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Dos ingenieros en otro mundo - Capítulo 21

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  4. Capítulo 21 - 21 Desgarrado por la Desesperación
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21: Desgarrado por la Desesperación 21: Desgarrado por la Desesperación  (#●― Bro, ese tipo de broma no.

―#) (#●― ¿Hola?

―#) x15 (#●― Esto no tiene gracia.

―#) (#●― ¿Hunt?

―#) (#●― No sé a que estás jugando, pero no me gusta.

―#) ― Dalia ― Neo… Hola, ¿Me estás escuchando?

― Dijo Dalia mientras le enviaba desesperadamente mensajes a Hunt.

Salté de la cama.

Como es normal, Dalia se molestó y empezó a reñirme mientras me ponía los zapatos y una camiseta de la silla de ropa.

― Dalia ― ¿Pero a ti qué te pasa?

― Dijo muy enfadada, pero sus palabras tenían un ápice de miedo.

●― ¿Dónde está la habitación de Durman y Astrid?

― Dije gritándole a medio tono, casi sin aliento.

― Dalia ― ¿Para qué quie… ― ― Dalia, ¿Dónde… está… la… habitación de Durman y Astrid?

― Dije mientras la sacudía, tomándola por los hombros.

― Dalia ― Tranquilo, hombre… Ahora te llevo.

― Dijo asustada, su voz apenas un susurro.

(No sé a qué está jugando este ahora.

La consola del superordenador tiene un error por sobre análisis, y qué mierda es este mensaje.

¿Pero este, por qué se ha desconectado?

¡Si no se desconecta ni para dormir!

Joder, joder, joder…) ― Durman ― ¡Neo, ¿qué haces?!

¡Fuera!

― Gritó en el mismo instante en que abrí la puerta de su habitación.

●― Lo siento, Durman ― Dije rápidamente, acelerado.

― Acaban de apuñalar a Hunt.

― ― Astrid, Durman, Dalia ― ¿Cómo?

― exclamaron al unísono, congelados por la noticia.

●― Me ha enviado un mensaje por lo del superordenador que os conté.

― Dije sin notar que Dalia también escuchaba.

― Me tengo que ir ya, pero os dejo la puerta abierta.

― En el pasillo, hice el gesto de llamar a la puerta con el puño cerrado, y de la nada apareció mi puerta hacia la subdimensión.

Sujeté con fuerza el pomo, con la mano temblorosa por la adrenalina, y abrí la puerta de par en par.

Apenas crucé el umbral, inicié la consola de la subdimensión y, tal como temía, Hunt no estaba dentro.

Un vacío helado me oprimió el pecho, como si me arrancaran algo de dentro.

― Durman ― ¿Neo, eso es…?

― Dijo apoyando una mano en mi espalda.

●― Sí, pero no tengo tiempo para explicaciones.

¡Preparaos!

Traeré a Hunt en unos segundos.

― ― Durman ― Pero ¿qué quieres que haga?

― Lo escuché decir de fondo, impotente.

Nada más confirmar, que Hunt no estaba en la subdimensión, abrí una ventana del pasillo, me senté en el marco y me dejé caer de espaldas al vacío.

●― Ahora vuelvo.

― El sistema de vuelo no se activó a tiempo.

Me estampé contra el suelo con un golpe sordo, la espalda y los codos golpearon el pavimento con brutalidad.

Solté un gruñido de dolor.

(ah, mira que soy patético) Sin perder tiempo, me puse en pie de un salto, ignorando el ardor en todo el cuerpo, activé el vuelo de inmediato.

Como una flecha, salí disparado.

Al mirar atrás, pude ver a Astrid y Dalia asomadas en la ventana, tenían sus rostros pálidos.

(¿Dónde estás, cabrón?)  Por el fallo del superordenador no tengo su localización exacta, pero aun así está lejos.

Salí disparado como una bala.

Sin activar las protecciones de vuelo, usé el pensamiento rápido para no chocar contra los edificios.

A más o menos 300km/h, a esa velocidad, apenas esquivaba los tejados de las casas.

Volaba entre ellas, rozando chimeneas y esquinas puntiagudas, serpenteando por las calles estrechas hasta llegar a la zona de su última conexión.

Desde el perímetro seguí volando a toda velocidad.

La vida de Hunt está en peligro.

No puedo darme el lujo de detenerme.

No ahora.

No importaba el gasto de maná.

Pasé volando por la catedral, donde a pesar de la noche, aún había luces encendidas.

(Claro…

solo tengo que buscar muchas luces juntas.) Subí de golpe, sobrevolando la ciudad.

El viento me azotaba el rostro mientras los tejados pasaban como sombras bajo mis pies.

Entonces lo vi: una gran masa de gente, inmóvil, apiñada como si el tiempo se hubiera congelado, rodeada por un anillo de guardias con antorchas encendidas.

Las llamas proyectaban sombras largas sobre la escena.

El corazón me dio un vuelco brutal, como si alguien lo hubiese apretado con el puño.

Sentí un nudo en la garganta, una punzada de terror mezclada con esperanza.

Y en ese instante, lo divisé entre la multitud: una figura caída, apenas visible…

(¿es él?) Mi concentración se quebró.

El vuelo se interrumpió por un segundo.

Mi cuerpo cayó en picado unos metros, tragado por el vacío.

Reaccioné justo a tiempo para estabilizarme, con el corazón desbocado, los ojos empañados.

Tenía que ser ahí.

Tenía que ser él.

Volé a toda velocidad, me estrellé contra el suelo raspándome las rodillas y las manos, pero ni lo sentí.

Solo tenía una cosa en mente: llegar hasta Hunt.

Ni siquiera miré mis heridas; podía estar sangrando o con un hueso roto, y me daría igual.

Lo único que me importaba era si él aún respiraba.

(Hunt y yo nos regeneramos rápido…

pero no sé si su herida también lo hará.) Empujé con fuerza a todos los que se interponían en mi camino: gente común, borrachos, incluso guardias.

La muchedumbre rugía de quejas, insultos y confusión, algunos intentaban detenerme, otros solo se apartaban con miedo.

Pero no me importaba.

No pedí disculpas.

No me detuve.

Solo veía una cosa: encontrar a Hunt.

Atravesé el tumulto como una tormenta y, al entrar en la taberna, mis ojos fueron directo a lo que importaba: vi a Teodoro atado y a un señor llamado Nerut hablando con el dueño, Mateo.

●― ¡¿DÓNDE ESTÁ?!

― Grité tan fuerte que todos se callaron al instante.

El eco rebotó entre las paredes como un disparo.

La fuerza de mi voz hizo que el aire se volviera pesado, cortando el aliento de todos los presentes.

Nadie se atrevió a decir una palabra.

Ni un murmullo, ni un respiro.

Solo mi grito, resonando en cada rincón del lugar.

― Selene ― ¡Neo!

― gritó Selene, su voz cargada de terror.

Dos guardias intentaron pararme.

Sus manos intentaban bloquear mi paso, pero era como si las estuviera empujando fuera de mi camino.

El primero, con voz temblorosa, trató de imponer su autoridad: ●― ¡No puedes pasar!

Pero su voz no tenía fuerza.

No podía detenerme.

― El segundo, al ver la furia en mis ojos, se quedó callado, sin atreverse siquiera a levantar la mano.

Pero los empujé con tal fuerza que los hice chocar con la pared, con el impacto resonando en todo el pasillo.

Sus intentos por bloquearme fueron inútiles, como si estuviera apartando obstáculos sin esfuerzo.

Seguí avanzando sin mirar atrás, mis pasos firmes, hasta que entré en el pasillo.

Vi varias habitaciones, y al final, encontré lo que buscaba…

a Selene…

y a Hunt, cubiertos de sangre.

(Lo vi ahí, cubierto de sangre, y solo podía repetir una frase: no, no ahora, no, no, no, no, no , no así…) ― Nerut ― Señorita Selene está bien.

― Selene ― Encárgate tú de todo esto.

― Dijo mirando un montón de oro que había sobre la mesa.

(Pero Hunt ¿Qué mierda estabas haciendo aquí?) Extendí la mano, la cerré fuertemente y al abrirla un portal apareció debajo de Selene y Hunt.

Con un gesto firme.

El portal se arremolinó como una bestia hambrienta, engulléndonos a los tres.

Durman, Astrid y Dalia estaban boquiabiertos, paralizados ante el espectáculo.

La casa, los cultivos, todo les resultaba imposible de asimilar.

― Selene ― ¡Ayuda!

― Su grito fue como un cuchillo rompiéndose en el aire.

Dolía, no por el volumen, sino por la desesperación en su voz.

Durman se lanzó junto a Hunt, examinando la herida con la pericia de quien ha visto la muerte de cerca.

― Durman ― Esto…

esta herida no es normal.

¿Sabes qué tipo de arma lo hizo?

Astrid no esperó instrucciones.

Le gritó a Dalia: ― Astrid ― ¡Ve y trae a todos los criados!

¡Todo tipo de curas, ¡ahora!

Yo…

estaba congelado.

Esa escena me superaba.

Mi mejor amigo, se estaba muriendo frente a mí.

Y yo no podía hacer nada.

Astrid cruzó el espacio entre nosotros y me cruzó la cara.

No con ira, sino con fuerza, para devolverme al presente.

Se arrodilló y desgarrando su camisón, empezó a vendarme las manos y rodillas, heridas por el aterrizaje.

Yo apenas reaccionaba.

Durman se levantó, decidido.

― Durman ― ¡Ve por el Maestro del Gremio de Sanadores!

●― ¡No sé dónde está!

― Me agarró del cuello de la camiseta.

― Durman ― ¿Sabes volar?

― ●― ¡Sí!

― ― Durman ― ¡Entonces tú vuelas, yo te guío!

― Salimos disparados, de nuevo por la ventana, ascendiendo en la noche hasta ganar el cielo.

Desde allí, Durman se quedó en silencio un segundo.

― Durman ― Nunca había visto la ciudad desde aquí…

pero allí.

Allá está.

¡Vamos!

― En un parpadeo, aterrizamos frente a una casa antigua, custodiada por una calma extraña.

Durman irrumpió con un grito: ― Durman ― ¡Salomón!

¡¿Dónde estás?!

― Cinco hombres salieron de la cocina y siete mujeres de otra sala.

Y entonces, el Maestro apareció, caminando con gravedad.

― Salomón ― ¿Qué ocurre?, Cual es la urgencia Durman.

― Durman lo agarró sin pedir permiso.

― Durman ― ¡Ven ya, el hermano de mi yerno se está muriendo!

― En su mano apareció un báculo, brillante como el sol del amanecer.

― Salomón ― ¿Dónde?

― Justo en ese momento, Orlan llegó corriendo.

― Orlan ― ¡Yo pagaré lo que sea!

¡Solo sálvalo!

― Salimos corriendo por la puerta de su casa y en la oscuridad de la noche, abrí un portal y todos entramos a la subdimensión.

Astrid y Selene intentaban contener la hemorragia, rodeadas por sangre y desesperación.

Los sirvientes aún no llegaban.

Durman y Selene informaron rápido a Salomón.

El sanador se agachó, tocó la herida y murmuró.

― Salomón ― Esta herida…

para cerrarla necesito al menos 5.000 litros de maná.

Y yo solo tengo 80.

― Nos miramos.

Dalia, Astrid, Selene, Durman y yo.

Todos entregamos lo que pudimos, pero solo podíamos alcanzar 1.910,6.

●― ¡Detrás de esta casa hay un depósito de maná!

¡10.000 litros!

― Salomón negó con la cabeza.

― Salomón ― Es imposible sacarlo sin congelarme todo…

― ●― ¡No me importa!

Yo puedo.

― Coloqué una mano sobre el cristal del depósito, la otra sobre el sanador.

Canalicé todo el traspaso del maná, sentí como poco a poco mi cuerpo se enfriaba paulatinamente.

Mi cuerpo cayó a -30 grados.

El dolor fue absoluto.

Como si me desgarraran los huesos.

Dalia y Astrid reaccionaron rápido, generando fuego con sus manos para evitar que muriera congelado.

Todo temblaba.

Todo ardía y congelaba a la vez.

Tardamos horas en poder recuperar a Hunt, pero cuando creí que iba a perder la conciencia…

Abrió los ojos.

■― Selene…

Por esto puedo bromear.

Neo…

siempre está cuando lo necesito.

― El mundo se detuvo un segundo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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