Dos Mundos - Capítulo 3
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3: jsus 3: jsus La mañana la recibió con un silencio extraño.
Ella se despertó antes de tiempo, acostada boca arriba, mirando el techo como si buscara respuestas en esas líneas blancas.
Tenía un buen hombre, demasiado bueno, un hombre de 36 años, trabajador, dedicado, encantador.
Siempre pendiente de ella, siempre pensando en lo que necesitara.
Un hombre que cualquiera diría que era perfecto…
pero aun así, ella sentía un huequito.
Como si algo en su vida le quedara grande o chiquito, pero no justo.
El juego se había convertido en su respiro, un lugar donde podia liberar todo su estrés, donde podia soñar y ser alguien más.
Ese mundo donde podía entrar, cerrar la puerta de su cabeza y ser otra versión de sí misma.
Allí estaba él: El hombre del juego que había conocido no hace mucho.
Treinta y nueve años, unos tres años mayor que su novio, pero con un aura totalmente distinta.
Misterioso, atento, seductor sin intentarlo, con una voz que la envolvía.
Un refugio, pero un refugio peligroso.
Después de hacer sus cosas de la casa, ella se conectó.
Apenas apareció su avatar, él la vió.
-Ven.
Solo eso.
Como si fuera una orden suave.
Ella sin dudarlo fué, entró en la casa de él, subió al balcón donde él siempre se quedaba mirando el inmenso paisaje.
Él se volteó lentamente, se le acercó demasiado, obligándola a levantar la mirada.
-No vuelvas a irte así, eso me lástima.
Dijo con ese tono oscuro que él tenía a veces.
Ella intentó explicarse.
-Oye, yo solo me desconecté, tenía cosas que..
Pero él la tomó de los brazos, firme, sin hacerle daño, solo lo suficiente para que no pudiera mirar a otro lado.
-Aquí necesito que seas mía.
-¿Perdón?
-dijo ella, confundida.
Él inclinó la cabeza, acercándose más.
-No quiero que desaparezcas.
No quiero que me dejes hablando solo, no quiero que me abandones.
Aquí…
aquí eres mía.
¿Me escuchas?, Laura.
El aire se volvió pesado.
La tensión se podía cortar con una navaja.
Ella lo miró a los ojos y sintió esa mezcla rara entre miedo, deseo, adrenalina y algo que no quería nombrar.
-Tranquilo, me disculpo por eso.
Respondió ella bajito, mirándolo como niña pequeña desde un poco mas abajo que el.
-No me voy a ir.
A veces estoy ocupada, nada más.
Él no quedó convencido.
Y cuando ella se volteó para alejarse, él se acercó por detrás, pegándose a ella lo suficiente para que sintiera su presencia.
-Solo…
no me abandones.
Le dijo cerca de su cuello y oido, haciéndole sentir un escalofrío por todo su cuerpo, con una voz que le salió rota y posesiva.
Ella respiró profundo, se giró otra vez hacia él quedando sus cuerpos demasiado cercas.
Le habló: -De verdad, cálmate.
Estoy aquí, no me iré a ningún lado.
Después de eso, ella se fue a hacer sus misiones del juego.
Pulió sus armas, fabricó suministros médicos, reunió materiales, organizó sus cosas…
cualquier cosa para enfriar la tensión que él había dejado en su cuerpo.
Pero mientras hacía todo eso, alguien puso una mano sobre su hombro, solo que esta vez en su mundo real, haciéndola volver nuevamente a su habitación.
Se corrió los lentes de realidad virtual a un lado, empujándolos hacia su frente, y parpadeó varias veces tratando de ajustar la vista.
La habitación estaba iluminada solo por la luz azulada de la pantalla, y por eso el contraste le hizo entrecerrar los ojos cuando miró hacia la entrada.
Allí estaba su novio, Victor.
De pie, sosteniendo una bolsa de comida humeante, con una sonrisa cansada pero dulce en el rostro.
Tenía el cabello un poco despeinado, como si hubiese salido del trabajo apurado.
Su camiseta estaba ligeramente arrugada, y todavía llevaba el reloj de metal en la muñeca.
-Amor, te traje la cena- dijo él con una voz cálida, de esas que llenan la casa.
Ella se quitó del todo los lentes, los dejó sobre la mesa y se levantó rápido del sillón.
Sentía el cuerpo como si la hubieran sacado de un sueño abruptamente.
Se acercó a él, le sonrió, y tomó una de las bolsas para ayudarlo a servir.
El olor a comida recién hecha llenó el pequeño apartamento: Arroz caliente, pollo, un toque de ajo y salsa…
algo familiar, reconfortante, terrenal.
Mientras ella acomodaba la mesa, él se acercó por detrás y le dio un beso suave en el hombro, sin sospechar que hacía apenas minutos otra persona la había aferrado casi de la misma forma, con un reclamo lleno de lujuria y posesión.
-Todo bien amor?.
Que tal tu día?.
Preguntó ella moviéndose con cuidado a un lado.
-Mucho trabajo como siempre…nada nuevo…y tú…en ese juego aún?.
Preguntó el con curiosidad.
-Si!..es fantástico, me va bien.
Añadió sin dar más detalles.
Después cenaron juntos.
Hablaron de cosas simples: Del trabajo, de viajes, de él, del clima, de lo cansado que estaba el día.
Ella sonrió, lo escuchó, le hizo preguntas…
todo normal.
Pero por dentro, su mente estaba en espiral.
“No me abandones.” “Aquí necesito que seas mía.” Esa voz seguía pegada en sus pensamientos como un susurro oscuro que se negaba a irse.
Cuando terminaron de cenar, ella recogió la mesa, lavó los platos despacio, dejándose llevar por el agua caliente que caía sobre sus manos.
Él se bañó, se acostó, la abrazó un momento…
y luego se quedó dormido rápido, como siempre.
Pero dentro de ella, las palabras de ese hombre no dejaban REFLEXIONES DE LOS CREADORES khtr5 Gracias por leerme.
Los leo, espero que les esté gustando como a mi esta historia.
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