Dos ingenieros en otro mundo - Capítulo 35
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35: Dia 6 Mes 4 35: Dia 6 Mes 4 {{Al final de este capítulo hay conversaciones que pueden incomodar a algunas personas, incluso a quienes comparten mi punto de vista.
Aun así, las he escrito sin ayuda y con la mejor intención.
}} Anoche, después de que Hunt y Selene se fueron, me quedé con Durman intentando explicarle cómo hacemos los botes de cristal.
Él ya lo había visto como otros moldeaban el cristal, y por envidia, compro arena para intentarlo el también.
Aunque sus “creaciones” le parecieron buenas, (a decir no lo son tanto) , yo no podía dejar de pensar que podían ser mucho mejores, si aprendiera de Emiliano.
En cuanto a nuestros moldes, tienen imperfecciones, que pasan al producto final asique, con las herramientas de la subdimensión, elimine dichas imperfecciones (Estoy haciendo un poco de trampas, usando nuestras herramientas, sí, pero si Hunt no lo sabe no pasa nada.
😛 ) No era por capricho, cuanto más bello se vería el bote, más atraería las vista a los comerciantes y comprarían la mayonesa solo por el bote.
Ω ― Ω ― Ω Hoy me esperaba un día muy largo, y sabía que íbamos a trabajar sin descanso.
Al llegar al taller, los artesanos ya estaban allí, preparados y con ganas, se notaba que querían terminar la imprenta y empezar a imprimir.
Sobre la mesa de Mateo había una pila enorme de papel, más que un montón, parecía una pequeña montaña, y varias bolsas grandes de tinta en polvo.
Las secretarias, Marte y Otilia, prepararon la tinta, un líquido espeso y oscuro, con un olor intenso que impregnaba el aire.
Hunt, como siempre, se había escapado para “gestionar” la compañía, aunque en realidad pasó varias horas dando clases a los niños.
Después, se puso también a trabajar con Emiliano y los botes de cristal, y tuvo la idea brillante de usar el horno de la cocina para enfriarlos poco a poco.
Al hacerlo así, es decir realizar un enfriamiento paulatino, evitaba el choque térmico que puede provocar tensiones internas y microgrietas, capaces de romper el cristal de forma casi espontánea en un uso el futuro, esto supondría una tragedia para nuestra empresa.
Sobre todo, para el marketing.
El papel, de momento, es basto, rugoso y duro… y además carísimo ( de cojones ).
Pero no todo es malo al ser tan grueso, la tinta no se traspasa a la otra cara, lo que nos permite trabajar con una técnica sencilla pero efectiva.
Tengo ocho horas para imprimir la máxima cantidad de libros de matemáticas y lengua posible, así que decidí trabajar por bloques de dos horas.
Las dos primeras horas las dediqué a las páginas pares del libro de matemáticas, colgándolas luego a secar, como si fueran ropa, en largas cuerdas tendidas de un lado al otro del taller.
Con el sistema FIFO (First In, First Out, o primero en entrar, primero en salir) me aseguraba de que, para cuando empezara con las páginas impares, las caras pares ya estuvieran secas.
Nada más empezar, me lancé a imprimir sin descanso.
Mi objetivo era claro sacar cien ejemplares de cada libro… pero pronto vi que eso sería casi imposible.
Tardo dos minutos en imprimir cada página.
Somos once en el equipo.
Si preparo con antelación los patrones de la página siguiente, puedo reducir el tiempo de cambio de modelo.
Podría encargarme yo, o quizá Sandro, que podría colocar todos los patrones de una sola pasada.
Val pondría la hoja, Paco y Hannes entintarían los patrones con los tampones, ya sumergidos en los platos de tinta.
Mateo accionaría la prensa, Val retiraría la hoja y se la pasaría a Grzegorz, que la colgaría.
Jean se encargaría de secarla.
Dome sacaría los patrones de la imprenta y, con Varo, los limpiaría para que yo los volviera a ordenar.
Sandro y Fabien podrían turnarse en esas tareas.
Y aun así… entre cambios y ajustes, cada página seguía costando unos dos minutos.
En dos horas para las páginas pares, con un libro de veinte páginas sin contar portadas, son diez páginas distintas.
Eso significa que, en 120 minutos, obtengo sesenta impresiones.
Diez tipos diferentes… así que solo seis ejemplares completos del libro de matemáticas al final del día.
(Me cago en toda la puta madre, joder, joder.
6 putos libros de mierda.
Joder.
Con 6 libros no se puede ni presumir, de haber hecho una imprenta.) El libro, por cierto, le ha quedado muy bien a Hunt, comienza explicando los números del 1 al 9, luego el 0, sigue con unidades y decenas, pasa a sumas y restas, explica los números negativos, después la multiplicación, las tablas del 1 al 10 y, en las últimas tres páginas, la división.
Todo muy bien planteado… aunque no hacía falta que me usara como ejemplo en todos los ejercicios.
(Ejemplo: “Neo no tiene monedas de oro.
Es decir, Neo tiene 0 monedas de oro”).
Muy gracioso.
La comida estuvo a cargo de Hunt, que, aunque se hizo un poco el “despreocupado”, en realidad se esmeró.
Preparó patatas fritas con chuletones y alguna ensalada.
Eso sí, nunca ha sido de complicarse la vida, así que su forma de cocinar era sencilla y directa.
A pesar de eso, las patatas salieron deliciosas, crujientes por fuera y suaves por dentro.
Comimos todos juntos, con un ambiente relajado y casi festivo por el trabajo logrado.
Después de comer retomamos la impresión, esta vez con los libritos de lengua, siguiendo la misma técnica: primero una cara, dejar secar y luego la otra.
Pero fue más complicado.
No conseguimos más de cuatro ejemplares.
Las letras… todo exigía más precisión, y la tinta tardaba más en secar.
El cansancio empezaba a notarse y, con él, se colaron algunos errores.
Al final del día, en total habíamos sacado diez libros.
Ni siquiera la mitad de lo que queríamos para la marquesa.
El plan inicial era ambicioso: cien de matemáticas y cien de lengua, para regalarle un lote completo y empezar a difundir el conocimiento en la ciudad.
Pero el tiempo se nos fue, y el horario marcó el final de la jornada.
Cuando la mayoría ya se había marchado, Hunt y yo nos quedamos solos.
Decidimos hacer un último esfuerzo cinco libritos más, esta vez de matemáticas avanzadas, con conceptos de álgebra lineal.
Las fórmulas fueron un reto tuve que dibujar a mano los paréntesis y las matrices, porque todavía no tenemos plantillas para imprimir símbolos tan complejos.
Fue agotador, sí, pero también emocionante.
Mientras trabajábamos, él y yo solo, en esos libritos avanzados, conversamos sobre nuevas ideas que nos podrían hacer la semana que viene, ideas como una regla de cálculo, para facilitar los cálculos matemáticos, Hunt quería hacerla de madera, sencilla, mientras que yo prefería que fuera de metal, más resistente y duradera.
Pero para eso necesitábamos primero hacer planchas de acero, y con ellas empezar a trabajar la industria pesada que si rodillos para laminar, motores eléctricos o de vapor para impulsar máquinas, y pensar en crear calderas y sistemas que distribuyeran potencia a diferentes herramientas.
Comenzamos a soñar con el uso que le podríamos darles a los cristales de Magiston.
Sobre todo, como fuente de calor para las calderas, para generar vapor y poner en marcha un ciclo ranking de potencia, para las máquinas que pudieran multiplicar nuestra fuerza y productividad.
(Terminé el día agotado, pero con la cabeza llena de proyectos y planes.
Sabía que el camino iba a ser largo y difícil, pero también que estábamos dando los primeros pasos para cambiar todo a nuestro alrededor.) Llegué a casa tardísimo, menos mal que después de acabar los libros de matemáticas las chicas de general se pusieron a encuadernarlos tal y como les enseñaron Marte y Otilia.
Se tuvieron que quedar un par de horas más para acabar de encuadernar todos los libros de lengua, pero cuando les dijimos que les pagaríamos 1,5 veces más la hora extra no se quejaron; creo que tampoco lo iban a hacer si les pagábamos lo mismo, pero nos pareció injusto.
Bueno, total, que llegué a casa super tarde.
Durman y Astrid ya se habían echado a dormir y Dalia me esperaba en el taller mejorando su minihornillo en base al mío.
Fui por detrás intentando no hacer ruido y la pillé por la cintura; casi se cae de la silla del susto que le di.
Después de una pequeña reprimenda me duché y cené mirándola cómo investiga mi hornillo y cómo toma notas.
●― ¿Quieres un poco?
― Le dije levantando el plato hacia ella.
― Dalia ― No, ya he comido.
― ●― Venga, abre la boca… ― Dije acercando el tenedor y moviéndolo en círculos.
― ¡Mira el avioncito!
― Ella me miró ladeando la cabeza, con las cejas fruncidas.
― Dalia ― ¿Por qué mueves así la mano y dices esas palabras raras?
― ●― Es… un juego que decía mi madre cuando yo era niño para que comiera cuando no quería.
― ― Dalia ― Eso no tiene sentido, ¿Qué sentido tiene?
― Dijo apartando el tenedor, intentando contener una sonrisa.
●― No sé… pero anda, prueba.
― Ella negó con la cabeza, pero al final compartimos mi cena.
Este tipo de momentos donde todo el mundo desaparece y solo estoy con ella, (y Antón), me parecen un verdadero regalo de Dios.
No solo por la compañía sino por la forma en que se mueve su pelo, la forma en que analiza el hornillo, le da vueltas, lo sujeta con una mano mientras con la otra escribe, por cierto, es ambidiestra.
Su manera tan sutil de dejar la pluma, también la forma en la que de vez en cuando se levanta, da unas vueltas, vuelve y se va.
Se sienta y con un pie inquieto repasa runas, las escribe, les cambia algo, las junta en una runa más grande.
― Dalia ― No te cansas de mirarme como un tonto.
― ●― No, por algo estoy enamorado de ti.
― ― Dalia ― No digas tonterías, vete a dormir o ayúdame, pero no me estés molestando.
― Dijo recolocándose el pelo sobre la oreja.
●― Creo que mejor me voy a dormir.
― Me levanté y, por detrás de ella, la agarré por la cintura para llevármela al hombro.
― Dalia ― Déjame, que estaba a punto de descubrir cómo has hecho… ― ●― Calla y vamos a dormir, que ya es tarde y mañana vas a trabajar.
― Dije dejándola sobre el primer escalón de la escalera que lleva al primer piso, para igualar nuestras alturas.
― Dalia ― Mañana vas con la marquesa, ¿no?
― Dijo rodeándome el cuello con sus brazos.
●― Por desgracia, sí.
― ― Antón ― Ver a la marquesa no es una desgracia.
― Dijo desde atrás mía, como si hubiera aparecido de la nada, igual que lleva haciendo desde que la marquesa le ordenó “acompañarme” a todas horas.
●― Bro, desgraciado, ni un minuto con mi futura esposa me dejas.
― Le reproché, dándome la vuelta para mirarle, que Dalia aprovechó para subirse a caballito a mis espaldas.
― Dalia ― Como en esa historia tuya, a por los molinos.
― Dijo medio gritando.
Le hice una seña a Antón para subir primero por las escaleras, pero me miró raro, como si calculara si había alguna escapatoria por la ventana.
●― Sube tú primero, anda.
― ― Antón ― ¿Por qué?
― ●― Porque si subes detrás estarías pecando… o podrías tener pensamientos impuros.
― Dije apretando más fuerte los muslos de Dalia para que no se resbalara.
― Dalia ― ¿De qué habláis?
― Preguntó sin entender nada, mirando por encima de mi hombro.
― Antón ― …Entiendo.
― Dijo suspirando antes de subir.
Tras cambiarme de ropa me dejé caer en la cama y Dalia se acomodó, como siempre, medio encima de mí.
― Dalia ― Cuéntame otra historia de esas de tu mundo… ― ●― Está bien… ― Empecé a narrarle la historia de una joven princesa sirena el mar.
(Existe las sirenas en este mundo.) Cuando iba a contarle el final, vi que ya se había quedado casi dormida.
●― Justo cuando iba a decirte que, al salir el sol, su cuerpo se convirtió en espuma sobre las olas… ― susurré, observándola dormir.
En ese instante recordé cuando me confesó que el sonido de mi corazón y mi respiración la tranquilizan.
Me quedé mirándola, dejándome acurrucar por el mismo ritmo que ahora la mantenía en paz.
Ω ― Ω ― Ω Entre mis muchos errores con el libro de lectura, debo decir que ya estaba cansado… y eso que yo no era el que más trabajaba.
Los chicos comenzaron a hacerme preguntas, dudando sobre Tolmas y Dios.
— Varo — Neo, ¿te puedo hacer una pregunta?
— ●— ¿Me he dejado alguna letra?
— Dije preocupado.
— Varo — No.
— Resopló mientras sonreía.
— Hee… no es sobre esto, es otro tipo de pregunta.
― ●— No me asustes, dime qué pasa.
― — Varo — El otro día, cuando vino mi hijo, antes de decirnos que los trajéramos a estudiar.
— El hombre tomó aire.
— Dijiste unas palabras muy raras que no entiendo.
― ●— Disculpa que te interrumpa, ¿cómo le ha ido a tu hijo e hija aprendiendo con Hunt y Marte?
¿Qué clase les gusta más?
― — Varo — El mayor está todo el día practicando los números que el señor Hunt le enseña, y la pequeña le corrige… pero eso es solo cuando practican dibujar los números.
Eso fue el primer día.
Ayer el señor Hunt les dio papel y tinta para que copiasen todo lo que la señorita Marte les enseñara.
― — Paco — Mis hijas están igual, no paran de hablar de cómo es aprender y lo difícil que es entender a Hunt.
― — Mateo — Los míos se pelean uno dice que los números se tienen que quedar como están y el otro le pega, diciendo que los números que enseñáis son mejores, que tienen más sentido.
― ●— Que se peleen está mal, pero que discutan está bien.
Cuando aprendes, cada uno ve y entiende las cosas de manera diferente.
Poner en común lo que hemos aprendido nos permite avanzar.
Hay que cambiar estos patrones por los nuevos.
― — Varo — Voy… — Dijo el hombre entre risas, por las historias de los demás.
Después de cambiar los patrones, se sentó a mi lado.
— Ese primer día dijiste algo como buenas aventuras tiene el que da y no el que recibe.
●— Ah, vale, ya sé.
Lo que dije es más bienaventurado es el que da que el que recibe.
Es un versículo de la Biblia.
― — Varo — Pásame otra hoja, Dome — Dijo girando.
— Disculpe, señor Neo, me acabo de dar cuenta de que estamos hablando más que trabajando.
― ●— A mí me da igual.
Dime qué te quita el sueño.
― — Varo — Es esa palabra… bienaventurados, o como la digas.
¿Qué significa?
― ●— Mmm… me acabas de poner en un aprieto.
Es una palabra extraña para mí también.
Yo la entiendo como que una persona bienaventurada es alguien a quien tendrías que envidiar, porque es feliz, disfruta de una profunda alegría espiritual y goza de la vida, especialmente en relación con Dios y su Reino. ― — Varo — No me suena que eso esté escrito en las tablillas de Tolmas.
― ●— Es que no es de Tolmas, sino de Dios.
― — Varo — No entiendo… ¿Tolmas no es Dios?
O es que ¿Acaso crees en otro dios que no es Tolmas?
— Dijo sorprendido.
— ¿Pero eso se puede… sin que te calcinen los Parakines?
― ●— ¿Qué es eso de Parakines?
― — Antón — Son los guerreros del templo de Tolmas.
Siempre van armados y son súper fuertes.
Hay que tener al menos maná de nivel 3 para poder entrar.
Yo podría ser uno.
― (Conque siguen a Tolmas eeeee ¿nuevos trabajadores?) ●— Yo creo en Dios… uno muy diferente a Tolmas.
― Todos los artesanos se detuvieron para escucharme, dejando de golpear los tampones con los patrones.
●— ¿Qué pasa, dije algo extraño?
¿Por qué habéis parado?
― — Grzegorz — ¿No le temes a Tolmas?
― ●— ¿A Tolmas?
No.
― — Paco — ¿Ni a los Parakines?
― ●— No.
― — Varo — Con lo inteligente que es usted, es tan imprudente negar a Tolmas delante de todos nosotros… ― ●— ¿Y?
— Le dije mirándole a los ojos, casi provocándole.
— Sandro — Negar a Tolmas es pena de muerte.
¿No teme por su vida?
― ●— No, qué va.
Yo solo temo a Dios… bueno, y a veces a mi suegra, que me entierra vivo si me porto mal.
— Todos se rieron.
— Ahora, en serio en la Biblia dice que, si Dios está conmigo, ¿quién se atreverá a estar en contra de mí?
— Fabián — No le tienes miedo a vivir fuera de la ciudad, ni a los Parakines, ni siquiera a Tolmas.
― ●— No.
Ya les he dicho que no tengo miedo.
― — Sandro — Entonces tu Dios está contigo ahora mismo… yo no lo veo — Dijo medio burlándose.
●— Un gran maestro, hace muchos años, dijo que para que un dios sea El Dios verdadero debe cumplir tres condiciones mínimas: saberlo todo, estar en todo momento y poder hacerlo todo.
— Jean — Eso no tiene lógica.
No puede existir un dios así.
¿Cómo va a saber lo que he hecho esta mañana?
― ●— Es extraño… nosotros, como seres humanos, nunca podremos entender a Dios.
Porque, si pudiéramos comprenderlo del todo, ¿no significaría eso que somos como Él?
— Fabián — Visto así, tiene sentido que no podamos entenderlo.
― — Grzegorz — Cuéntanos más sobre ese dios tuyo.
― — Varo — Sí, eso, ¿Cómo es?
― ●— Esperad, primero ayudadme un poco, que no puedo hacer esto solo.
— Se pusieron en corro alrededor de la imprenta para seguir trabajando.
— Dios es un misterio para todos.
Sabemos que hay un solo Dios, pero como no podemos entenderlo, se divide en tres personas: Dios Padre, el Hijo llamado Jesús, y el Espíritu Santo.
O eso creo yo.
No soy sacerdote ni lo entiendo todo… tened eso claro.
― — Varo — Vale, no tienes todas las respuestas, pero explícame eso de las buenas aventuras.
― ●— Hay unas cuantas, pero si no me equivoco hay ocho principales… creo.
Como la del otro día.
Vamos a ver si las recuerdo Dichosos, que quiere decir felices o bienaventurados, los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
Dichosos los humildes de corazón, porque recibirán la tierra en herencia.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Dichosos los compasivos, porque recibirán compasión… Espera, pásame otra hoja, Varo, que está ya está.
― — Varo — No pares de hablar, quiero escucharlas todas.
― ●— Voy, voy… creo que seguía Dichosos los puros de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios… y me falta una… mmm claro Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque el reino de los cielos les pertenece.
Y la que más me gusta a mí: Bienaventurados serán ustedes cuando por mi causa los insulten y persigan, y mientan diciendo contra ustedes toda clase de mal.
― — Fabián — No entiendo… ― ●— Si quieres encontrar a Dios, tienes que ser, o buscar, a ese grupo de personas.
― —Varo — Entonces no hay que hacer sacrificios para estar cerca de Dios.
●— Por supuesto que no.
Dios bajó al mundo hecho hombre, es decir, nació como ser humano y se llamó Jesús, y murió por nuestros pecados, y al tercer día resucitó.
― — Antón — Pero todo lo que les cuentas a estos hombres es blasfemia ante Tolmas.
Nadie puede resucitar.
Eso lo dice Tolmas en sus mandatos una vez muerto, muerto serás.
― — Grzegorz — ¿Cómo puedes decir eso de alguien?
Eso es pecado, Tolmas te castigará.
― ●— Puede que sí, pero yo nací de carne y luego de espíritu mediante el bautizo, por lo que soy de Dios, no de Tolmas.
Hace ya unos años recé a Dios Padre, diciéndole que haga de mí lo que Él quiera, que se haga Su voluntad, no la mía.
Rezo, cada día, rogándole que me indique cuál es su camino, su voluntad, qué es lo que quiere de mí.
― — Fabián — ¿Y te contesta rápido tu Dios?
●— Dios responde de tres maneras a nuestras peticiones: nos dice vale, tómalo ahora, o no, espera, y te lo daré cuando lo necesites de verdad, o no te lo voy a dar porque tengo algo mejor para ti.
― — Jean — Entonces es fácil si te contesta.
― ●— Dios Padre no nos habla directamente como tú y yo, sino que lo hace el Espíritu Santo.
― — Antón — ¿Y cómo es ese Espíritu Santo, ese… tulló?
●— Jesús, es decir, Dios hecho hombre, le dijo una vez a un gran maestro… Él tampoco lo entendió, y Jesús le preguntó de nuevo ¿Qué escuchas?
Y el gran maestro dijo El viento.
Y Jesús dijo ¿Sabes de dónde viene el viento?
No, dijo el gran maestro.
¿Puedes controlarlo?
No, dijo el gran maestro.
Y Jesús dijo Pues así es el Espíritu Santo lo sientes y sabes que es Él quien actúa.
Creo que no os lo he contado bien, pero es así, cuando Dios actúa, sabes que es Él, porque está en nuestra naturaleza entender a Dios. ― — Varo — Y lo del otro día… esa buena aventura no está en la que recitaste hace poco.
― ●— No, porque las anteriores son un mapa para encontrar a Dios.
Esa es otra guía, y un versículo.
Espera hay que cambiar los patrones y de paso si me lo permitís iré a tomar un poco de agua.
― — Paco — Voy yo.
― ●— Ya me acuerdo hay un versículo muy bonito que dice algo así: No paguen a nadie mal por mal.
Procuren hacer lo bueno delante de todos.
Si es posible, en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos.
No se venguen ustedes mismos, queridos hermanos, sino dejen lugar a la ira de Dios, porque está escrito ‘Mía es la venganza, yo pagaré’, dice el Señor.
Más bien, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber.
No te dejes vencer por el mal, sino vence el mal con el bien.
— Paco — Pero si Tolmas nos dijo que, si alguien nos hace daño, le devolvamos el mismo daño… ― ●— Entonces me quieres decir que si, por ejemplo, yo te piso sin querer ahora porque estamos todos aquí reunidos y por la prisa te piso, ¿tienes derecho a darme un puñetazo o una patada?
― — Varo — Eso sería lo justo.
― ●— No, queridos amigos, eso no es justicia, eso está mal.
― — Fabián — Pero eso dice la ley de Tolmas devuelve mal por mal.
― ●— No sé ustedes, pero a mí no me gusta.
Vamos a dejar el tema para otro momento hay que trabajar y no quiero errar más de lo que ya he errado, ni quiero que me peguéis por haceros daño sin querer.
― — Varo — Yo jamás te pegaría, después de todo lo que me has dado… — El hombre bajó la mirada y no acabó la frase.
Los demás también se quedaron pensativo un momento hasta que Varo interrumpió el silencio.
— Varo — ¿Y cómo dices que le tengo que rezar a ese Dios tuyo?
― ●— Es fácil enciérrate en tu cuarto, sin que nadie te vea ni te escuche.
Cuéntale tu día, dile a Dios lo que te preocupa, de qué tienes miedo.
Si quieres, pídele lo que necesites, porque Él te escucha y nunca te echará en cara lo que le has contado.
No le dirá a nadie lo que le has dicho, y lo mejor de todo es que Él ya sabe lo que le vas a decir, cuándo y cómo se lo vas a decir… pero aun así está contigo y pacientemente te escucha. ― ― Varo ― Es así de fácil ― ●― Jesús dijo una vez, vengan a mí, los que trabajan y están cansados y yo les daré descanso.
Lleven mi yugo encima y aprendan de mí, porque soy manso y humilde de corazón y hallaran descanso para sus almas.
Porque mi yugo es fácil y mi carga es ligera.
― Después de esa frase no volvimos a hablar el resto del día.
Todos estaban pensativos, algo raro en ellos, como planteándose la vida.
Estaban callados, cruzaban las palabras justas para poder trabajar, pero poco más, con lo caótico que era siempre todo.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Miret_2O Nota del autor Al igual que en muchos animes y mangas, donde se muestran conversaciones y creencias propias de sus personajes, en esta historia he querido hacer lo mismo.
Neo, creyente cristiano, y Hunt, más cercano al agnosticismo, fueron criados en Europa y, por ello, ambos tienen una base cultural cristiana.
Dentro de la trama descubrirán que la religión de Tolmas no es lo que parecía: es macabra y exige sacrificios humanos.
A Neo y Hunt les repugna formar parte de ella, por lo que negarán a Tolmas en todo momento.
En este capítulo, las conversaciones religiosas aparecen al final para que quien no quiera leerlas pueda saltarlas sin perder el hilo de la historia.
Si lo prefieren, pueden tomarlas simplemente como enseñanzas para ser mejores personas, evitar sacrificios y rechazar el “ojo por ojo”.
A quien no sea cristiano, le pido que no critique la novela únicamente por incluir enseñanzas cristianas y no las de otra religión.
Si alguien desea que marque el inicio y el fin de las conversaciones religiosas, puede pedírmelo de forma amable y lo haré.
El respeto entre lectores y autor es esencial; si no te gusta el enfoque, siempre puedes pasar de largo y centrarte en las partes de la historia que disfrutes.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com