Dos ingenieros en otro mundo - Capítulo 43
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43: Dia 10 Mes 4 N 43: Dia 10 Mes 4 N Me pasé toda la noche en vela, estaba francamente cansado, mis niveles de maná estaban casi agotados; trabajar para la marquesa es casi como una tortura, tener que gestionar a tantas personas de un día para otro no es poca cosa.
Quitando mis inseguridades y mis preocupaciones de mañana, necesitaba entender cómo funciona la magia de este mundo.
No entendía cómo las personas usaban la magia, por lo que me pasé toda la noche conectado al superordenador mientras mi cuerpo descansaba.
Esto seguramente me pase factura por el desgaste mental, pero bueno, la falta de conocimiento me preocupaba más.
En este mundo, como ya todos sabemos, existe la magia; los mutantes o animales o monstruos usan la magia de manera intuitiva, al igual que Hunt y yo, que aprendimos de ellos.
En cuanto a las personas, al menos las de esta ciudad, la usan de otra manera.
Según pude ver ayer, tanto en el taller de los herreros como en el de los carpinteros, los artesanos usaban círculos mágicos, como en los videojuegos.
Al parecer, o lo que tengo entendido, lo que Hunt o yo podemos hacer usar magia sin conjurarla es algo poco común.
Según me contó Astrid, solo los más experimentados magos de la corte del rey podrían llegar a tal hazaña.
Volviendo a las personas comunes, el hechizo más común es el de “Chispa”.
Al conjurarlo se debe dibujar un círculo en el aire con un dedo, dejando maná a medida que el dedo recorre el aire; luego, en el centro, se debe dibujar el carácter o runa de chispa.
Según me di cuenta observando a los aprendices, se necesita al menos un 80% de exactitud cuando se dibuja el círculo mágico.
Según nuestra experiencia al crear los superhechizos, se gasta una cantidad de maná para invocar o dibujar el círculo mágico y luego se usa maná para mantener la acción.
En caso de que el hechizo en cuestión sea de naturaleza constante, por ejemplo, una esfera de fuego, ha de mantenerse en el tiempo, pero la chispa es un momento.
Pero dibujar el círculo mágico de manera precisa, o al menos con un 80% de exactitud, es un tanto complicado, así que se ha optado por crear papiros con los dibujos de los hechizos más usados de cada gremio.
Por ejemplo, los herreros usan Chispa todas las mañanas, por lo que tienen el dibujo tallado en una piedra dentro del horno.
Los carpinteros usan otros círculos, cada cual más complicado.
El problema es el de siempre: los carpinteros, al igual que los herreros, no tienen suficiente maná almacenado, ya que no tienen una buena dieta.
Debido a la mala alimentación, ayer varios chicos aprendices del gremio de carpinteros se desmayaron.
Según pude analizar a los perjudicados, al llegar a menos de un 5% de maná propio, las personas se desmayan; en nuestro caso, podemos aguantar incluso tener 0% durante varias horas sin darnos cuenta.
Cuando nosotros nos quedamos sin maná, nos empieza a doler el pecho y de manera paulatina el dolor nos paraliza.
Al despertarme, Dalia no estaba, así que fui directo al taller, pero tampoco estaba.
Según me contaron, ya se había ido a la universidad.
Me desperté algo tarde.
(:P) Cuando llegué al gremio de carpinteros, la marquesa estaba esperándome: quería que montase las imprentas que ya tenían hechas.
— Sorina — Llegas un poco tarde.
― ●— Se me han pegado las sábanas.
― — Sorina — ¿Cómo?
●— Es una forma de hablar.
― Me pasé toda la mañana montando las imprentas con la ayuda de dos chicos; a medida que pasaba la mañana me llegaban piezas de un gremio y del otro.
Antes del mediodía tenía ya 8 montadas y otras 4 casi listas.
Como tengo la subdimensión y tengo que mantener las apariencias, fui a entregarlas de una en una a los gremios, obviamente acompañado por la marquesa, no vaya a ser que me quede alguna o algo.
Mientras los artesanos comían, visité los gremios.
Primero fuimos al gremio de trabajo, donde Myrla me recibió con mucho cariño.
Hablando con ella y la marquesa decidimos entregarle solo una imprenta de momento, para poder repartir a los demás también.
Mirla y Nira aprendieron súper rápido a usar la imprenta; cuando me fui parecía que siempre hubieran tenido imprenta.
Para ayudarles un poco les dejé puesto un ejemplo de contrato de trabajo.
(En verdad Hunt me ha hecho un ejemplo para cada gremio y solo lo he tenido que copiar.) El contrato tenía los datos típicos: nombre, apellidos, dirección, contratado, contratante, salario… lo típico.
Hoy fue cuando me di cuenta de que el gremio de trabajo y el de comerciantes están pegados uno al otro, espalda con espalda, dando cara a calles paralelas.
Seguramente las dos estuvieron jugando con las imprentas de Sena y Selene.
Luego, por petición de la marquesa, fuimos al gremio de médicos, donde Salvia tomó el puesto de maestra del gremio, dejando el puesto de administrador vacante.
Ella no parecía estar a gusto con su puesto, de hecho estaba bastante agobiada.
Nuestra visita fue liberadora, ya que nos pasamos una media hora larga explicándole cómo usar la imprenta.
Al igual que en el gremio de trabajo, dejé un ejemplo de ficha de paciente, con datos de la persona como edad, peso, altura… ― Salvia ― Neo, antes de irte tienes un momento para hablar con Samuel.
― ●― Ahora mismo no puedo, tengo que entregar más imprentas, y estoy con la marquesa, que está malhumorada porque hoy me he quedado dormido y está enfadada conmigo.
― ― Salvia ― Entonces hoy no vas a poder, supongo.
― ●― No creo, pero mañana por la noche, si va todo bien, estoy en casa, así que si queréis venir estará solo para vosotros.
― ― Salvia ― Es una promesa.
― ●― Por supuesto.
― Volví al gremio de carpinteros para recoger otra, pero la marquesa me dijo que fuera a comer también, así que no me quedó de otra que comer con ella y Antón.
Luego del descanso volví a montar, con la atenta mirada de la marquesa.
La parte buena, y por lo que pude acabar rápido, es gracias a Durman, que me mandaba cajas ya para entregar; en cada caja tenía exactamente los tipos móviles que necesitaba para la entrega.
Acabé las 4 que dejé empezadas por la mañana y me puse con las otras 18, que las comencé a montar a la vez.
Gracias a Mateo se hicieron 14 grupos de 5 personas; yo estaba en el medio con él y teníamos siete grupos a cada lado, que nos copiaban cada movimiento.
Al final del día tenía todas las imprentas listas para entregar, solo me faltaba eso, entregarlas.
Pero cuando menos me lo esperaba apareció la “increíble” Miriam, la directora de la universidad, acompañada, cómo no, por mis dos señoras.
La risa de ambas me daba mala espina.
― Miriam ― Hola, buenas, ¿cómo está esta marquesa Sorina?
― Fue a saludar directamente a la marquesa, sin prestar atención a nada más.
― Sorina ― Cómo has estado, querida, hace mucho que no nos vemos.
― ― Miriam ― Desde el banquete de sus… ― ― Sorina ― No hace falta hablar de ese tema ahora.
¿Qué la trae por aquí?
― ― Miriam ― Se habla de que unos jóvenes han creado un artefacto para copiar documentos y solo quería saber más.
Se cuenta que esta semana los jóvenes fabricarán una de estas imprentas, creo que se llaman, para cada uno de los gremios.
Vaya unos jóvenes más estúpidos, cómo se les ocurre decir que pueden hacer 30 máquinas en unas semanas.
Seguramente tardaron meses en hacer una.
― ― Sorina ― Bueno, te has equivocado, no han sido los dos jóvenes, sino solo uno de ellos, y hoy ha acabado de hacer las 30 imprentas que le encomendé.
― ― Miriam ― Qué graciosa es usted, fui personalmente al gremio de comerciantes a ver una de esas máquinas y estoy segura de que un solo artesano, por muy bueno que sea, no es capaz de hacer una de esas máquinas él solo.
― A la vez que Miriam y Sorina entablaban conversación, en contraposición mi segura y queridísima novia no dudaron en ignorarla.
Dalia se acercó a mí y me dio un beso.
(Así, de la nada, como si fuera normal.
Joder, es la primera vez que me da un beso en público, ¿a esta qué le pasa?
Aaa, qué vergüenza y todo delante de Astrid, que seguro que se le ocurre algo.) ― Astrid ― Vaya, vaya, qué ven mis ojos.
― ― Dalia ― Mamá, no ves que mi querido novio está ansioso de verme.
― (Mira que es mala.) ●― Bueno.
― Dalia me tomó de la mano y se colocó delante mía, obligándome a mirarla solo a ella.
― ¿Qué os trae por aquí?
― ― Dalia ― ¿Nos puedes hacer una imprenta a nosotras también?
― ●― Eso no depende de mí.
― ― Dalia ― Venga, no seas así.
― ●― De verdad, los planos de la imprenta son de la marquesa, le tenéis que pedir permiso a ella.
― En ese mismo momento Dalia me soltó de las manos para dirigirse a la marquesa.
La marquesa dio dos pasos hacia atrás para presumir.
Se interpuso entre Antros, Dalia y yo, que estábamos hablando de fondo.
Extendió las manos como un ave, presumiendo.
― Sorina ― Por eso, el chico ha usado a todo el gremio de carpinteros y el de herreros.
― En la reunión que tuve con la marquesa ayer por la mañana quedamos en mantener en secreto quién ha realizado las 30 imprentas.
Así que, en vez de decir mi nombre, usó “el chico”, pero su discreción deja mucho que desear.
― Miriam ― Ese chico fabricó todas las imprentas.
― ●― No sé de qué estás hablando, yo solo estoy aquí de casualidad.
― ― Miriam ― Qué insolente, ¿quién te crees que eres?
¿Acaso no sabes quién soy?
― ●― Por desgracia sí sé quién es, pero tampoco es que me importe mucho su posición de directora de la universidad, sobre todo si no es capaz de crear un invento que valga la pena.
― Astrid y Dalia soltaron una risa, algo disimulada.
― Miriam ― Qué falta de respeto, llamaré a los guardias para que te arresten.
― ― Sorina ― Como… ― Astrid no la dejó hablar.
― Astrid ― Mira que no prestas atención a nada, ¿no te acuerdas de que te presenté al chico en el banque…?
― ― Miriam ― No me acuerdo de alguien tan tont… ― En ese momento bajó la vista para ver cómo Dalia y yo estábamos tomados de la mano.
― Ya me acuerdo, eres ese simple herrero, el novio de Dalia.
― ― Dalia ― Y creador del hornillo mágico, y él me hizo reescribir todas las secuencias de mis inventos.
― ― Mateo ― Señoras, no me acosen al chaval, que este es su segundo día y está nervioso.
― Dijo poniendo un brazo sobre mi hombro y separándome de Dalia.
― Astrid ― No me diga usted, es el famosísimo maestro del gremio de carpinteros.
― ― Mateo ― En carne y hueso, ¿qué puedo hacer por ustedes?
― ― Dalia ― Mi tía y yo nos preguntábamos si nos pudieras hacer una imprenta a cada una… ― ― Mateo ― Si me lo pide la hija de mi mejor amigo, no me puedo negar.
― ― Sorina ― No puedes sin mi permiso.
― Dijo de alguna manera rara, presumiendo.
(:v) ― Mateo ― ¿Acaso desconfía de estas dos preciosas inventoras mágicas?
― ― Sorina ― De hecho, confío más en ellas que en Miriam.
― (Que la tienes a un metro detrás de ti, bro, córtate un poco, ¿no?
Que te está escuchando.) ― Pagaré por esas dos nuevas imprentas también, pero quiero que las hagáis Durman y tú.
Quiero comprobar si sois capaces de hacer las imprentas sin el chico que se acaba de ir.
― ― Mateo ― Yo no tengo ningún problema.
― La marquesa ordenó a Mateo y a Miriam ir al despacho, que quería hablar con ellos.
Se volvió hacia nosotros y, con una cara súper convencida, me dijo: ― Sorina ― Creo que no se dio cuenta de que tú has hecho las imprentas.
― (No sé qué decir.) ― Astrid ― Naaa, no creo que se diera cuenta.
― ― Dalia ― Menos mal, ¿no?
― ― Sorina ― Tengo mis truquitos.
― Dijo súper orgullosa.
― Bueno, ¿qué tal si mañana me devuelves mi imprenta y acabas de entregar las demás?
― ●― Ok ― ― Sorina ― Disculpa, no te he entendido.
― ●― Es una expresión de mi pueblo, que significa “entendido” o “vale” o “estoy de acuerdo”.
Según las… ― ― Sorina ― No me importa, haz eso mañana y cuando acabes vienes a la mansión a discutir qué vas a fabricar por la tarde.
― ●― Espere un momento, hemos quedado en que yo hacía el pedido, he cumplido con el plazo, ¿qué más…?
― ― Sorina ― En el trato no estaban las comidas de los artesanos y el extra-sueldo.
― ●― Tiene razón.
Culpa mía por no especificar.
― ― Sorina ― Nos vemos mañana.
― Se dirige al despacho de Mateo.
●― Dame un adelanto, para ir pensando en qué tengo que hacer o fabricar.
― ― Sorina ― Doina siempre se queja de que la ciudad está muy oscura por las noches.
― (Esta quiere que cree la iluminación pública.) Como ya era de noche, fuimos directos a casa, pero Astrid se detuvo a mirar algo en una tienda.
Nos dejó a solas.
Nos dijo que nos adelantáramos.
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