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Dos y un nuevo Mundo - Capítulo 106

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  4. Capítulo 106 - 106 Estampida II
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106: Estampida (II) 106: Estampida (II) – ¡Rápido, pidan ayudan a las ciudades más cercanas!

– Respondió el Maestro del Gremio, saber sobre la gema extraña era importante, pero el desastre más próximo iba primero – ¡Pronto el Señor de esta ciudad solicitará nuestro apoyo, hasta entonces ordena a todos los Mercenarios en la ciudad y alrededores a reunirse!

La respuesta fue rápida y Abel pensaba que no podría haber sido más acertada, tal vez sean distintos, pero el Maestro del Gremio en la capital y este Maestro no llegaron a su posición como otros, sino que fue bien merecido, las acciones fueron rápidas y claras.

El Maestro del Gremio se levantó de inmediato y recogió una gran espada a sus espaldas, además de un enorme escudo que funcionaba de respaldo en la silla.

“Interesante” pensó Abel, pero desvío rápidamente la vista a las acciones del Recepcionista y no pudo evitar chasquear los dientes.

– Tch…

– …

– Ashley lo miró, parecía tener algo que decir, aunque como no aportaría nada solo se limito a suspirar, el destello filoso en sus ojos demostraba su sabiduría y experiencia ante la crisis cercana.

Abel la observó por el suspiró y no pudo evitar pensar en lo irónico que era.

Un suspiro del Mercenario más fuerte del Norte, sin duda irónico.

Entonces ambos voltearon a ver una ves más al joven hombre pálido en la habitación.

– ¡¿….?!

– El Maestro estuvo enfrascado y pensó en todo lo que debía preparar de inmediato, la espada y el escudo ahora yacían en la mesa, por lo que no presto especial atención a su diligente y talentoso Recepcionista, por eso, cuando se dió cuenta que no se había movido ni un centímetro, su confusión salió como un grito rabioso – ¡¿Qué crees que haces?!

Te dije que- Sin embargo no pudo ir más allá, Ashley levantó la mano para detenerlo y al mismo tiempo las campanas en la ciudad comenzaron a sonar.

– Parece que te hiciste viejo – espetó Ashley – Míralo, es obvio, ¿Alertar?

– Ashley se levantó mientras posaba una mano en la empuñadura de la espada de su cintura – Es tarde, la estampida ya está aquí.

Ashley comenzó a caminar hacia la puerta, Abel la siguió de inmediato.

– ¿A dónde vas…?

– pregunto el Maestro.

– ¿No es obvio?

– Respondió Ashley sin voltear a mirar – tal vez no estuviste pero lo dijo mi discípulo,somos Mercenarios, vivimos para el peligro y cosechamos honor.

El Maestro del Gremio no pudo evitar sonreír ante la respuesta que le quitaba importancia al urgente asunto, sin embargo ¿Cuántas personas podían hacer eso?

si, esta era una situación urgente, el peligro de arrasar con la ciudad estaba ahí, pero ¿Acaso la mujer frente a el no era la esperanza en si?

Con eso en mente el Maestro tiró los papeles y demás que había preparado, tomo sus armas y corrió para alcanzar a Ashley y a Abel quienes habían comenzado a descender.

– Esa mirada te queda mejor, Anciano.

– Tenemos casi la misma edad.

– Jajaja es verdad – se rió Ashley mientras terminaba de bajar las escaleras, su risa fue escandalosa, llamando la atención de todos, pero ella no presto atención y siguió caminando hasta salir por las puertas del Gremio, al mismo tiempo todos los Mercenarios se levantaron sin decir una sola palabra y salieron detrás.

Había quienes ajustaban su armadura, quienes contaban sus flechas, quienes calentaban sus extremidades, quienes solo caminaban.

Era un grupo diverso, tanto que era la clara muestra de lo que significa a ser un Mercenario y el grupo solo crecía y diversificada mientras caminaban impasibles entre todos los gritos y exclamaciones de las personas comunes que huían a refugiarse.

Pese a esto no hubo ni una sola palabra y fue solo cuando solo llegaron a la puerta de la ciudad que la voz divertida de Ashley resonó entre el enorme grupo.

– Bueno, justo se me estaba acabando las monedas para beber.

****** POV Ashley ***** Era extraño.

*Din dong* Las campanas de la ciudad sonaban sin descanso anunciando el terrible peligro en el que se encontraba la ciudad, pero sin importar cuánto tiempo hayan pasado sin incidentes o cuan confiados o desesperados estén, para este momento el ejercito del Marqués debería de haberse movilizado o ver movimientos de ello, pero…

¿Qué era todo esto?

Las personas huían sin dirección y gritaban hasta desyamarse, pero no había guardias o soldados que los guiarán, tranquilizaran o los ayudaran, era extraño.

Enfoque mis sentidos consumiendo factores de Mejora y en los soldados postrados en la cima de las murallas que tocaban las campanas desesperadamente, el sonido era insoportable, pero aún así discerní una conversación.

– ¡¿Cómo que no hay respuesta?!

– dijo un soldado aterrado.

– ¡E-eso…

– el soldado que no sabía cómo responder se escuchaba pálido.

– ¡Vuelve a llamar al Capitán de la Guardia, no, si es necesario manda una carta de emergencia directamente a su señor el Marqués!

¡Está es una situación seria!

– ¡…!

Los pasos del soldado se perdieron entre las campanas, aunque no tenía sentido seguirlo.

“¿El Capitán de la guardia no responde?” Era extraño, muy extraño.

Los Mercenarios, o mejor dicho, nuestra madre patria tiene un acuerdo con los todos los reinos dónde recidimos, “estamos obligados a ayudar en tiempos de crisis, aunque prestar nuestros servicios en tiempos de guerra depende de cada uno” por eso en momentos como estos es dónde saltamos adelante, en más de una forma metafórica ya que no sería la primera vez que un estúpido noble trate de usar a los Mercenarios como carne de cañón o como una avanzada a la cual luego le quitará el crédito, sin embargo….

sin importar cuánto lo piense….

Era extraño.

Una estampida no era un juego, dejando de lado que se pueda producir por la sobrepoblación de monstruos o, como aparece ser este caso, la migración masiva fuera de temporada, lo verdaderamente peligroso era el desplazamiento del territorio de las Bestias Ancianas o superiores.

La estampida no debía ser jamás tratada como un juego y sin importar lo incompetente que sea el Noble de turno, dar ordenes como “detengan la estampida” sería tan fácil como respirar.

– ¡A-Ahí están…!

Lastimosamente parecía que el tiempo se había terminado y, por suerte, los soldados en las murallas actuaron bajo las ordenes del soldado nervioso.

– ¡Apunten las ballestas!

¡Fuego!

Ballestas enormes situadas en puntos estratégicos cada ciertos metros dispararon los virotes de metal tan largos como cuerpos y por los gritos a la distancia parecían estar cumpliendo su objetivo.

– ¡RECARGUEN!

¡FUEGO!

El soldado nervioso dió una orden tras otra, pero si una estampida se pudiera detener solo con varas de metal entonces no sería una amenaza tan grande, por lo que a pesar del incansable esfuerzo está batalla estaba perdida.

– Supongo que nos toca -Suspire sintiendo el temblor de la carga masiva en mis pies, los rugidos de bestias furiosas hacían temblar a los jóvenes e inexpertos.

Los muros eran altos y férreos, pero aunque demoren no tardarán en ser atravesados y cuando eso ocurra será el fin de la ciudad, por lo que eso debía evitarse a toda costa.

Siendo sincera dar la orden que todos los ojos sobre mi esperan con ansias es agotador, no, es insoportable, ¿Cuántos de ellos morirán?

No lo sabía, cargaba el peso de ser fuerte, pero…

Aunque así sea la vida de un Mercenario o, al menos la escusa perfecta, no lo hacía fácil.

Entonces levanté la mirada y observé a uno de los soldados sobre el muro, portaba una maza pequeña, sus piernas temblaban, era patético….

Sin embargo…

– Abre la puerta.

Con una mirada de terror en sus ojos observó al enorme grupo tras de mi y se movió tambaleándose hasta llegar a su destino.

El patético joven hoy se hacía un hombre que se imponía al miedo para proteger a su familia tras los muros y con sonidos de engranejes viejos girando, la puerta se abrió.

– …

El sonido ahogo los alrededores y con mis sentidos mejorados escuché como más de uno trago con nerviosismo, pero mi mirada no se movió a ellos, sino a los ojos guinda expectantes a mi costado.

– ¿Qué?

– le pregunté al único joven que no parecía nervioso, o al menos no dejaba verlo.

– ¿no dirás palabras de apoyo o un discurso?

– ¿Ah?

Sus palabras me tomaron por sorpresa, aún más que la noticia de la Estampida.

Abel era alguien maduro, un niño extraño, único.

Eso no quiere decir que entienda o simpatizara con quienes le arrebataron su vida inocente, pero observar su infantil comportamiento en estos momentos era de alguna forma refrescante.

Tal vez estaba más nervioso de lo que pensaba.

-Si, tienes razón – dije mientras le tocaba con fuerza la frente con mi dedo – no mueras, aún tienes que ver a tu familia.

– …

– mi joven discípulo apartó mi dedo y entonces tomo su daga, sus ojos se iluminaron como antorchas en la oscuridad – ¿Acaso no es obvio?

– me respondió.

– ¿Y eso?- suspiré – Devuélveme a mi lindo discípulo que quiere escuchar un gran discurso antes de un suceso peligroso.

– cállate…

– susurró.

– ¿Ah?

Parece que alguien cree tener el valor para contestarme.

Tomé a mi discípulo por la cabeza, aunque nunca deje de ver la horda de Bestias que salían del bosque y corrían sin parar.

Entonces lo solté y comencé a caminar, desenfundando una de mis espadas.

– No te preocupes…

– escuché a hablar al Maestro de Sucursal mientras comenzaba a seguirme – ¿Discurso?

No es necesario, no hay ningún mercenario tan tonto como para querer morir jajaja.

El Maestro se burlo, su risa tan desbordante era contraria a su apariencia serena.

Entonces respiré, el aire lleno mis pulmones y de inmediato sentí mi corazón bombear más rápido, así como mi cuerpo calentándose.

****** POV ???**** – ¿Que hace ella aquí?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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