Dos ingenieros en otro mundo - Capítulo 47
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47: Cuando hablar se vuelve peligroso 47: Cuando hablar se vuelve peligroso La noche de ayer fue intensa en más de un sentido.
Entiendo que Dalia esté molesta conmigo, pero eso no es motivo suficiente para hacer lo que ha hecho.
no he podido dormir por todo lo ocurrido el día de ayer: por cómo traté a la marquesa y por todas las preocupaciones de Dalia.
Obviamente, es culpa nuestra por aceptar ese reto de mates.
Como casi no conseguí dormir, decidí ir temprano a repartir la imprenta que quedaba.
Nada más llegar al gremio, Mateo me pidió consejo, no sabían cómo montar una “cadena de producción” entre varios funcionarios del gremio, Es normal que tengan problemas con la imprenta.
Así que me tomé el tiempo necesarios para explicárselo con calma, para que todo funcionara rápido y a buen ritmo.
Me pasé toda la mañana yendo del gremio de carpinteros al gremio X y de vuelta al gremio de carpinteros Cada vez que volvía al gremio de carpinteros temía encontrarme con la marquesa.
(Ayer la culpé de todo lo que pasó y no debería haberlo hecho; ella también está sufriendo y yo solo soy un desgraciado más que vive en su ciudad.
No tenía la autoridad para señalarla, pero aun así lo hice.
Debería disculparme con ella cuando la vea.) Terminados las entregas, ya se había pasado la hora de comer, por lo que volví a casa a comer algo, ya que me quedaba cerca.
Los chicos me sirvieron su comida, se nota que no preparan nada del otro mundo cuando los demás no estamos.
Comí la carne asada, les di las gracias y me fui directo a la empresa.
En cuanto llegué, los artesanos seguían con la producción de cristal con Hunt, por lo que no quise molestar de más y llamé a Hunt y Pudiente sin interferir demasiado.
Seguramente ellos ya saben que esto va para largo.
==+-+-O-+-+== ●― mmm ― se sentó y entrelazó las manos, esperando a que los demás ocuparan su lugar.
■― Que pasa.
― preguntó, con el ceño fruncido.
●― Acabo de entregar las treinta imprentas y ya no sé qué hacer… ― ― Pudiente ― Para esto nos hemos reunido, necesitamos ayuda.
Sabes la locura que está siendo fabricar esos tarros de cristal… ― ●― No es eso.
― Alzó una mano, cortando la queja, y suspiró.― Esta ciudad está en la mierda.
Hay pobreza por todos lados.
La gente se pelea por un poco de carne, y muchas por un trozo que dudo que este en buen estado.
― ― Pudiente ― Que trabajen.
Siempre ha habido vagos.
― ●― Cuando son niños los que se pelean, ya no es lo mismo.
― Neo apoyó los codos en las rodillas y se inclinó hacia delante.
― Ayer un campesino murió en el ataque de un monstruo.
― ― Antón ― Sabes bien que no fue culpa de la marquesa.
― Se despegó de la pared.
●― Lo sé.
Cuando la vea le pediré perdón.
Pero no me refiero a eso.
El campesino murió por el ataque… y aun así no es ese el punto.
― ― Pudiente ― Es lo normal, ¿no?
Los que salimos de la ciudad sabemos a qué nos arriesgamos.
Como comerciante, uno debería tomar precauciones antes de viajar.
― ■― Tienes razón.
Aun así, también entiendo a Neo.
― ●― No tengo ni la más mínima puta idea de cuántas personas mueren al día por desnutrición, pobreza extrema, frío y Dios sabe que más.
― ― Pudiente ― ¿Y qué quieres hacer?
La vida es así.
― ●― ¿Qué excusa de mierda es esa?
¿Cómo vamos a dejar que alguien muera en la calle?
¿Cómo no vamos a hacer algo?
Bro, Hunt, ¿te parece normal?
― ― Pudiente ― ¿Pero por qué nosotros?
Hay gente con más poder que podría hacer algo.
― ●― Si esas personas con poder no hacen nada, lo haremos nosotros.
Podemos construir barreras.
Tengo mucho maná.
― Hunt se percató de que los dos caballeros pasaron de una postura relajada a otra tensa, listos para intervenir en cualquier momento.
■― Neo, creo que te estas emocionando demasiado.
― ●― Solo un perímetro para proteger a los agricultores.
Si no mueren, habrá más comida.
Estoy seguro.
― ― Levi ― Neo, entiendo lo que quieres.
Pero los monstruos seguirán atacando.
Las murallas se romperán y entonces habrá que repararlas.
― ●― Lo sé, Levi lo se.
― Levantó las manos y tensó los dedos, dibujando una forma en el aire.
― Hunt, podríamos hacer una muralla de caballos de Frisia, con una fosa llena de agua y pinchos.
― ■― Sabes la locura de la que estás hablando.
Piénsalo, Neo.
¿Qué pasaría si hay miles de campesinos trabajando y un monstruo atraviesa la muralla?
― ●― Joder con mirar siempre el peor escenario.
He visto los campos no están trabajados.
Tú has visto la granja de mis padres, sabes cómo es la tierra.
No la han usado como es debido.
Con solo ampliar cinco kilómetros más el aria de cultivo podríamos dar de comer a muchísima gente.
― ■― Sabes lo que significan cinco kilómetros más, ¿verdad?
Son unos 7,2 kilómetros de radio.
Eso es casi 48 kilómetros de perímetro.
¿Entiendes la locura que es eso?
Ni en cien años podrías hacerlo solo.
― ●― Visto así, puede que no.
Pero si me ayudas, tardaremos la mitad.
― ■― ¿A dónde vas, puto loco?
No tengo ni de lejos tanto maná como tú.
― ●― Entonces hablamos con la marquesa.
Que ponga gente a trabajar.
― ■― Y que se alcen contra ella por obligarlos.
― ●― Joder, siempre sacas lo peor.
Yo qué sé… demostramos a la gente que los alimentos vegetales pueden ser mejores y más ricos que vivir solo de carne.
Introducimos la patata.
― ■― ¿Ves?
Cuando piensas un poco más, salen buenas ideas.
Vale, ¿cómo hacemos que la gente las quiera?
― ●― Si la gente quiere pan, patatas, legumbres… habrá quien quiera plantarlas.
Pero si mueren antes de hacerlo, no sirve de nada.
Con muros.
Uno a cinco kilómetros, otro a diez, a quince, a veinte.
― ■― Tardaremos años en eso.
― ●― Sí.
Pero ¿y si además adelantamos un poco el futuro y mejoramos los métodos agrícolas?
― ■― ¿A qué te refieres?
― ●― Así, pensando rápido y mal una segadora con dos peines que se muevan con el propio movimiento del carro.
(Caballos) tirando de ella.― ■― ¿y una sembradora?
― ●― Pero para todo esto necesitamos crear el torno y la fresadora.
― ■― Claro, entonces necesitamos engranajes.
¿Y cómo movemos el eje del torno o la fresa?
― ●― Una caldera de vapor.
― ― Pudiente ― Eh, eh, calmaos.
¿De qué mierda estáis hablando?
No se os entiende nada.
― ●― Estamos hablando de crear una revolución agrícola, cambiar el futuro de esta ciudad.
― ― Levi ― Neo, ¿qué insinúas?
¿Acaso quieres cambiar la alimentación de la ciudad?― ― Antón ― O eliminar a la marquesa.
― ●― Cambiar la alimentación, sí.
A la marquesa, no.
― ― Levi ― Aun así, si una sola compañía cambia la alimentación de toda la ciudad, irán contra la marquesa.
― ●― Eso tiene fácil solución.
Convenceremos a la marquesa.― El caballero no aguantó más las insinuaciones del chico y desenvainó la espada.
― Antón ― ¿Pretendes manipular a la marquesa?
― Levi acompañó a su amigo y también desenvainó la espada.
― Levi ― Conque ese es vuestro plan desde el inicio.
― ■― Calmaos.
¿No conocéis ya lo suficiente a Neo como para saber que no lo dice en serio?
¿Verdad, Neo?
― ●― No.
De hecho, me refería justo a eso.
Darle moti… ― ― Antón ― Lo siento, Hunt.
Pero vamos a tener que detener a Neo.
Ayer le gritó a la marquesa y la culpó de una muerte.
Hoy ya habla de ir contra ella.
― ■― Espera.
― Se interpuso entre ellos y Neo, con las manos alzadas.― Dejad que se explique, al menos.― ― Levi ― Dejemos lo hablar.
― Dijo bajando la espada.
●― Quiero decir… igual que le enseñé la imprenta, quiero proponerle estas ideas para mejorar la ciudad.
― ― Antón ― Tu intención puede ser buena.
― Bajo al espada también.
― Pero no me gusta lo que estáis planeando.
Mucha nobleza se opondrá y la marquesa quedará expuesta.
― ●― No si es ella quien propone la mejora de la agricultura, delante del resto de nobles.
Si ella lleva la bandera del cambio, nadie podrá cuestionarla.
― ― Pudiente ― No sé qué tienes en mente, pero para hacer eso se necesitan muchas personas… o mucha tecnología.
― ■― Somos ingenieros.
Tecnología es, precisamente, lo que nos sobra.― ― Levi ― Seáis lo que seáis, eso no quita que podáis crear herramientas nuevas para escardar en tan poco tiempo.
Estamos a punto de entrar en la época de siembra.
― ●― Sí, podemos.
Y además las conocemos.
Son herramientas que, a los campesinos, o incluso a vosotros, os llevaría cientos de años desarrollar.
Nosotros solo vamos a daros un gran empujón.
― ― Pudiente ― ¿Cómo que “vosotros”?
Mira que sois arrogantes.
¿Insinúas que solo vosotros sabéis hacerlas?
― ■― Métete esto bien en la cabeza, Pudiente la imprenta que a vosotros os parece tan maravillosa es una puta mierda comparada con lo que Neo y yo usábamos.
Y no intentes imaginarlo, porque no vas a poder.
― ― Pudiente ― Vale, vale.
Pero obviando eso… ¿sabéis cuántos enemigos ya os habéis ganado?
¿Y las consecuencias de vuestros inventos?
― Los dos extranjeros se miraron y sonrieron de una forma muy particular.
Era una sensación familiar.
Seis años atrás, los profesores de la universidad les habían lanzado las mismas advertencias, con los mismos argumentos.
Y entonces tampoco se dejaron vencer por palabras de miedo.
●■― El Señor no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de prudencia.
Si caminamos bajo el amparo del Altísimo, moraremos bajo la sombra del Omnipotente, y el que… ― ―Levi― Callad.
Vosotros sois más peligrosos de lo que pensaba.
― Dijo, con las manos temblorosas.
― Antón ― Levi, esas son palabras de la… ― ― Levi ― Calla.
― Le tapó la boca de golpe.
― Pudiente ― ¿A qué os estáis refiriendo?
Incluso ellos están asustados.
― Miró a Neo y a Hunt con miedo.
―Levi― Calla.
― Sus piernas temblaban.― Esa frase no debe volver a pronunciarse.
No aún.
Si los ponéis en peligro, yo mismo… ― ―Antón― Tenéis pensamientos muy peligrosos.
No sé dónde os habéis criado ni de dónde sois, pero se nota que de este reino no.
― Dijo tras apartar la mano de Levi de su boca.― Neo, dale una vuelta a lo que estás pensando.
Cuando tengas una reflexión adecuada, cuéntanos qué quieres.
Por ahora, dejamos la conversación aquí.
― ―Levi― No se os ocurra hacer ninguna locura antes ni durante el festival.
― Volvió a apoyarse contra la pared.
― Vendrá gente de otras ciudades.
No solo comerciantes, también plebeyos.
Y no quiero que esto acabe en una rebelión.
― ―Antón― Vuestras palabras suenan muy dulces a oídos ajenos.
Si se percibe debilidad en la marquesa, podríamos entrar en una guerra dentro de la ciudad.
Hay muchas nobles que quieren ocupar su puesto.
Y un error en el festival puede ser fatal.
― También se apoyó contra la pared.― ¿No teníais algún invento nuevo que hacer ahí abajo?
― ■― Neo, tenemos tarros de cristal.
Por favor, haz esos pepinillos encurtidos como los hacía tu madre.
Ese sabor no se puede comparar.
― ●― Vale, vale, pero me ayudad.
― Neo salió primero de la sala.
Antón lo siguió sin decir nada más.
Levi miró a Hunt, con una expresión que preguntaba qué acababa de pasar.
Hunt no dijo una sola palabra.
Solo respondió con una mirada que dejaba claro que él tampoco lo sabía.
Una tabla del techo se levantó y bajaron tres hombres vestidos de campesinos.
Uno de ellos se acercó a la puerta y la cerró con suavidad.
Los otros dos se acercaron a Pudiente.
―Señor, ¿se encuentra bien?
―Pudiente― Sí.
Solo pensé, por un momento, que llegarían a las espadas.
― ― X ― Tu padre me lo advirtió.
Esos dos chicos no son normales.
Quise investigarlos, pero no me dio permiso.
― ― Pudiente ― Eso es extraño.
¿Sabes por qué tomó esa decisión?
― ― X ― No, solo me dijo que sería divertido.
― ― Pudiente ― No entiendo a mi padre.
Primero les regala la empresa a esos dos y luego matan a nuestro mejor transportista.
Y ahora no os deja investigarlos.
― ― X ― El señor tiene sus motivos.
― ― Pudiente ― No sé qué decir, la verdad.
―tomó un poco de vino que uno de los hombres le había traído.― Vigiladlos.
Y cualquier cosa extraña, me avisáis.
― La puerta se abrió y entró Hunt.
Miró a los tres hombres.
― Pudiente ― Te los presento.
Son unos conocidos.
También comerciantes.
Se estaban preocupando porque hace días que no voy a beber con ellos.
― ■― Lo siento, no quería interrumpir.
― ― Pudiente ― Y bien, ¿qué pasa?
¿Has olvidado algo?
― ■― Solo he venido a llamarte.
Como no nos has seguido… ― ― Pudiente ― Un segundo.
Ahora bajo.
― ==+-+-N-+-+== Después de la reunión, nos pusimos a terminar otro lote de tarros de cristal.
Hunt quería empezar con los pepinillos encurtidos, pero me faltaban un montón de especias.
Fuimos a comprarlas y decidimos empezar mañana con la preparación.
El resto de la tarde la pasamos trabajando.
Al final, Huny y yo nos quedamos más horas para asegurarnos de que los tarros se enfriaran bien.
Al llegar a casa, ya estaban dormidos todos.
Me duché rápido.
El agua caliente arrastró la fatiga del día y el sudor acumulado, pero no le di mucha importancia.
Cené un plato de sopa que supuse que habían dejado para mí.
Olía fuerte, a vinagre y hierbas, y me resultó fácil comerlo sin pensar demasiado.
Luego fui al taller y, con una bola de fuego, iluminé la sala; estaba todo vacío.
Dalia no estaba como de costumbre.
El taller estaba demasiado limpio; alguien había limpiado incluso las herramientas y las había alineado.
Me pareció raro, pero no me detuve más y fui directo a la cama.
Al entrar a la habitación, estaba el fuego de la chimenea y una velita en la mesilla de noche de Dalia.
Ella ya estaba dormida, pero las sábanas estaban estiradas y las almohadas en sus sitios.
Apagué la vela y me acomodé en mi lado.
Noté que ella no se movió cuando me metí, y su respiración era irregular, como si intentara teniendo una pesadilla.
La abracé por detrás como siempre y me dejé caer en el sueño cerrando los ojos.
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