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Dos ingenieros en otro mundo - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 Primeros pasos
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16: Primeros pasos 16: Primeros pasos ==+-+Dalia+-+== La tenue luz de una vela iluminaba mi habitación.

Estaba hojeando un libro, pero la verdad es que no le prestaba mucha atención.

Mi mirada se desviaba una y otra vez hacia él… Dormía con la cabeza en mi regazo, tranquilo, respirando como si el mundo ya no pesara tanto.

(¿estará soñando con algo bonito?…

¿Estará soñando conmigo?…

¿Qué dirá al despertar?) De repente, sentí que se movía un poco.

De reojo vi como abrió los ojos, solo un instante, y luego los volvió a cerrar.

No pude evitar sonreír.

Era tan evidente, intentaba fingir estar dormido.

Dejé el libro a un lado y, sin pensarlo demasiado, empecé a jugar con su cabello.

Lo pasaba entre mis dedos con suavidad.

(Su cabello es más suave de lo que imaginaba) Y entonces, como si una chispa lo hubiera despertado del todo, se incorporó de golpe.

Me tomó por sorpresa, pero me mantuve tranquila, dejando el libro sobre la mesita.

— Dalia — ¿Estás bien?

¿Por qué no te sientas y hablamos?

Al fin y al cabo, nos vamos a casar.

No creo que pase nada si nos sentamos juntos, ¿no?

— Lo vi tragar saliva mientras caminaba hacia el otro borde de la cama, como si eso fuera a salvarlo.

Suspiré.

(Hombres) Me levanté y caminé hacia él.

Me senté sobre su regazo sin pensarlo mucho, apoyando las manos en sus hombros.

Lo miré fijamente, sin apartar la vista.

( Si no le muestro yo seguridad, él nunca se va a atrever…) Pero entonces, sus manos fueron a parar a mis caderas, torpes y apretando de más, como si no supieran como sostenerme.

— Dalia — Ves, no es tan difícil estar cerca de mí.

— Dije mientras miré sus brazos y de repente a sus ojos.

Pude sentir cómo se tensaba.

Pero no me aparté.

Acerqué mi rostro al suyo, buscando sus labios, despacio, sin presión… solo acercándome.

Y justo antes de tocarlo, se giró.

●—Yo… no sé hacer esto —murmuró, inseguro—.

Me honra que quieras, pero no quiero decepcionarte.

Eso duele.

me sentí rechazada, pero también entendía su miedo.

Aun así, no podía evitar el orgullo herido.

Con un leve empujón, lo eché hacia atrás sobre la cama y me monté encima de él, cruzada de brazos.

— Dalia — Para mí también es la primera vez, para que lo sepas.

¡Y vas y te apartas!

— Le di un suave puñetazo en el pecho, más en broma que en serio, pero no del todo sin molestia.

Neo me apartó con delicadeza y suspiró.

Me miró con nerviosismo y, al ver mi expresión a medio camino entre la ofensa y la frustración, habló con voz baja.

Fruncí el ceño.

No quería ser cruel, pero no podía dejarlo ir así.

Con un pequeño empujón, lo tumbé hacia atrás sobre la cama y me senté sobre él, cruzándome de brazos.

●— Supongo que tienes razón… Podemos empezar desde el principio.

— Se sentó en el borde de la cama y se dio unas palmaditas en el regazo.

Sonreí sin poder evitarlo.

Me senté allí otra vez, esta vez más cerca, más tranquila.

Y entonces nos besamos.

Fue breve y un poco forzado, no era como me había imaginado mi primer beso, pero tampoco estuvo tan mal.

Se tambaleó hacia atrás, cayendo sobre la cama, y yo me dejé caer encima suyo, apoyando la cabeza sobre su pecho.

●— No sé tú, pero a mí no me disgusta esta posición… —murmuró.

Le di un pequeño golpe en el hombro.

— Dalia — No digas tonterías… Aunque, si estoy así, puede que me quede dormida.

— Él se acomodó un poco y me envolvió con un brazo, pero sentí un pequeño ruido seguramente mi tío haya llegado a casa.

— Dalia — Neo… ¿te importa si nos cambiamos y nos metemos bajo las mantas?

Tengo un poco de frío.

— ●— Sí, cómo no… por cierto… lo siento… todo esto es demasiado repentino para mí.

— Asentí.

Lo entendía.

Me di la vuelta para cambiarme, sintiendo que mis mejillas ardían.

El se dio la vuelta para no verme.

(Bueno… por lo menos no es un salido o un pervertido) Cuando volvimos a meternos bajo las mantas, entre risas nerviosas, me acerqué a él.

Puse mi cabeza en su hombro, y él apoyó su mano en mi brazo.

Tranquilo.

Seguro.

— Dalia — Huii… que frías que están las mantas.— De repente sentí como de su cuerpo emanaba un poco de maná estaba desplegando maná para calentarme.

(Pero mira que eres tonto) si segué así se podría hacer daño.

Le un golpe en el pecho.

— Dalia — Para te vas a hacer daño.

Hoy ya has gastado tu maná.

— ●— Supongo que tienes razón.

Lo siento todo esto es muy extraño para mí.

— — Dalia — En este mundo lejos de tu pueblo… esto es normal —le susurré—.

Mis tíos, Astrid y Durman, se casaron después de que él retara a su padre a un combate.

Pero Astrid tomó su lugar y le dijo que, si ganaba, se casarían, y si perdía, lo pensaría.

Durman intentó vencerla… y terminó enterrado en el suelo con magia de tierra.

●— Eso me resulta familiar —dijo con una risa suave.

No pude no reírme de él.

— Dalia — También mis padres se enfrentaron en una talla rúnica, y mi madre ganó.

Pero igual se casó con mi padre porque casi estuvo a su nivel.

Supongo que soy la primera en perder.

Me miró, pensativo.

●— ¿Puedo hacer una pregunta?

¿Por qué estoy en tu cuarto?

No recuerdo mucho después de ver a Astrid con un cristal enorme.

— Dalia — Te desmayaste.

Hunt me sugirió cuidarte.

— Dije tranquila —Mi tía Astrid te trajo aquí con magia, aunque te golpeaste un par de veces la cabeza con la puerta.

— No pude evitar reírme en esta parte.

●— Ya veo… Me acerqué un poco más, y él me rodeó con sus brazos.

Cerré los ojos, en sus brazos me sentía acogida y protegida.

●— Esto… esto se empieza a sentir como un hogar , Creo…

que esto no está nada mal —dijo, con la voz cargada de sueño.

— Dalia — ¿Sabes?

Puede que no sepamos hacer esto… —murmuré—.

Pero si lo aprendemos juntos, no creo que sea malo.

No respondió, pero sentí cómo su pecho se aflojaba con un suspiro.

Cerró los ojos, y yo también.

Y ahí, en medio de la noche, con el viento acariciando la ventana, nuestros corazones empezaron a encontrar su ritmo.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Miret_2O Dalia: En la inquietud de la noche, con el viento rozando la ventana, nuestros corazones comenzaron a encontrar su ritmo.

A veces, los momentos más simples pueden ser los más profundos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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