Dos ingenieros en otro mundo - Capítulo 15
- Inicio
- Todas las novelas
- Dos ingenieros en otro mundo
- Capítulo 15 - 15 Bajo el manto de la noche
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
15: Bajo el manto de la noche 15: Bajo el manto de la noche ==+-+0+-+== Durman llegó a casa, con todo el cuerpo cansado, cuando la noche ya se había asentado sobre la ciudad.
Estaba agotado, cubierto del olor a hierro y humo.
Había pasado toda la tarde en el taller del gremio y después de media jornada, solo quedaban tres días para el cumpleaños del hijo del Marqués, y aún no había logrado forjar la espada mágica que le habían encargado.
Mientras dejaba las botas en la entrada, notó una tenue luz encendida en el despacho.
Subió sin hacer ruido, caminó en silencio por el pasillo, guiado por ese brillo cálido que se escapaba por la rendija de la puerta.
Al asomarse, encontró a Astrid escribiendo, concentrada.
Antes de que pudiera decir algo, ella habló, sin desviar la mirada del libro en el que escribía.
— Astrid — Bienvenido, cariño.
Ve a bañarte, seguro hueles a humo o hierro.
—dijo con voz suave, casi como si hubiese anticipado su llegada Durman sonrió y se acercó por detrás, le apartó suavemente un mechón de cabello del cuello y le dio un beso en la mejilla antes de obedecer.
Regresó al poco tiempo, limpio y con el cabello aún húmedo, con una expresión más relajada.
Sin decir palabra, se acercó a ella y la tomó en brazos.
—Durman — Vamos ya a dormir.
— murmuró con voz baja.
—Astrid — Aún no he terminado de escribir.
—protestó suavemente, aunque no hizo esfuerzo por resistirse.
—Durman — Puedes seguir mañana.
Esta noche te necesito.
—dijo mientras la sostenía con cuidado rumbo a la habitación— En el trayecto, hablaron en voz baja, como si compartieran un secreto suspendido en la intimidad de la noche.
—Durman — Lo siento, cariño, pero ya sabes que hacer una espada mágica es complicado.
Hay que crear el fuego con maná e imbuir el hierro con él… —Astrid — ¿Y cuál es el problema?
Tú siempre hacías espadas mágicas solo.
—le recordó con dulzura mientras pasaba la mano por su barba, con un gesto cariñoso, aunque preocupado— —Durman — No quería decírtelo, pero ayer cuando apareció Neo en el taller…
estaba frustrado.
No conseguía imbuir maná en la hoja.
Pero con sus conocimientos…
no necesita hacerlo para crear una buena espada.
Aunque el Marqués quiere una mágica.— —Astrid — ¿Qué pasa, cariño?
¿No recuperas bien el maná?
—preguntó con voz serena, acariciándole el rostro—.
¿No sabes pedirme ayuda?
Sabes que tengo una gran reserva de maná.
—Durman — No lo sé…
me siento cansado.
Y no quería molestarte.
Ese libro que estás escribiendo es más importante.
—dijo mientras la depositaba suavemente de pie, junto a la cama— —Astrid — Cariño, sabes que puedes contar conmigo para lo que sea.
—le susurró, rodeándolo con sus brazos— —Durman — Lo sé.
—murmuró mientras se dejaba caer sobre la cama, agotado.
Astrid se subió encima de él con una sonrisa tranquila.
—Durman — ¿Dónde están, Dalia y Neo?— —Astrid — No tienes que preocuparte por eso.
—respondió mientras se acomodaba encima de él, abrazándolo con una pierna sobre la suya— —Durman — ¿Crees que esto está bien?
—Astrid — ¿Ir a dormir tan tarde?
—bromeó con un leve bostezo.
—Durman — No.
Tratar con tanta familiaridad a los Enviados de Tolmas.
Astrid apoyó la cabeza en su pecho, pensativa.
—Astrid — No te preocupes.
Esos dos no son malas personas.
No va a pasar nada.
—dijo mientras jugaba con un mechón de su propio cabello—Y si le pides ayuda a Neo y Hunt… Esta tarde he tenido un combate contra los dos, y me han demostrado que tienen una cantidad inmensa de maná.— Durman suspiró, su cuerpo por fin relajándose bajo el calor del suyo.
La abrazó por completo, envolviéndola.
—Durman — Supongo que siempre tienes razón…— — Astrid — …Sobre todo Neo ha sido capaz de desplegar maná de nivel tres en solo una tarde.
A un mago de la capital le puede costar meses, incluso años, lograr eso.
Hunt solo alcanzó el primer despliegue, pero ambos lo hicieron con una facilidad… inusual.— Durman soltó un gruñido pensativo, mientras acariciaba suavemente el brazo de Astrid.
— Durman — Bueno, Neo aún es joven.
Tiene mucho que mejorar y espacio para crecer.
— Durman se llevó una mano al rostro.
— Creo que es mejor que me duerma ya.
Hoy ha sido un día largo…
con demasiadas revelaciones y secretos nuevos para mi viejo corazón.
— Astrid soltó una risa suave, acomodándose de nuevo en su pecho.
— Astrid — ¿Ves?
Por eso necesitamos la siesta.
— bromeó con voz baja, cerrando los ojos.
Durman no respondió.
Ya estaba demasiado absorto en sus pensamientos como para hablar.
Porque si Neo y Hunt realmente usaban maná tan fácilmente…
entonces el mundo iba a cambiar mucho más de lo que nadie en esa casa imaginaba.
Las velas se consumían lentamente sobre la mesilla.
La noche avanzaba en silencio, y no se dijo nada más.
Pero el leve crujido de la cama, el roce de las sábanas y una risa ahogada marcaron el resto de esa conversación sin palabras.
Ya recostados, con Durman cayendo rápidamente en un sueño profundo, Astrid lo observó unos segundos en silencio.
Sabía que él no estaba recuperando maná como antes, y aunque dormir regenera maná lentamente, ella conocía métodos más eficientes.
Suspiró con ternura y deslizó su mano por el pecho de Durman, cerrando los ojos.
Comenzó a transferirle maná de manera sutil y constante, canalizándolo con cuidado para no despertarlo.
—Astrid — Solo un poco… lo justo para aliviar tu carga —susurró—.
Mañana te sentirás mejor.
Sabía que no podía hacer esto todas las noches sin agotar sus propias reservas, pero esa noche decidió quedarse despierta un poco más, observándolo mientras le pasaba parte de su energía.
Acompañó el proceso con respiraciones lentas, cuidando que el flujo no se desbordara.
La calidez del maná compartido llenó lentamente el cuerpo de Durman, y su respiración se hizo más tranquila, más profunda.
Astrid sonrió suavemente y, finalmente, apoyó la cabeza sobre su pecho.
Aún no dormiría.
Vigilaría el traspaso un poco más, antes de dejar que el sueño también la alcanzara.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Miret_2O Era doloroso para Astrid ver cómo Durman luchaba en silencio con su agotamiento.
Aunque no pudiera ofrecer respuestas, sabía que a veces lo más importante era solo estar allí, sin prisa, con la mano tendida.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com