Dos ingenieros en otro mundo - Capítulo 49
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Capítulo 49: Dia 15 Reunión con la marquesa
La cama estaba bacia otra vez, Selene ya se había ido. De hoy no se me escapa, le tengo que preguntar si o sí que le pasa.
Me preparé rápido y salí de casa lo antes posible, quería tener algunos modelos de zapatos listos para enseñarle a la marquesa Sorina. A primera hora de la mañana es decir sobre las (6:00), al amanecer, fui directo a la compañía y recogí unas 100 plantillas. Al llegar a la casa de las costureras, en las cercanías Pudiente, me estaba esperando, ablando con los dos guardias. Cuando llegue yo eran casi las (7:00). Llamamos a la puerta y nos recibió Turi. Entregamos las suelas y les pedimos que nos cosan la mayor cantidad en el menor tiempo posible.
― Turi ― Haremos lo que podamos. ¿Para qué hora los necesitas? ―
■― Para las (10:00) ―
― Turi ― ¡Solo tenemos 3 horas! ―
■― Lo siento. ―
― Turi ― ¡CLEO DESPIERTA QUE HAY QUE COSER! ― Grito con tanta fuerza que seguro que despertó a más de uno. ― ¿Cuantos necesitas? ―
■― Mínimo dos y con cuatro voy bien, pero si se puede más no hay problema. ―
Dejamos a las chicas en paz y volvimos a la compañía donde Neo estaba preparando las cajas para llevar los tarros vacíos y de pepinillos… Además de algunas plantillas, por lo tanto, solo faltaban los zapatos.
― Pudiente ― ¿Esta todo bien asegurado? ―
●― Si tranquilo, he puesto serrín entre los tarros, pero me faltan tres. No sé qué ha sido de ellos. ―
― Pudiente ― Están en la oficina me pidió Hunt que los guardara. ―
■― Son para nosotros. ―
●― Podríamos a ver echo más si me lo decías. ―
― Pudiente ― Tenemos 39, creo que tenemos más que de sobra para presentar la idea. ―
■― Se supone que no tenemos más… ―
●― ¿A cuántos los quieres vender? ―
■― A poco ya sabes a ocho o nueve monedas… ―
●― Casi una moneda de plata supongo que está bien. ― Pudiente y yo cruzamos miradas. La sonrisa nos delató. Le puse una mano en el hombro y mientras Pudiente y yo nos reíamos suavemente.
― Pudiente ― Ocho o nueve monedas de plata. Y si se agotan rápido subiremos a una moneda de oro. ―
●― A donde vais, dentro de nada se podrán recolectar pepinillos del campo y hacer muchos más tarros. ―
― Pudiente ― Eso la nobleza no lo sabe, diremos que se necesitan pepinillos del año pasado y que los nuevos no sirven. ―
Le contamos a Neo todos los planes malignos para ganar dinero y nos dejo de escuchar para irse a ayudar con la carga del material a las carrozas. Antes de irnos mandamos llamar uno por uno a los empleados y les pagamos tal y como les prometimos, por los 14 días de trabajo. Por supuesto incluimos el pago por la comida de ayer. Y los mandamos a sus casas. Solo se quedaron los guardias y Emiliano que quería limpiar el taller de cristalería.
En cuanto a nosotros, Neo y Bruno tiraron de las carrozas en dirección a la mansión. Mientras Pudiente y yo fuimos a la casa de las costureras. Llamamos a la puerta y escuchamos un golpe fuerte antes de que se abriera la puerta.
― Cleo ― Hola. ― Dijo apenas levantándose del suelo para abrir la puerta.
― Pudiente ― ¿Estas bien? ―
― Cleo ― Si, solo que aún no me acostumbrado a ser tan alta. Y me he tropezado con un saco. ―
Entramos a la casa, y nos condujo a la sala donde estaban las tres cosiendo. Entre las dos hermanas cosieron 9 pares (18 zapatos) y la mujer, aunque enferma cosió dos pares sola (4 zapatos). Mientras Pudiente les efectuaba el pago, por los que nos llevábamos, es decir, 4 monedas de cobre y 4 de hierro. Yo estaba revisando la costuras.
― Ceci ― Si ves alguna que este mal, que sepas que es culpa mía. ―
■― Tranquila, están mucho mejor de lo que me esperaba. Mi única duda es, en cuanto a usted, ¿Por qué ha cosido también si está enferma? ―
― Ceci ― Aunque ayude poco tengo que hacer algo me tengo que ganar la carne que como no crees. ―
■― Las madres como usted, o como la mía se han ganado la carne hace mucho. ―
― Ceci ― Que suerte de hijo, seguro que su madre está orgullosa. ―
― Pudiente ― Creo que al señor Hunt no le gusta hablar de ese tema. Su madre murió aplastada en un terremoto, hace más de seis años. ― Le susurro a la señora. (Como me jode esa mentira.)
Si ninguna otra conversación relevante, nos despedimos y callejeamos hasta llegar a las caravanas con Neo y Bruno. Tiré es saco de zapatos al caro de Neo y comencé a empujar desde atrás. Pudiente hizo lo mismo y ayudo a Bruno.
==+-+-O-+-+==
Los inventores tardaron demasiado, las nobles estaban ansiosas por ver a los tres sabios que habían causado el terremoto en la universidad. Los maestros y maestras de gremio comenzaron a impacientarse, comentaban la pérdida de tiempo. La audiencia inicialmente fijada a las (11:00) se pausó, no fue hasta pasada la media hora, cuando los inventores cruzaron el patio. La marquesa los recibió con el ceño fruncido molesta y no dejó pasar este detalle.
― Sorina ― Llegáis tarde. ― Dijo con frialdad.
■― Somos conscientes, marquesa Sorina. ―respondió sin inclinar la cabeza más de lo necesario. ― Asumimos el reproche y lo compensaremos. ―
La mujer los observó unos segundos más, midiendo si aquel retraso era torpeza o un posible desafío.
― Sorina ― Que no vuelva a repetirse. ― Sentenció al fin y con un gesto seco, les permitió continuar.
Bajo la supervisión de Pudiente, descargaron el contenido y lo organizaron en tres montones sobre las mesas preparadas. El murmullo no tardó en extenderse entre las nobles. El cristal era demasiado limpio, claro y uniforme. Algunas se acercaron más de la cuenta, otras se limitaron a observar con recelo. Mientras Neo se ocupaba de ordenar otros encargos, Hunt avanzó un paso al frente y tomó uno de los tarros, alzándolo para que todos lo vieran.
■― Esto que veis aquí no es un adorno. ― Comenzó señalando al montón de los tarros. ― Son recipientes diseñados para aislar su contenido del exterior.― Giró el tarro lentamente, dejando que la luz atravesara el cristal.
■― Cuando se cierran correctamente quedan sellados de forma hermética.― Hizo una pausa esperando la reacción de los presentes ante el nuevo concepto. ― Eso significa que ni el aire, ni la humedad, ni ningún contaminante puede entrar o salir. ― Algunas cejas se alzaron mientras que otras miradas se afilaron. Hunt apoyó el tarro sobre la mesa.
■― El efecto es sencillo, el contenido guardado dentro se conserva durante más tiempo. Granos, legumbres, carne seca… ― Hizo una breve pausa. ― Pero, sobre todo, semillas. Semillas selladas de esta forma mantienen su capacidad de germinar durante años. ― De una pasada revisó a los maestros de gremio e hizo contacto visual con la maestra del gremio de agricultores.
― Brachas ― Ese invento me interesa, si realmente funciona como decís sería una gran ayuda. ―
― Sorina ― ¿Tan relevante crees que puede ser? ―
― Brachas ― Si Marquesa, Muchas semillas se estropean en invierno y en primavera perdemos mucho tiempo en escoger las que pueden o no germinar. ― Le devolvió la mirada a Hunt fascinada por el invento. ―¿Cómo o porque preserva las semillas mejor? ―
●― En términos simples. ― Añadió Neo desde un lado. ― De por si ya puede mantener la semillas bien pero se le puede extraer el aire de dentro mejorando la conservación. ―
Los dos maestros de gremio, Brachas y El Camer, se miraron mutuamente sorprendidos. Entre ellos comentaron si acaso era posible extraer el aire de un recipiente. El camer comenzó a imaginar cómo se realizaría tal hazaña.
■― Permite planificar a largo plazo, incluso tras una mala cosecha. Siempre y cuando las semilla estén secas, escondidas de la luz solar y a una temperatura adecuada. ―
Hunt hizo entonces una seña breve con la mano. Pudiente reaccionó al instante, comenzando a repartir dos tarros de cristal a cada uno de los maestros de gremio. El gesto fue simple, casi inocente. Cuando terminó, colocó diez tarros más, perfectamente alineados, frente a la marquesa.
■― Consideradlos un obsequio, por la tardanza. ― Continuó. ― Pero también una herramienta. No son solo lujo, se han creado para usarlos, no para adornar. ― Miró directamente a la marquesa. ― Con el uso adecuado, algo tan simple como un tarro de cristal puede cambiar la forma en que una ciudad almacena alimentos… y sobrevive.
Nadie habló de inmediato. El silencio se impuso en la sala mientras las miradas volvían una y otra vez al cristal.
●― Como se puede ver no solo es un tarro de cristal, hay 3 elementos que desconocen, el material que separa la tapa del tarro, es una goma selladora, que es la encargada de sellar herméticamente, las otras dos gomas, aunque más oscuras tiene la función de apretar la tapa contra el tarro para asegurar un buen cierre. ―
― Doina ― ¿La producción de estos tarros, es sencilla? ―
― Pudiente ― La producción de este producto es secreto, pero le podemos asegurar que son seguras. Mis dos socios se han asegurado de ello, de echo han realizado exhaustivas pruebas para asegurar las propiedades anteriormente nombradas. ―
― Sorina ― Tendremos que probarlos para asegurarnos que lo que decís es cierto. ― Una asistente le acerco un tarro y mientras lo miraba dijo. ― Dejando estos tarros delado sigan con esos zapatos. ―
Hunt tomó uno de los zapatos que había en la segunda mesa y lo alzó para que todos pudieran verlo. Era un zapato común, del mismo tipo que los plebeyos llevaban usando generaciones enteras, cuero blando, diseño sencillo, sin adornos ni pretensiones.
■― No hemos cambiado el zapato. ― Dijo con calma. ― Precisamente porque funciona. ― Lo giró ligeramente.
― EL Camer ― ¿Qué es eso negro que tiene en la parte de abajo? ―
Hunt separó el cuero y mostró la suela de un zapato preparado para la explicación. Una placa negra, mate, sin brillo alguno, del tamaño aproximado del zapato y aún sin recortar. La dobló entre las manos para que todos vieran cómo cedía sin romperse.
■― Esto es goma. No es elástica, no rebota. Se dobla, acompaña el movimiento del pie y vuelve a su forma. ― Presionó la placa contra la mesa. ― Absorbe irregularidades y, sobre todo, mejora el agarre. En barro, piedra húmeda o tierra suelta, el pie no resbala como con el cuero solo. ―
Sin alargar más la explicación, se sentó frente a todos y tomó aguja e hilo. Sus movimientos fueron firmes, visibles y simples. Comenzó a coser la suela directamente sobre el cuero. Cada puntada atravesaba cuero y goma sin dificultad. Dejo el destrozo que estaba cosiendo. Para seguir con la explicación.
■― No requiere herramientas nuevas. ― Añadió mientras dejaba el zapato a medio coser en la mesa. ― Cualquiera que sepa coser cuero puede hacerlo. ― Alzó brevemente la vista. ― Primero se cose la placa. Luego se recorta el sobrante, es así de sencillo. ―
Un murmullo recorrió la sala, creciendo poco a poco, hasta que se rompió cuando El Camer dio un paso al frente. Había permanecido inmóvil hasta ese momento, observando en silencio. Ahora se agachó casi sin pedir permiso, tomó el zapato terminado y lo giró entre sus manos como si fuera algo frágil… o peligroso. Presionó la suela, la retorció, la golpeó contra el suelo.
Neo se acercó sin decir ni una palabra y le entregó otro. El Camer se los calzó allí mismo. Dio dos pasos. Luego saltó, caminó más rápido, corrió, Se detuvo en seco.
― El Camer ― Esto… ― Empezó, y por primera vez no encontró las palabras al instante. ― Esto no es una mejora menor. ― Se giró hacia los maestros y alzó la voz. ― Esto es una revolución. No porque sea bonito, sino porque dura. ― Apretó los dedos contra la suela. ― Si los zapatos duran más, no habrá que hacer miles cada mes. El cuero dejará de desperdiciarse en suelas gastadas y podrá usarse en correas, bolsas o armaduras ligeras. ― Respiró hondo. ― La ciudad no cambiará de calzado cada pocos días. ―
Justo, maestro del gremio de cazadores, asintió con fuerza.
― Justo ― Más cuero en el mercado significa mejores protecciones, más fundas, más equipo para la gente que sale de las murallas. Esto nos beneficia a todos. ―
La maestra del gremio de comerciantes intervino de inmediato, con su tono frío y afilado.
― Sena ― Menos reposición constante implica ahorro para las familias y estabilidad para los talleres. El dinero deja de irse en emergencias y empieza a circular. ― Clavó la mirada en varias mercaderes. ― Eso fortalece el comercio. No lo debilita. ―
Mientras las voces se superponían, Neo se acercó a la marquesa y dejó dos pares de zapatos frente a ella, sin decir palabra. Ella los observó con atención medida, sin tocarlos aún, como si evaluara algo más que el cuero y la goma. Su rostro no mostraba sorpresa ni duda. Solo un interés contenido y calculador.
■― Esto puede aplicarse también a los caballeros. ― Dijo entonces, alzando la voz lo justo para imponerse al murmullo. ― Podrán caminar más distancia con menos desgaste físico. ― Hizo un gesto breve con la mano. ― Con menos fatiga y menos lesiones. No es un lujo tonto, es un cambio estratégico. ―
El maestro del gremio de aventureros reaccionó al instante.
― Tor ― Los Aventureros los queremos. Para todos mis miembros. ―
El maestro del gremio de cazadores no dudo en hacer presencia.
― Justo ― Los cazadores también. ― Añadió.
El maestro del gremio de Herreros resopló, cruzándose de brazos.
― Durman ― Yo también los quiero. Si el cuero es más abundante podemos hacer mejores delantales y protecciones. ― Miró los zapatos con interés genuino. ― Y esos nos vendrían de maravilla en la fragua. ―
La sala se llenó de voces hasta que la marquesa alzó la mano. El silencio fue inmediato.
― Sorina ― Orden. ― Dijo, sin elevar el tono.
Tomó por fin uno de los zapatos y lo sostuvo unos segundos antes de alzar la mirada hacia Hunt.
― Sorina ― Quiero dos pares para cada caballero de la ciudad. ― Hunt sostuvo su mirada un instante antes de responder.
■― Eso lo hablaremos después, mi señora. ― Y por primera vez desde que habían llegado, la expresión de la marquesa no fue de reproche o decepción.
La marquesa fue la primera en volver a los tarros que aún permanecían cerrados, aquellos que habían despertado más inquietud que curiosidad.
― Sorina ― Antes habéis mencionado su utilidad. ― Dijo señalando. ― Pero estos están llenos. ― Clavó la mirada en el cristal. ― ¿Qué contienen exactamente? ―
Neo dio un paso al frente. No adoptó ningún tono comercial ni teatral hablaba explicando lo justo y necesario sin revelaciones importantes.
●― Es una técnica de conservación, trasmitida en mi familia desde hace generaciones. ― Respondió. ― No es una mera receta. ―
― Sorina ― ¿Eres el único que sabe cómo hacer esa receta? ―
Neo miro asustado a Hunt sin saber que decir, dando un paso hacia delante acercándose a la Marquesa, Hunt respondió con calma.
■― Por desgracia si, como ya saben somos de un pueblo lejano y somos los únicos supervivientes, yo nunca aprendí de mi abuela. Tal y como hizo mi amigo. ―
― Sorina ― Lamento que tengan que recordar esos momentos difíciles. ―
●― No se preocupe paso hace mucho, La técnica consiste en sumergir un alimento en un medio ácido y sellarlo sin aire. El objetivo no es solo que dure más, sino que cambie el sabor con el tiempo. ― Hizo una pausa breve. ― El sabor evoluciona y se intensifica. ― Bajó la mano tocando un tarro. ― Aquí no se cocinan, se transforman solos, despacio. ―
No añadió nada más. No hacía falta. Se acercó a la mesa, colocó seis tarros frente a la marquesa y tomó el último. Rompió el sello con un leve chasquido que resonó demasiado fuerte en el silencio de la sala. Dentro flotaban los discos verdes, perfectamente cortados, suspendidos en un líquido claro. El murmullo fue inmediato. Nadie dio un paso adelante. Neo tomó uno de los discos con los dedos y se lo llevó a la boca sin dudar. Masticó levemente y lo tragó.
●― Perfectos como siempre. ― Dijo, aun así, nadie se movió.
Hunt frunció el ceño, suspiró y cogió otro disco notando que el interés por el nuevo producto no era el que esperaba. Siguiendo el ejemplo de Neo comió sin comentario alguno. Luego Pudiente, algo más rígido, algo más tenso, era la primera vez que lo probaba por lo que su expresión cambió a mitad de la masticación, no de disgusto, sino de desconcierto y no dijo nada.
Una asistente de la marquesa se adelantó entonces, visiblemente nerviosa. Tomó un trozo pequeño, lo probó con cautela, lo mantuvo unos segundos en la boca y tragó.
― La catadora ― No hay veneno ― Anunció. ― Pero… sabe peculiar. ― Eso fue suficiente.
Durman fue el primero en alargar la mano con decisión y luego Sena, sin dudar, ambos probaron sin ceremonia, esperando un sabor nuevo. El olor llego primero, extrañando a los dos y luego el sabor.
― Durman ― Está bueno. ― Dijo, sorprendido.
― Sena ― Mucho. ― Añadió, cogiendo ya otro disco.
Ese fue el punto de ruptura. El resto de los maestros de gremio comenzaron a acercarse uno a uno. Comentarios en voz baja, cejas alzadas, gestos de aprobación. Savian, la maestra del gremio de alimentación masticaba despacio, intentando memorizar el sabor.
Las nobles tardaron más, dubitativas observaron esperando una reacción en los maestros, pero cuando vieron que otros repetían, que algunos sonreían, que el plato empezaba a vaciarse… avanzaron. Las primeras con cautela, las siguientes con prisa. A quien no le gustó del todo, le gustó que gustara. Y eso bastó para crear un producto estrella. En cuestión de minutos, esos discos verdes desaparecieron.
■― Esto. ― Dijo Hunt entonces, con un tono casi casual, dejando lo caer sin importancia. ― No es fácil de hacer. ― Miró el tarro vacío. ― Necesita pepinillos del año anterior. Y todos sabéis que no sobran. ― Se encogió de hombros. ― Cuando empiecen a salir este verano, tendremos que comprar muchos y dejarlos reposar todo el invierno. ― Alzó ligeramente las cejas. ― Solo así se podrá hacer el año siguiente. ― Las nobles se miraron entre ellas. Luego a los tarros, luego a Hunt.
― Una condesa. ― ¿Se pueden comprar ahora? ―
■― No. ― Respondió Hunt sin rodeos. ― Solo hay treinta tarros. ― Dejó que el dato calara. ― Y no se venderán hoy. Los pondremos a la venta en cantidades y días aleatorios durante el festival. El murmullo explotó.
Las quejas de las condesas y las vizcondesas comenzaban a ser un ruido molesto, el bullicio producido con preguntas. ¿Aleatoria?, ¿Y para quién?, ¿Solo treinta?, Los tengo que conseguir todos. Quiero comerlos en casa.
Hunt alzó la mano.
■― El producto principal son los zapatos. Y el postre de Neo. ― Miro al tarro vacío. ― Esto… esto es otra cosa. ―
Para entonces ya no importaba. En menos de un cuarto de hora, aquellos pepinillos cortados en discos se habían convertido en la nueva moda de la Edad Media. El deseo de comer algo nuevo, era lo verdaderamente peligroso.
Cuando el murmullo aún no se había terminado de disipar, Neo y Hunt pidieron que se despejara la sala. No dieron explicaciones inmediatas. Se limitaron a decir que lo siguiente requería espacio… y fuego. Propusieron salir a los jardines. La marquesa frunció levemente el ceño.
― Sorina ― Aquí no. ― Sentenció. ― No voy a permitir que se estropeen los jardines. ― No hubo réplica.
Más de veinte minutos en una procesión larga y desigual, atravesando patios, galerías y corredores hasta alcanzar la arena de entrenamiento de los caballeros. Un espacio abierto, de tierra compacta y piedra desnuda, pensado para entrenar, con cierto olor a sudor y acero. Allí sí se permitió encender el fuego.
Mientras se preparaba el brasero, Neo desató los trapos que llevaba consigo y sacó lo que, a primera vista, parecía un tronco alargado, pulido con cuidado. El objeto despertó ceños fruncidos entre algunos nobles.
― Sorina ― ¿Dónde está Doina? ― Susurro a la mayordomo. La mujer negó con la cabeza.
●― La masa se hizo esta mañana. ― Explicó sin rodeos. ― No voy a prepararla desde cero. ― Alzó brevemente el objeto. ― Solo terminarlo. ―
Colocó una tira de masa sobre la madera, la estiró con destreza y le dio vueltas con un movimiento continuo y seguro, hasta que quedó enrollada en espiral. Espolvoreó algo por encima sin nombrarlo y la acercó al fuego. El aroma no tardó en extenderse. Repitió el proceso una y otra vez, hasta tener siete piezas doradas.
Cuando estuvieron listas, Neo las retiró del fuego, cortó pequeños trozos y comenzó a repartirlos. Uno para cada maestro de gremio y uno para cada noble.
La marquesa hizo un gesto. Una sirvienta dio un paso al frente, probó un pedazo, masticó despacio y asintió. Entonces la marquesa lo hizo también.
― Sorina ― Está bueno. ― Tomo un trago de vino. ― Pero no es nada de otro mundo. ― No sonrió.
Observó el fuego, la madera, los restos de masa aún humeantes.
― Esto no es para tanto ― Continuó otra noble. ― No para esta presentación… ―
La marquesa Se giró hacia los presentes.
― Sorina ― La reunión ha terminado. ―
Las órdenes se cumplieron al instante. Las nobles comenzaron a dispersarse. Los maestros de gremio murmuraban entre ellos mientras se alejaban. Antes de que Neo pudiera decir nada, la marquesa añadió, ya en voz más baja.
― Sorina ― Vosotros dos venís conmigo. ―
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