Dos ingenieros en otro mundo - Capítulo 33
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33: Dia 4 Mes 4 N 33: Dia 4 Mes 4 N Mientras Dalia y Selene usaban el baño para sus qué haceres, Hunt y yo no nos poníamos de acuerdo.
Teníamos un problema entre manos.
Hunt ya ha creado un proto termómetro, pero aun nos quedaban varias unidades por definir delante de todos.
Nosotros ya tenemos definido el metro y el segundo que, siendo sincero, fue todo un calvario.
Siendo una de las primeras tareas que nos propusimos al llegar a este mundo, no nos quedó de otra, que inventar algún tipo de método para determinar el metro y el segundo.
El gramo lo podríamos estimar con un metro cubico de agua destilada.
Y el Amperio seria algo difícil pero no imposible.
Lo que hicimos, de una manera precaria, es medirnos sobre un listón de madera.
Durante casi un mes nos mediamos tres veces al día, por la mañana, al medio día y por la noche antes de dormir.
Unas ciento ochenta medidas, noventa mías y noventa de Hunt.
Sabiendo que yo mido un metro ochenta y cinco y Hunt un metro ochenta.
Podríamos estimar el metro mediante proporciones.
Al acabar de medirnos obtuvimos dos listones de madera con muchas marcas, que formaban una bonita distribución de campana de gauss.
Tomando el valor central como medida, un compás prehistórico y algo de diédrico pudimos sacar la décima parte de un metro, tanto en mi listón como en el de Hunt la aproximación era bastante parecida pero aun así decidimos realizar otro experimento.
En unos listones que al final sirvieron como tejas para la casa de la subdimensión, marcamos a ojo lo que cada uno de nosotros consideró un metro.
Con muchas de estas aproximaciones pudimos obtener otra distribución de gauss que nos permitió estimar el metro nuevamente.
Comparando con la medición que realizamos con nuestra altura los dos “metros se aproximaron bastante”.
Seguramente el metro que nosotros definimos no se parezca en nada al metro real, pero nunca lo sabremos.
Podemos estar por encima o por debajo por millonésimas, milésimas o centésimas o incluso un milímetro.
Luego con el metro definido tuvimos que definir el segundo.
Que para ser sincero fue una de las tareas más difíciles que jamás se nos ocurrió.
Una de las ideas que se nos pasó por la cabeza es usar un péndulo.
Durante varios días estuvimos llenando una serie de tinajas con agua y con un agujero pequeño, permitíamos al agua salir.
Intentamos medir los litros de agua que necesitamos para medir el tiempo que hay desde el cenit de un día con el del día siguiente.
Además de tomar la media de un año.
Mas o menos del solsticio de invierno al siguiente año.
Durante los seis años que pasamos en el bosque.
Medimos con bastante precisión que un año duraba 400 días.
No le dimos importancia ya que pensamos que al estar en otro mundo sería algo normal.
Entonces sabemos que algo menos de unos 1000 litros de agua duran un día.
Y como queríamos dividir los días en 24 entonces, unos 41,6 litros duraban un día, como quisimos tener una medida más precisa afinamos la media a 960 litros por día.
Luego decidimos hacer el experimento del péndulo, pero antes teníamos que medir la gravedad, para ello tomamos una escalera y soltamos muchas, pero muchas veces, una piedra desde 10, 15, 20 metros, para calcular el tiempo usamos la gran tinaja, y con numerosas medidas tomamos que (x) litros de agua se gastaban mientras la piedra caía.
Al final pudimos determinar que la gravedad de este mundo tiende a 10 m/s^2.
Y solo ahora pudimos recrear el experimento del péndulo.
Teniendo en cuenta la ecuación T, es decir el periodo, es 2·pi · sqrt( 1 m / 10m/s^2 ) obtuvimos que tenemos casi una oscilación por segundo.
Que para la precariedad de nuestras herramientas y nuestros métodos nos pareció una aproximación bastante fiel al segundo usado en la tierra.
Al final tomamos 40 litros de agua de la tinaja como un día.
Donde un péndulo de 1 metro con un peso de 1 litro son un segundo.
Ω ― Ω ― Ω Por la mañana al llegar a la compañía Pudiente me esperaba con una gran rueda de piedra.
Orgulloso de haberla obtenido, me la presentó emocionado.
(Pero este pibe cuánto trabaja).
Según me estuvo contando esta piedra no es una roca cualquiera con forma circular, sino que al aplicarle maná es capaz de endurecerse.
Al parecer son muy usadas en los molinos para hacer harina.
Como descubrimos posteriormente, hay personas que trabajan como operadores de molinos que a fuerza bruta giran las muelas además de aplicarles maná.
Suelen ser entre 4 y 5 personas las que se encargan de girar la muela.
Tas la explicación de Pudiente aparecieron dos nuevos trabajadores un hombre y sus dos Hijas.
Hunt se alegró al ver los y se los llevó a la oficina.
Yo en cambio me dirigí al taller y como llegué un poco antes de lo habitual, los artesanos aun no estaban.
Así que me puse yo solo a preparar los materiales y organizar las herramientas.
Al poco a poco llegaron los carpinteros que, tras saludarme, se pusieron a tallar los moldes de madera que faltaban.
Y sin prisa los herreros, pero hoy tuvimos un nuevo integrante.
El hijo mayor de Varo.
― Varo ― Buenos días señor Neo, (●― Hola.
―).
Este es mi Hijo mayor, hoy cumple la mayoría de edad y me gustaría que siga mis pasos.
Quisiera que lo dejara trabajar.
― ●― Conque has cumplido 16 años he.
― ― Damos ― Si señor.
― ●― Pero no te he visto durante las comidas, ¿Dónde has estado?
― ― Damos ― ¿Cómo voy a comer de algo que no me he ganado?
― ― Varo ― Mi hijo cree que, si no trabaja, no merece comer.
― Dijo mientras le removía el pelo con la mano.
●― Ya veo… pero tu padre trabaja muy duro para que tu puedas comer.
Si te da comida es porque te quiere, no porque espera algo a cambio.
― ― Damos ― Por eso mismo señor tengo que trabajar pagarme la comida el alojamiento en una posada o comprarme una casa cuanto antes para no ser una carga más para mis padres.
― ( Tranquilo que no eres un coche de F1) ●― Ya veo… Tienes un buen corazón y muy noble, pero no creo que vaya a poder ser.
Para mi eres muy pequeño para empezar a trabajar… ― Le puse una mano en el hombro antes de hablarle, pero me la quito al empezar a hablar.
― Damos ― Trabajare más que cualquier otro, le haré todo lo que pueda mis huesos y de la mañana a la noche, y de la noche a la mañana.
― Le puse una mano sobre el hombro, aunque el no quiso.
●― Los niños, no se tienen que preocupar por las tonterías de los adultos, anda ve con Hunt y haz lo que te diga y si eso cuando cumplas 18 años ya hablaremos de trabajar.
― ― Damos ― Si señor.
― El chico se fue sin decir nada más, ni siquiera a su padre.
―Varo ― Pero señor si está en edad de trabajar y le he enseñado desde pequeño, sabe el oficio… ― Le di un golpe en la cabeza, mientras me mordía la lengua, no para hacerle daño sino porque me empezó a enfadar.
●― Que no, los niños tienen que estudiar no trabajar, ¿cómo un niño se va a preocupar de la forja si ni siquiera sabe hacer divisiones o raíces cuadradas?
― ― Varo ― Pero… yo no se ni que significa eso.
― ●― Por eso mismo.
― Dije remangándome las mangas.
― No digas tonterías o te suelto otro capón.
― Reuní a todos los carpinteros y hereros.
― Desde hoy van a venir todos vuestros hijos e hijas, mayores de 12 años para aprender a leer, realizar cálculos matemáticos, aprender de física y química.
Y el que no quiera traer a sus hijos, que no venga mañana a trabajar.
― ― Fabian ― Pero Neo, yo no puedo pagarte ni con el aumento de sueldo la enseñanza de mis 3 hijas.
― ●― A ver, me estáis enfadando, en que momento te he dicho yo a ti que tienes que pagar.
Solo imagínate que tus hijas aprenden y se convierten en grandes Doñas que saben de todas las diciplinas.
― ― Fabian ― Pero señor usted que gana educando a nuestros hijos.
― ●― Más bienaventurado es dar que recibir, y no se hable más del tema.
Tenemos que ponernos manos a la obra y comenzar el tratamiento de la arena, acaso no ven que tenemos una muela de piedra en el patio.
― Vi de reojo como Hunt recibió al chico, y lo dejo de un lado, para que mirase como él y Emiliano trabajaban en otros termómetros.
No pude no percatarme de como el chico miraba a la hija del cristalero.
Me parecieron adorables.
Tenían una batalla de miradas, pero ninguno de los dos se atrevía a hablar, no se si seria por la presencia del padre o de Hunt.
Mientras tanto tomé uno de los mangos de la muela y comencé a girarla yo solo, a la vez que aplicaba maná, suavemente a la piedra.
Al pillar inercia la piedra casi se movía sola, y al ver que puedo solo mande a los carpinteros de vuelta con sus tareas, de tallar los patrones.
Los hereros se encargaron de echar arena y recoger el producto final.
No me resulto difícil, pero si bastante cansado.
Y mientras estaba empujando vi a Pudiente andando de acá para allá.
No pude no llamarlo.
― Pudiente ― ¿Me has llamado?
― ●― Anda me puedes hacer un favor.
Ve a las pastelerías de la ciudad y compra 200 pastelitos, que hoy es el cumpleaños del hijo de Varo y lo vamos a celebrar entre todos.
― ― Pudiente ― No voy a preguntar, todo lo que hacéis vosotros dos, me parece tan extraño, que para que, pero aun así iré a preguntar a Hunt.
― ●― Ve si quieres, pero te va a reñir por tener que preguntarle todo.
― Tarde un par de horas en moler toda la arena.
Y tal y como hicimos ayer volvimos a lavar la arena, para sacarle cualquier polvo residual que le quedase.
■― Neo, Neo, Neo, Neo… ― Dijo corriendo desde la otra punta de la compañía.
●― Que pasa.
― ■―¿Los patrones como los están tallando?
― ●― Espejado, como si no.
― ■― Joder que susto.
― El susto de Hunt esta total mente justificado ya que, si tallábamos los patrones tal y como se ven las letras normalmente, al imprimirlas se verían del revés.
(Y no queremos eso.) Tras el secado de la arena nos pusimos con la mezcla.
Que esta vez se parecía mas a la arena roja que nos dio nuestro profesor de técnicas de fabricación en la universidad.
Volviendo con las cajas y los patrones decidimos colocar las primeras 8 letras del abecedario.
Con el latón echo solo tuvimos que tornarlo con cuidado y esperar.
Y tal y como creí, esta vez el resultado era excelente.
Con los primeros moldes en mano, (Aún estaban calentitos), se los lleve a Hunt para que comprobase con sus propios ojo si era suficiente.
Dejando el moldeo de los patrones a los herreros, nos dirigimos a la oficina donde los contables estaban estresados, pero los dejamos de lado para, comprobar la calidad e impresión de los patrones.
Pusimos una capa de piel sobre la mesa y un papel.
Atamos las ocho letras con una cuerda y pasamos un poco de tinta sobre ellas.
Al marcar con un poco de fuerza, las letras se quedaron sobre el papel y pese a que teníamos alguna que otra mancha de mas y alguna parte de las letras que no se tintaron perfectamente.
Decidimos que eran los suficientemente buenas para usarlas.
Así que salimos al patio para contarle la buena noticia a todos.
Tanto los herreros como los carpinteros y los comerciantes se alegraron tanto que casi estaban por dar saltos de felicidad.
●― No es por arruinar la diversión, pero aún nos queda mucho trabajo, este patrón de bronce está muy bien, pero aun así los vamos a pulir un poco.
Esta misma tarde los comerciantes os pondréis a ayudar a los carpinteros y a los herreros.
En plan todos los que no tengáis na’ que hacer.
― ― Varo ― A todo esto, cuantos patrones de estos tenemos que fundir.
― ●― Unos 4000…
― Se empezaron a quejar.
■― Vamos a hacer 50 cajas de estas, una por letra y vamos a ir de 50 en 50, así solo tenemos que hacer 80 fundiciones.
― (# ●― Tú sabes que no son 80 piezas por letra verdad.
― #) (# ■― Si, pero ellos no, al final haremos 150 por carácter.
Por cierto, tienes que hacer el espacio también y el (=) y el (+),(-),(·),(/)… ― #) (# ●― Ya me lo imaginaba, pero qué tal si cambiamos los números, sus número son un coñazo con esas formas.
― #) (# ■― Tienes toda la razón, vamos a cambiarlos.
― #) Todos se pusieron a trabajar, como locos, casi no nos dejaron participar, estaban tan seguros de lo que hacer que se auto organizaban.
Ya que todos sabían que hacer, me puse con Hunt a preparar la comida.
Hoy toco albóndigas con tomate.
Queríamos hacer pastas, pero no teníamos la a paramenta necesaria para ello.
Hoy en la comida ve como paulatinamente, como el que no quiere la cosa, los tortolitos se acercaban para hablar entre ellos.
Y cuando menos se lo esperaron, es decir al final de la comida, sacamos los pastelitos.
Como Hunt es un genio mando a Pudiente traer la velas más finas que encontrase.
Y le colocamos las dieciséis velas en unos cuantos pastelitos.
Y las encendimos.
●― Esta es una tradición de nuestro pueblo, cuando alguien cumple años.
― Le lleve la “tarta” delante de él.
Y entre Hunt y yo le cantamos el cumpleaños feliz.
(Los dos solos, fue lamentable o triste no sé, pero me dio vergüenza.) Le indicamos que soplara las velas, para afirmar que ya ha cumplido los años.
Y lo pusimos de pie encima del banco y entre Hunt y yo le tiramos de las orejas Dieciséis veces.
Todos parecían extrañados, pero se les veía felices, hasta que Hunt le guiño el ojo a Pudiente que con ayuda de las chicas sacaron los pastelitos para todos y los repartieron.
Ω ― Ω ― Ω El día siguió según lo planeado y al acabar el turno de trabajo fui directo a casa.
Donde me esperaba un nuevo reto.
Plantear un sistema de saneamiento para las casas.
Avise a Peter de que me iba por ahí y con la compañía de Antón como siempre me dirige al gremio de mineros.
Donde Drovak el maestro del gremio me recibió personalmente al enterarse que estaba por ahí.
― Drovak ― Mozo como tú por los aquís.
― Dijo bajando las escaleras.
●― Quería ver algunas cosas, y no sabía a quién acudir.
Y me han aconsejado venir a verte.
― Tras una breve conversación sobre el banquete y darme las gracias de resguardar a su familia en el “Bolsillo dimensional”.
Le explique mis intenciones, quería mejorar las condiciones de salud de la familia y si es posible de la ciudad asique para ellos, necesitaba una roca que sea suabe y lisa.
Sobresaltado y emocionado me agarro de una mano y tiro de mi hacia un almacén, conjunto al gremio, donde tenía una gran variedad de rocas y muestras masivas.
― Drovak —¡Ah, Neo!
Vení, vení — (No tires tanto que me vas a romper la mano.) — Te voy a mostrar unas piedras que…
madre, madre, madre.
― Se acercó a una como si fuera del tamaño de una pulga, mirándola desde muy, muy cerca.
― Drovak — Mirá esta, por ejemplo la (Lunapiedra), suave como teta y con un brillo como el del maná recién desplegado — (¿Suave como qué?) — No, mejor mirá esta otra, que ni se agrieta ni aunque le metas el doble de maná de lo normal — (Ajá…) —¡Esta es una joya!
La (Silina).
No brilla tanto, pero es facilitita al tallarla.
Parece que estuvieras cortando carne recién cazada, y si le añadís un poco de maná se pone calentita…
como la novia cuando la acariciáis ya sabés tú dónde.
― Me guiñó un ojo y me dio un golpe en la espalda con la palma abierta.
― ― Drovak —Esta otra es una maravilla para moldearla — (¿Eso no es arcilla?) — Esta que parece seda petrificada es la (Albamar), azulita, delicada, y con solo mirarla te quedás echizado.
― Se quedó un rato mirándola, tanto que Antón y yo nos miramos raro.
Al salir del trance, continuó.
― Drovak —Esta de aquí, más tosca, es la (Maglita), rugosa como cáscara de (algún monstruo), pero guarda el calor mágico como un horno de panadero, ¡ni se inmuta!
Y si querés algo que no chupe maná ni por error, agarrá esta la (Rocaclara), que es tan clara que parece de vidrio sucio, pero repele el maná como si fuera agua maldita — (Vale…) — ¡Ah!
Esta finita de aquí es la (Tolmenita), fuerte como mi esposa, que no se parte ni, aunque le metas el cincel por donde no entra.
Ideal para moldear sin miedo.
― (Duras declaraciones, joder, jajajajaja.
Pero este pibe de donde ha salido.) ― Drovak —Mirá esta otra, la (Serenita).
No tiene brillo, pero es suave al tacto — Se agachó para acariciarla con la cara.
— Y si le ponés peso con maná, se aplana sola, como si supiera que tiene que quedar perfecta.
― ― Drovak — Esta es la (Volgarita), un poco porosa, sí, pero si la calentás bien, se tapa sola, deja de ser rugosa.
¡Y esta belleza vetada es la (Zafirina)!
Fuerte como una lanza enana y bonita como mármol de noble, ¡una delicia tallarla!
Nos habló de sus piedras durante más de una hora, y la mitad del tiempo no entendí para qué servían ni en qué se podían usar.
Con ayuda de Hunt, mediante fotos, decidimos escoger quince de ellas.
Con cada roquita que picaba, se le iba el alma al hombre al ver cómo rompía a sus pequeñas “hijas”.
Al salir del gremio, Antón y yo no pudimos aguantarnos la risa y empezamos a comentar las rarezas del hombre.
Que, pese a ser raro…
es buena persona.
Nada más llegar a casa, rompí cada una de las quince piedras en dos, quedando treinta mitades que sumergí en dos tipos de sustancias diferentes.
Astrid me regañó por usar quince vasijas llenas, que según ella era un desperdicio enorme, pero no me importó.
Quince mitades fueron a parar a un líquido ácido, extraído del jugo de unas frutas cítricas que había conseguido, y las otras quince se sumergieron en una solución básica hecha con agua y cenizas.
Ahora solo quedaba esperar y ver qué reacción tenían esas rocas en sus baños mágicos improvisados.
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