Dos ingenieros en otro mundo - Capítulo 20
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20: Deudas viejas, heridas nuevas 20: Deudas viejas, heridas nuevas Ya en la taberna, nos sentamos en la barra, donde Selene y yo pedimos cerveza para empezar la noche.
Las conversaciones de los diferentes comensales eran muy importantes, ya que proporcionaban datos valiosos sobre el clima social, los rumores que circulaban en la ciudad, las tensiones políticas y las preocupaciones cotidianas de los habitantes, sobre todo para entender la situación de la ciudad desde otro punto de vista, uno que no fuera el de la familia de Selene o Dalia.
Para ello activé la grabación en el superordenador (mis orejas sirven como micrófono) y, de alguna manera, nos las ingeniaríamos para conservar cada conversación.
(Si Neo analiza a todo ser que ve, yo debería hacer lo mismo en estos momentos).
Analicé todo: nombres, apellidos, edades…
Cientos de datos y números aparecieron ante mí.
No sé cómo Neo es capaz de analizar a tanta gente sin marearse.
Poco a poco avanzaba la noche.
Selene y yo disfrutábamos de la bebida mientras hablábamos, hasta que tres hombres en una mesa comenzaron a gritarse entre ellos.
Selene se levantó para poner paz entre los comerciantes.
Lejos de lograr algo, pues en mi opinión cuando la administradora del gremio te ordena que te calles, deberías hacerlo.
Claro, eso si mi parecer cuenta para algo.
Uno de los hombres decidió levantarse y agarrar la mano de Selene.
Otro hizo un movimiento pélvico, sugerente y asqueroso.
Selene abofeteó al que la tenía sujeta, y él soltó: — Mamarracho 1 — Creo que hoy me voy a divertir —mientras intentaba tocarle el pecho.
No podía permitir que eso sucediera, me levanté dispuesto a actuar, pero no fue necesario.
Selene le dio una descarga eléctrica que lo dejó paralizado.
Tres o cuatro mesas de hombres se levantaron para defender a su compañero y sacaron dagas y cuchillos.
Selene retrocedió hasta chocar con mi pecho.
■— Yo sé que tú puedes con estos… —dije.
— Selene —Cariño, mejor vámonos.
No quiero que les pase nada —replicó ella.
— Mamarracho 2 — Hazle caso a esa furcia y vete antes de que te matemos —soltó uno de los causantes del caos.
■—Disculpa, mi estimado— dije mientras me remangaba.
— Mamarracho 2 —¿A ver, trozo de mierda, ¿tú qué te crees?
— Dijo sacando un cuchillo de su cinturón.
― El dueño del local ― Señora Selene, venga detrás de la barra.
Estos hombres se suelen pelear a menudo, la guardia vendrá enseguida.
— intervino el dueño del local, de fondo.
Entre insultos y otras calumnias de los demás borrachos…
■—¡Callaos!
—rugí con una voz tan grave y cargada de poder que hizo vibrar las copas en las mesas.
No usé insultos.
No los necesitaba.
Solo la fuerza de mi tono fue suficiente para congelar el aire y hacer que todos tragaran saliva al unísono, como si el juicio mismo hubiera descendido a la taberna.
■— ¿Acaso os creéis hombres por alzar la voz y rodearos en grupo como hienas?
Es curioso cómo necesitáis gritar para ocultar lo patético de vuestro ser.
Sois tan frágiles que un poco de autoridad os rompe.
Y, aun así, tenéis el descaro de llamaros Hombres.
— Me bastó un paso, firme y silencioso, para que retrocedieran, no por miedo a mí, sino porque por un instante se enfrentaron al reflejo de su propia cobardía.
No porque gritara, sino porque, por un segundo, se vieron reflejados en sus propias miserias.
El primero intentó apuñalarme con su daga, pero sin éxito.
Me moví como un torero, girando apenas para esquivarlo y, al mismo tiempo, ubicarme en el ángulo perfecto para darle un puñetazo en la mandíbula.
Cayó al suelo como un saco de harina.
El ambiente se congeló por un segundo.
Luego, tres hombres más se lanzaron sobre mí con gritos y torpes amenazas.
Desvié sus ataques sin esfuerzo, bloqueando un golpe con la palma, empujando a otro con un leve movimiento de hombro, y haciendo tropezar al tercero con una simple zancadilla.
Era como si bailara entre ellos.
Uno se estampó contra una silla, otro cayó encima de una mesa, y el último rodó por el suelo soltando su cuchillo.
Mientras seguía esquivando golpes, noté a un joven al fondo, distinto al resto.
Sostenía un libro con un título peculiar: “Grimorio de Fuego”.
Si era lo que pensaba, ese tipo podría incinerar toda la taberna.
Murmuraba un conjuro, concentrado en su magia, ajeno al caos.
Caminé hacia él con calma, como si nada pudiera tocarme.
Cuando estuve frente a él, extendí la mano con una sonrisa irónica y le dije ■—¿Y es interesante la lectura?
Yo también sé leer —le arrebaté el libro sin esfuerzo.
El joven, sorprendido, reaccionó tarde.
Aun así, gritó.
— El joven —¡Muere, desgraciado!
¡Ataque de fuego!
— Una pequeña esfera ígnea, temblorosa y palpitante como un corazón al borde del colapso, comenzó a girar lentamente entre sus dedos, proyectando destellos rojizos que bailaban en sus pupilas encendidas y llenando el aire con un leve crujido de energía contenida, como si la propia magia dudara entre estallar o apagarse.
Inestable y débil.
Avancé sin prisa, puse la mano bajo la bola de fuego y, sin desviar la mirada ni pestañear, la cerré con fuerza dentro de mi puño.
El crujido del fuego extinguiéndose resonó más fuerte que cualquier grito.
El brillo aterrador de sus ojos y la tranquilidad con la que lo había hecho bastaron para que varios hombres retrocedieran con el rostro desencajado.
Algunos se empaparon de sudor.
Otros, literalmente, se orinaron encima.
— Mamarracho 3 —¡Yo no voy a luchar contra ese!
¡Quédate tu puto dinero, Orlan!
― gritó uno antes de salir corriendo.
El caos se convirtió en un desfile de cobardes huyendo.
Me giré hacia un hombre al fondo, junto a Teodoro.
Según el escaneo, se llamaba Orlan.
Ese nombre me sonaba.
Busqué en el superordenador y recordé que era el mismo sujeto del que Teodoro había hablado cuando llegamos a la ciudad.
― Orlan ― Creo que me has pillado.
■― Creo que Teodoro me debe una explicación.
Después de que calmara a todos y recolocara las mesas y sillas de la taberna.
Selene invitó a todos los demás comensales a una ronda de cerveza, a cuenta de Orlan y Teodoro, luego Selene y yo no sentamos en la misma mesa que Orlan y Teodoro.
Orlan me observaba con una mezcla de sorpresa, respeto y algo de miedo.
Selene se mantenía firme a mi lado, pero con una sonrisa sutil.
Teodoro, parecía más preocupado por las cifras que por las espadas.
― Orlan ― Admito que no esperaba una entrada un tanto…
como diría yo explosiva.
― ― Selene ― ¿Y si vamos a otra habitación, señor Orlan?― Su voz cortó el aire como una hoja afilada.
El tono era firme, sin margen para objeciones.
En ese instante, Selene se levantó de la mesa con una elegancia contenida, y al dirigir una sola mirada al resto de los presentes, estos se encogieron sobre sí mismos.
De pronto, todos parecían interesados en su plato.
Nadie dijo una palabra.
Nadie la había escuchado, o al menos fingían no haberlo hecho.
El dueño del local nos condujo a una sala trasera.
Con dos sofás y una mesita de café.
― Selene ― ¡Orlan, por el amor de Tolmas!
Orlan recuérdame una cosita, abecés tengo mala memoria, ¿¡SE PUEDE saber qué clase de barbaridad les cuentas a tus hombres para que actúen así!?
¿¡En qué demonios estaban pensando!??
¿De verdad no te basta con espiar otras empresas, robar ideas y crear competencia desleal?
¿Dónde quedó tu sentido del honor?
― La reprimenda fue brutal.
Selene no gritaba, pero cada palabra golpeaba como una lanza.
Orlan apenas levantó la mirada.
Teodoro y yo permanecimos en silencio absoluto.
― Selene ― Y tú, Teodoro.
¿No sabes frenar a tu compañero cuando se le ocurre una estupidez?
Da gracias a que mi marido no ha salido herido.
― (¿ Marido (ಠಿ_ಠ?) ?
,🤨) Al final Orlan rió, pero su sonrisa no alcanzó los ojos de Selene.
■― Espero que después de la reprimenda de mi esposa sea un advertencia de no jugar así con las personas.
― Cuando dije Esposa Selene giro la cabeza rápidamente para echarme una mirada que no sé cómo interpretar (parecía molesta pero tal vez no, y estaba feliz, no se).
El silencio se hizo denso.
Teodoro tosió, incómodo.
Selene me mantuvo la mirada por unos instantes antes de seguir con la reprimenda.
■― Disculpa cariño.
― La interrumpí ― Disculpé señor Orlan seria Usted tan amable de hacerme el favor de plantear una idea hipotética un simple pensamiento fugaz.
― ― Orlan ― Por supuesto Señor… ― Hizo un gesto con la mano indicándome que le dijera mi nombre completo.
■― Hunt, solo Hunt.
― ― Teodoro ― Supongo que aún no se han casado verdad.
― ― Selene ― Teodoro hazme un favor, cállate.
― (Joder menos mal que a mí me quiere).
Dijo con una cara de pocos amigos.
― Orlan ― ¿Qué tipo de idea tienen en mente Señor Hunt?
― ■― Si me permite presumir de mis logros, aprobé el examen de comerciante en el gremio.
No tengo aún contactos ni capital suficiente, pero tengo una propuesta.
Quiero ser socio suyo.
― Orlan ― Interesante.
¿Y qué puedes aportar tú?
■― En los escasos días que llevo en esta preciosa ciudad he podido observar ciertas… carencias digamos lo así, donde la falta de higiene y falta de conservación de alimento me preocupa.
Y tengo muchas ideas y soluciones.
Pero necesito apoyo para producir en masa.
― ― Selene ― Hunt si me permites.
― Me interrumpió levantando la mano en frente mía.
― Hoy usted estuvo ausente del gremio, pero las malas lenguas nunca descansan.
¿Podría decirnos qué sucedió hoy, señor Orlan?― ― Orlan ― Selene querida, que poco me conoces yo nunca estoy ausente.
Hoy un el gremio se presentó un sabio, conocedor de nuevas matemáticas ― tomo un sorbo, del té de la mesa.
― Matemáticas muy interesantes sobre todo las que se pueden aplicar a los comercios.
― ― Selene ― No sabrá usted el nombre de este sabio.
― ― Teodoro ― Se llama gunter o janet o algo si.
― Orlan se giró hacia su compañero y luego se me quedo mirando me un buen rato.
― Orlan ― Selene, astuta cría, quien diría que esa niña que correteaba por el gremio se convertiría en la administradora y se casaría con un gran sabio.
― ― Teodoro ― Eso quiere decir.
― ― Selene ― Entonces escucharas la propuesta de mi queridísimo esposo verdad.
― tosí… (Sip, supongo que ahora tengo el rango de esposo, bueno no me quejo, es una buena mujer y es guapa, lista, si definitivamente no me he equivocado con ella.
) ― Selene ― ¿Hola?
Hunt cariño ― tosí… ■―Si, heeee… Como decía, para cumplir mis objetivos necesito una gran compañía.
Tengo dos opciones: empezar desde cero, o colaborar con alguien, así que quiero comprar la mayoría de su empresa.
― ― Orlan ― En 40 años como comerciante, jamás escuché algo tan osado.
Sin decir nada, abrí un pequeño portal a la subdimensión y deje caer un lingote de oro puro de 1kg en mis manos y lo apoye lentamente sobre la mesa.
El sonido del metal contra la madera llenó la sala.
― Teodoro ― ¡Cuánto oro!
― Dijo casi babeando.
― Orlan ― Impresionante… Pero aún le falta para comprar mi imperio, Hablamos de más de 150 monedas de oro.
Veo que también tiene la capacidad de crear un bolsillo alternativo.
― Abrí otro portal sobre la mesa y dejé caer otro lingote de oro de 1kg.
■― Selene cariño me puedes ayudar, cuantas monedas de oro hay sobre la mesa.
― Selene ― 144 monedas cariño.
― Orlan trago saliva y Teodoro se quedó boquiabierto.
Otro lingote.
Selene me lanzó una mirada fulminante.
― Orlan ― No Veo las 160 monedas de oro.
― Deje caer otro lingote de oro y Selene me miro mal.
■― ¿Paro ya… o sigo hasta romper la mesa?
― La frase quedó flotando en el aire.
El silencio fue absoluto, solo interrumpido por el eco del último lingote.
― Orlan ― Veo que el dinero no te preocupa, pero ¿Qué gana mi compañía, además del oro que ya tienes de sobra?― Se acomodo en la silla, esperando la respuesta, como si mi siguiente frase determinaría todo mi futuro.
■―Su compañía gana acceso a tecnología que no existe, a transporte que nadie ha visto, a ideas que su competencia solo tendrá cuando ya sea tarde.
Gana seguridad, poder, crecimiento…― ― Orlan ― Hay muchos jóvenes que vienen a mi con las mismas promesas.
¿Qué me puedes aportar tú que los demás no?
― ■― Esto es una fracción de lo que puedo generar.
― Saque el librito de notas que me dejo Sena ― Este libro es la clave.
Aquí están los planos de la primera imprenta de este mundo.
Con ella, distribuiremos conocimiento como si fueran panes.
Haré que tu empresa no solo venda mercancía.
Venderá futuro.
― Orlan tomó el libro, hojeó algunas páginas y alzó una ceja.
Teodoro se acercó y leyó en silencio, su expresión cambiaba lentamente de escepticismo a fascinación.
― Teodoro ― Esto…
esto podría revolucionarlo todo.
Producción en masa de libros.
Educación.
Propaganda.
Manuales técnicos…
― Orlan ― (tras pensarlo un buen rato) Muy bien.
Te propongo una apuesta.
Si tú ganas, te doy mi empresa.
Si yo gano, te quedas sin oro, sin planos y sin opciones.
Todo o nada.
― ■― Trato hecho.
Pero y si antes de jugar el gran premio, nos desplumamos uno al otro, ya sabe solo por diversión.
― No podía dejar al azar los bocetos de la imprenta.
Deje caer 30 monedas de oro sobre la mesa.
Selene se inclinó levemente hacia mí y susurró con el ceño fruncido: ― Selene ― Te has vuelto loco…
¿Cómo se te ocurre hacer esto?
― ■― Confía en mí.
― En voz alta y Sin apartar la vista de Orlan ― Orlan ― Como quieras.
― Dejo caer sobre la mesa 40 monedas de oro.
Teodoro lanzaba los dados, Orlan y yo mostrábamos con nuestros dedos la cantidad que saldría.
Activé el pensamiento rápido, analicé todas las vistas de los dados y el análisis concluyó, que los dados estaban trucados, deje ganar a Orlan hasta conseguir todas mis monedas.
(Selene estaba furiosa, pero no dijo nada.) ■― Bueno, se acabaron las monedas.
Vamos por el premio gordo.
A cara o cruz.
― Me extendí sobre la mesa para coger una de las monedas de su montón.
■― Te importa si elijo esta moneda, es mi favorita.
― ― Orlan ― Mejor toma esta.
― Me dio una de su monedero.
Mientras me levantaba, activé el pensamiento rápido, use tanta potencia que deje a Neo sin conexión al super ordenador.
■― Preparados, listos ya.
― La moneda salió disparada al cielo y al llegar a mi mano rápidamente la escondí.
― ■― Selene elijé ― Y sonreí.
― Selene ― Cara… no, cruz.
― Desvele la moneda de tal manera que Orlan se dio cuenta del truco.
El silencio fue absoluto.
Orlan cerró los ojos por un momento, luego se echó a reír.
― Orlan ― Por todos los enviados… Este maldito.
Está bien.
Es tuya.
No puedo creer que lo hayas hecho sin magia.
― ― Teodoro ― ¡¿Me reemplazas por este desgraciado?!
¡¿Después de todo lo que hicimos juntos?!
― Se puso de pie agitado.
― Ese hombre izo trampas.
― Dijo mientras sacaba una daga.
― ¡¿Qué estás haciendo, viejo loco?!
¡Esa empresa debía ser mía!― Sacó una daga y sin pensarlo se lanzó, directo hacia Orlan.
■― ¡Orlan, cuidado!
― Me interpuse.
La hoja me atravesó el costado, pero no fue una simple puñalada.
La daga llevaba un mecanismo oculto que, al penetrar mi cuerpo, liberó una carga de aire comprimido en mi interior.
Sentí el estallido sordo en mis entrañas, como si algo me desgarrara desde adentro.
― Selene ― ¡Hunt!― Grito fuertemente.
― ¡Maldito seas!
¡Desgraciado!― Con un rugido de furia y comenzando a llorar.
― Orlan ― ¡Bastardo!
― Le lanzó un puñetazo con tanta fuerza que Teodoro cayó como un saco.
― Orlan ― ¡Tabernero!
¡tráeme una cuerda!
¡Este hombre me a intentado matar!
― El dueño de la taberna entró corriendo y me buscó con la mirada, pero al ver a Selene, cubierta de sangre y presionando mi herida con un paño, cambió de inmediato el enfoque.
Se lanzó hacia Orlan para ayudar a inmovilizar a Teodoro, mientras Selene, con los ojos húmedos pero el temple firme, no dejaba de atenderme.
― Orlan ― Llamen a la guardia.
Este desgraciado me intentó asesinar.
― ■― Qué…
manera tan dramática de cerrar un trato, ¿no?
― ― Selene ― No hagas chistes ahora, por favor…
No después de esto.― La niebla de la conciencia me rodeaba, y las palabras parecían desvanecerse tan rápido como llegaban.
No podía distinguir qué era real, qué era eco de la pesadilla.
Pero una cosa era clara: me dolía todo el cuerpo como nunca antes desde que llegue a este mundo.
(#■― Bro, ¿’tas ocupao?#) (#●― Na’, medio dormido con Dalia.
En plan chill, ¿sabes?
¿tú qué pues?―#) (#■― aquí…
ya sabes, soy un tipo tranquilo y estoy chill de cojones.
Sin más, que me acaban de apuñalar.
¿Puedes pasarte por la taberna?
Porfa.#) REFLEXIONES DE LOS CREADORES Miret_2O Hunt: ¿Una daga?
Por favor… después de estrellarme contra un camión y despertar en este mundo, esto es casi un masaje.
No os preocupéis… todavía.
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