Dos ingenieros en otro mundo - Capítulo 12
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12: ¿Quiénes somos en realidad?
12: ¿Quiénes somos en realidad?
Durman caminaba con paso firme junto a Ruki, mientras se dirigían al gremio de comerciantes.
La ciudad bullía a su alrededor; el sonido del metal golpeando los yunques quedaba atrás, reemplazado paulatinamente por los murmullos incesantes de los mercaderes regateando con sus clientes.
Ruki, con el ceño fruncido y los brazos cruzados, mostraba un descontento evidente.
— Ruki — No puedo creer que no asistieras a la reunión, Durman.
El marqués y los representantes del templo no están para tolerar desplantes.
— Durman — Tenía asuntos más urgentes — respondió sin dejar de caminar.
— Ruki — ¡Asuntos más urgentes!
¿Más importantes que la estabilidad de nuestro gremio?
— Durman soltó un suspiro y miró a Ruki de reojo.
— Durman — No veo que la ciudad se haya venido abajo por mi ausencia.
Ruki apretó los dientes, pero prefirió no seguir discutiendo.
Ambos continuaron en silencio hasta llegar al gremio de comerciantes.
El despacho de Sena estaba iluminado por la tenue luz de la mañana, proyectando sombras alargadas sobre los muros cubiertos de estanterías repletas de libros y documentos.
En el centro de la sala, una elegante mesa de madera oscura sostenía un juego de té humeante.
Alrededor de ella, Sena, su hermana Selene y Tor, el maestro del gremio de aventureros, conversaban con calma mientras esperaban la llegada de Durman.
Cuando la puerta finalmente se abrió, Ruki entró primero, seguido de Durman, quien, pese a su corpulencia, caminaba con ligereza.
Apenas tomadó asiento, las recriminaciones sobre su ausencia en la reunión con el marqués y la iglesia no tardaron en aparecer.
— Sena —Porque no me sorprende verte aquí, Ruki — dijo con una sonrisa ladeada — Pero dime, Durman, ¿qué podría haber sido tan importante como para ignorar una reunión de tal calibre?
— Durman — Algo que no puedo ignorar.
— Tor cruzó los brazos.
— Tor — Entonces, si Durman no quiere hablar, ¿Sena por qué nos has convocado?
— El ambiente cambió cuando Selene, quien hasta entonces había permanecido en silencio, colocó sobre la mesa un pequeño artefacto.
Era una pieza de cristal intrincadamente grabada con runas que emitían un tenue brillo azul.
— Selene — Lo recibí anoche de Hunt —explicó sin dar mucho detalle.
Durman, intrigado, lo tomó y lo examinó con detenimiento.
— Durman — Es un artefacto de supresión sonora —dijo con asombro—.
Solo un Gran Maestro en runas podría haberlo creado.— Tas una breve pausa mira a Selene —¿Sabes si Hunt conoce a alguien llamado Neo?
—preguntó de inmediato.
Selene negó con seguridad.
— Selene — Tuvimos una larga conversación, pero jamás mencionó ese nombre.— Durman tomó un pedazo de papel y comenzó a dibujar, intento replicar el diagrama hierro-carbono explicándoles a todos cómo funciona y que propiedades se pueden sacar de ese dibujo.
Tor, tras examinar el diagrama en silencio, asintió con gravedad.
— Tor — Esto no es simplemente herrería.
Es algo completamente diferente a la herrería que conocemos.
— La conversación tomó un giro inesperado cuando Tor mencionó que las descripciones físicas de Neo y Hunt coincidían con las de dos forasteros que habían transformado la estatua de Tolmas.
Un pesado silencio se apoderó de la habitación.
Sena intentó restarle importancia a la teoría.
— Sena — Es solo una coincidencia.
— Dijo antes de beber un poco de té.
Ruki tomó el papel con firmeza y lo guardo en su bolsillo para seguidamente.
— Ruki — Durman, debes acudir al templo a pedir perdón al sumo sacerdote y luego dirigirte al palacio del marqués para disculparte.
Con una despedida breve, salió junto a Ruki, dejando tras de sí un aire de incertidumbre en el despacho de Sena.
Resignado, Durman se puso de pie.
En el templo, el sumo sacerdote lo recibió con una mirada severa.
— El sumo sacerdote de Anita —Imagínate haber faltado al respeto a un enviado de Tolmas — Declaró —.
¿Simplemente pedirías perdón?— Durman bajó la cabeza con aparente sumisión, pero en su mente no pudo evitar pensar: (— Durman — Si este… supiera que un enviado de Tolmas está durmiendo en mi taller, se le caería la cara de tonto que tiene.
—) Tras un largo silencio, el sumo sacerdote asintió y le recordó la importancia del equilibrio entre los gremios y las instituciones sagradas.
Finalmente, lo instó a cumplir con su siguiente deber.
Luego, Durman y Ruki se dirigieron al palacio del marqués.
Al llegar, fueron conducidos a una gran sala donde el marqués los esperaba con expresión adusta.
— Ignar Tervain — Espero que tengas una buena razón para tu ausencia —dijo el marqués con frialdad.
Durman mantuvo la compostura.
— Durman — No fue un acto de desprecio.
Fue una decisión tomada por razones que consideré de mayor urgencia.
— El marqués lo observó con desprecio en silencio antes de hablar nuevamente.
— Ignar Tervain — Aceptaré tu disculpa con una condición… Dejare que forjes una espada excepcional para mi hijo.
Considera esto una prueba de tu habilidad y lealtad.
Su cumpleaños es en 3 días, supongo que la recibirá para su banquete.— Durman asintió con seriedad, comprendiendo la magnitud de la tarea que se le encomendaba.
Lanzando una sonrisa con maldad a Ruki.
==+-+H+-+== Después de la despedida de Selene, intenté ponerme en contacto con Neo.
Los minutos pasaban mientras miraba el techo, esperando alguna respuesta.
Al ver que había transcurrido más de media hora sin noticias, rodé sobre la cama hasta caer en la entrada de la subdimensión.
Tras una ducha rápida, revisé el chat, pero Neo seguía sin responder.
Mi mirada se posó en los pastelillos sobre la mesa y, al probar uno, noté que tenían el mismo sabor que los pastelillos veganos que solía comer con mi exnovia.
(Si no hay ganadería en este mundo, ¿Qué ingredientes tendrá este pastelillo?
Creo recordar que la margarina vegetal usa aceite de coco y aceite de oliva virgen extra…) Mientras comía, revisé el nivel de las baterías de maná y, de camino a la sala de control, me llegó una notificación de Neo.
(●— Luego te leo todos los mensajes, bro, pero me voy a dormir que estoy to’ cansao.
—) (¿Y este a saber dónde se ha quedado a dormir…?) Mi incertidumbre no duró mucho tiempo.
En la pantalla central de la sala de control, aparecieron miles de nuevas entradas: casi cien mil personas analizadas, más de cien tipos nuevos de carnes, decenas de miles de registros sobre comidas y materiales, un mapa completo de la ciudad y la última posición de Neo.
Además, la información sobre las personas estaba organizada.
Las últimas entradas correspondían a los dueños de una casa los Blackforge.
Sin embargo, lo que más me sorprendió fue un libro escaneado por Neo.
Se trataba de un volumen completo sobre runas, con miles de anotaciones suyas, incluyendo correcciones a los documentos que yo mismo había creado sobre el uso y tallado de las runas.
(Este desgraciado usó el pensamiento rápido para analizar todo esto en menos de 20 minutos…) El pensamiento rápido es una técnica peligrosa, puede provocar un dolor extremo de cabeza y, según nuestras hipótesis, incluso un derrame cerebral, aunque aún no lo hemos confirmado.
Además de redefinir casi todas mis notas sobre las runas, Neo también había diseñado un hornillo mágico.
Su funcionalidad era impresionante, lo suficientemente buena como para ser utilizado, pero su estética dejaba mucho que desear.
¿Simples chapas redondas sobre un madero?
(Neo eres mejor que eso).
Pero al analizar el flujo de energía, algo no encajaba.
(Espera… esto no tiene sentido.
Neo está transfiriendo el 100% de la energía del maná al plato de acero sin pérdidas.
Pero eso es imposible.
No hay disipación, no hay derroche, nada.
Es una violación total de las leyes de la termodinámica.
¿Cómo diablos está haciendo esto?
Pero mira que es tonto… JaJa se ha equivocado en un signo.
—) Pasé las siguientes horas leyendo todas las normas del libro de leyes del gremio y analizando las nuevas notas de Neo sobre el arte de las runas.
==+-+N+-+== Cuando desperté, la luz que se filtraba por la ventana me dijo que ya era tarde.
Me incorporé con desgana, sintiendo los músculos entumecidos, y salí de la habitación arrastrando los pies.
En el comedor, Joan, Eliz y Astrid estaban conversando.
Me froté los ojos y les dirigí una mirada perezosa.
●—¿Qué hora es?
— murmuré con la voz aún rasposa.
Joan giró la cabeza hacia mí con expresión relajada.
— Joan — Ya casi es media mañana.
— Asentí, sin mucha prisa, y me dejé caer en una de las sillas.
Me miró con una media sonrisa y, sin darme oportunidad de decir nada más, preguntó — Astrid —¿Quieres desayunar algo?
— ●— Sí, lo que haya — respondí sin pensarlo demasiado.
Las mujeres se poco a poco, dejando el comedor para dirigirse al almacén.
Me quedé solo, comiendo en silencio la sopa recalentada de la noche anterior.
Aún tenía el sabor intenso, pero algo más concentrado por el tiempo de reposo, pero no me importó.
La puerta de la cocina se abrió.
Dalia apareció con una expresión despreocupada, su cabello desordenado pero atado en un moño ,mal hecho, con la ayuda de un lazo blanco.
Sus ojos recorrieron la mesa antes de fijarse en mí.
— Dalia — ¿Quedan manzanas para desayunar?
— gritó Dalia mientras empujaba la puerta con el hombro, pero cuando sus ojos se encontraron con los míos, terminó la pregunta en voz baja—.
¿O ya se acabaron?
No supe qué responder.
Sintiéndome extraño consciente de la manera en que me veía comer.
Se mordió los labios y mirando hacia otro lado giro y desapareciendo tras la puerta de la cocina.
Cuando regresó, ya se había arreglado el peinado y llevaba en las manos un cuenco de sopa.
Se sentó lo más alejada de mí y sin decir palabra el comedor quedó en un incómodo pero curioso silencio.
Seguimos comiendo, pero no sin esa tonta guerra de miradas que ninguno de los dos parecía querer admitir.
Cuando la atrapaba mirándome, sus ojos se desviaban al plato con rapidez.
Cuando ella levantaba la vista, era mi turno de fingir que me interesaba cualquier otra cosa.
El momento fue interrumpido cuando Astrid regresó, con una sonrisa ladeada que delataba que había visto más de la cuenta.
— Astrid — ¿Interrumpo algo?
—preguntó, Alargando ligeramente las palabras.
Dalia y yo nos tensamos a la vez.
Astrid pareció divertirse, y sin perder oportunidad, se cruzó de brazos, inclinándose apenas hacia adelante.
— Astrid — Vaya, qué calladitos están.
¿Qué tal si se acercan un poquito más?
y entablan conversación.
— Antes de que pudiéramos reaccionar, Astrid sonrió con picardía y chasqueó los dedos.
— Astrid — De hecho, acabo de recordar que necesito comprar algunas cosas en el mercado.
Ustedes dos pueden acompañarme.
— No fue una invitación, sino una orden disfrazada de sugerencia.
Su tono juguetón tenía una firmeza que no dejaba espacio para una negativa.
Dalia abrió la boca como si fuera a protestar, pero Astrid ya había tomado su muñeca con decisión.
Luego, sin mucha ceremonia, me empujó del hombro para que me levantara también.
— Astrid — Vamos, vamos.
No acepto un “no” por respuesta.
— Dalia suspiró resignada, No había escapatoria.
Astrid nos había atrapado.
==+-+H+-+== Tras estudiar varias horas el abecedario rúnico me recordaba a los sistemas de escritura japoneses o chinos.
No por su fonética, sino por su estructura visual.
Eran símbolos compuestos, algunos simples, otros con trazos que parecían ideogramas antiguos.
En algunos casos, la forma en que se combinaban runas menores para formar un significado más complejo me hacía pensar en los kanjis y sus radicales.
Tal vez si aprendía a interpretarlas como un idioma en lugar de un conjunto de símbolos mágicos, podría avanzar más rápido en su estudio.
Alrededor de la media mañana, decidí salir de la subdimensión.
Al llegar a la recepción, dejé la llave de mi habitación y salí a explorar la ciudad.
Quería conocer mejor el lugar donde estábamos antes de decidir el siguiente paso.
Mientras caminaba por las calles adoquinadas, observando los puestos de comida y a los artesanos mostrando sus productos, escuché una voz familiar a lo lejos.
■— Buenos días dormilón.
●— Vaya, qué coincidencia encontrarte aquí Hunt.— ■—¿Coincidencia?
Más bien diría que el destino nos tiene algo preparado.— Neo giró levemente hacia las mujeres para presentarme.
●— Doña Astrid, Señorita Dalia, Doña Joan esta es la persona de la que les he hablado.
Hunt.— Con una leve reverencia me presenté a las acompañantes de Neo.
■— ¿Y tú qué haces aquí tan temprano?— ●— Acompañando a las damas de compras… y pagando por todo, como agradecimiento por su hospitalidad— De fondo se escuchó unas risas de Astrid y Joan, que dalia finalizo con una mirada asesina.
Hunt rio entre dientes, pero antes de poder responder, Neo lo miró con cierta maldad.
●— Por cierto, ¿Cómo te fue con la señorita de anoche?— Astrid alzó una ceja con interés y se cruzó de brazos.
—Astrid— ¿La señorita de anoche?
¿Quién fue la afortunada?— Hunt vaciló un momento, pero finalmente suspiró resignado.
■—Selene.— El rostro de Astrid cambió en un instante.
Su expresión relajada se tornó seria y lanzándome una mirada asesina.
— Astrid — Dalia, lleva la compra a la casa con Joan.
Hay algo de lo que debo hablar con estos dos.— Dijo apresuradamente dándole a dalia las bolsas que ella estaba cargando.
Dalia parpadeó sorprendida, pero asintió sin decir nada.
En cuanto se alejaron, Astrid nos agarró a Neo y a mi por los brazos y comenzó a caminar a paso rápido.
●— Oye, ¿a dónde nos llevas con tanta prisa?
— ■— Sí, ¿qué sucede?
— — Astrid — No pregunten.
Solo síganme.— Dijo con el tono autoritarios.
Astrid entró con paso firme al gremio de comerciantes, dirigiéndose de inmediato a la recepción.
La recepcionista, que la conocía bien, la saludó con una sonrisa.
— Recepcionista — Astrid, qué sorpresa verte por aquí.
¿Necesitas algo?— Dijo sonriendo.
— Astrid — ¿Selene o Sena están en sus despachos?— Dijo nerviosa.
— Recepcionista — Sí, ambas están en el despacho de Sena.— Sin perder más tiempo, Astrid asintió y subió las escaleras a toda prisa, con nosotros siguiéndola sin entender muy bien la urgencia.
Al llegar al despacho de Sena, Astrid no se molestó en llamar simplemente abrió la puerta de par en par.
Selene y Sena, que estaban en plena conversación con más miembros del gremio, se sobresaltaron al verla irrumpir de esa manera.
— Selene — ¡Astrid!
¿Qué estás haciendo?
— — Sena — ¡Casi me paras el corazón!
— — Astrid — Ustedes cuatro, fuera.
Tengo que hablar con Sena y Selene seriamente.— Las cuatro trabajadoras del gremio que estaban en la sala se quedaron en silencio unos segundos antes de apresurarse a salir.
— Astrid — Ustedes también, esperen afuera.— Se dirigió a Neo y a mí con una mirada que nos heló la sangre.
Fuera de la sala, Neo suspiró.
●— Creo que nos han descubierto.— ■— Bueno era algo que podía pasar ¿no?.— ==+-+0+-+== Dentro de la oficina, Selene y Sena se recompusieron de la sorpresa y miraron a Astrid con seriedad.
—Sena— ¿Qué está pasando?— Astrid respiró hondo antes de hablar.
—Astrid— Es sobre los dos hombres que acaban de fuera.
Necesito que escuchen con atención.— Selene y Sena se miraron entre sí, esperando la explicación.
—Selene— ¿Qué ocurre con ellos?— Dicho esto, Astrid sacó un cristal de su bolsillo y lo puso sobre la mesa.
Selene lo miró con confusión, mientras Sena fruncía el ceño.
—Sena— ¿Qué es esto?— —Astrid—Anoche Durman miro a uno de esos chicos con estas gafas analizadoras y se quebraron después de que leyera que el chico que se llama Neo era un enviado de Tolmas.
Yo creo que estaban rotas desde antes y dieron lecturas erróneas, pero necesito comprobarlo.— El silencio llenó la habitación.
Ambas mujeres la miraron con incredulidad.
— Selene — No puede ser…— — Sena — Selene deja de decir tonterías, Eso es absurdo Astrid…
por favor— Astrid cruzó los brazos y suspiró.
— Astrid — Solo hay una forma de averiguarlo.
Sena, tienes que comprobarlo con tus gafas de análisis.— Sena, aun dudando, tomó un pequeño estuche de su escritorio y sacó las gafas.
— Sena — No veo qué sentido tiene esto, pero está bien.— Astrid abrió la puerta y llamó a Neo y Hunt.
— Astrid — Pueden entrar.— Sena fue la primera en notar la verdad.
Sus ojos se abrieron desmesuradamente, y su rostro, normalmente compuesto, se desfiguró en una expresión de puro horror.
Su respiración se volvió errática, y sus labios se separaron sin que pudiera articular palabra.
Temblorosa, señaló a Neo y Hunt con una mano vacilante.
— Sena — Son… ellos…
ellos…
de verdad… — Selene la miró con el ceño fruncido, el escepticismo dibujado en cada línea de su expresión.
— Selene — Sena, deja de decir tonterías no creo que Hunt sea— gruñó, y tomó sus gafas con firmeza antes de ponérselas.
El mundo pareció derrumbarse a su alrededor.
Apenas sus ojos captaron el resplandor divino que envolvía a Neo y Hunt, su respiración se entrecortó y un grito ahogado escapó de su garganta.
Su cuerpo entero se estremeció como si el frío de la muerte misma la hubiera atrapado.
Sus piernas flaquearon, y tuvo que sostenerse de la mesa para no desplomarse.
Astrid las observó con incredulidad.
Con el miedo de las palabras de Durman recorriendo su memoria.
— Astrid — ¿Se están burlando de mí verdad?
— preguntó con una mezcla de molestia y nerviosismo.
— ¿Verdad?
— Sin responder, Selene le tendió las gafas con manos temblorosas sin dejar de mirar a Neo y Hunt.
Astrid las tomó con recelo, mirándola como si fuera una broma cruel.
Pero en cuanto se las puso, su reacción fue inmediata, su piel perdió el color, y sus ojos brillaron con pánico puro.
Un jadeo tembloroso escapó de sus labios mientras retrocedía, tambaleándose como si la hubieran empujado.
En ese momento, Neo y Hunt entraron en la habitación, cerrando la puerta tras ellos con calma absoluta.
No mostraban ni una pizca de la gravedad de la situación, sino que se veían completamente relajados.
■— El cristal anti-sonido por favor, Selene.
— extendió una mano hacia Selene.
Selene intentó obedecer, pero sus manos temblaban tanto que el pequeño objeto se le resbaló de los dedos y cayó al suelo.
Hunt ni siquiera se inmutó.
Se agachó con tranquilidad, recogió el cristal y le dedicó una sonrisa antes de activar el dispositivo mágico.
Las mujeres balbuceaban entre ellas en estado de shock.
Entonces, sin previo aviso, Hunt dio dos palmadas para llamar su atención.
●— Siéntense.
Les vamos a contar la quienes somos.— El ambiente en la habitación era tenso.
Astrid, Sena y Selene tragaron saliva antes de tomar asiento, sabiendo que lo que estaban a punto de escuchar cambiaría todo.
Neo recordó su historia de manera concisa, sin necesidad de adornos.
Nació en un pueblo pequeño y, gracias a una beca, logró estudiar en la universidad, donde conoció a Hunt.
Pero todo cambió el día del accidente.
Aquel momento en el que, sin entender cómo, terminaron ante Tolmas.
El dios les ofreció una nueva vida en este mundo, sin ataduras ni un destino prefijado, solo la libertad de hacer lo que quisieran.
Durante seis años, sobrevivieron en el bosque, luchando, aprendiendo y fortaleciéndose.
Ahora, frente a Astrid, Selene y Sena, su historia volvía a tomar forma, despertando en ellas una mezcla de asombro y temor.
—Selene— ¿Qué es un ingeniero?— Neo y Hunt se miraron y sonrieron con orgullo antes de responder con la máxima arrogancia posible.
●—Los ingenieros somos las personas más brillantes que puedan existir.
Somos creadores, innovadores, solucionamos problemas que nadie más puede entender.
Si el mundo tiene un problema, nosotros encontramos la solución.— ■—Exacto.
Sin los ingenieros, la civilización no existiría.
Todo lo que conocen y usan hoy en día, en nuestro mundo fue gracias a los ingenieros.
Son, sin duda, la élite del conocimiento.— Selene y Sena sorprendidas por la confianza con la que hablaban.
La manera en que echaban flores a su propia profesión las hizo sentir, por primera vez, que tal vez no eran dioses inalcanzables, sino simplemente dos hombres con demasiado ego.
Sena, ahora más tranquila, aprovechó el momento para preguntar lo que más le preocupaba.
— Sena — ¿Tienen algún plan de traer calamidad o redención a este mundo?
¿Tolmas les encomendó una misión real?— Hunt se encogió de hombros con una expresión relajada.
■— Somos libres de hacer lo que queramos en este mundo.
Tolmas no nos dio órdenes.
No somos sus soldados ni sus mensajeros.
Solo nos dio la opción de estar aquí, y decidimos aprovecharla.— Astrid, aún con el nerviosismo en su cuerpo, logró formular una pregunta con tono serio, tomando aire antes de hablar.
— Astrid — ¿Por qué tienen el título de enviado de Tolmas?— Tras una breve explicación por parte de Neo sobre la reunión que tuvieron con Tolmas al llegar a la ciudad, Neo explico que ellos tampoco sabían que implica el titulo y que responsabilidades tendrían o las consecuencias de sus actos.
— Selene — ¿Tienen algún plan?
— ■— No tenemos nada planificado simplemente queremos vivir una vida tranquila explorando la magia y la tecnología.— Las palabras de ambos calmaron un poco más la tensión en la sala.
Por un momento, la sensación de estar en presencia de dioses se disipó, y solo quedaron dos hombres con una visión clara.
Selene, ahora algo más relajada, se atrevió a preguntar algo más personal.
—Selene— ¿Nuestra relación fue algo malo u ofensivo para ti, Hunt?— Hunt se sonrojó visiblemente y desvió la mirada por un instante antes de responder con voz firme.
■—No… para nada.— Selene esbozó una pequeña sonrisa.
Astrid se sobresaltó con la pregunta mirando a Neo.
Neo en cambio devolvió la mirada a Astrid.
Levantando la mano sutilmente, Astrid entendió rápidamente que su comportamiento tampoco lo ofendió.
Mientras tanto, Sena, con una expresión más analítica, formuló una pregunta diferente, ignorando completamente lo que su hermana acababa de decir.
— Sena — ¿Y qué pasa si alguien se cruza en su camino?— Neo apoyó la espalda en la silla y respondió sin dudar.
●— Nunca me lo he planteado.—Hunt asintió y agregó con un tono más serio.
■—Nosotros no somos asesinos ni algo parecido.
Si hay conflictos, primero buscaremos resolverlos con palabras.— Las tres mujeres se relajaron visiblemente.
La presión en el aire parecía disiparse lentamente.
Sin embargo, antes de que pudieran continuar, la puerta del despacho se abrió de golpe.
— Durman — ¡¿ASTRID estás aquí?!
— Grito entrando por la puerta.
— Traigo las gafas de análisis de mi despacho.
— Todos giraron la cabeza para ver a Durman de pie en la entrada, con una expresión confusa y un aire de autoridad, pero no pudieron escucharle.
Apenas Durman cruzó la puerta, Astrid la cerró rápidamente detrás de él y metiéndole en la esfera insonorizante, atrapándolo dentro.
Sin comprender lo que estaba ocurriendo, el maestro herrero frunció el ceño, pero en cuanto Astrid y las demás comenzaron a explicarle la situación, su expresión pasó de la confusión al asombro absoluto.
Su voz resonó con exageración dentro de la esfera, lo que provocó que todos lo miraran con incredulidad.
Durman conto como se encontró con Dalia y Joan, y como vino corriendo.
Tras repetir la historia de la vida de Neo y Hunt, Durman les preguntó sobre su futuro.
■— Nosotros queremos crear artefactos, herramientas y mejorar la calidad de vida de las personas.
Nuestro objetivo no es gobernar ni imponer cambios forzados, sino ofrecer nuestra ayuda a todos aquellos que creemos que la necesita.
— Durman lo miró con atención, pero no dijo nada.
Neo aprovechó para continuar.
●— Por eso quiero convertirme en aprendiz de los mejores artesanos, entre ellos tú, Durman.
No es arrogancia, pero sé que puedo aprender de ustedes al mismo tiempo que ustedes pueden aprender de mí.— Durman frunció el ceño, evaluando las palabras de Neo.
Hunt, por su parte, se inclinó ligeramente hacia adelante, apoyando los codos en la mesa.
■— Yo, en cambio, quiero aprender sobre los comercios.
En este mundo y sin entender la economía solo estamos destinados al fracaso.
Necesito entender cómo se manejan los mercados, las inversiones y el flujo de dinero en este mundo.— Sena, Durman , Selene y Astrid intercambiaron miradas.
La idea de dos enviados de Tolmas dedicados al desarrollo del mundo de manera pacífica y productiva resultaba… reconfortante.
El silencio se extendió por unos segundos, hasta que Hunt decidió romperlo de la manera más natural posible.
■— Bueno, todo esto es muy interesante, pero… yo tengo hambre.
¿Vamos a comer?— ●— Tú siempre tienes hambre.— Astrid rio y se puso de pie con entusiasmo.
—Astrid— Entonces, ¡todos a comer!
Allí podemos seguir hablando mientras comemos.— REFLEXIONES DE LOS CREADORES Miret_2O Neo y Hunt han revelado su verdadera identidad ¿Hicieron lo correcto o acaban de condenarse?
¿Cómo reaccionarías tú ante una verdad así?
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