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Dos y un nuevo Mundo - Capítulo 100

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  4. Capítulo 100 - 100 El Honor de un Pequeño Mercenario
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100: El Honor de un Pequeño Mercenario 100: El Honor de un Pequeño Mercenario ********** POV Dende******* Recibí el permiso de mis padres para hacer las pruebas e ingresar al Gremio de Mercenarios.

Con tan solo quince años fue la primera vez que me presenté, pero tanto en la primera como en la segunda se me rechazó porque no cumplía con los estándares, sin embargo, nunca me detuve, siempre continué aprendiendo y siempre me mantuve ejercitándome para lograr convertirme en las personas que admiraba, después de todo en el pasado tanto mi familia como yo habíamos sido rescatados por Mercenarios.

Las primeras veces fueron rudas, pero todo valió la pena cuando por fin fui aceptado como uno de ellos y se me entregó el colgante tan característico que lo indicaba.

El camino que siguió luego de eso fue duro, complete las misiones asignadas hacia mi persona, pero no puedo decir que los logros fueron completamente míos, no…

yo solo tuve la suerte de estar en el lugar correcto en el momento indicado y apoyar a los verdaderos protagonistas.

Fue por eso que, cuando todo el mundo observaba a la letal belleza pelirroja, por mi parte mis ojos solo observaban al silencioso….

niño…

un niño de como máximo doce o trece años, más joven que yo y, aunque no podía decir que sea menos experimentado, ver la placa en su cuello hizo que mi corazón diera un vuelco.

Apreté mi arma, sabía que era inmaduro enojarme por tal hecho, pero…

cuando su mirada chocó con la mía esta no demoró ni medio segundo en seguir de largo…

como si me descartara…

como si no representara amenaza para él, pero lo que fue la gota que derramó el vaso fue que cuando observé sus ojos…

por ese breve y fugaz momento no pude pestañear, no, tuve que luchar por no salir corriendo….

sentí miedo, un miedo instintivo que solo había presenciado contra Bestias más grandes y fuertes que yo.

Esto era impensable, ¿Qué sería de mí si huyo incluso de un ser humano más joven que yo…?

Así que no lo pensé más y me levanté, caminé hacia ellos ignorando todas las alertas que gritaban sin parar en mi mente y con una mano temblorosa tomé el hombre del niño más bajo que yo…

pero me arrepiento de haberlo hecho…

sus ojos…

una mirada que pareció analizarme hasta el interior fue lo único que encontré cuando volteó despacio y me miró, pero ¿Acaso no es raro?

Tal vez el mismo miedo me había vuelto loco y antes de darme cuenta las palabras se derramaron de mi boca.

– ¡¿Qué es esa mirada, acaso tus padres no te enseñaron a respetar a tus mayores?!

Los ojos del niño se iluminaron, el brillo guinda los hacía parecer estrellas en un cielo despejado que era representado por su piel blanca sin manchas y- – ¡Detente Abel!

**************POV Normal************** Ashley se movió lo más rápido que pudo y el golpe cargado de electricidad se detuvo frente al rostro de Dende, nombre que ahora conocían por el colgante en su cuello.

– ¿…eh….?

Dende no sabía que había ocurrido, antes de darse cuenta su visión había sido bloqueada por un puño más pequeño que el suyo, se desconcertó, pero como mercenario que había logrado a unirse al Gremio se recuperó rápidamente y retrocedió hasta chocar con la mesa donde se encontraban los demás Mercenarios de su grupo.

– ¿Estás bien?

– Preguntó quién parecía ser el líder del grupo, un hombre de estatura promedio en sus treinta, el colgante en su pecho mostraba su nivel al mismo que Abel.

– S-Sí…

Dende respondió suavemente, sintió un ligero adormecimiento en la punta de su nariz, pero fuera de eso no hubo nada extraño, “estaba bien”.

El líder se levantó y posó su mano sobre el hombre de Dende, un gesto que le decía que a partir de ahora él se haría caso, sin embargo, ni Ashley ni Abel les estaban prestando atención.

– ¡Debes de tranquilizarte!

¡Está bien que lo golpees, pero debes medirte, Sabes lo que hubiera pasado si no te hubiera detenido, ¿verdad?!

– …

¡tch…!

– ¡Nada de chistar los dientes, ¿ahora quieres aparentar ser un niño normal y hacer berrinches?!

Ashley se notaba enojada, aunque no por completo, después de todo Abel le había contado el amargo pasado que lo llevó a este continente y sabía lo inconsciente que habían sido los comentarios de Dende, pero ella veía a los Mercenarios como su familia, así que no podía aceptar este tipo de golpes que pondrían en peligro la vida del otro.

Pero claro, nada de esto era sabido por los demás y el líder del grupo de Dende desenfundó su arma, una espada común y corriente sin nada en especial, pero el corte descendente que realizó de inmediato era un colpe limpio, era el corte que usarías para cortar la cabeza de una bestia de un solo golpe, aunque este nunca llegó a su destino.

– Tú…

no te metas donde no te llaman.

Ya que Ashley lo sostuvo con su mano y junto a los ojos fieros de la belleza peli roja el filo de la espada comenzó a teñirse de rojo.

– ¡…!

El líder se alejó de inmediato.

Nadie era tonto, todos aquí sabían que el nivel de Ashley estaba por sobre ellos, pero como antes se observó, como Mercenario uno no podía retroceder y mirando a Dende por un segundo el líder suspiró.

– Lo siento, pero no creo poder hacer eso.

– ¿Oh?

La sonrisa de Ashley se profundizó, parecía haber olvidado que estaba regañando a su discípulo, no, mientras su cuerpo comenzaba a arder parecía haber olvidado incluso sus propias palabras y no era de extrañarse, ella misma lo había dicho, su cuerpo ardía y no sabía si podría controlarse.

– ¡…!

Todos los Mercenarios se levantaron, debían proteger su hogar y a sus compañeros, no sería imposible y estaban dispuestos a sacrificarse por ello, pero…

*clap* – ¿…?

Un aplauso hizo girar a todos en una dirección.

La disposición de esta sucursal era bastante parecida a la que estaba en la capital, con las escaleras a un lado de la barra la segunda planta era ligeramente visible desde abajo y, paso tras paso bajando las escaleras, se encontraba un hombre que llamarías “raro”, no porque sea desalineado o de vestimenta extravagante en cualquier sentido, no, de hecho, el hombre era la definición de “normal” y la verdad es que solo sería considerado extraño de ver en este preciso lugar.

– ¡¿Qué está pasando aquí?!

El hombre tenía un bigote extraño con el que jugueteaba con sus dedos, era delgado con un cuerpo que parecía haber abandonado cualquier actividad física hace ya un tiempo, usaba un monóculo dorado y su vestimenta pulcra lo hacía ver más como un aristócrata que un Mercenario, pero el colgante en su pecho decía lo contrario.

Con intensidad el hombre terminó de bajar las escaleras y alzó la voz sin temor a nada, con confianza.

Normalmente esto levantaría quejas, miradas y sería peligroso, pero extrañamente los presentes apretaron y chasquearon los dientes antes de desviar la mirada.

– sub maestro de Sucursal…

La respuesta llegó a Abel por los susurros de algunos Mercenarios.

– ¿sub maestro de Sucursal?

¿Eso existe?

– Preguntó Abel en voz baja, lo suficiente para que solo Ashley lo escuche.

– Sí y no, en si es como que se creó esa posición en esta ciudad ya que los nobles de por aquí lo tienen en alta estima.

– ¿Alta estima?

– Es su hijo.

– …

¿Eh?

No había nada más que decir, parecía que los lugares que no son la capital, donde se encuentra la principal Sucursal del Gremio de Mercenarios, no eran administrados con la mejor atención, y Abel no tenía dudas de que, como este, existían muchos más casos de puro Nepotismo.

– ¡¿Pregunté qué está pasando aquí?!

– Gritó el sub maestro.

– Lo que pasa es…

Una de las personas que no parecía ser mercenario, sino aquel que llevaba las cuentas, se acercó y en resumida cuenta se lo contó todo al oído y mientras más avanzaba la historia, más se iluminaba la cara del sub maestro.

Cuando terminó de ponerse al día, el sub maestro sonrió momentáneamente, aunque la reemplazó por una expresión indignada tan descarada que revolvió el estómago de todos los presentes.

– ¡¿Cómo es posible…?!

Gritó sin espera mientras se acercaba a los responsables, su andar demostraba la confianza que tenía, ganaría méritos y expandiría el “Respeto” que le tenían, eso era lo que mostraban sus ojos a la vista de Abel, pero…

– ¡Ah pasado un tiempo, “Sub-Maestro de Gremio”!

Su carga perdió toda potencia cuando Ashley lo saludo mostrando los dientes de forma feroz.

– ¡A-A-A-A-A-A-Ashley!

El hombre palideció notablemente cuando Ashley dio un paso en su dirección y el sudor en su frente se hizo evidente, pero, aunque temeroso, aún se notaba confiado.

Además, no solo el líder del grupo de Dende, todos tragaron saliva al escuchar el nombre de la feroz mujer cubierta en sangre y sudor, dando un paso atrás y soltando el mango de sus armas, todo fue un malentendido y ella no era el enemigo.

– ¡¿Q-Qué haces aquí y causando problemas?!

– ¿Hace falta gritar?

te escuchó con claridad incluso si susurras.

– ¡T-Tú…!

¡Solo Responde!

Las cejas de Ashley se arrugaron y Abel pensó que saltaría a golpearlo en cualquier momento, pero Ashley solo suspiró.

– ¿En verdad tengo que decirte?

Solo vengo a reportar algo al Maestro del Gremio.

Ashley respondió lo que le pidió, sin embargo, el Sub-Maestro de sucursal parecía ofendido por alguna razón.

– ¡Pues el Maestro no se encuentra en este momento, así que repórtamelo a mí y solo vete!

– Ya veo…

así que no se encuentra, eso explica muchas cosas.

– ¡¿Q-Qué?!

¡¿A qué te refieres?!

– A nada, pero si no está el Maestro de Sucursal entonces no tengo más asuntos aquí.

El rostro del hombre se enrojeció, los gestos con la mano de Ashley, así como la poca emoción que tenía para lidiar con él lo estaban haciendo echar humo por el enojo.

– ¡Espera, ¿Piensas que puedes irte así como así luego de causar tal alboroto?!

– …

Ashley parecía estar a punto de explotar, pero sus ojos se desviaron por un instante y observó a su discípulo, no había razón aparente, pero las esquinas de sus labios se levantaron como si una situación divertida pudiera ocurrir.

Entonces respondió.

– ¡Antes que todo!

– “Rugió alarmando a todos” – En vez de estar reclamándome deberías estar agradeciendo que detuve a este mocoso, ¿Entiendes?

– ¿Eh?

– ¿Eh?

El comentario tomó desapercibido a todos, aunque más al Sub-Maestro, pero si ser descarado fuera una habilidad entonces este hombre claramente la poseía y en su mente la situación no solo se había arreglado, sino mejorado.

– ¡O-Oh!

Tienes razón…

si…

tienes razón.

Ahora en sus ojos solo estaba reflejado Abel.

– Tu, niño, cuál es tu nombre.

– …

No hacía falta decir que Abel no respondió al descaro del Sub-Maestro y la irritación era palpable.

– ¡Responde!

– …

Abel no esperó más, simplemente se giró y comenzó a caminar, pero Ashley lo tomó del hombro.

– ¡Abel, ese es su nombre!

– ¿Eh?

– Así que Abel, ¿Crees que te saldrás con la tuya?

te haré responder por los problemas que causaste.

El Sub-Maestro sonrió y Abel observó con severidad a Ashley, pero esta solo sonrió y levantó los hombros en gesto de inocencia.

Abel solo pudo suspirar.

– ¿Sabes lo que hiciste?

– …

– ¡Esta prohibido pelear dentro del Gremio y más entre nosotros!

¿Cómo piensas hacerte responsable siendo un niño?

Abel temblaba, el nepotismo por el que esta persona había llegado a su puesto era tan claro como el agua, pero la ironía e incluso la hipocresía que tenía para hablar de las “reglas” le chocaba y revolvía su estómago.

Abel observó a Ashley, ella sonreía, pero no importaba cuanto la mirara o cuanto lo pensara, Abel no encontraba razón alguna para esta situación además de simple diversión y por eso solo pudo suspirar.

– Debes de saber cuándo bajar la cabeza, si voy con el Maestro cuando vuelva entonces tu joven vida se complicará.

– No lo entiendo…

– Se quejó Abel.

Aunque no se entendía si era por todo lo que estuvo hablando el Sub-Maestro mientras él pensaba o por Ashley.

– Exacto, no lo entiendes, aún eres un niño, así que ahora deberías escuchar el consejo de este adulto y- – No, no es eso.

Pero sin importar que Abel ya estaba harto e interrumpió bruscamente al jefe del gremio, no alzó la voz, pero su tono firme se hizo escuchar, el jefe de sucursal estuvo a punto de estallar, pero viendo la sonrisa de Ashley se tuvo que morder la lengua y Abel continuó.

– ¿Niño?

¿Adulto?

¿Qué cosas sin sentido estas diciendo?

– ¿Hm?

¿Qué dices?

– Replicó sin entender.

– No es tan complicado como crees, no hay un trasfondo, es solo eso.

Como tu mencionaste, las reglas importan así que hay que seguirlas y yo te pregunto de nuevo, ¿Niño, Adulto?

¿acaso importa?

– P…Pero claro que sí, es obvio ¿No crees?

– Respondió el Sub-Maestro de sucursal, su voz temblaba por la confusión.

– Eso es interesante – La voz de Abel sonaba irónica, cómica, como si se estuviera aguantando la risa.

– ¡¿Qué es tan gracioso?!

– Despotricó el jefe.

El lugar estaba calmo, nadie había dado un paso luego de la advertencia de Ashley, pero en vez de responder de inmediato Abel se tomó su tiempo para observar a los presentes y dando un suspiro, respondió.

– Sub-Maestro de Sucursal…

creo que usted es el único en este lugar que no lo entiende.

– ¿Qué dices?

– “Sub-Maestro, es simple…” – Abel lo señaló, entonces lo hizo con los demás y finalmente terminó en él – “No soy un niño, usted no es un adulto, nadie aquí es nada….

nosotros…

nosotros somos Mercenarios.” – …

Simples palabras, pero ¿Acaso había alguien presente que no estuviera de acuerdo?

– “Yo soy un Mercenario, Ashley es una Mercenario, todos aquí lo somos y ¿Sabes?

desde el momento en que nos volvemos uno entonces ya no hay vuelta atrás, así que debemos vivir como uno…

Así que dígame, “Sub-Maestro de sucursal” ¿Cómo es que vive un Mercenario?

¿Qué es lo más importante para un Mercenario?” – …

No hubo una palabra, al menos no de inmediato, la intensidad con la que hablaba Abel le había hecho imposible rebatir incluso si Abel hubiera dicho algo incorrecto, pero eso no era el caso de Abel y él no esperó.

– Permítame excederme, Sub-Maestro de sucursal, tal vez no tenga tanto tiempo como usted en el Gremio, pero creo puedo responder estas preguntas con seguridad y sin pensarlo tanto.

– ¡Cóm-!

– “¡Primero!” – Abel alzó la vos por primera vez desde que todo comenzó, la intensidad hizo temblar al delgado hombre – ¡Un mercenario vive en peligro, nunca sabemos si volveremos con vida por más que lo intentemos, por eso muchos beben y comen como si fuera la última vez!

– ¿Ah, qué clase de idea tont-?

– ¡Segundo!

¡Como vivimos en peligro debemos atesorar lo que tenemos, debemos atesorar el día a día!

…

Debemos hacernos respetar, debemos proteger nuestro orgullo, nuestros logros…

nuestra reputación…

a nuestra familia…y eso, Sub-Maestro de sucursal, es lo más importante para un mercenario.

El Sub-Maestro estaba sin palabras, no, a este punto parecía más estar ahogándose ya que todos los Mercenarios asentían con satisfacción, incluso Dende y el Lider, y Abel, con calma, tomó el mango de su daga y la desenfundó de un solo movimiento.

No fue gran cosa, un arma tan pequeña era fácil y rápida de desenfundar, pero extrañamente nadie pudo quitar la vista del pequeño, las razones eran variadas, divididas, contrarias, pero todos y cada uno de los mercenarios presentes tenía claro que el ardor en su pecho…

las palabras del pequeño eran ciertas y más que una simple desenfundada, la acción parecía contener su manera de vivir.

– Por eso, Sub-Maestro de sucursal, el chico detrás de usted pisoteó mi orgullo, habló imprudentemente y pisoteó mi modo de vida…

pisoteó mi historia con su imprudencia, además…

usted no es diferente y como Mercenario, estoy en completo derecho de proteger mi orgullo.

No rompí ni una regla, solo sigo la forma en que vivimos.

Abel apuntó la daga al Sub-Maestro, él había hablado de Dende, pero no le guardaba rencor alguno, incluso pensaba que había exagerado un poco y ya lo había hecho pagar por su imprudencia, pero era obvio que con este adulto no se aplicaba la misma situación, así que sus ojos brillaron profundamente, no solo dejando salir un guinda hermoso, sino un peligroso frio que le dio escalofríos al Sub-Maestro antes de que las palabras fueran comprendidas.

– Por lo que ahora “Sub-Maestro” procederé a proteger mi honor y orgullo, prepárese.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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