó con la mirada, pero Astrid ya se alejaba con una risa traviesa.

Resoplando, Neo se dejó caer en la cama, mirando el techo.

(●—Esa mujer es peor que el más difícil cubo Lanlan o ecuación integrodiferencial de numero complejos…—) Finalmente, cerró los ojos, tratando de ignorar el hecho de que podía encerrarse en la habitación e ir a la otra dimensión a dormir.

Pero estaba tan agotado que ni siquiera consideró la opción.

Su mente, normalmente ágil, simplemente se rindió ante el cansancio.

Al fin y al cabo, las ciudades ya eran agotadoras por sí solas… y había terminado de desmoronar lo poco que le quedaba de energía.

Mientras Astrid volvía a sus qué haceres diarios una mano la capturo.

La puerta se cerró con un golpe seco cuando Astrid fue prácticamente arrastrada al interior de la habitación.

Dalia, con los brazos cruzados y una mirada fulminante, la encaró de inmediato.

— Dalia — ¡¿Cómo se te ocurre meter a Neo en mi habitación?!

— Astrid ni se inmutó.

En su rostro solo había calma, esa clase de calma que hacía que incluso los guerreros más fieros midieran sus palabras.

— Astrid — Buenos días para ti también, querida.

— — Dalia — No me cambies de tema.

¡Podías haberlo llevado a cualquier otra habitación, pero no, tenía que ser la mía!

— Astrid se llevó una mano al mentón, fingiendo pensarlo.

— — Astrid — Hm… podríamos decir que fue un accidente.

— — Dalia — ¡No lo fue!

— — Astrid — Está bien, no lo fue — concedió con una sonrisa traviesa—.

Pero ¿realmente es tan grave?

No pasó nada… ¿o sí?

— Dalia bufó y apartó la mirada, demasiado rápido para su propio bien.

— Dalia — ¡Por supuesto que no pasó nada!

— Astrid sonrió.

— Astrid — Vaya, qué decepción…— — Dalia — ¡Astrid!

— Astrid soltó una risita, pero luego su expresión se suavizó.

Se acercó a su sobrina y le apartó un mechón de cabello con un gesto maternal.

— Astrid — Dalia, sé que esto te incomoda, pero dime la verdad… ¿Te gusta Neo?

— — Dalia — Eso no viene al caso.

— — Astrid — Ah, entonces sí.

— Dalia chasqueó la lengua, pero el rubor en su rostro la delataba.

— Dalia — Astrid, en serio… No quiero hablar de esto.

— — Astrid — Pues yo sí — dijo, sin rodeos—.

Porque te conozco, Dalia.

Y sé que él te gusta.

— Dalia abrió la boca para protestar, pero Astrid la calló con una mirada.

— Astrid — Pasaste toda la noche trabajando con él, y no me digas que fue solo trabajo, porque te vi esta mañana.

Te vi cómo dormías, tranquila, acurrucada contra él.— Dalia apretó los labios.

— Dalia — No lo sé, tía.

Es… diferente.

No es como los demás.

— Astrid asintió.

— Astrid — Exactamente.

— Dalia suspiró, cruzándose de brazos de nuevo.

— Dalia — Anoche… mientras trabajábamos… hubo un momento extraño.

— Astrid levantó una ceja, expectante.

— Dalia — No sé cómo explicarlo.

Fue… como un juego de miradas.

Estábamos tan concentrados en lo nuestro proyectos, pero cada vez que nos levantábamos para buscar esto o aquello nuestras miradas se encontraban.

Cuando me daba cuenta él apartaba la mirada, yo lo hacía también.

Como si… como si…— — Astrid — Escúchame, Dalia.

Este chico ha impresionado a tu tío.

Tanto que no lo quiere solo como aprendiz, sino como discípulo.

¿Sabes lo difícil que es eso?

— Dalia asintió.

— Astrid —Tu tío ve algo en él, y yo también.

— Dalia bajó la mirada.

— Dalia — Me da miedo pensar en que sucedería si yo pierdo el control de la situación — Astrid le dio un apretón suave en las manos.

— Astrid — A veces, perder un poco el control no es tan malo.

— Dalia suspiró, sin responder.

Astrid sonrió con dulzura y le dio una palmadita en el hombro.

— Astrid — Piénsalo, querida.

Pero no demasiado, no vayas a dejar que se te escape.

— Astrid salió de la habitación, dejando a Dalia sola con sus pensamientos y su corazón latiendo más rápido de lo que le gustaría admitir.

Dalia se dejó caer sobre la cama, con los brazos cruzados sobre su rostro, intentando ordenar sus pensamientos.

Pero no había manera.

Neo estaba ahí, en su mente, grabado como una estatua de piedra.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Miret_2O ¡Hola!

En este mini capítulo, nos alejamos un poco de la pespectiva de Neo y Hunt para centrarnos en otros personajes y sus interacciones.

¿Les gusta este tipo de momentos que amplían la historia y nos dejan conocer mejor a los demás?

¡Cuéntenme qué les pareció!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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