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Dos ingenieros en otro mundo - Capítulo 27

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  4. Capítulo 27 - 27 El banquete las sentencias
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27: El banquete, las sentencias.

27: El banquete, las sentencias.

Mi mirada esta fija en Amisair.

( Parecía un duelo de mirada, ¿quine aguanta más sin parpadear?

).

Un mano negra se salió de su hombro se abrió y lanzo un proyectil de roca.

Empuje a Hunt como pude, el proyectil fue directo a su hermano, que logro desviarlo casi sin parpadear.

A la vez, seis o siete figuras encapuchadas, vestidas completamente de negro, salieron de la sombra de Amisair.

Un par de segundos después, los invitados irrumpieron de nuevo en la sala, asustados y desorientados.

Ni los guardias ni nosotros sabíamos cómo reaccionar.

La situación era caótica, Hunt y yo estábamos en medio de un círculo de caballeros, que tenían el maná de nivel 2 desplegado, en frente mi Amisair rodeado de las siete sombras y detrás mi estaba Alistar con un par de guardias.

A mi derecha estaba Durman y los demás Maestros de gremio.

Y a mi izquierda estaban los ventanales del palacio.

Con la distracción de las personas entrando, vi a Durman de reojo.

No la pude escuchar, pero leí en sus labios “Las chicas.” (#●― Voy a mandar a las chicas a la subdimensión, te aviso que me da igual si nos ven.

―#) (#■― Estas son sus coordenadas, ven con la tuyas yo iré a por las mis.

―#) (#●― Entendido.

―#) De un salto, sobrepasamos los guardias y corriendo entre las gente, me cruce con Astrid.

Sin pensarlo, le toqué el hombro, desapareció , la envié directamente a la subdimensión.

Hunt hizo lo mismo con Dalia y Selene.

Pero cuando intentó hacer lo mismo con Sena, ella se negó con firmeza.

― Sena —No.

Yo me quedo.

Soy la maestra del gremio —dijo, con voz firme.

Al volver con Durman y los demás, Vi a Ruki hablando con Durman y detrás de ellos estaba Miranda, que parecia asustada y sin saber que hacer.

Estaba sujetando la mano de Ruki con fuerza.

Durman me dijo si con la cabeza mientras se agacho a decirle algo de Ruki, que se volteo y también me dijo si con la cabeza.

Le coloque una mano sobre su hombro y desapareció.

Solomon no dudo en acercarse a mí.

― Solomon ― Por favor.

― De entre las personas tiro de alguien, era su esposa que tenia en manos a su hija pequeña, de apenas 4 años.

Y detrás de ellas estaba su hijo mayor.

No podía dudar en estos momento, asique puse una mando en la mujer y la niña y la envía y con el chava hice lo mismo.

Con las esposas e hijos de los maestros de cazadores, aventureros y carpintero acabe haciendo lo mismo.

Pero entre la confusión, la luz que entraba por la puerta principal se oscureció repentinamente.

Asomó la cabeza una criatura enorme, una especie de lagarto gigante, como un dinosaurio.

Era, en realidad, un gekko descomunal, montado por uno de los encapuchados.

Se posicionó en la entrada, bloqueando cualquier intento de escapar.

Durman se acercó por detrás y me agradeció en voz baja.

Poco después se nos unieron Tor, el maestro del gremio de aventureros, y Justo, el maestro de los cazadores.

― Justo —Eso es un Gekkonidae.

— dijo tenso.

— Es el más grande que he visto en mi vida.

No será fácil enfrentarlo.

― ― Tor — Si tan solo tuviéramos armas…

—murmuró.

●— No son la gran cosa, pero…

tomad estas.

— respondí, sacando de la subdimensión tres espadas.

Aunque estaban algo usadas, al menos eran de Feroxignis.

Hunt llegó junto a nosotros y comenzamos a trazar un plan, pero entonces unos proyectiles de fuego rompieron los ventanales y más encapuchados entraron volando.

El estruendo fue seguido por la voz de Amisair, que comenzó a hablar.

Todos los presentes se agacharon, dominados por el miedo.

― Amisair — Hunt, Neo…

queridos, ¿dónde estáis?

— Su voz resonó por todo el salón.

Nos levantamos entre la multitud.

Él nos vio y sonrió.

― Veo que aún seguís aquí.

― ●— Si nos quieres a nosotros, no es necesario que tomes más rehenes.

— dije, alzando la voz.

■— Déjalos salir y te prometemos que te escucharemos.

— añadió Hunt, serio.

Amisair hizo una seña casi imperceptible.

En un instante, sus secuaces encapuchados se desplegaron por la sala.

Se acercaron a los nobles sin emitir ni un solo sonido.

Y con movimientos rápidos y precisos, ejecutaron una masacre brutal.

El silencio fue roto por los gritos desgarradores de las damas nobles, mientras el horror se adueñaba de la sala.

El aire era pesado, me costaba respirar, no podía escuchar con claridad parecía estar bajo el agua.

La atrocidad que acababa de ver.

No se parecía a nada a las películas de terror que vi con Hunt alguna vez.

La sangre de todos los hombres nobles fluía por el suelo, como el nuevo cauce del rio la sangre no se detenía, seguí con la vista una gota, hasta que se detuvo en mi zapato.

Cuando reaccione vi a Solomon atravesado por una espada y como los maestros de los gremios estaban aterrorizados, Hunt no le quitaba la mirada a Amisair, su mirada era indescriptible, entre odio, temor, asombro.

Todo parecía ir a cámara lenta y fue en ese mismo instante, el olor a hierro llego a mí, cuando todo ese cumulo de emociones desapareció y volví a la realidad.

El silencio desapareció y los gritos de los familiares de los nobles llenaban de eco la sala.

Un pinchazo me paralizo entero, cuando mire hacia abajo desde mi estomago salía una espada.

Con una fuerza inhumana me levantaron y me lanzaron contra una pared.

El impacto, contra la pared, me dio la oportunidad de gritar.

Vi claramente a Hunt y Durman girarse buscándome con la mirada.

Aunque a cada segundo, que pasaba, me costaba cada vez más mantener los ojos abiertos, pero pude abrirlos barias veces, para ver a Hunt levantar dos dedos con fuerza.

Desde el suelo aparecieron dos semiesferas, de piedra pulida, que me cubrieron.

Abrí un portal a la subdimensión cayendo de culo, en medio del patio.

Estaba Dalia y Selene intentando calmar a las de más y lo último que recuerdo era ver a Astrid correr hacia mí.

==+-+-O-+-+== En el momento que el Neo callo en el suelo, su futura suegra, corrió a socorrerlo.

Pese a los grandes talentos de Astrid con la magia ella no es capaz de curar la herida de Neo.

Pero su anterior acto de bondad será el que lo salvaría, Salvia la esposa de Solomon y administradora del gremio de Sanadores.

Estaba ahí.

El problema era el de siempre.

La cantidad de maná que se necesita para “arreglar”.

Ella desplego maná de nivel 3 en un parpadeo.

Y comenzó con la sanación.

En medio de la sanación Neo se despertó y comenzó a dar órdenes.

Mando a Dalia y Astrid a ir a recoger al almacén, cristales de Magiston y el hilo mágico.

No tuvo que esperar mucho para que las dos llegaran con 10 cristales y un cable mágico.

― Salvia ― Estos cristales son los más puros que he visto en mi vida.

― Dijo la mujer, Mientras ataba los cristales con el cable.

Conectó la otra parte del cable a su mano y mientras las demás la intentaban calentar con magia de fuego ella extraía maná del cristal.

Todo en vano sus manos comenzaron a congelarse y a provocarle un dolor inimaginable.

Al parar Neo volvió a empeorar, Pero entonces su hijo y desplegando maná de nivel 3 le tomo el lugar.

― Salvia ― ¿ Desde cuándo puedes con el nivel 3 ?

― ― Samuel ― Madre, no quería decirte porque sé que no quieres que yo también sea médico, pero esto no es nada.

― Con más fuerza que antes el chico desplego maná del nivel 4.

Su madre, así como las demás se alegaron por la fuerza de su maná, el chico gasto primero el maná de los cristales y después siguió con el suyo propio, al gastar algo mas de 7000 litros de maná el chico casi se desmaya.

●― Bro, me has salvado la vida, te debo una.

― Neo se dejo caer y atravesando el suelo llego a la esfera de roca que Hunt le hizo para protegerlo.

==+-+-H-+-+== El grito de Neo me distrajo un segundo de Amisair.

No tuve oportunidad de revisarlo dos veces, pero su pecho estaba en sangrentado y Alistair tenía la espada cubierta de sangre.

No lo pensé dos veces, no tengo sus capacidades mágicas, pero de una orden lo envolví en un caparazón de piedra.

EL pensamiento rápido de activo tan rápido y con una potencia tan fuerte que los movimientos de todos me resultaron graciosos.

Sena, Durman y los de más maestros de gremio permanecían de pie viendo el atroz espectáculo.

Entre los maestros de gremio y los caballeros, reunieron a los sobrevivientes en una esquina mientras, las sombras regresaban despacio al lado de Amisair.

No interfirieron en la labor de los maestros, era como si les daba igual todo.

■― Durman, cuida de ellos.

― Mientras los cubría con una semiesfera de piedra.

Se supone que entre ellos estaba el maestro del gremio de magos, seguro que se apaña para salir por el otro lado de la pared.

Mi grito apenas pudo ser escuchado, Alistair y Amisair chocaron espadas por encima de nosotros.

Cuando me di cuenta estaba debajo de un enfrentamiento de espadas.

― Alistair ― ¡COMO HAS PODIDO!

― Desde detrás del “trono” salieron más soldados, para ponerse de la parte de Alistair.

Mientras que los soldados que habían cometido la atrocidad formaron filas detrás de Amisair.

Yo estaba en medio del conflicto.

Sin saber qué hacer y sintiéndome total mente un personaje secundario.

― Amisair ― Ya me tomas en serio, enano.

― ― Alistair ― Quien te crees, enano de mierda.

― Tanto ellos dos, como sus magos empezaron a despegar maná mientras otros usaban ese mismo maná para conjugar magias de todos los tipos.

El enfrentamiento parecía estar a punto de comenzar cuando.

Alistair dio una orden en secreto a uno de los caballeros.

― Amisair ― Otra vez los vas a usar, no te parece una barbaridad usar niños.

― ― Alistair ― Niños, estos solo son plebeyos, nacen y mueren para servirnos, qué más da si mueren de pequeños o de adultos trabajando.

― Mientras sus palabras resonaban por la sala, un humo negro apareció a los pies de uno de los caballeros de Alistar, de ese humo salieron dos niños, claramente desnutridos, y con un collar extraño al cuello.

A uno de ellos le obligaron a tragar una pastilla roja.

Mientras que al otro lo ataron con una especie de cuerda brillante del brazo a la cintura de Alistair.

El cable desapareció a los segundos, a la vez que el primer niño se convertía en una mole de músculos, en miniatura.

Su cuerpo parecía estar roto por el aumento de musculatura.

― Amisair ― Señor Hunt ve porque tuve que matar a mi padre, Esta son las técnicas más usadas por los noble para enfrentarse en un duelo sin temer a la muerte, Durante años estuve obligado a participar en este tipo de enfrentamientos.

― El mutante se dirigió con rabia hacia mí, mientras que Alistair comenzó a correr sin miedo hacia su hermano.

El choque de sus espadas mientras los caballeros comenzaron el intercambio de fuegos y otros hechizos opacaron mi magnifica resolución del problema.

Cuando el pobre muchacho se acercó a mí.

Lo rodee de piedras del suelo haciéndole una carcasa que le impedía moverse.

Sentí como poco a poco intentaba romper la piedra, pero, añadiendo más y más capas de piedra logré detenerlo.

El grito del chico atado a Alistair me conmovió, Amisair le corto el brazo a su hermano, pero el que se quedó sin brazo no fue el, sino que el chico.

Amisair retrocedió de un salto para colocarse a mi lado.

Y sin que me diera oportunidad de pararlo, ejecuto al chico mutante.

­­­■― Pero… que has hecho.

― Le dije mientras le agarré del cuello de la camisa.

― Amisair ― Una vez que tomas la pastilla, no puedes volver a la normalidad.

La muerte es el único descanso que puede tener ese niño.

― ■― Que mayor te crees por cumplir 18 años.

― Le di una bofetada que se escuchó entre las explosiones mágicas.

Todos tanto un bando, como otro se detuvieron para mirarme.

Levantando dos dedos desde el suelo cubrí al niño malcriado en piedra.

Sus soldados se apresuraron, pero los separe con un muro de piedra que se alzaba desde el suelo al techo.

― Alistair ― Veo que sabes quién es tu señor, creo que seré capaz de perdonarte por la humillación de antes si me traes su cabeza.

― Sin dejarme responder un sonido extraño, como la de un huevo eclosionando me interrumpió.

Neo salió de su cascaron completamente curado y sin camisa ni saco.

●― Lo siento por tardar.

― Los hermanos se quedaron boquiabiertos al ver a Neo recuperado por completo.

Para ellos ver al alguien recuperarse solo de esa herida era algo imposible.

■― Llegas justo a tiempo.

― Dije a la vez que la pared y la coraza del equipo de Amisair se rompieron.

Neo choco nuestra espadas y de un movimiento nos giró, estaba enfrente de Alistair otra vez.

●― Creo que ha ese lo manejas tu mejor ¿no?

― Los dos hermanos envistieron contra nosotros, pero lo que no contaban con que Neo y yo ya estábamos acostumbrados a estas peleas.

Alistair blandió su espada desde arriba contra mí, de un movimiento suabe con la mano izquierda desvié su espada, todo su cuerpo se desvió permitiéndome pillar el cable mágico que lo unía con el niño.

Cuando su espada choco contra el suelo, quedando, incrustada.

Rompí el cable con las manos.

Puede ver como el chico retomo la respiración.

Alistair me miro con miedo, pero de un solo puñetazo en la mandíbula fue suficiente para dejarlo KO.

Neo en su parte iba a recibir otra estocada directa a su pecho.

Pero paro la espada con la mano.

Solo la punto atravesó su mano.

El chico se quedo perplejo.

Neo agarro con la otra mano la espada.

●― Es una pena, nos costó mucho forjarla.

― Con el sonido del cristal roto, partió su espada, dejando al chico sin posibilidades.

Lanzo la punta de la espada contra el chico y con una buena puntería le dio en la frente con la parte que no cortaba dejándolo dormido.

Lo mas sorprendente era ver como su mano se curo en apenas unos minutos como si nada hubiera pasado.

Los acompañantes de un lado y del otro no sabían que hacer, estaban confusos.

Nosotros estábamos preparados para pelear contra ellos también, pero Corlen tenía otros planes.

Apareció de un salto decapitando al gran gekko.

==+-+-N-+-+== (aaaaaa como escuece, aaaaa Neo mantente serio que Hunt no te vea, que Hunt no te vea, aaaaaaa como escuece, a quien se le ocurre parar una espada con la mano.

aaaaaaaaaaaaaaaa) ― Corlen ― Pero ¿qué ha pasado aquí ?

― ― Justo ― Corlen, pues… ― Que lo estaba acompañando.

Entre Durman y Justo intentaron explicarle al jefe de seguridad del palacio que acababa de ocurrir los últimos minutos.

Pero lo peor estaba por suceder.

La esposa e Hija de Ignar estaban a punto de llegar.

― Sorina ― ¡QUE HA PASADO AQUÍ!

― Mientras que las dos estaban impactadas por la muerte de todos los nobles, Durman se acercó a nosotros.

― Durman ― Alistair, seguramente tomara el control de la ciudad, vosotros estáis en apuros, será mejor que huyáis ya antes de que os atrapen.

― Un segundo después de las palabras de Durman nos encontrábamos enterrados, con los pies colgando en el piso de abajo.

La única capaz de hacer nos esto era Astrid.

Astrid, Dalia, Selene, Sena, Sorina, Doina (La hija de Ignar y Sorina ), Zeythur, Salvia, Myrla, tomaron el control de la situación.

Astrid, Dalia y Zeythur comandaban a un grupo de caballeras mágicas que apresaron rápidamente con magia, (¿De gravedad?)a los soldados de los hermanos, Selene y Sena estaban hablando con las nobles y las demás intentaban calmar el ambiente fuera de la sala.

Durman se quedó inmóvil al lado nuestra, hablando con Justo, Tor , Mateo y Corlen.

En media hora la multitud se dispersó, los dos hermanos estaba inconscientes y atados con una cuerda especial.

Poco a poco los cuerpos de los nobles y Solomon fueron extraídos con cuidado de la sala.

Mientras tanto Dalia se acercó para burlarse un poco de mí.

­­― Dalia ― Creo que así estas aún más cuqui ― ●— ¿Cómo has salido de la subdimensión?

— Le susurre.

― Dalia ― Digamos que no es la primera vez que salgo de un bolsillo mágico a la fuerza.

― (Como que no es la primera vez.

Pero quien es esta chica en realidad) Zeythur riño a Dalia por acercarse a nosotros, Astrid no pudo no dejar una sonrisa maliciosa, de reojo.

Cumplida la hora y todo más o menos limpio.

Sorina tomo el mando de la situación y nos llamao a hacer presencia.

==+-+H+-+== Sorina nos llamó, sentada en el trono de su difunto marido, con Doina de pie detrás de ella.

Cruzó las piernas antes de hablar.

― Doina ― Creo que tú eres más bonito.

― Dijo mirando a Neo.

Pero la tontería se le borró rápido con una sola mirada de Dalia.

― Doina ― Tranquila, Dalia, no te voy a robar al prometido…

si él no quiere, claro.

― Neo se giró hacia Dalia, que lo estaba fulminando con la mirada.

Miré a Neo disimuladamente, pero fue imposible no sentir un escalofrío al ver a Selene.

Cuando volví la vista, vi cómo Sorina le daba un golpe con el abanico en la cabeza a su hija.

― Sorina ― Myrla, ¿me puedes explicar qué ha pasado aquí?

― Myrla dio una explicación muy detallada de todo lo ocurrido.

No se dejó ningún detalle.

Justo cuando relataba cómo le ayudé a escapar, Alistar despertó y empezó a gritar.

Uno de los caballeros de la marquesa lo amordazó y sujetó, dejando que Myrla continuara.

― Salvia ― Durman, no veo a Solomon donde esta.

― Dijo susurrando.

― Durman ― Como te lo digo…― Dijo susurrando.

― Salvia ― Durman no me digas que esta fuera.

No te atrevas.

― Durman trago saliva sin decir nada.

Salvia negó con la cabeza y con los ojos húmedos, salió a paso rápido de la sala dejando a tras los insultos de la marquesa, y dejando toda responsabilidad.

… ― Sorina ― Bueno… primero despertad al otro inútil de mi hijo.

― Astrid no dudó en conjurar una bola de agua y lanzársela a Amisair, que se despertó sobresaltado como si no hubiera hecho nada.

― Amisair ― Buenos días, madre.

Cuánto tiempo sin verla.

― ― Sorina ― Qué voy a hacer contigo, hijo mío…

― ― Alistar ― Matarlo, madre.

Matarlo.

No se merece esta vida.

Ha matado a padre a sangre fría, ¡y ejecutado a todos!

― ― Sorina ― Recordadme una cosa, los dos.

― La mirada de Sorina seguía siendo una de las cosas más aterradoras que he visto.

Vacía.

Como si el alma la hubiera abandonado.

― Sorina ― Que hayáis salido de mí no significa que os voy a perdonar todo.

Solo sois otra mierda que hizo ese desagradable de vuestro padre.

La única que me ha salido bien es Doina.

― ― Alistar ― Pero madre…

― ― Sorina ― A callar.

Tu lujuria ha ido demasiado lejos.

Tener más de cincuenta mujeres por tus “problemas de sueño”…

y llegar a manosear a Selene.

¿Cómo se te ocurre pensar que eres digno siquiera de tocar a esa mujer?

Sucio trozo de carne.

― El chico bajó la cabeza, sin decir nada.

― Sorina ― Muy bien.

A ti te mandaré al ejército del rey.

Les diré que te traten peor que a los plebeyos.

Creo que te lo mereces.

― ― Alistar ― Sí, madre.

― ― Sorina ― Llevaos a esa basura de mis vistas.

― Lo despachó como si no fuera su hijo.

― Sorina ― Y en cuanto a ti, Amisair…

Yo ya no tengo autoridad suficiente para castigarte.

Te mandaré con el rey.

Pero mandarte en carro sería un gesto demasiado bondadoso, así que irás a pie, mientras mis caballeros cabalgan.

Espero que llegues en una semana.

Si no, te llevarán arrastrado.

¿Entendido?

― ― Amisair ― ¿Y tú quién te crees, pedazo de puta?

¿Solo por parirme te crees mejor que yo?

― Dio una señal y uno de los encapuchados se inmoló, provocando una distracción mínima pero suficiente para que Amisair se lanzara hacia su madre.

Pero Corlen lo atrapó en el aire y lo estrelló contra el suelo.

― Corlen ― Disculpe, señora.

Creo que se tropezó.

― ― Sorina ― Corlen, ya has oído su sentencia.

Dile a Raus que lo acompañe.

― Corlen no dijo nada más.

Solo obedeció y se fue.

― Sorina ― Bueno…

y con vosotros, ¿qué puedo hacer?

― ― Sena ― Sorina, ellos dos no son malas personas.

― ― Sorina ― Cariño, dame eso que has traído.

― Doina extendió la mano y sacó unas hojas de su bolsillo mágico.

Sorina comenzó a leer.

El silencio era incómodo.

Cada vez que alguien intentaba hablar, Doina mandaba callar.

― Sorina ― Según estos informes de mi despreciable descendencia —Amisair, para ser exacta— estos dos son sabios de un pueblo lejano.

― ― Sorina ― Ese es Hunt.

― Me señaló.

― Y el otro es Neo.

― Dijo, devolviéndole los papeles a su hija.

― Sorina ― Creo que ya sé qué voy a hacer con vosotros…

― ==+-+-O-+-+== Después de la reunión Sorina salió de la sala acompañada solo por su hija.

Caminaba lento, como si cada paso pesara una tonelada.

Le temblaban las piernas.

Doina quiso ofrecerle el brazo, pero no se atrevió.

La siguió en silencio hasta los aposentos privados, donde una vez dentro, Sorina se dejó caer en la silla junto a la chimenea.

― Sorina ― Me pesan los huesos, como si me hubieran vaciado.

― Doina no dijo nada.

Se acercó, se sentó a su lado.

El silencio era espeso.

Entonces, sin aviso, Sorina se tapó la cara con ambas manos y comenzó a llorar.

― Sorina ― Ese infeliz…

ese maldito bastardo que me jodió la vida entera… ― sollozó.

― Pero a su modo…

me quería tanto…

siempre lo decía, yo era la única flor que había crecido en su pantano…

― Doina la abrazó sin entender del todo, sintiendo que algo se rompía dentro de su madre.

Ambas lloraban en silencio, hasta que se oyó un golpe en la puerta.

― Soldado ― Disculpe, mi señora…

algunas nobles insisten en hablar con usted.

― Sorina se limpió el rostro con rabia, recobrando el tono de siempre.

― Sorina ― Diles que esperen.

A mañana.

― ― Soldado ― Como ordene.

― Dijo con una reverencia y cerró la puerta.

En cuanto el cerrojo giró, Sorina volvió a desmoronarse, esta vez más fuerte.

Doina la abrazó con más fuerza.

― Sorina ― Mis hijos…

mis pequeños y tontos hijos…

ya están muertos…

solo que aún no lo saben.

Los ejecutará el rey…

o los matarán en alguna guerra estúpida…

y yo…

yo los parí para esto.

― Doina no supo qué responder.

Solo lloró con ella.

Y la noche se alargó, fría, en los muros del castillo.

……… Salvia salió del palacio sola.

Nadie tuvo que decirle nada.

Caminaba rápido, casi sin tocar el suelo, con los ojos ya húmedos y las manos temblorosas.

El patio estaba en silencio, roto solo por el murmullo de las familias que comenzaban a llegar.

Cuerpos cubiertos, en fila, con velos blancos y pesados.

No preguntó.

Se arrodilló junto al primero y levantó el velo.

No era él.

Tampoco el segundo.

Ni el tercero.

No lloraba, no todavía.

Solo los revisaba uno a uno, como si su alma supiera que lo encontraría.

Y cuando el guardia la vio, no dijo nada.

Solo señaló.

Y entonces lo encontró.

Solomon.

Tendido en el suelo.

El pecho abierto por una herida profunda.

El rostro sereno, como si estuviera durmiendo.

Salvia cayó de rodillas.

Esta vez no pudo contenerse.

Le tomó la cara, las manos, como si pudiera volver a unirlo con solo tocarlo.

Y lloró.

Con el cuerpo doblado sobre él, como si el dolor le pesara más que el propio cuerpo.

― Salvia — No… ― Dijo comenzando a llorar.

Samuel, con su hermana pequeña dormida en brazos, cruzó entre los caballeros que lo habían escoltado.

Al ver a su madre, apretó más fuerte a la niña.

Caminó sin decir palabra.

Se detuvo frente al cuerpo, dejó a la pequeña con cuidado y se arrodilló.

Puso las manos sobre el pecho de su padre y trató de desplegar el maná.

Sin poder.

Lo intentó otra vez.

Ya estaba vacío.

Una tercera.

Sin respuesta.

― Samuel — Si no… si no hubiera gastado tanto maná en él… ― La frase salió ahogada, cargada de rabia y culpa.

Su hermana, ajena al todo, miró a Solomon con inocencia.

― Sonia — Mami no llores, papá puede curarlo todo… ― Salvia tembló.

Sintió que se le rompía algo dentro por segunda vez.

Tomó a la niña en brazos, la abrazó fuerte.

Luego jaló a Samuel hacia sí, cubriéndolo con sus brazos como si aún pudiera protegerlo de todo.

― Salvia —Escuchad lo que os dice mamá… —dijo con la voz rota—.

Papá ha muerto… pero no dejaré que os falte nada.

No pasará nada… os lo prometo.―

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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