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Dos ingenieros en otro mundo - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8 - 8 Hunt y Selene
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8: Hunt y Selene 8: Hunt y Selene — Primer examen: Legislación comercial Me entregaron una hoja con preguntas sobre impuestos, normativas de mercado, regulación de ventas y derechos comerciales.

Gracias a la copia del libro en el superordenador.

No tenía que pensar mucho, solo tenía que leer el archivo para encontrar las respuestas.

— Segundo examen: Matemáticas La segunda hoja contenía problemas de cálculo básico, geometría y ecuaciones sencillas.

Los ejercicios eran simples.

Multiplicaciones, divisiones, áreas de figuras geométricas y ecuaciones de primer grado… no había nada que me hiciera perder tiempo, al final terminé en diez minutos.

Me levanté para entregar el examen, antes siquiera de poder entregarlo la examinadora se levanto son una cara de superioridad.

—La examinadora — Tranquilo, este examen es muy difícil, no eres el primero en entregarlo en blanco.

— Dijo con un aire de superioridad.

■— Puedo llegar a entender que las matemáticas sean difíciles para algunos, pero este examen es demasiado sencillo — La examinadora se quedó boquiabierta, no entendía como complete el examen en tampoco tiempo.

Por lo que me mando esperar en el aula mientras ella iba a revisarlo con alguien más.

Fácilmente pasaron unos treinta minutos desde que la examinadora salió del aula.

Llego acompañada por otra mujer, que me acusó de hacer trampas.

Por lo que me obligaron a rehacer ambos exámenes y esta vez vigilado por las dos a la vez.

El segundo examen de legislación era el mismo por lo que no tarde nada en responder nuevamente a las preguntas, tarde algo más de quince minutos y en cuanto al examen de matemáticas me pusieron un examen más complicado que el ultimo.

Esta vez tenía ecuaciones de segundo grado.

Pero eran sencillas, sin números complejos solo tuve que usar la Bhaskara.

Tarde lo mismo, por la cantidad exagerada de ejercicios, eran como unos cuarenta.

(Me hace gracia que pensaran que me iba a rendir con esos ejercicios) Con el uso del super ordenador los podía tener todos hechos en menos de un pestañeo, pero me pareció mal, asique tarde veinticinco minutos en resolver todos los ejercicios y entregar los exámenes.

Las dos examinadoras se quedaron asombradas, no me habían quitado el ojo de encima en ningún momento, además resolví los exámenes en un tiempo récord.

Comprobaron la respuesta con un examen ya echo y no les quedo más opción que ponerme un 8.7 en legislación y un 10 en matemática.

Después de los exámenes la recepcionista del gremio, me entrego mi licencia de comerciante.

Con la que puedo.

–o Podía comerciar libremente en la ciudad.

–o Comprar una “nave” o planta de producción.

–o Tenía derecho a alquilar un puesto en el mercado.

–o Podía acceder a servicios exclusivos del gremio.

(Bancos y almacenes muy bien atesorados) Antes de irme tuve la idea de cambiar un lingote de oro de 1 kg a monedas.

■— Disculpe Señorita, el gremio compra minerales.— —La recepcionista— Es posible pero el gremio no suele comprar minerales.

— Coloqué el lingote de oro sobre el mostrador.

El metal brilló bajo la luz del gremio, reflejando los ojos sorprendidos de la recepcionista, el golpe seco retuvo por toda la sala parando las actividades de todos los presentes.

La recepcionista se quedó quieta, demasiado tiempo para alguien acostumbrada a manejar dinero.

Un segundo después se levantó apresurada y salió de la sala, entrando en un pasillo privado.

Me crucé de brazos y esperé.

El Gremio de Comerciantes tenía una estructura organizada y meticulosa.

No me sorprendió que la directora adjunta o Administradores del Gremio del gremio, una mujer llamada Selene Valtieri, reflejara esa misma eficiencia en su actitud.

Selene tenía alrededor de treinta años, (Revisar las demás estadísticas me pareció mal) con una presencia firme y una mirada afilada, el tipo de persona que está acostumbrada a liderar y tomar decisiones bajo presión.

Cuando entró en la sala, mantuvo un aire profesional.

—Selene— Disculpa la espera.

La maestra del gremio no está en estos momentos.

Tuvo que atender un asunto urgente en el templo.

Hubo… un incidente ayer con la estatua de Tolmas.

— ■— Ya veo.

— …

—Selene— Por favor, acompáñame a una sala más privada.

— Asentí y la seguí.

Me llevó a una oficina bien cuidada, con una mesa de madera pulida, estanterías llenas de registros contables y un ventanal que daba a la calle principal.

El tipo de lugar donde se cierran acuerdos importantes.

Cuando ambos tomamos asiento, ella habló primero.

—Selene— Antes de continuar permítame servirle una copa de vino.

— ■— Gracias por la oferta, pero no suelo beber cuando hago negocios, pero un vaso de agua o un té no te lo niego.

— —Selene— Veo que Usted es un entendido de las nuevas modas de los nobles, dadme un momento.— Salió de la sala para volver varios minutos después con una tetera y dos tazas.

—Selene— Supongo que debería haberme presentado antes.

Soy Selene Valtieri, directora Adjunta o administradora del Gremio de Comerciantes.

— ■—Hunt.

— Extendí la mano (Como nos enseñó Teodoro) y ella la estrechó con seguridad.

No di más detalles.

Tampoco eran relevantes.

Saqué el lingote de oro de un kilogramo y lo coloqué sobre la mesa.

Selene no mostró ninguna reacción exagerada.

Solo deslizó la mirada hacia la pieza y la observó con calma, analizando su pureza sin necesidad de tocarla.

■— Me gustaría cambiar este lingote en monedas de este reino.

— —Selene— ¿Quieres simplemente cambiarlo o prefieres invertirlo en algo?

— ■— Solo cambiarlo.

— Sin perder tiempo, llamó a un asistente.

En pocos minutos, varias bolsas con monedas fueron colocadas sobre la mesa.

72 monedas de oro en total, Tomé una y la analicé con rapidez.

■— Disculpe mi indiscreción, pero esta moneda no es de oro puro.— No era exactamente una estafa, pero tampoco un trato completamente limpio.

Selene apoyó los codos en la mesa y entrelazó los dedos con un leve suspiro.

—Selene— Sé que no es lo mismo que su lingote, pero el oro en circulación siempre tiene ligeras impurezas.— ■— Entiendo.

— …

No valía la pena discutirlo.

Al final, seguía siendo una cantidad considerable de dinero.

(Hasta ahora tenemos o hemos ganado 4 M Au, 20 M Ag , 100 M Cu.

Nos gastamos 1 M Au en el registro, la cena fue 3 M Cu 3 M Fe y 2 B Fe y para dormir nos gastamos 4 M Cu.

Hoy al salir de la subdimensión he cogido 3 monedas de cobre.

Y me he gastado 2 M Cu y 3 M de Fe.

Mas las 72 monedas de Oro nos da en total o aún nos queda: 75 M Au , 19 M Ag, 87 M Cu, 33 M Fe y 8 B Fe.

Y aun nos quedan lingotes de oro.

) Después de la transacción, la conversación tomó un giro interesante.

Selene era una mujer con conocimientos sólidos sobre comercio, estrategia económica y manufactura.

Discutimos sobre los beneficios de pertenecer al gremio, sobre compra/venta de materiales y sobre la gestión de una compañías.

Hablaba con inteligencia, midiendo sus palabras, sin revelar más de lo necesario.

No era solo una administradora, era una estratega, me cautivó con su forma de hablar, sus elegantes movimientos y sus amplios conocimientos en el dominio.

Cuando me di cuenta, ya habían pasado horas.

—Selene— Ha sido una charla interesante.

No todos los días tengo una conversación tan estimulante sobre negocios.

— Dijo con una leve sonrisa.

■— En ese caso, ¿te gustaría continuar la conversación en la cena?

Invito yo.

— Selene sostuvo mi mirada por unos segundos.

Finalmente, sonrió de lado y asintió.

—Selene— Mmmmm Acepto.

— …

El restaurante que elegí tenía un ambiente refinado, con mesas privadas y una iluminación tenue que daba una sensación de exclusividad.

No era un lugar donde la gente viniera a comer rápido y marcharse, sino donde los negocios y las relaciones se cerraban con calma.

Selene parecía en su ambiente.

Su postura era relajada, pero seguía proyectando control.

Desde el principio, la conversación fluyó sin problemas.

Al principio, el tono seguía siendo profesional, hablando de mercados, rutas comerciales y la estabilidad económica de la región.

Pero poco a poco, el tema se desvió hacia algo más personal.

Descubrí que Selene no había nacido en la ciudad, sino en un pueblo mercantil al sur.

Su ascenso en el gremio no fue cuestión de linaje, sino de trabajo, astucia y decisiones bien calculadas.

Me vi en la necesidad de mentir sobre mi origen, de donde procedía, un pueblo muy hermético, donde casi no teníamos nociones sobre el mundo y lo que nos rodea.

Del pueblo no quedo nada, después de un derrumbe de tierra, Hunt y yo fuimos los únicos supervivientes solo porque estábamos cazando en ese momento.

Tas contarle mi origen nos quedamos en silencio, hasta que.

—Selene— En el comercio no son solo números y mercancías, Hunt.

Es confianza, percepción y saber cuándo presionar o retroceder.

■— En otras palabras, saber jugar bien tus cartas.

— Selene sonrió, inclinando la cabeza levemente.

-Selene— Exacto.

— Yo también sonreí.

Por primera vez, la veía disfrutar realmente la conversación.

Con cada plato que llegaba a la mesa, la atmósfera se volvía más distendida.

Selene no solo hablaba con fluidez, sino que también dejaba escapar alguna risa ocasional.

Pidió una copa de vino.

No estaba ebria.

Apenas se notaba un leve color en sus mejillas, y su tono de voz se había suavizado.

Yo también bebí… y esperé sentir algo.

Nada.

Tomé otro trago y otro y otro.

Otra vez, y nada.

Fruncí el ceño levemente y abrí mi interfaz de estado con un simple pensamiento.

“Resistencia a venenos.” Y de repente, todo tuvo sentido.

(¿Esto significa que nunca más podré emborracharme?

¿Ni siquiera sentir un poco el efecto?

… mierda.) Selene, ajena a mi descubrimiento, dejó su copa sobre la mesa y me miró con una expresión más relajada que al inicio de la noche.

—Selene— No suelo aceptar invitaciones tan fácilmente, pero debo admitir que me has sorprendido… en varios aspectos.

— Sonaba genuina.

Y por primera vez en la noche, no parecía estar calculando cada palabra.

Yo, en cambio, aún estaba procesando mi inmunidad al alcohol.

Faltaba poco para terminar la cena cuando Selene apoyó un codo sobre la mesa y me observó con una media sonrisa.

—Selene— Por cierto, revisé tus resultados en los exámenes.

— Giró su copa entre los dedos, mirándome con curiosidad.

— —Selene— Sacaste un 8,7 en legislación y un 10 en matemáticas…

en tiempo récord.

— No parecía sorprendida, pero sí intrigada.

■— Solo eran cálculos básicos y normativas simples.

— Me encogí de hombros.

■— Nada complicado.

— Selene dejó escapar una breve risa nasal.

—Selene— Qué humildad la tuya.

La mayoría de los aspirantes tardan más de dos horas y aun así fallan varias preguntas.

— ■— Supongo que tengo facilidad para los números.

— Selene me miraba con una expresión mezcla de incredulidad y curiosidad.

—Selene— ¿Facilidad?

No, Hunt… — Su mirada se afiló levemente.

— Se inclinó un poco hacia adelante, apoyando los codos sobre la mesa.

—Selene— Eso fue precisión.

Has usado más decimales que cualquier otro.

¿Cómo lo has hecho?

— Me encogí de hombros.

■— Supongo que me acostumbré a trabajar con números.

— No quería profundizar demasiado en el tema, así que desvié la mirada hacia mi plato.

Selene frunció el ceño, claramente insatisfecha con mi respuesta, pero dejó pasar el tema.

La cena continuó con conversaciones más ligeras y preguntas que esquivé con habilidad.

Hablamos de economía, legislación e incluso de los sistemas de comercio, pero cada vez que la conversación se acercaba demasiado a cosas que no podía explicar sin delatarme, la desviaba con otra pregunta.

■— ¿Aquí no hay granjas o qué?

— Selene me miró con extrañeza.

—Selene— ¿Granjas?

— Su expresión era una mezcla de confusión y desagrado, como si le hubiera dicho algo ofensivo sin darme cuenta.

■— Sí, ya sabes.

Lugares donde crías animales para consumo.

Vacas, cerdos, ovejas… — Selene parpadeó varias veces, procesando la información.

—Selene— …Eso es raro.

— ■— ¿Raro?

¿Nunca han criado animales?

— —Selene— No.

Aquí, los únicos animales que tenemos son los escilos o los lartos.

— Me explicó que los escilos y los lartos eran básicamente como caballos de diferentes categorías: de combate, de carga, de resistencia.

Fuera de eso, los animales eran salvajes y punto.

(Entonces parece que… No existe la ganadería en este mundo.) Las ciudades y los pocos pueblos que existen están rodeados de grandes muros para alejarse de un mundo lleno de vida salvaje.

Desde cerdos gigantes hasta bestias con habilidades sobrenaturales.

A estas criaturas con capacidades anormales las llaman “monstruos”.

Los cazadores y aventureros son los que abastecen de carne, pieles y otros productos a las ciudades.

Por eso, ser cazador es un sueño común entre los niños, ya que es una de las pocas formas de prosperar en este mundo.

■— Entonces, toda la carne que se come aquí es de caza.

— —Selene— Exacto.

— (Si en este mundo no existe la cría de animales, el ecosistema en el que viven debe haberse adaptado a ello.) Selene me contó que antiguamente hubo ciudades donde ciertos animales eran criados para obtener productos sin sacrificarlos.

Las avetos, por ejemplo, eran aves enormes que ponían huevos gigantes, y su cría era común.

También existían algunas ovejas cuya lana era aprovechada, pero nunca fueron vistas como alimento.

Cerca de cada ciudad hay zonas de alta concentración de monstruos y otros lugares con fauna más controlada.

Es trabajo de los aventureros y exploradores mantener este equilibrio.

En este mundo, la supervivencia está ligada a la caza y la exploración.

La carne no es un recurso asegurado, sino un premio para quienes se atreven a conseguirla.

Selene continuó explicando que hoy en día, las mazmorras son la principal fuente de carne y otros recursos.

Las criaturas que aparecen en ellas no se quedan confinadas, muchas veces salen al exterior y terminan poblando los alrededores.

■— Entonces, los aventureros regulan las mazmorras, los cazadores mantienen la fauna a raya y la guardia defiende la ciudad.

— —Selene— Exacto.

Si cualquiera de los tres falla, toda la ciudad sufre las consecuencias.

— Los aventureros actúan como reguladores de las mazmorras.

El gremio de aventureros controla las incursiones, cazan monstruos poderosos o evitan que se acumulen demasiado.

El gremio de cazadores, por otro lado, no se enfocan en las mazmorras, sino en mantener el ecosistema salvaje en equilibrio.

Son los que aseguran el suministro de carne, pieles y otros recursos.

■— ¿Y la guardia?

— —Selene— Son la última línea de defensa.

No se aventuran fuera como los cazadores o los aventureros, pero si un grupo de monstruos logra atravesar los controles y llega a la ciudad, la guardia los enfrenta.

— ■— Entonces, básicamente, son como la policía ¿no?

— Selene frunció el ceño.

—Selene— ¿”Policía”?— (Ah, cierto.

Aquí no tienen ese concepto.) ■—Son como… los encargados de hacer cumplir las leyes y mantener la paz dentro de la ciudad.

— —Selene— Supongo que es una forma de verlo.

Pero no solo mantienen el orden, también protegen la nobleza y aseguran que las reglas impuestas por los señores de la ciudad se cumplan.

— (Así que no son solo defensores, sino que también son la mano de los nobles… Interesante.) … Cuando terminamos de cenar, esperé el momento adecuado y llamé discretamente a un camarero que pasaba cerca.

■— Disculpa, ¿dónde se paga la cuenta?

— El hombre, discretamente, inclinó ligeramente la cabeza.

—Camarero— Todo se paga en el vestíbulo, señor.

— Asentí, agradecido por la información, y me puse de pie.

Selene también se levantó, con su elegancia habitual.

Salimos juntos del comedor en dirección al vestíbulo.

En el vestidor estaban todas las ropas de los comensales y antes de que Selene pudiera hacer algo, ya había tomado su abrigo.

No era un gesto especialmente complicado, pero lo hice sin pensarlo demasiado.

■— Permíteme.

— Le tendí la prenda y ella me miró con una ceja levemente arqueada antes de esbozar una sonrisa apenas perceptible.

No dijo nada, pero su mirada lo dijo todo.

Se acomodó la ropa con naturalidad y me hizo un pequeño gesto con la cabeza.

Mientras pagaba la cuenta, sentí a Selene acercarse, su presencia tan segura como siempre.

Se inclinó ligeramente hacia mí, su voz baja, casi un susurro.

—Selene— Me gustaría seguir discutiendo estrategias contigo, Hunt… pero creo que este lugar ya no es el adecuado.— Dejó que sus palabras flotaran en el aire por un segundo antes de añadir, con una sonrisa sutil: —Selene— ¿No crees que sería más cómodo en un lugar privado?

— (Joder… No me lo esperaba.

¿En qué momento pasó esto?

Selene no solo era inteligente, sino también súper atractiva.

Si me hubieran dicho hace una semana que una mujer como ella me propondría algo así, me habría reído en su cara.

Pero no parecía estar bromeando.

Yo, con alguien como ella… No lo habría imaginado ni de coña.) Esta vez, Selene había tomado la iniciativa sin que yo viera venir el movimiento.

Le sostuve la mirada por un instante.

No había dudas en sus palabras ni en su expresión.

Me detuve un momento para pensar en responder algo con la misma elegancia… pero decidí no hacerlo.

Ella había jugado su carta, y la había jugado bien.

■— Interesante propuesta.

— Eso fue todo lo que dije antes de girarme hacia el mostrador.

El encargado, un hombre de mediana edad con barba bien cuidada y un chaleco de lana fina, levantó la vista de un libro de cuentas y nos observó con tranquilidad.

—El encargado— ¿Necesitan algo más?

— Eché un vistazo rápido al lugar.

Este no era un sitio para cualquiera.

Seguramente aquí solo se alojaban comerciantes importantes y nobles de paso.

■— Una habitación.

— Deslicé unas monedas sobre el mostrador.

■— La mejor disponible.

— El hombre tomó las monedas con calma, revisándolas con un rápido vistazo.

Claramente, la autenticidad del oro siempre iba primero.

—El encargado— Por supuesto.

— Dijo con profesionalismo.

Sacó una llave de un estante de madera y la dejó sobre la mesa.

—El encargado— Piso superior, última puerta al fondo.

Tomé la llave con tranquilidad y, con un gesto natural, ofrecí mi brazo a Selene.

Sin dudarlo, deslizó su mano dentro del pliegue de mi codo, entrelazando su brazo con el mío con una elegancia que parecía innata.

Sin palabras, la guie con calma hacia la escalera.

… #■— Hoy no vuelvo a casa, me quedo a dormir con una amigita.

—# #●— No hagas nada que me obligue a ser tío tan joven… y sé un caballero.

—# #■— No soy un salvaje, idiota.

—# … El ambiente de la habitación se oscurecía con el paso de los minutos, las velas que iluminaron la escena de nuestro encuentro, paulatinamente se derritieron, dejando un tenue eco de lo que fue un llamativo inicio convirtiéndose en lentas sombras sobre las paredes.

Selene respiraba entrecortado, parecía que se estaba aguantando la respiración.

A cada sonido, a cada movimiento, parecía que solo inspiraba aire y no lo dejaba salir.

Cuando no aguantaba más, se escondía entre las sábanas para atenuar su voz.

■—¿Por qué te contienes tanto?

—le susurre al hombro.

Selene se tensó ligeramente, su mirada se desvió hacia la puerta.

—Selene— No quiero que me escuchen.

— No entendía el porqué, su respuesta me molestó bastante.

Sin embargo, todas sus preocupaciones tenían solución.

La noche anterior le pedí a Neo que me creara un dispositivo o artefacto mágico capaz de crear una barrera insonorizante.

Me levanté de la cama, dejando el calor del momento, atrás para buscar mi ropa.

En uno de los bolsillos abrí un pequeño portal a la subdimensión y cogí el artefacto de Neo.

Regresé junto a Selene, que me estaba mirando sorprendida.

■—Esto crea un campo insonorizante.

— ■—Todo el sonido dentro de su radio de acción no sale al exterior.

— Le demostré que alrededor de dos metros del cristal no se escuchaba nada.

Ella se puso de pie cerca de la puerta y yo salté con el artefacto, desde la cama al suelo.

Aparte de las vibraciones transmitidas por el suelo, el sonido no salió de la barrera.

Selene arqueó una ceja y tomó la piedra con delicadeza.

Seguramente su mente entendió rápidamente la importancia del artefacto, información secreta, reuniones privadas, negociaciones sin oídos ajenos…

Luego, con una expresión pensativa, deslizó lentamente su mano por mi pecho, siguiendo la línea de mis clavículas con la yema de los dedos.

Su mano fría contrastaba con el calor de mi cuerpo, dejando un rastro de sensaciones a su paso.

Levantó la mirada hacia mí un segundo y, con una velocidad felina, se abalanzó sobre mí.

—Selene— Así que dices que podemos hacer lo que queramos, sin que nadie escuche…— Tras ello, me empujó de vuelta a la cama con unas intenciones traviesas.

… Un leve movimiento a mi lado y una voz burlona rompieron la tranquilidad de la habitación.

—Selene— Dormilón, ya es de día.

Hay demasiada luz como para seguir acostado… y demasiados negocios que atender.

— ■—¿Ya no me vas a llamar por mi nombre?

— Selene se detuvo un segundo antes de responder con una sonrisa traviesa.

—Selene— Anoche lo dije tantas veces que casi pierdo la voz.

— — Selene — Después de anoche, creo que necesito un buen descanso para recuperar energías.

— Me estiré con calma, soltando un leve suspiro.

■— Parece que alguien tiene más energía que yo esta mañana.

— —Selene— No todos podemos darnos el lujo de tomarnos el día libre.

— Selene se levantó con elegancia y recogió su ropa con calma.

Mientras terminaba de ajustarse la capa, me lanzó una mirada de soslayo.

— Selene — Yo tengo que atender algunos asuntos antes de ir al gremio.

Pero te veré allí más tarde.

Por cierto, me voy a quedar con esta piedrita mágica tuya.

Si la quieres de vuelta, ven al gremio a recogerla.

— No esperó respuesta.

Caminó hacia la puerta con su paso seguro, dejando tras de sí un leve aroma de perfume sutil.

Me quedé un momento en la cama, observando la nada.

(¿Así que este es mi primer día oficial en la ciudad…?)

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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