Dos ingenieros en otro mundo - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - 13 El arte de desplegar el maná
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13: El arte de desplegar el maná 13: El arte de desplegar el maná Antes de salir y desactivar la barrera insonorizante, recorrí con la mirada a cada uno de los presentes con frialdad.
Mi voz salió baja, pero cargada de autoridad.
■— Todo lo que se ha dicho en esta habitación…
muere en esta habitación.
— ●— Y traten de comportarse con normalidad con nosotros.
En el otro mundo, éramos solo dos chicos normales.
Cambiar de mundo no significa que deban tratarnos diferente.
— El silencio que siguió fue absoluto.
Nadie se atrevió a decir nada más.
Avanzamos por la ciudad mientras las calles comenzaban a llenarse con la actividad del mediodía.
Pasamos cerca del Gremio de Cazadores, donde un puesto exhibía varios productos de caza, pieles curtidas, garras, colmillos y carne colgada en ganchos de hierro.
Entre todos esos productos, Neo notó algo que llamó su atención, un huevo, un poco más pequeño que el de un avestruz, y una vasija llena de leche.
●— Tú, ¿Qué te parece si comemos pollo empanado con puré?
— ■— Bro, tú sabes cosas, me parece una gran idea.
— Nuestros acompañantes, aún tensos por nuestra presencia, dejaron todo prejuicio de lado y destensaron sus posturas al darse cuenta de que, pese a nuestra gran inteligencia y nuestro título, no éramos más que dos chicos normales.
Neo y yo nos desviamos del grupo y nos dirigimos al puesto.
Neo inspeccionó el huevo con interés, pero antes de poder preguntar su precio, el dependiente, un hombre flacucho con cara de pocos amigos, nos miró con desdén.
— Dependiente — Los huevos son un artículo de lujo.
No se los vendo a don nadie como vosotros.
— Antes de que Neo pudiera responder, una sombra imponente cayó sobre el dependiente.
Un hombre, más alto y robusto que Durman, se acercó con paso firme y lo apartó de un empujón.
— Justo — ¿Desde cuándo un simple comerciante tiene derecho a dirigirse así a dos hombres que caminan en compañía de maestros de gremio?
— El dependiente palideció.
Justo, el maestro del Gremio de Cazadores nos dirigió una mirada analítica antes de esbozar una sonrisa afilada.
— Justo — Ahora mismo los atenderemos nosotros, entren al gremio si quieren comprar algo.
— Se giró hacia sus trabajadores y les dio órdenes rápidas.
Mientras tanto, se dirigió a Durman y Sena, cruzándose de brazos.
— Justo — ¿Quiénes son estos dos?
— Durman suspiró y le dio una palmadita en el hombro.
— Durman — Ese es mi discípulo y el otro es el “amigo” de la hermana de Sena.
— Sena asintió con tranquilidad.
— Sena — Y sería mejor que no los trataras como basura, Justo.
— El cazador soltó una risa grave.
— Justo — Ah, ya veo.
— Se volvió hacia nosotros con una expresión burlona y levantó una pechuga de dimensiones gigantescas.
— Justo — ¿Seguro que no quieren esto para comer?
No vayan a asustarse.
— Neo extendió la mano sin dudar y tomó la carne para revisarla con interés.
●— Es lo que buscábamos.
Entréguelo tal cual.
— Justo parpadeó, sorprendido, pero no dijo nada.
Cuando nos entregaron los productos, la carne, la leche y el huevo , envueltos en unas telas sobre la mesa, pagué con 6 monedas de plata que dejé caer con indiferencia.
El dependiente se quedó asombrado y el maestro de cazadores nos miró con superioridad.
Durman se quedó hablando con Justo, despidiéndose del grupo con la promesa de ir a casa para la hora de comer.
Mientras caminábamos por la ciudad rumbo a la casa de Astrid, pasamos junto a una panadería y me detuve.
■— Voy a comprar pan duro.
— — Astrid — ¿Para qué quieres pan duro?
— ■— Para hacer pan rallado.
— Astrid no preguntó nada más.
Solo observó con curiosidad cómo pagaba unas cuantas monedas de cobre y recibía varios panes secos.
Seguimos caminando hasta encontrarnos con un puesto de verduras.
Compramos un poco de todo, pero cuando llegamos a las patatas, Astrid frunció el ceño.
— Sena — ¿Para qué compran esas piedras?
Solo sirven para alimentar a los caballos.
— Neo y yo nos miramos y sonreímos sin responder nada.
Finalmente, llegamos a la casa de Durman y Astrid.
Nada más entrar, nos dirigimos a la cocina con los ingredientes en brazos.
— Dalia — ¿Qué están haciendo?
— ■— Vamos a cocinar.
— Los sirvientes nos miraron con nerviosismo, pero Astrid alzó una mano.
— Astrid — Al parecer quieren cocinar ellos.
— Los sirvientes obedecieron, aunque se quedaron cerca, observando con curiosidad.
Después de un rato, Neo y yo salimos de la cocina con una gran olla de puré de patatas y una bandeja repleta de filetes empanados de gallina gigante.
Durman estaba hablando con Sena en un rincón de la mesa, mientras Selene, Astrid y Dalia hablaban entre ellas, mientras los sirvientes estaban poniendo la mesa.
Como les ordeno Neo hace unos minutos.
Los sirvientes miraban con indecisión.
Neo los ordenó colocar once platos en la mesa.
●— Siéntense.
Todos.
Vamos a comer juntos.
— Los sirvientes intercambiaron miradas y esperaron la aprobación de Durman.
El herrero gruñó y se cruzó de brazos.
— Durman — ¿No los han oído?
Han dicho que se sienten.
— Los cuatro sirvientes se sentaron en el lado más alejado de la mesa lejos de Durman o Sena.
Pero neo los detuvo para ordenarles que se sienten en el centro de la mesa.
Lentamente, los sirvientes se fueron acomodando en la mesa, todavía inseguros.
Dalia fue la primera en probar el puré.
Sus ojos se abrieron con sorpresa.
— Dalia — …¿Esto es la comida de los caballos?
— Durman tomó un bocado y asintió con aprobación.
— Durman — Está bueno.
— Astrid probó un trozo de pechuga empanada y se sorprendió.
Selene, con una expresión curiosa, tomó un poco de las verduras aliñadas y las acompañó con pan recién hecho.
Sus mejillas se sonrojaron ligeramente al saborear la mezcla.
Sena observó a todos con una sonrisa antes de probar el puré.
Durman notó que los sirvientes apenas tocaban la comida y decidió actuar.
Le dio una palmada en la espalda a uno de ellos y habló con voz firme.
— Durman — Come, no seas tímido.
Estos dos ven a todos por igual.— Peter se atrevió a probar la comida… y se quedó maravillado.
Poco después, Eliza siguió su ejemplo.
Luego Henry y Joan.
La comida se convirtió en un ambiente relajado y cálido.
Los sirvientes no solo disfrutaban de la comida, sino también del reconocimiento como parte de la familia.
Justo cuando la comida estaba por terminar, Dalia rompió el silencio con una sonrisa satisfecha.
— Dalia — Por cierto, hay una apuesta de por medio entre Neo y yo.
— Neo, que justo en ese momento bebía agua, casi se atraganta y se sonrojó de inmediato.
— Astrid — ¿Qué tipo de apuesta, querida?
— Dalia, sin perder la compostura, explicó la apuesta mientras todos la escuchaban con interés.
Cuando terminó, Durman soltó una carcajada y, sin previo aviso, le dio una fuerte palmada en la espalda a Neo.
— Durman — ¡Así se hace, zagal!
— exclamó con orgullo.
Neo casi se cae de la silla por el golpe y, mientras se recomponía, Durman se quedó congelado.
Se dio cuenta de lo que acababa de decir y hacer.
Miró a Neo con una expresión seria y le dijo con tono más contenido.
— Durman — Perdona, chico… No quise llamarte así ni darte un golpe tan fuerte.
— Los sirvientes se sorprendieron al ver la actitud de Durman.
Sin embargo, Mientras que Neo se frotaba la espalda, sonrió con naturalidad.
●— No se preocupe por las formalidades, señor Durman.
— ■— Selene prepárate que nos tocara ir a una boda — Sena soltó una pequeña risa nasal mirando a su hermana, mientras que ella me miraba muy enfadada.
Durman rio con fuerza antes de tomar su copa y beber un buen trago de vino, satisfecho con la respuesta de Neo.
Astrid, se levantó y miró a todos con emoción.
— Astrid — Bueno, ya que hay una apuesta, propongo que vayamos a ver esos inventos tan interesantes y decidamos quién gana.
— Mientras los sirvientes recogían la mesa, insistieron varias veces en hacerlo ellos solos, ya que Dalia quería ayudar.
Finalmente, Dalia y Neo fueron al taller a buscar sus inventos y los colocaron en la mesa del comedor para su exhibición.
Uno a uno explicó el funcionamiento de sus creaciones, una explicación larga que podía aburrir a cualquiera, a todos menos a mí.
(Estaba tomando notas del invento de Dalia y enviando mensajes a Neo riéndome de sus errores de cálculo), y después de las demostraciones donde cada uno de ellos llevaron a ebullición una pequeña olla de agua.
Llegó el momento de votar.
Los resultados quedaron 3-2 a favor de Neo.
— Durman — Por bueno que seas Neo, mi Hija es mejor.
— Dijo con los brazos cruzados y una sonrisa en el rostro mirando a Dalia.
— Astrid — Yo solo quiero que gane Neo.
— Sin disimular su favoritismo.
— Sena — El de Dalia es más fácil de producir en masa, así que es mejor.
— Dijo con una expresión analítica.
Selene concordaba con su hermana y yo vote a Neo solo por el echo de joderle y que se case con Dalia.
— Dalia — Pues has ganado.
— Suspiró mientas se cruzaba de brazos y mirando a Neo con una expresión divertida.
Neo levantó los brazos en señal de victoria y gritó: ●— ¡Siiiii!
— Pero de repente se puso rojo como un tomate al recordar lo que significaba ganar la apuesta, casarse con Dalia.
Su expresión cambió por completo, y mientras todos lo miraban con curiosidad, Astrid dejó escapar una risa burlona.
— Astrid — Parece que nuestro campeón acaba de recordar lo que se juega… — Neo miró a Dalia a los ojos e intentó hablar, pero las palabras no salían de su boca.
Le di una palmada en la espalda con fuerza y grité: ■— ¡Vivan los novios!
— — Sena — ¡Un brindis por los novios!
— Levantó su vaso de vino con entusiasmo.
Las risas y celebraciones llenaron el comedor.
Después de varios minutos de festejo, cuando el ambiente comenzó a calmarse, Neo se estiró y dijo con tono despreocupado: ●— ¿Qué será?
¿Las 3:00 ya?
Una siesta no vendría mal ahora mismo.
— Todos, excepto yo, lo miraron sorprendidos.
— Dalia — ¿Qué es una siesta?
¿Y por qué a las 3 si son las 25?
— Neo y yo nos miramos el uno al otro.
●— ¿Cómo que es la hora 25?
— — Selene — ¿En vuestro pueblo no se mide el día en 40 horas?
¿En cuántas horas lo hacen entonces?
— Dijo rápidamente disimulando.
■— Nosotros medimos el año en 365 días, con 12 meses de aproximadamente 30 o 31 días, excepto febrero, que tiene 28 o 29 si es bisiesto.
Los días los dividimos en 24 horas, cada hora en 60 minutos y cada minuto en 60 segundos.
— — Astrid — Qué extraño es su pueblo.
— — Selene — ¿A qué se debe, esta distribución tan extraña?
— ●— En nuestra tierra natal, contábamos con las articulaciones de los dedos.
Indicábamos los números con el índice, usando la primera falange para el uno y la última del meñique para el doce.
Con la otra mano, contamos ciclos de 12, formando un sistema basado en 60.
— — Durman — Entonces, para decir que tienes 25 unidades de algo, ¿muestras dos dedos de la mano derecha y la primera falange del dedo índice?
— ■— Exacto.
— — Selene — Sena, te das cuenta de que esta forma de contar es mucho más eficiente, sobre todo si quieres indicar cantidades a alguien que no te escucha.
— — Dalia — Vuestro pueblo mide el tiempo de forma muy extraña… Lo normal es que un año tenga 400 días, con 16 meses de 25 días.
Un día son 40 horas de 40 minutos y 40 segundos.
— ■— Supongo que esta es una de las diferencias culturales que esperábamos encontrar al llegar a la ciudad.
Uno nunca se acuesta sin aprender algo nuevo.
— Mientras comíamos, la conversación fluía en distintas direcciones, con varias voces hablando a la vez y comentarios cruzados de un extremo al otro de la mesa.
A medida que la comida llegaba a su fin, nuestras charlas seguían vivas, revelándonos lo distintas que eran nuestras culturas y cuánto nos quedaba por aprender a Neo y a mí.
==+-+N+-+== Al acabar la comida, Durman se disculpó, explicando que debía forjar una espada para el hijo del marqués.
Intenté insistir en acompañarle, pero él negó con la cabeza y me miró con seriedad.
— Durman — Este es mi castigo, no el tuyo — Me dijo colocando una mano en mi cabeza — Deja de insistir, te recuerdo que soy el maestro del gremio de herreros — Dijo mientras me revolvía el pelo.
(Su forma de hablar me recordó a mi padre) Con la marcha de Durman, Sena también se disculpó y decidió irse a trabajar.
Selene se despidió de Hunt y luego de los demás para irse también a trabajar.
En el comedor quedamos Hunt, Astrid, Dalia, los sirvientes y yo.
●— Y ahora, ¿Qué hacemos?
— ■— Ni idea.
— — Astrid — ¿Qué tan buenos son con los conjuros?
— Al final salimos al patio y Astrid nos propuso un duelo mágico.
Nos explicó las reglas solo podíamos usar magia con la cantidad de maná que tuviéramos desplegado, es decir, que no podíamos usar magia de maná plegado.
Nos miramos confundidos, no entendiendo nada de lo que decía.
— Astrid — Olvídenlo y prepárense.
— Dijo mientras Peter dejaba un tanque o un depósito en medio del patio.
Y ella activaba el artefacto insonorizante.
Astrid nos advirtió que no lo tocáramos.
Que era para la defensa de Dalia, los sirvientes y de la casa.
Hunt decidió ir primero al crear dos bolas de fuego, antes si acaso de poder lanzarlas, Astrid reaccionó más rápido y las neutralizó con dos balas de aire, provocando dos fogonazos alrededor de Hunt.
Le seguí yo, intenté atacarla con un chorro de agua impulsado por aire.
pero se defendió con un escudo mágico de piezas hexagonales.
Sin darnos tiempo a reaccionar, Astrid empezó a lanzarnos sus propios hechizos.
Con dos dedos levantados nos mandaba proyectiles de fuego, con el arte de un director de orquesta.
Los logramos desviar con facilidad.
— Astrid — ¡Si eso no les hace efecto!
— En ese momento emanó una presencia extraña.
Hunt sacó de la subdimensión las gafas de escamas de serpiente Noin y ambos nos las pusimos.
Pudimos ver una formación de eterana en forma de fuego rodeándola, llena de maná de poca densidad.
Nos lanzó dos balas de fuego, con cargas eléctricas provocando rupturas dieléctricas del aire conectando con el suelo y las paredes de la barrera, pero Hunt las detuvo con una mano y yo simplemente la esquive.
Luego, desató un tiroteo más intenso.
— Astrid — Ahora usaré mi verdadera habilidad.
— Alzó las manos y el aire se volvió denso.
El suelo bajo nuestros pies tembló y una corriente de agua comenzó a brotar del suelo.
De un momento a otro, columnas de agua a presión se elevaron rodeándonos, atrapándonos en un vórtice.
Hunt intentó usar fuego, pero la humedad lo sofocaba antes de que sus llamas pudieran expandirse.
Intenté empujarla con ráfagas de aire, pero el torbellino giraba con demasiada fuerza.
(#■— Si seguimos así, nos va a ahogar.
—#) (#●— Tenemos que salir de aquí como sea.
—#) Durante una fracción de segundo Hunt y yo intercambiamos una mirada y asentimos.
Dejamos de luchar contra la corriente de agua, usando el sistema de vuelo para pararnos en medio del vórtice, en forma de flecha con brazos abiertos y abriendo mini portales, a la subdimensión en nuestras manos, absorbimos todo el agua.
Para posteriormente soltarlo de golpe contra ella.
Astrid sonrió con diversión y golpeó el suelo con su pie.
De inmediato, el suelo bajo nosotros se abrió y una docena de picos de tierra emergieron.
Rodamos en direcciones opuestas para esquivarlos, pero en ese instante, Astrid izo aparecer frente a Hunt un látigo de agua golpeando lo en el abdomen.
Hunt salió disparado contra una de las paredes.
■— ¡Ugh!
Eso dolió…
— Aprovechando la distracción, lancé una ráfaga de aire a sus pies para desestabilizarla.
Pero Astrid usó el impulso para girar en el aire y lanzar una lluvia de proyectiles de agua en mi dirección.
Esquivé algunos y desvié otros con mi propio viento, pero uno impactó en mi hombro, entumeciéndolo.
— Astrid — Vamos, ¿eso es todo lo que tienen?¿Esto es todo lo que habéis aprendido en seis años en el bosque maldito?
No está mal, pero aún les falta.
— Hunt se levantó y sacudió el polvo de su ropa.
Luego, levantó una mano y creó un círculo de fuego a su alrededor.
Me di cuenta de lo que planeaba y comencé a acumular aire.
En un instante, desatamos un torbellino de llamas que avanzó en dirección a Astrid.
Sin inmutarse, ella alzó una sola mano y el torbellino se disipó.
Luego, con un movimiento fluido, el agua en el suelo se elevó como látigos y nos golpeó con fuerza, lanzándonos al suelo.
Astrid dio un pisotón y la tierra nos tragó hasta la barbilla.
— Astrid — Creo que ya es suficiente.
— Dijo mientras desactivaba la barrera y la insonorización.
— Dalia — Así enterradito te ves muy bonito que cuqui.
— Dijo agachándose para chincharme con un dedo.
Hunt saco una mano de la tierra se apoyó en el suelo y se levantó como si saliera de una piscina.
Lo imité y luego encaré muy de cerca a Dalia.
(soy un poco más alto que Dalia) ●— ¿Aún te parezco cuqui?
— Dalia se puso roja, pero Astrid nos separó rápidamente.
Luego de un descanso, nos mandaron a bañarnos, Hunt y yo aprovechamos para ir a la subdimensión y ducharnos.
Al volver Astrid nos explicó que, pese a que sabíamos usar varios estilos de magia, algo que es extremadamente raro, no sabíamos usar la magia y que parecíamos animales en peligro.
(Teniendo en cuenta que aprendimos a usar magia copiando a los mutantes del bosque o de manera autodidacta creo yo que no se nos da tan mal).
Nos explicó sobre cómo se despliega el maná y cómo hacerlo correctamente.
Las siguientes horas fueron de entrenamiento intenso.
Era frustrante, ya que nos quemamos varias veces por malas conexiones con el éter.
Dalia me dio un consejo peculiar, imaginarlo como contener la respiración y soltar el aire poco a poco.
Lo intenté y, finalmente, pude desplegar el maná por primera vez.
En ese mismo instante, Hunt también logró desplegar el suyo.
Pero como en nuestros cuerpos no caben los litros del maná plegado, el exceso comenzó a derramarse fuera de nuestro cuerpo, formando un aura dorada que chispeaba.
Astrid, que observaba desde cerca, alzó una ceja, fascinada por el espectáculo.
Fue entonces cuando Astrid me explicó con detalle cómo funcionaba el maná.
Según ella, todos nacemos con un límite natural de maná que equivale, más o menos, a nuestro peso dividido entre 100.
En mi caso, que peso 80 kilos, eso significa que puedo almacenar hasta 0.8 litros de maná en estado desplegado.
Si el maná está plegado una vez, esa capacidad se multiplica por diez, alcanzando los 8 litros.
Plegarlo dos veces nos lleva a 80 litros, tres veces a 800, y así sucesivamente hasta una sexta plegadura, 100.000 litros, algo que solo el legendario Enviado de Tolmas, Iliathis, logró alcanzar.
Sin embargo, manejar el maná no es tan sencillo.
El cuerpo humano no puede sostener maná sin consecuencias si se intenta usar en grandes cantidades sin desplegarlo poco a poco.
Usar el maná mientras aún está plegado genera desechos mágicos que no se pueden recuperar.
Por eso, hay que desplegarlo, antes del uso.
La mayoría de las personas solo manejan el maná desplegado o plegado una vez.
Los magos ordinarios pueden manejarlo plegado dos veces, los avanzados, tres.
Los prodigios llegan a cuatro o cinco plegaduras, pero son extremadamente raros.
Astrid aún no estaba satisfecha y me obligó a seguir entrenando.
Hunt se quedó sin maná y escapó del castigo.
Se fue con Astrid y Dalia al comedor, mientras yo seguía con el entrenamiento.
Cuando desplegué por segunda vez el maná, el aura se expandió aún más, brillando con una intensidad mayor.
Pero fue al alcanzar el tercer nivel de maná que todo se volvió abrumador.
El aura que emanaba de mí alcanzó un volumen de 400 litros.
Astrid me estaba observando con ojos brillantes, pero de repente frunció el ceño.
Me gritó que mi aura era demasiado densa, tan densa como el maná líquido, lo cual podía causar un colapso si no se regulaba.
Me indicó que debía intentar adaptar la densidad del maná a la del aire y dispersarlo suavemente.
Pero no pude.
La presión era demasiado.
Con una vista a cámara lenta y de manera estroboscópica, vi a Astrid corriendo apresurada a una puerta de la casa, al salir, sacó un cristal de Magistón enorme de casi 30 cm de largo y 10 de ancho.
Intentó absorber el maná de mi esfera, pero Hunt abrió la subdimensión y envió el maná a la batería de la casa.
Poco a poco los intervalos eran más cortos hasta que todo se volvió negro.
Lo último que vi fue a Astrid y a Hunt intentando contrarrestar mi aura antes de que me desmayara.
Cuando desperté, estaba recostado en el regazo de Dalia.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Miret_2O Aprender magia nunca fue fácil…
¿Hasta dónde llegarías tú por dominar tu poder?, Dominar el maná… o ser consumido por él.
¿Te arriesgarías?.
El poder despertó… pero, ¿a qué precio?
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com