Dos ingenieros en otro mundo - Capítulo 30
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30: Dia 3 Mes 4 H 30: Dia 3 Mes 4 H Hoy no he podido dormir me he pasado media noche pensando en que experimento puedo hacer para sacar las unidades de medía del Sistema internacional.
Para el metro y el gramo se me han ocurrido varias cosas, pero para uno de los más importantes, es decir, el segundo no se me ocurrió nada.
Supongo que usar a mi preciosa novia que se despierta siempre a la misma hora todos los días, no es válido.
Hoy como de costumbre me ha despertado a empujones para abrirle la puerta a la subdimensión y dejarle usar el baño.
El desayuno fue tranquilo con Sana molestando a Levi y Selena apresurada como siempre.
Me dirigí a la empresa.
Donde todos nos estaban esperando en la puerta.
Aclarado el nuevo horario me reuní en “privado” con la atenta mirada de Levi, con Pudiente.
Mi intención era pagar con mi sueldo la hora, pero Pudiente se ofreció sacrificando su propio sueldo, al final concretamos que iríamos a partes iguales un cuarto, Neo, otro cuarto Pudiente otro la compañía y el ultimo yo.
Según Pudiente es la forma más justa de hacer las cosas, ya que es un error de los 2 o 3, hay que tener en cuenta que Neo no quiere dirigí activamente asiqué me ha dado su pleno consentimiento de las acciones.
Volví con el grupo de escritores y revisé rápidamente el libro que habían creado.
Mientras discutíamos ciertas explicaciones de la gramática, llego Pudiente después de una breve visita a Neo.
Nos pidió dinero para comprar acilla.
Mande a una de las secretarias a gestionar el pedido de Pudiente.
El libro de que han creado estaba bastante bien, para un niño de la tierra de 4 o 5 de primaria.
Pero aun si teníamos el problema de que las personas no sabían interpreta las letras, con los sonidos.
Les mandé hacer unos folletos de como se pronuncia cada letra y palabras cotidianas para ello le pedí la ayuda a unos cuantos trabajadores del grupo de comerciantes, por si las moscas, creo que los del grupo de administración son un poco pijos y señoritos por lo que las palabras de a pie de las muchedumbres se les escapa un poco, pero los comerciantes se las saben todas.
Me fui al despacho que compartía con Pudiente y neo para pensar en como medir el segundo.
(¿claro, pero todas las mediciones hay que hacerla a 25 grados no?, supongo que tengo que ir primero por el grado kelvin.
Los termómetros modernos de nuestro mundo funcionan con dos chapas de… no me sirve igual un termómetro de alcohol o mercurio.
Esto es más fácil.
Pero necesitaría un capilar de cristal.
¿hay cristaleros en este mundo?) Me pase varios minutos de acá para a ya en el despacho en completo silencio y de repente grite, ya sé que hacer.
El pobre Levi que recién se había sentado en el sofá se asustó.
Sali a la ciudad con Live y una de las chicas de grupo general, a medio camino nos encontramos con el grupo de Pudiente.
Que mando a su grupo a llevarle la arcilla a Neo.
Mientras nosotros fuimos a encontrar al único cristalero de la cuidad.
Y eso que es la segunda ciudad mas grande del reino.
― Pudiente ― ¿Disculpe está el señor Steve sticla?
― ― Mia ― Mi padre esta en cama, el otro día tuvo un accidente.
― ■― Siento mucho escuchar eso, ¿Podemos hacer algo para ayudaros?
― ― Mia ― ¿Qué quiere de padre?
, no es normal que alguien venga a ayudarnos.
― ― Pudiente ― Mia, esta tu hermana mayor en casa.
― ― Mia ― No esta fuera trabajando los campos, por lo menos ella tiene un trabajo de verdad.
― ■― No menosprecies a el trabajo de tu padre, hemos tenido que venir desde la otra punta de la ciudad porque es el único que puede ayudarnos.
― ― Mia ― Claro ustedes también se quieren reír de como se le hinchar los mofletes a mi papa, son todos unos hijos de la grandísima… ― ■― Calla antes de decir algo que perjudique a tu padre.
― ― Steve ― Que es todo este escándalo.
― ― Pudiente ― Señor Emiliano, ¿Cómo esta?― ― Steve ― Bien, bien y tu padre.
Veo que al final si que vendió la empresa.
― Ambos hablaron de Orlan y de lo buen amigos que eran, de los encargos imposibles… Hablaron durante unos quince largos minutos sin darse cuenta de que estaba yo ahí también.
― Steve ― Pero dime Pudiente, quien es este mozo que tenemos aquí.
― ― Pudiente ― Es el nuevo dueño de la compañía de mi padre, el señor Hunt.
― Me presenté de la mejor forma que pude, y el señor comenzó a elogiarme por conseguir la compañía… me pregunto cómo lo conseguí… y al final le tuve que enseñar la marca de mi estomago… ■― Tengo un encargo para Usted señor Sticla, necesito que me haga esto.
― Le saque un papel con el dibujo de un termómetro.
― Esto es un nuevo invento mío que no es la gran cosa, pero necesito que me ayude con él.
― ― Emiliano ― Déjame ver.
― Lo miro del derecho y del revés, de frente y por detrás.
― Esto es complicado y esto de dentro es alcohol puro, pintado de rojo mm… interesante.
― Intento frotarse las manos que la tenia vendadas y al tocar se las palmas las apartó rápido como si se le olvidara que estaban vendada.
― No creo que yo sea capaz de hacer esto… Señor Hunt, sobre todo en mi estado actual.― ■― Claro que no puedes si no lo intentas, creo que yo puedo hacer algo con esas manos.
― Me acerque a Pudiente y Levi puso la oreja también.
■― Le voy a pagar un médico para que le cure las manos con magia, envía a alguien para que llame a un médico capaz de curarlo.
― Pudiente salió de pequeño taller y comenzó a dar órdenes.
Mientas tanto me acomodé un una silla y me puse a hablar con el señor.
Sobre sus creaciones… Su hija Mia, que yo no parecía de su agrado, pero pesa a ello nos tajo un cubo de agua limpia y unas taza de madera.
Nos preguntó si queríamos agua, que era recién sacada del pozo… Ya que las tazas estaban sobre la mesa use un poco de magia de fluidos para llenar las tazas, saque unos tentáculos de agua del cubo para rellenar las tazas.
La niñas se sorprendió tanto que me pido que le enseñe.
― Live ― ¿Puede usar magia de agua también?
― Me susurro al oído.
■― Puedo usar los 3 tipos de magia, solido, fluidos y combustión.
― Dije mientras jugaba con el agua.
Al rato entro Pudiente, que esperaba fuera, con un medio.
― Harmi ― Buenos días, soy Harmi medico de nivel 5.
― ― Emiliano ― Yo no he pedido ningún medio, vete ni siquiera puedo pagar por un cortesito… ― dijo levantándose de la silla, pero lo tome del hombro y lo senté de nuevo.
■― Le dije ha esta monda que yo puedo ayudar.
― dije mientras le removía el pelo a Mia.
Harmi se sentó en frente de Emiliano y con cuidado le quito la vendas a hombre, poco a poco.
La herida estaba muy, pero que muy mal, no pude ver lo y me salí fuera, Levi me acompaño.
― Levi ― ¿Estas bien?
― ■― Si… he…
lo siento me ha impresionado un poco.
― Después de un buen rato Harmi salió, de fondo pude escuchar los gritos de felicidad del padre e hija.
― Hermi ― No le voy a mentir he gastado mucho mana, he tenido que ir al nivel 2, que es mi tope.
Y aun así le quedaran macas.
Además, no va a ser barato, por lo menos 3 o 4 monedas de plata… Señor.
― (Suuuu 4 monedas de planta menos mal me esperaba 5 de oro o algo sí.) ― Pudiente ― Hunt eso es mucho dinero.
― Me susurro.
(Levi puso el oído como siempre.) ■― Tu págale, que gracias a él vamos a ganar mucho dinero.
― ― Pudiente ― Estas seguro.― ■― Hazme caso, dale 5 monedas de plata y 5 de cobre por las molestias.― Pudiente no digo nada más y pago al medio, Levi se acerco a cuestionarme y después de todas sus pregunta.
■― Tu estas aquí para ver que hago, no para cuestionarme.
O si ― Levi agacho la cabeza y no digo nada más.
(Mis actos le parecerán extraños, pero es lo que hay y se tendrá que joder) Emiliano salió de su casa después para celebran y me cogió por la cintura y me levanto al aire sacudiéndome de felicidad.
Entre risas y alguna pequeña lagrima de una futura gran maga de agua, que yo se me.
Volvimos al taller.
■― Lo único que falta es que pruebes a hacer esto.
― Le volví a sacar el papel.
― Emiliano ― Sera carne recién comida.
Dame unos segundos.
― (Carne recién comida, no pan comido… mmm…) El hombre se puso a trabajar con tanta energía que se olvidó de que estábamos allí.
Era como ver a alguien en su elemento.
Le daba forma al cristal con una precisión que me dejó sin palabras lo giraba, lo enfriaba, lo moldeaba con una habilidad que no parecía de este mundo.
Y tal como dijo Mia, sus mejillas se hincharon al soplar por el tubo de acero, pero no paró ni un segundo.
Mientras él trabajaba con el capilar, yo me encargué de preparar la mezcla el alcohol de alta pureza que trajo uno de los ayudantes de Pudiente carísimo, por cierto, y el tinte rojo que pedí personalmente.
Sí, es caro, pero el termómetro lo vale.
Cuando la pieza estuvo lista, le pedí a Emiliano que preparara una gotita de cristal.
En la punta de un palillo de metal fundió una gota perfecta.
Le expliqué que, cuando le diera la señal, debía sellar el tubo lo más rápido posible.
Cogí el tubito de cristal con ambas manos.
Estaba frío.
Sin pensarlo, me lo llevé a la boca.
(Vamos, si los científicos antiguos lamían mercurio y tocaban cosas radiactivas, ¿qué es lo peor que me puede pasar por chupar un poco de alcohol tintado?) Aspiré el aire con cuidado, haciendo que el líquido subiera lentamente.
En cuanto estuvo en el nivel adecuado, tapé la entrada con el dedo.
Le mostré el tubo a Emiliano y, con un gesto de cabeza, le di la señal.
Nos acercamos a la mesa, apoyé el termómetro, retiré el dedo y, en una fracción de segundo, él selló el cristal.
Pasado el momento de tensión, le pedí que se encargara de enfriarlo como era debido.
A Mia le pedí que trajera otro cubo de agua.
Todo estaba saliendo justo como lo había imaginado.
La niña tardó bastante en volver.
Cuando por fin entró, lo hizo con la cabeza agachada y una mano en la frente.
Al principio no dijimos nada, pero bastó con mirarla bien para notar que estaba intentando tapar un pequeño sangrado.
Con algo de paciencia, y sin presionarla, conseguimos que nos contara lo que había pasado: unos niños del barrio se burlaron de ella, riéndose de su padre, llamándolo inútil y cosas peores… Me hervía la sangre, pero Levi fue el primero en estallar.
Dio un golpe seco en la mesa que retumbó por todo el taller.
No dijo una palabra.
Se levantó, nos miró y nos dijo.
― Levi ― Cierren los ojos.― Obedecimos.
Lo escuché acercarse a Mia, y luego sentí cómo el maná se movía en el aire.
Cuando nos permitió abrir los ojos, la herida de la niña había desaparecido por completo.
Todos lo miramos, sorprendidos, pero él apartó la vista.
― Levi ― No me miren a mí… la ha curado nuestro Señor… —susurró, pero no terminó la frase.
No insistí.
Tal vez pertenezca a una religión distinta, o a una orden que no conozco.
No era el momento para preguntas.
Me acerqué a su oído y le dije.
■― Muchas gracias.
Te debo una.― El ambiente, que estaba tenso, se transformó con esa pequeña alegría.
Me puse frente a todos y, como un profesor de física medieval, levanté la mano con un cuchillo en una, y el cuenco en la otra.
Hice salir del cubo unas cuantas gotas grandes de agua.
Una a una, las transformé en hielo con magia de nivel 1.
Lo hice despacio, para que fuese más espectacular.
Coloqué el termómetro en el cuenco de Mia, justo donde había puesto los hielos.
Marcó el punto que yo quería el cero en la escala que acababa de inventar.
Luego, pasé al siguiente paso.
Creé una pequeña bola de fuego sobre el cubo de agua.
Levi, más rápido que yo, la apagó con un gesto.
■― Déjame hacerlo.
Es parte del proceso.
—le dije, pero me negó con la cabeza.
Así que se encargó él mismo.
Calentó el agua del cubo hasta que empezó a hervir.
El termómetro volvió a marcar, mucho más arriba esta vez.
Cuando todo estuvo listo, les expliqué con orgullo qué era ese nuevo instrumento que acabábamos de crear.
Algunos lo entendieron, otros no, pero todos estaban asombrados.
Incluso Levi, aunque como siempre, lo disimuló con su seriedad habitual.
Y con la prudencia que ameritaba el momento, guardé el termómetro dentro de la subdimensión.
Era un primer paso.
Le di el papel del con los planos del termómetro al Emiliano.
■― Emiliano necesito 5 o 6 más de estos crees que podemos hacerlos.
― ― Emiliano ― Si por supuesto señor, ahora mismo.
― ■― Ahora no me tengo que ir, pero que tal si mañana viene a la compañía de Orlan con los tubitos hechos y los acabamos ahí.
¿Qué opinas?
― ― Emiliano ― Mañana a primera hora de la mañana estaré ahí con 20 de estos tubos echo.
― ■― No hombre no que con 6 me bastan de momento.
― Dije entre risas.
― Vamos a hacer lo así, mañana sobre las (8:00) vienes con nosotros con los que te han dado tiempo a hacer y los acabamos juntos vale, per cierto Pudiente aun tiene que registrar eso asique por favor no le cuentes a nadie de eso.
― Le guiñe un ojo a Mi.
― Si .― Me gire y mientras todos salimos poco a poco.
Nos despedimos, el en la pueta y Mia en hablando con Levi.
Sin que me viera Pudiente me acerqué al hombre y le di 5 monedas de palan.
■― Creo que esto es suficiente por el trabajo de hoy no, ve a cenar con la familia y comprarle nuevas ropas sí.
― le di una palmadita en la espalda y sin dejarlo decir nada me puse a la par de Pudiente y lo empuje para irnos, que aun teníamos que hacer la comida.
El hombre grito muchas gracias entre alguna que otro lagrimita.
… Después de la comida me quede con el grupo de servicio general para lavar los platos, Pudiente me acompaño, aunque no quiso hacer nada.
Mientras yo trabajaba hablamos del termómetro y de la mayonesa, nos pusimos a maquinar un plan para añadir la, a los platos de comida, de los burgueses de la ciudad.
Pudiente me preguntó si quería patentar las recetas que hemos hecho y los métodos de cocina.
Hizo llamar a Neo y decidimos por votación, que fue en vano, ya que todos votamos que sí.
― Pudiente ― Que tal si vendemos esa mayonesa a los más ricos.
― Nos explicó sus planes relacionados con las patentes y la producción de mayonesa.
Nos conto que tenia planeado cocinarla en la cocina con los comerciantes, que son como sus esbirros más o menos, y venderla en tarros de arcilla.
Pero se lo negamos, en cambio le propusimos hacerlo en tarros de cristal.
A lo que se extrañó.
Pero tras un rato pensando se dio cuenta que era lo mejor que podíamos hacer, un producto caro en un envase caro.
Al final no nos quedó de otra que hacer otra visita a Emiliano, de camino a su taller vi como los jornaleros de los campos regresaban a sus casas, el calor del medio día comenzaba a ser sofocante.
( Por lo menos no los matan a trabajar en calores.
) Vi como la puerta del taller estaba abierta y apoyando en la parte superior del marco con una mano me asomé adentro para llamar a la puerta.
■― Holaaaaa.
― ― Sumi ― Hola, necesita algo caballero.
― Dijo una chica de apenas 17 años, que parecía cansada.
― Emiliano ― Señor Hunt que lo trae por aquí otra vez.
― ■― Necesito hablar con Ustedes un momento, no sé si se podrá.
― Nos sentamos a la mesa, Pudiente Emiliano y yo, mientras hablábamos Sumi y Mia se pusieron a cocinar unas carnes a la plancha.
― Pudiente ― Tal y como mi padre reconoció el talento que tiene usted con el manejo del cristal, nosotros hacemos lo mismo.
― ■― Aparte del termómetro, se nos ha ocurrido hacer otro invento que necesita cristal.
― ― Emiliano ― Siempre y cuando me deje los planos yo poder hacer cualquier cosa.
― ― Pudiente ― Nuestro problema no reside en si lo puedes hacer o no.
Lo voy a decir sin rodeos, queremos que formes parte de nuestra empresa.
Te podemos ofreces un sueldo fijo de 5 monedas de plata al mes.
― Sumi dejo la preparación de la comida de lado para llegar apurada, nos interrumpió cualquier intento de negociación, y se puso a susurrarle algo a su padre.
Tas unos mementos en silencio Emiliano se levantó y casi gritando digo.
― Emiliano ― Sera todo un placer trabajar para vosotros.
― Después se acerco a Pudiente para darle un abrazo y luego siguió conmigo.
Vi como de reojo se comenzó a salir un humo de la cocina y de un movimiento de cabeza Elena que nos acompañaba entro rápidamente para que no se les quemara la comida.
Tras ello comenzó a reñir a Sumi por su imprudencia… ■― Elena ― Se sobresalto y casi corrió para ponerse delante mía.
― ¿Qué opinas de la chica?, crees que será de ayuda en la compañía.
― Elena se señalo a si misma con un dedo, casi si poderse creer que le estaba pidiendo la opinión.
― Elena ― Conocía a su madre y si es la mitad de diligente que ella, nos será muy útil.― ■― Pudiente la has achuchado.
― Me dijo que si con cabeza.
― Entonces Señor Emiliano y señorita Sumi os esperamos mañana sobre las (8:30) en la compañía.
― Sumi ― Como, yo también, pero si ya tengo un trabajo en el campo, no podría… ― ― Elena ― Tu callare si él te dice que mañana vas a trabajar para él, le das las gracia y no dices nada, cualquier otro trabajo es mejor que ir a los campos.
― Les dejamos hablar mientras me escabullía con pudiente y Levi fuera de la caza.
Mandamos a Marte, que nos esta acompañante también, a realizar los papeles de los tartrato.
Se fueron las 3 y Emilio al gremio de trabajo público.
Al volver a la compañía me revise el trabajo de los escritores y al dar le visto bueno, Comenzamos con el formato para poder imprimir lo.
Básicamente les mande reescribir todo, pero en filas de 80 caracteres, contando los espacio.
Mientras ellos trabajaban, vía Pudiente ir con prisas a nuestra oficina, al parecer no le cuadraban los números para realizar el pago del mes anterior.
Por lo que con un poco de ayuda secreta del superordenador y una hoja de cálculo le rehíce los calculo y tal y como me esperaba estaba sumando mal.
Al verlo tan desorientado, me dispuse a explícale otro nuevo invento, la regla de cálculo.
Ya que el ábaco existe en este mundo mezclar ambas herramientas aumentaría su productividad y exactitudes.
… Cuando volví a casa Selene y Sena aun no llegaron por lo que me dispuse a cocinar con Lisa y Hemer.
Después de la cena me fui directo a la habitación con Selene que si mucho pensarlo nos fuimos a la subdimensión.
Donde disfrutando del fresco aparecieron Neo y dalia.
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