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Dos y un nuevo Mundo - Capítulo 101

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  4. Capítulo 101 - 101 Defiende tu honor
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101: Defiende tu honor.

101: Defiende tu honor.

– ¡¿Q-Qué creen que hacen?!

Ojos fríos y agudos como los de una bestia atravesaron al Sub-Maestro, la situación era clara e irreversible así que gritó mientras observaba a los demás Mercenarios.

Pedía auxilio, pero lo único que encontró fueron ojos desinteresados y corazones calientes que apoyaban las palabras del pequeño.

– ¡¿Enserio, se quedarán parados?!

Su cabeza hervía y su pecho apretaba, aunque no era por sentirse traicionado, no era tan tonto como para creer que las personas aquí lo miraban con ojos favorables y él nunca había querido eso.

La razón era porque su “autoridad”, aquella que luchó por obtener mientras se aprovechaba de los demás y de su familia, estaba siendo ignorada y en su mente gritaba “¿Solo por las palabras de un niño?” – ¡Bien, luego me las pagaran!

La vista era lamentable, no solo era un descarado completo, sino que era un cobarde temeroso y, como los demás, Abel estaba cansado de seguir escuchando su voz.

– ¡Solo ten cuidado pequeño, no mueras de casualidad y vive para que te pueda hacer pagar por esta humillación!

¡Cómo tu dijiste, defenderé mi honor!

– ¡Ja!

– Se burló Abel – ¿Honor?

– y sin esperar se lanzó hacia el Sub-Maestro de sucursal.

Una arremetida directa en un espacio pequeño.

El Sub-Maestro no parecía portar ningún arma consigo, pero inesperadamente sacó un arma oculta de su espalda baja, aunque “Arma” era una palabra debatible, ya que el cuchillo que sacó era tan brillante y arreglado que parecía más un cuchillo ceremonial, sin embargo, el pequeño y delgado cuchillo curvo cumplió su labor al detener la estocada directa de Abel.

– N-Nada mal – Dijo el Sub-Maestro, lucía tranquilo, pero en su mente no paraba de gritar “¡Esta no es la fuerza normal de un niño!”, ya que sus ojos canela iluminados demostraban que estaba consumiendo Factores de Mejora.

Abel observó con sorpresa su ataque detenido, después de todo él creía que el Sub-Maestro era alguien que mucho ladra, pero poco muerde, sin embargo, eso era todo, una ligera sorpresa.

– ¡Pequeño mocoso!

Los ojos de Sub-Maestro se iluminaron más y empujó la Daga de Abel, pero antes de poder pasar al ataque la daga se había recogido y era agitada en un arco ascendente que amenazaba con oscurecer su mundo.

– ¡…!

El sonido metálico chirrió cuando el corte fue bloqueado, pero el asunto no terminaba ahí y Abel lanzó uno y otro y otro más acorralando al Sub-Maestro mientras este retrocedía luego de cada intercambio *Clin* La daga bloqueada una vez más se retrajo y el corte se convirtió en una estocada, el Sub-Maestro seguía de cerca el movimiento de la daga, pero cuando quiso desviarla una vez más sintió el dolor muscular que se estaba adueñando de su cuerpo.

– ¡Tch!

– Chasqueó los dientes.

No era extraño, después de todo hace mucho tiempo que no ejercitaba su cuerpo o consumía Factores de Mejora y tanto su cuerpo como su mente se lo comenzaron a reprochar cada vez más fuerte, entonces, la siguiente vez que la daga golpeó el cuchillo su agarre no pudo soportar la fuerza y lo soltó.

– ¡Jamás!

Por un momento el Sub-Maestro pareció un verdadero Mercenario, ya que no se rindió al ver su arma volar, pero era demasiado tarde, no solo para arrepentirse de su camino, sino para tomar acciones, ya que por primera vez en la pelea los ojos de Abel se iluminaron dejando ver una ligera corriente de electricidad viajando por ellos, desapareciendo en un segundo a la vista del Sub-Maestro y, antes de que este se dé cuenta, la daga presionaba su cuello por la espalda.

– Tú no tienes honor, no hables de cosas a la ligera.

Sin embargo, fueron esas palabras las que cortaron más profundamente al Sub-Maestro, quien cayó de rodillas al suelo temblando de la impotencia e ira mientras mordía su labio en desesperación.

La pelea por el honor no fue un espectáculo, frente a la vista de todos Abel había estado jugando con el Sub-Maestro hasta que este llegara hasta su límite y posteriormente había acabado con todo de una forma tan simple que nadie se atrevía a dudar del resultado, aunque claro, si bien el Sub-Maestro alguna vez fue un Mercenario Intermedio eso fue hace mucho, mucho tiempo.

Abel envainó su daga, se dio la vuelta y caminó hasta Ashley que había quedado del otro lado, pero, aunque pasó a lado del Sub-Maestro, ni siquiera se dignó en verlo de reojo, ambos ahora tenían la misma altura, pero el ancho de sus hombros y la postura que tenían era claramente distinta.

La sangre se derramaba del labio del Sub-Maestro y sus dedos estaban pálidos por la fuerza con que se apretaban en un puño, la vista gritaba que habría represalias o acciones cobardes y con la espalda de Abel desprotegida el Sub-Maestro tomó su ornamento filoso, pero, contrario a lo que todos pensaban, el Sub-Maestro solo se levantó y salió corriendo sin ver atrás mientras se habría paso entre el público.

– ¡Sub-Maestro!

– Gritó aquel que lo puso al día, pero fue en vano y la puerta se azoto con fuerza tanto al abrirse como al cerrarse.

– Al menos es rápido de pies para huir.

– Dijo Ashley.

Abel ignoró el comentario sarcástico y tomó del brazo a Ashley al mismo tiempo que comenzó a caminar hacia la barra, su mirada desinteresada cambio ligeramente luego de pedir habitaciones para ambos.

– ¿Que esperabas conseguir?

– Susurró mientras subían las escaleras.

– ¿Nada en especial?

– Por lo que me contaste sabes que habrá represalias, ¿Verdad?

– Dijo Abel con una mueca de molestia al pensar en lo que podría pasar.

Él había vivido una vida recta y sin incidentes debido a su delicada historia con la Familia Real, pero sin saber si fue por eso o por algún motivo desconocido hasta el momento no ocurrió ningún incidente…

hasta ahora y, con la mente más fría, algunos nervios habían golpeado su corazón, pero ante esta preocupación Ashley solo sonrió.

– Mmmm no lo creo.

Y respondió de forma desinteresada mientras levantaba los hombros y entraba en su habitación asignada.

Abel tenía ganas de preguntarle el porqué de su confianza, pero estaba cansado mentalmente de tratar de entender a Ashley y se limitó a entrar a su habitación.

El día había sido largo y luego de hacer unos movimientos y ejercicios básicos, se durmió.

********** Por otro lado, el Sub-Maestro había llegado corriendo a una mansión situada en el centro de la ciudad, rodeada de demás mansiones esta era por mucho la más lujosa.

Su labio aún sangraba y tanto las doncellas como los sirvientes lo observaron con miedo mientras se apartaban de su camino.

Para el Sub-Maestro pareció una eternidad, pero luego de correr por algunos minutos finalmente había llegado al salón en la segunda planta que funcionaba como la oficina del Gobernante de esta ciudad, su padre, y entrando sin golpear alarmó a todos los presentes, aunque por extraño que fuera no parecía ser su presencia en si lo que los alarmó, sino algo derivada de esta.

– ¡Padre!

Fue su primer grito luego de ignorar todas las miradas.

– ¡Padre, debes castigar a un miserable mercenario!

– …

– ¿Padre?

– …

– ¡PADRE!

El Gobernador de la ciudad, aquel que portaba el título nobiliario de Márquez, por alguna razón palidecía con cada palabra del Sub-Maestro, pero lejos de entender u observar lo único que hacía era aumentar el volumen de su voz buscando una respuesta, pero lo que buscaba nunca llegó, aunque la opción que tomó inmediatamente después solo hizo que el Márquez se culpe a si mismo por mal criarlo de niño.

– ¡Un Sucio Mercenario se atrevió a burlarse de mí, me retó a un duelo y tuvo el descaro de ganarme, ¿Puedes creerlo?!

¡¿Acaso no es un insulto hacia mí, hacia ti, hacia nuestra familia?!

El Sub-Maestro derramó sus palabras y maldiciones sin descanso, su vena palpitante de ira parecía estar a punto de reventar, pero en medio de todo el escándalo una voz se hizo audible.

– Foul…

Era la voz del Márquez pronunciando el nombre casi olvidado del hombre al que todos se referían como Sub-Maestro.

– Déjalo…

no digas más…

El rostro de Foul se iluminó cuando el Márquez respondió, por un momento pensó que su calma era resultado de la inmensa ira que luchaba por contener, pero su expresión cambió en un segundo cuando sus próximas palabras fueron pronunciadas, entonces una expresión de desconcierto, e incluso miedo, se adueñó de su rostro.

– ¿Pa…dre?

– Preguntó atónito.

– Foul…

déjalo, tu mismo lo dijiste, fue un duelo y el resultado fue claro…

como Gobernante de esta ciudad no puedo hacer más.

– ¿Padre?

– …

– ¡Padre!

El rostro de Foul se enrojeció, dejando la incredulidad de lado su cuerpo y los alrededores ardían en ira y un grito espantoso se extendió por la sala a tanta potencia que las ventanas se rompieron y los empleados cayeron al suelo.

– ¡Padre!

¡Ese Mercenario me humilló, se rio de mí y de lo que había logrado!

¡¿Qué importa si es un niño?!¡¿Por qué reaccionas así?!

¡Debemos demostrar que nadie puede ir en contra de nuestra familia!

¿No es acaso la forma que me enseñaste?

no…

tienes razón, ¡castigarlo no será suficiente, debemos m-!

Foul comenzó a jadear y babear con cada palabra que decía, además sus pupilas reducidas te hacían pensar que había perdido la cordura.

Una vista lamentable, aunque nadie aquí podía culparlo por completo ya que, en el pasado, al ver a su hijo en este estado entonces el mismo Márquez hubiera liderado la marcha para la guerra, pero esta vez, apretando los dientes y con una lágrima rodando por su mejilla, el Márquez abofeteó a su hijo.

– ¡¿Qué crees que haces?!

¿Te enseñé?

¡¿De qué demonios hablas?!

Y entonces gritó con una intensidad que hizo encoger a Foul.

– …

¿Pa…dre?

El Gobernante de esta ciudad estaba rojo de la ira, una visión que jamás había observado como su hijo y más cuando se quejaba buscando ayuda, por eso el desconcierto era palpable, pero, antes de que el Gobernante pudiera responder, una cuchilla de hielo estaba presionada contra el cuello del Sub-Maestro.

Los ojos brillosos del Márquez demostraban sus pensamientos “Ya es tarde” – Vaya…

la verdad no esperaba escuchar esto…no puedo permitirlo…

no, no puedo.

– ¿Eh?

Entonces, como si de un espejo se tratara, el espacio detrás del Sub-Maestro se rompió y mostró al que sostenía la cuchilla de hielo.

Foul era un mimado, nunca hizo nada por sí solo incluso cuando se le ordenó, sin embargo, había algo que hasta un ignorante y desgraciado como él conocía y eso era el escudo grabado en la armadura de la persona detrás de él.

– La …

Familia Real…

Pero no era el escudo que mirarías grabado en las puertas del castillo, no, este era uno que solo verías si hiciste algo mal o cuando te advierten que hay algo que no debes hacer.

Entonces, el hombre con los ojos tapados y la armadura celeste sonrió.

– Bingo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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