Dos y un nuevo Mundo - Capítulo 102
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- Capítulo 102 - 102 Afloja la correa pero nunca la sueltes
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102: Afloja la correa, pero nunca la sueltes.
102: Afloja la correa, pero nunca la sueltes.
– ¡¿Q-Qu-Qu-e-Qué hace alguien de la capital…?!
– Tartamudeo Foul, aunque de inmediato se vio obligado a cerrar la boca por la cuchilla que presionó contra su cuello, un poco más fuerte y su cabeza saldría volando.
– ¿Uh?
¿esa es forma de hablarle a alguien que tiene tu vida en sus manos?
¿O daga?
– Se burló el hombre tras la máscara – Ja, como sea, no esperaba gran cosa de ti.
La armadura del hombre reflejaba las luces que alejaban la oscuridad y emitía un resplandor que parecía vestirlo de un velo celestino a pesar del plateado de esta, el reflejo o la ilusión tan pulcra y a la vez salvaje recordaba a todos la magia de los Diablillos de Hielo.
– ¡Ah!
El hombre enmascarado suspiro y empujó a Foul.
Este cayó al suelo debido a que sus piernas temblaban como las de un ciervo recién nacido por el frio aún presente en su cuello.
– ¡P-Padre!
Foul se arrastró de manera miserable dejando un rastro de orina que no paró incluso luego de situarse a las espaldas del Marques.
– …
El Marques observó a Foul, en sus ojos ardía la ira, la pena y la vergüenza, pero sus labios se sellaron mientras dejaba salir una sonrisa hipócrita y unas palabras venosas.
– Lamento la vista, fue mi culpa por no haber puesto la atención necesaria a la crianza de mi hijo.
– Veo que lo entiende- El caballero fue cortado.
– ¡Pero me temo que fue demasiado lejos, ya que las palabras del Rey acaban de llegar!
Además, mi hijo no estuvo presente y aún no sabemos si la persona de la que habla es aquella que menciono.
– …
El Marques nunca perdió la sonrisa, lo venenosa y resentidas que era cada una de sus palabras hacían revolver el estómago de los sirvientes que yacían en el suelo e incluso parecía haber logrado incomodar al Hombre enmascarado, ya que la daga de hielo en su mano se deshizo como polvo mientras levantaba los hombros como si dijera que la situación era solo agua bajo el puente, pero – ¡…!
– incluso sin haber pestañado el Marques había perdido de vista al hombre enmascarado, como si este se hubiera perdido en el aire había desaparecido, sin embargo no hacía falta buscarlo o pensar donde estaba, ya que era como una vieja tradición y este apareció a espaldas del Marques.
– Bonitas palabras, pero te equivocas.
El hombre empujo al Marques, no fue con demasiada fuerza, pero con Foul aferrado a sus piernas no tuvo más opción que caer y darse vuelta mientras observaba hacia arriba.
Como en todo lugar el lejano Norte no era una excepción y las clases sociales estaban talladas en piedra a pesar de las palabras o rebates de algunos.
Sin embargo, si solo tomáramos al Norte entonces veríamos que esta marca sería distinta a si solo habláramos del Gran Imperio Sutra y el hombre enmascarado sonreía frente a este dilema.
Observando los ojos del Marques en el suelo sus manos se vieron tentadas a derramar sangre, después de todo ¿cómo era posible?
Como un Marques en quien el Rey confía se atrevería a mentir de forma tan descabellada, ¿Cómo se atrevía a ir en contra de las palabras de la persona que, a grandes rasgos, lo situó en ese lugar?
Todo era inaceptable, pero contrario al hombre a sus pies el hombre enmascarado seguiría sus órdenes, por lo que las ansias de matar fueron reprimidas.
– Marqués…
– dijo el hombre de forma irónica – ¿Acaso no recuerda las palabras del Rey?
Sí, fueron hace unos años, pero debería recordarlo tan claro como si fuera ayer.
– …
El Marques apretó los labios, parecía querer refutar, pero si, el Reino de Sgrowl era distinto al Imperio donde por sus palabras anteriores ya habría volado su cabeza, sin embargo, había un límite, una línea que no debería pasar.
– Sí, me presente ante usted hace unos minutos, pero recuerde mis palabras, yo nunca emití una orden, solo la recordé diciendo “El objetivo de su Majestad está en la ciudad”, luego de eso hubo charla y preguntas sin sentido que estuve dispuesto a aceptar, pero luego llegó su lamentable hijo y comenzó con su tan conocido lloriqueo – Con esas palabras el hombre enmascarado comenzó a caminar alrededor de la habitación – al comienzo fue cómico, nunca pensé encontrar a un noble tan incompetente, pero tal vez es la misma seguridad que han enfrentado a lo largo de estos años lo que los ha llenado de tanto cinismo, ¿Pero sabe?
estuve dispuesto a dejarlo pasar junto a las acciones que ha estado cometiendo a lo largo de los años.
El hombre enmascarado finalmente volvió a su lugar y volteo a ver hacia el suelo, el Marques aún estaba en el suelo, sus ojos lo habían seguido en toda su vuelta, sin embargo, ahora eran distintos, el odio y resentimiento seguía presente en ellos, además aún gritaban “¡cómo se atreve un simple perro como tú!” aunque ahora, detrás de todo eso, había un temblor, un temblor incontrolable de miedo que crecía con cada palabra del enmascarado y cuando su mirada se encontró, el hombre preguntó.
– Responde, ¿Cómo se llamaba el niño que te “humillo”?
– …
– No hacía falta decir que Foul no respondió, solo volteó a observar a su padre, quien lo miró aterrado.
Sus ojos parecían suplicar que no responda, sin embargo, un niño que nunca se enfrentó al mundo no sabría cómo reaccionar ante la presión y un gritó que heló el ambiente fue suficiente para que cante.
– ¡Responde!
– ¡Abel!
– ¡¿Abel?!
– ¡Abel…
el no tenía apellido…
el solo era…
un …
un maldito plebeyo…
Entonces el Marques cerró los ojos, su mirada se había cristalizado.
– Pequeño…
– Murmuró el enmascarado mientras se ponía de cuclillas – Aquel que se llama Abel, un niño de pelo guinda con piel blanca y rasgos elegantes, aquel niño que “atacó” el castillo y escapó, aquel niño que ahora es un mercenario nunca deberá ser inculpado por sus crímenes, además no se le molestará o instigará en sus acciones, pues aquel niño será quien en el futuro actúe por nosotros.
– ¿Q..Qué?
– Pregunto Foul confundido por las palabras que fueron pronunciadas por el enmascarado como si leyera un guion.
El hombre sonrió, su sonrisa era fría y desdeñosa, y finalmente posó su mano sobre la pierna de Foul.
– Estas fueron un fragmento de las palabras que su Majestad pronunció hace dos años frente a todos los nobles presentes, además que fueron las mismas palabras que se enviaron en las cartas a aquellos que no se encontraban por distintas razones, ¿Acaso no lo sabías?
– …
No…
– …
– El enmascarado pareció dudar, aunque más que duda sus acciones podrían ser escepticismo, entonces volvió a hablar, aunque esta vez observando los ojos temblorosos de Foul – Aquellos que hocen ir en contra de este decreto serán castigados con la muerte…
sin excepción.
– ¡No!
– Gritó finalmente el Marques, pero ya era muy tarde.
Cuando el Marques se trató de mover para alejar a su hijo, este solo consiguió escuchar el sonido de un cristal rompiéndose y cuando sus ojos observaron el brazo en sus manos entonces vio como su hijo se había congelado, su mirada aterrada penetró su corazón, pero ni siquiera tuvo tiempo para procesarlo ya que una voz se extendió por el salón.
– A pesar de todo estuve después a dejarlo pasar, pero lamentablemente se acabaron las oportunidades.
¿Que las palabras del Rey acaban de llegar?
¿Enserio te atreviste a tratar de manipularme en nombre de Mi Rey?
– …
El Marques no respondió, solo un llanto ahogado salía de su garganta mientras su resentimiento salía en forma de lágrimas.
– Todo lo ocurrido será reportado a Su Majestad, no debe preocuparse, solo siéntese y espere el castigo.
Tal vez en otra situación habrían sido más comprensibles, pero en tiempos de guerra uno debe comenzar a tensar la cuerda que dejó alejarse.
Como dicen algunos Domadores de Bestias, Afloja la correa, pero nunca la sueltes.
La charla sin sentido no llegaba a oídos del Marques y, cuando el Hombre Enmascarado desapareció en el aire, se dispuso a tomar a su hijo, pero cuando su mano sintió el frio que emanaba el cuerpo de su hijo, este se quebró y cayó al suelo como si fuera polvo de escarcha, rompiendo su corazón.
¿Acaso la culpa era de Foul?
Se preguntaba el Marques mientras levantaba y trataba de tomar la escarcha que solo se volvía agua y manchaba su ropa de rojo mientras dejaba salir una mezcla de olores que hacían irrespirable la habitación.
********** El mundo nunca se detuvo por nada y menos por la muerte de alguien tan solo amado por quienes le fallaron, insensible o no la noche siguió su curso y el bullicio de la vida nocturna poco a poco fue reemplazado por una más familiar, uno más adecuado a la vida diurna y a las espaldas del Gremio, lugar donde estaba la Sala de entrenamiento, se podía ver a un niño llevando al límite su cuerpo con nada más que su propio peso, algunos Mercenarios lo vieron y observaron el sudor que empapaba su cuerpo y goteaba de su blanca piel mientras se preguntaban “¿Es tan duro?” sin entender los pensamientos del pequeño.
Las miradas curiosas aumentaron conforme el sol avanzaba alejando la oscuridad, pero Abel no flaqueo en ningún momento y pronto había terminado su rutina, su cuerpo desprendía calor visible y temblaba por la dura carga a la que estuvo sometido, pero sin detenerse estiró antes de levantarse y entrar al gremio mientras ignoraba las miradas que iban desde su cuerpo a la daga que mantenía fielmente a su lado.
– ¡Fuaaa, esto si es vida!
¡Otra!
– …
El calor del salón salió por la puerta cuando Abel entró y con ella los gritos de Ashley fueron como un grito agudo e irritante, pero él solo pudo suspirar y acercarse al responsable.
– ¡Abel ¿terminaste?!
– Dijo Ashley, ella estaba sentada en una mesa rodeada de hombres, no hacía falta preguntar qué estaba pasando ya que el dinero que se le fue otorgado al momento en que se retiraban cabizbajos demostraba como habían retado a Ashley en alguna apuesta y perdido miserablemente.
Todos parecían ignorarlo por el comportamiento de Ashley, pero la mujer que llevaba el título de “La Mercenario más fuerte del Norte” no era algo obtenido solo por su fuerza bruta.
Aunque Abel no sabía si reaccionar orgulloso mientras observaba como tal inspiradora mujer se vaciaba las jarras de ron y cerveza que le eran servidas una tras otra.
– Maestra…
– ¿Que ocurre?
Ashley tenía un poco de espuma en su labio superior que parecía más un bigote, pero Abel sintió que de alguna forma eso iba más con ella, así que solo calló.
– ¿Nada?
– Preguntó Ashley – Jajaja, bueno, ya que acabaste vayamos a reportar el progreso de tu misión.
Alguien fugaz, esa era Ashley, alguien que Abel era incapaz de comprender.
Verla le recordaba a su amigo, pero ese era un pensamiento en el que no quería hondar, al menos por ahora.
– Vamos – Respondió Abel.
– ¡Vamos!
– Repitió Ashley mientras se levantaba y se sacaba el bigote de espuma.
Así subieron al segundo piso, a una oficina modesta de la cual escapó una voz profunda.
– Pasen, los estaba esperando.
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