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Dos y un nuevo Mundo - Capítulo 112

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  4. Capítulo 112 - 112 Estampida VII
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112: Estampida (VII) 112: Estampida (VII) *****POV Normal***** El hombre brusco tembló, parecía tener más miedo de Abel que de perder sus manos, pero el niño no se detuvo y fue cortante con sus palabras.

– ¿Crees poder usar factores para curarte?

-…

– ¡¿Puedes?!

– ¡N-No!…

No siento las manos…

– Con que es así….

Perfecto – ¿Perfecto?

– se preguntaron todos.

– Escúchame primero sacaremos tus manos de ahí, luego las calentaremos poco a poco, pero recuerda, no solo dolerá, será insoportable, pero puedes hacerlo – Abel miró a quienes protegió y también se fijó en su colgante, además de la información básica la palabra “Mayor” era visible – deberás usar factores de Mejora para curarte a penas las sientas, ¿Listo?

– E-eeee-espera – gimió el hombre, pero no había tiempo y el agua se derramó en un hilo sobre sus dedos.

– ¡¡¡¡AAAAAARGH!!!!

– Gritó el hombre.

– ¡Concéntrate!

¡Tienes que abrirlos, suelta el escudo!

– ¡AAAAAARGH!

– el hombro gritó, fue tan alto que por un momento Abel había dejado de escuchar la salvaje pelea de fondo, entonces, en medio del grito, los llantos y el dolor, sus dedos se abrieron levemente, podía verse piel que se había desprendido y se quedó pegada en el mango.

De inmediato Abel soltó el casco y retiró el escudo, abría agradecido tener un ayudante, pero no había tiempo de lamentos, además que sus ojos brillaban como dos gemas y el tiempo transcurría más lento.

Lanzo lejos el escudo, poco le importó su valor y tomó el casco llenándolo de nieve en el acto y comenzado a derretirla, entonces sumergió las manos del hombre.

Abel había pensado que esto era una locura y no estaba lejos, sin embargo, este no era su anterior mundo y mientras subía la temperatura grado por grado con precisión milimétrica, miró los ojos del hombre brusco.

– ¡¡¡Debes hacerlo!!!

– !….!

El hombre se mordió los labios tan fuerte que llegó a sangrar, pero eso solo era una muestra de que no se iba a rendir, el niño frente a él le había dado el valor y su resignación a perder las manos y los brazos ahora era un deseo lejano, no, era algo que ni siquiera en el futuro desearía y su boca volvió a abrirse.

– ¡¡¡¡Ahhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!!

Iluminando sus ojos marrones su piel y carne pálida comenzaron a tomar color mientras incluso nueva piel comenzó a cicatrizar sus palmas.

Ignoró el dolor de cabeza que venía con el uso de Factores de Mejora, así como el sudor que entraba en sus ojos y agotó segundo a segundo todas las reservas en su cuerpo, entonces…

– ….

Se desmayó, pero Abel evitó que su rostro se hunda en la nieve sosteniéndolo con fuerza.

Cómo no usó factores para ello casi fue derrotado y cayó.

Era una vista cómica, un niño que media poco más que el hombre arrodillado lo sostenía mientras luchaba por no caerse, pero nadie ni siquiera pensó en reírse.

– Lo hiciste bien….

– suspiró Abel.

Mientras que, aunque un poco pálido por la fatiga, se veía mejor que antes.

– Déjanoslo a nosotros – dijeron sin demora un grupo de Mercenarios Menores que iban de regreso cargando a sus compañeros y habían presenciado toda la situación.

– …

– Abel los miró en silencio, agradecido que estuvieran vivos, aunque su mirada sería hizo temblar a los novatos – Si, gracias, se los dejó.

Evitando que caiga, los Mercenarios tomaron al hombre y Abel sin demora se movió a ayudar a los siguientes, pero…

– ¡…………………………………!

Un sonido agudo llenó todo el campo de batalla e incluso la ciudad se vio afectada.

– ¿Qué es…?

Abel consumió Factores de Mejora en gran medida, pero su cuerpo no respondió y se limitó a tapar sus oídos, aunque no tuvo mucho resultado.

Giró su vista y observo como la Bestia de Mana se encontraba “Aullando”, pero sin ser más de cinco segundos se detuvo y se defendió de los ataques de Ashley, su boca brillaba, pero el Maestro de Sucursal daba un paso adelante para resistir y anular el aliento.

El suelo temblaba con cada impacto, la pelea entre la más fuerte y una bestia de Mana parecía estar más cerca de un desastre natural, aunque los cortes en la Bestia mostraban que Ashley era superior, pero en medio de esos temblores la tierra se agitó y un rugido externo hizo que la fauna aún presente escapara a toda velocidad por tierra y aire.

Abel se recuperó, aunque aún se apoyaba en sus rodillas con ambas manos y entonces lo vio, no, los vio.

Abel observó a las criaturas que comenzaron a emerger del bosque a lo lejos acudiendo al llamado de la Bestia de Mana, había algunas Bestias mezcladas, pero en su mayoría eran Bastardos y corriendo sin detenerse emergieron unos cuarenta.

– ¡…!

Ashley los tuvo a su lado, pero los Bastardos pasaron de largo sin siquiera voltear a verla, ella no se quedaría de brazos cruzados, pero la Bestia de Mana se interpuso cuando trató de eliminarlos, tomando incluso un corte profundo.

Ashley aún tenía fuerzas para gastar, de hecho, aún no había desenvainado su segunda espada, pero, aunque pudo acabar con la vida de la Bestia de mana con este último ataque la idea de que algo peor siguiera, la aterraba, así que se contuvo.

– Riewwww…- La Bestia gimió, pero se sintió más como una sonrisa satisfactoria.

Ashley volteó a mirar al Maestro de Sucursal, después de todo estaba claro que no necesitaba ayuda para ganar y él asintió pensando lo mismo, sin embargo.

– ¡Ruewwwwwww!

Más que retirarse y alcanzar al grupo de Bastardos que emergió, el Maestro de Sucursal corrió y saltó para proteger la espalda de Ashley, dónde un aliento silencioso había golpeado con furia.

– ¿Pero …

Qué?

…

¿Dos?

– jadeó Ashley.

– Parece que….

– Si, tendremos que apurarnos – dijo Ashley mientras tomaba su otra empuñadura, aunque la mano del Maestro de Sucursal la detuvo.

– No, aún no.

– ¡Pero-!

– ¿¡Si te cansas entonces quien lidiara con lo siguiente que venga!?

– ¡¿Y si no viene nada más?!

– Rugió desesperada.

El Maestro de Sucursal sonrió.

– Entonces será una anécdota divertida – ¡¿Que dices idiota?!

– rugió Ashley mientras tiraba de su brazo para soltar el agarre.

– No somos tan débiles.

– dijo finalmente cuando Ashley había tomado su empuñadura.

– Muchos morirán…

– Entonces debes apurarte.

¿Qué era mejor?

¿Salvar a unos pocos y tener la posibilidad de que muchos, incluso ellos, mueran?

O ¿Dejar morir a pocos para salvar a muchos?

De pronto las palabras de su discípulo vinieron a su mente “vivimos con honor y cosechamos logros”, tal vez no estaba equivocado, tal vez sí…

Pero desde el inicio de sus días como Mercenaria Ashley eligió creer en los Mercenarios, y ahora ella imploró, rezó por no equivocarse.

Tal vez no tenía traumas como su discípulo, pero la muerte de un familiar siempre fue dolorosa.

– Date prisa, si termino de degollar a esa lagartija antes que tú entonces deberás invitarme a beber.

– …

Entonces deberé apurarme, no quiero gastar por completo mis ahorros.

Ashley cambió de lado con el Maestro de Sucursal, ella se encargaría del nuevo invitado y su cabello escarlata comenzó a brillar al mismo tiempo que el calor a su alrededor comenzó a evaporar la nieve que caía sin fin.

En el caso de que una Bestia aún más peligrosa viniera después lamentaría un poco haber consumido tantas reservas de Factores, pero eso no significaría que perdería, entonces tomó su espada con ambas manos, el filo estaba tan rojizo que parecía estar fundiéndose, pero lejos de derretirse la espada parecía estar gritando de satisfacción mientras derretía todo a su paso.

*****POV Abel****** – ¡¿Qué haces?!

Debemos irnos – gritó un Mercenario de unos veinte años, pero lo ignoré y corrí para unirme a un grupo de Mercenarios que habían dado un paso adelante para aguantar y lograr que los heridos escapen.

– …

– las miradas de todos cayeron sobre mi cuando me acerque, me juzgaron, parecían tener mucho que decir, aunque algo se los impedía, pero de igual forma luego de ver mi rango muchos decidieron seguir adelante.

– ¿Cuándo llegará el ejército?

– preguntó un hombre con una lanza, su tono era irónico y su armadura era liviana, aunque se miraba resistente.

– ¿Vendrán si quiera?

Los nobles solo sirven para robarnos los impuestos.

– respondió una mujer con espada y armadura de cuero.

– Aunque como Mercenarios estamos exentos de muchos jajaja.

– Es verdad jajaja La charla vana se convirtió en risas, no era extraño, incluso los veteranos y altos rangos estaban nerviosos ante un grupo de Bestias Medianas y Altas, y más si éramos superados en números.

– Bueno…

Tal vez no el Ejército, pero tal vez algún grupo que falte esté en camino.

– Oh, tienes razón, ya decía yo que era muy silencioso.

– jajaja tienes razón.

Una nueva charla empezó, ignoraba el contenido al que se referían, pero de todas formas mi atención estaba sobre las bestias que ya casi estaban sobre nosotros.

– No se separen- dijo un hombre con cicatrices en el rostro, su arma era un látigo que aún estaba enrollado y su rango parecía ser el más alto o al menos era el más conocido, ya que todos asintieron.

Su cabello azul y ojos celestes me dieron una idea de su habilidad.

– Será improvisado, pero que gusto tenerlos como mi grupo.

– dijo finalmente el hombre.

Sin pensarlo el grupo de veinticuatro Mercenarios se dividió en seis grupos de cuatro, nos movimos de forma torpe, aunque según veía todos los grupos estaban equilibrados, además, siendo grupos más pequeños una parte de la torpeza había disminuido.

– Ruewwwwwww.

De inmediato uno de los Bastardos saltó y calló con la boca abierta listo para devorar al grupo en el que estaba.

– ¡Es mío!

– gritó un hombre rubio, no tenía espada o lanza, solo estaba cubierto de pies a cabeza en una armadura pesada además del enorme escudo que cargaba sin problema a pesar de ser tan grande como él.

– ¡Ruewwww!

El Bastardo trató de devorarlo de un bocado, pero el recio escudo evitó que su mandíbula se cerrara y los filosos dientes no hicieron más que dejar raspones en el exterior.

– ¡Mantenlo ahí!

– gritó el próximo integrante sin demora, el virote en su ballesta brilló levemente de un Turquesa suave y salió disparado, su objetivo era claro.

– ¡Ruewwww!

– Gimió el Bastardo cuando se sacudía por el virote que se clavó con precisión en su ojo izquierdo.

Lo habían incapacitado casi de inmediato, lo ideal habría sido acabar con él, pero no podíamos ser exigentes con un grupo recién creado, sin embargo, la habilidad y experiencia de mi grupo me he había dibujado una sonrisa en el rostro.

– ¡Ahí viene otro!

– Gritó nuestra Vanguardia.

Lidiar con más de un objetivo, ese era el principal problema y lo que subía tanto la dificultad de este problema, además que teníamos que tener cuidado y no cansarnos, pero en una batalla de desgaste era sabido que terminaríamos perdiendo, la fatiga mental se notaría tarde o temprano.

– ¡Lo tengo!

– Limitándose a su función nuestra vanguardia detuvo la carga del Bastardo, su cabello rubio bañándose en sudor.

– ¡Cuidado!

– pero el Bastardo anterior se había recuperado y aún con medio campo visual se lanzó con precisión contra nuestro tanque.

Debía moverme, pero mis piernas dudaron, no tenía miedo, sin duda era una situación peligrosa, pero mi mente estaba clara, más allá del sentimiento que corría por mi cuerpo, sabía que debía hacer, todos en este grupo habían tomado una posición entonces yo debía tomar la mía y esa no era la de apoyar a la Vanguardia.

– ¡Déjamelo a mí!

El último integrante de nuestro grupo dio un paso adelante y con su lanza resistió la carga del Bastardo mientras la desviaba, en su rostro podía ver la fuerza que tuvo que usar, pero sus ojos brillaban como perlas y la cabeza del Bastardo se desvió hasta que lo único logró morder fue la nieve en el suelo.

– ¡Ahora!

– Me gritó nuestra retaguardia, pero no era necesario, mi cuerpo ya estaba ardiendo esperando esta situación.

– ufff…

– e inhale al mismo tiempo que el mundo se distorsionaba y la carga en mi cuerpo aumentaba.

De un solo paso aparecí en el punto ciego del Bastardo que recién se reincorporaba y – Fu…Ufff…

– y respirando una vez más salté contra él.

La velocidad causó un golpe que lo hizo desbalancearse cuando aparecí en su cuello y me sostuve de sus escamas con una mano y, sin pensarlo o demorarme un segundo más, acribillé.

– ¡Ahhhhhhhhhh!

– ¡Rueww….!

Con la punta de mi daga apuntando hacia el suelo en un agarre invertido la azoté una y otra vez contra su armadura de escamas.

El Maestro de Sucursal cortaba tan fácil incluso en un contrataque que las hacía ver como gelatina, sin embargo, el primer impacto me dejó claro que no podía estar más lejos de la verdad y consumí más factores con cada estocada y cuando las escamas se quebraron y mi daga perforó en su cuello la clavé y me colgué de ella para balancearme hacia el suelo.

¿El resultado?

cuando mis pies se hundieron en el suelo el Bastardo cayó delante mío, su cuello rebanado dejaba colgando su cabeza como si de un pollo se tratase.

Quería gritar, la electricidad en mi cuerpo me impulsaba a seguir, pero tuve que suprimir mis ansias, ahora que era consciente de ello tenía que tener cuidado de no perderme, aunque nunca hubo descanso en este campo de batalla.

– ¡Cuidado ahí va otro!

No sabía si los Bastardos eran inteligentes o si seguían ordenes, pero con la Vanguardia aguantando a uno, el siguiente se lanzó hacia nuestro tirador, separándonos.

– ¡Mierda!

– Gritó el tirador mientras liberaba un destello turqués suave en sus ojos y retrocedía ágilmente, aunque el Bastardo no lo dejaría ir tan fácil y azotó su torso-cola como un látigo.

– ¡No!

– Gritó la Vanguardia.

Mi labor no era apoyarlos a ellos, me habían dejado la posición de daño, ¿podría llamarlos irresponsables por confiar el daño a un niño de once años?

no lo sabía, pero la situación era distinta cuando se trataba de apoyar a nuestro tirador o Retaguardia.

– ¡Nube!

– Grité y mi compañera se materializó de inmediato tomando de la capucha al tirador y tirando de él lejos del peligro.

– ¡¿Q-Qué?!

– Exclamaron todos sorprendidos, pero no era momento de sorpresas.

– ¡Idiotas, al frente!

– Maldije mientras veía como se desconcentraban.

– ¡…!

– ¡Riwwwww!

Ambos retomaron sus sentidos y se protegieron, nuestro tanque Rubio resistió la carga y lo empujó desestabilizándolo, entonces nuestro crispado compañero clavó su lanza en una de las patas, lo que hizo tropezar al Bastardo.

– ¡Ahora!

De inmediato ambos saltaron hacia atrás y corrieron a proteger al Tirador.

Nuestro Tanque lanzó con fuerza su enorme escudo, una acción cuestionable, pero el escudo voló sin detenerse y golpeó la nuca del Bastardo, aturdiéndolo y haciéndolo tropezar.

– ¡Ahhh!

Sin perder tiempo la lanza se clavó en la cola del Bastardo que estaba comenzado a levantarse y ambos tomaron esa misma cola tan ancha como sus torsos para tirar de ella.

Sus ojos se iluminaron y arrastraron al Bastardo entonces el Tirador recargó y disparó hacia los ojos de la Bestia.

Me moví y de un saltó me posicioné en el aire sobre su cabeza.

Cayendo azoté mi daga en medio de su cráneo, su cuerpo se sacudió, pero aprendí la lección y la fuerza desgarró mis músculos mientras me recuperaba al instante para así atravesar su armadura.

– ¡Con eso son dos!

– Gritó el Tirador.

– ¡Cuidado!

– ¡Riwwww!

– ¡Wooofff!

Frente al descuido Nube se materializó y mordió el cuello del Bastardo, sus dientes perforaron levemente las escamas golpeadas muchas veces por el escudo, pero con las propiedades de Nube eso fue suficiente y el Bastardo detuvo su carga mientras se tropezaba y caía al suelo, entonces me moví, apunté a las escamas en su cabeza que parecían rotas y clavé mi daga en su cabeza.

– ¡Riwwwwwwww!

El Bastardo se agitó, estaba adormecido, pero aun así sus movimientos casi me lanzan volando, sin embargo, me concentré y dejé fluir la electricidad en mi cuerpo.

Los alrededores tomaron un olor de humedad cuando me di cuenta de que estaba liberando mucho más de lo que quería y a una velocidad abismal.

– ¡Noooo!

Como pude resistí y traté de mantener todo dentro de mí, sin embargo, era imposible y para no afectar a los demás debía buscar una forma de inmediato, aunque la respuesta ya estaba decidida cuando dos Bastardos más saltaron sobre mí.

– ¡Roewwwww!

– ¡Ruiwwwwww!

En un campo de batalla donde no había espacio para respirar, grité.

– ¡Nubeeeeeeeeee!

Mi inteligente compañera entendió mi suplica, o tal vez sintió el peligro, entonces tomó a mis compañeros y los alejó.

Cuando los dientes y garras de los Bastardos estaban sobre mí, dejé salir la electricidad desesperada.

– ¡……………………………………………………..!

Todo mi mundo se iluminó y la daga había funcionado como un conductor perfecto cocinando al Bastardo debajo de mí, además el impulso había detenido a los Bastardos a mi costado, pero estaba exhausto, liberar tanto lo que estaba reprimiendo me dio un sentimiento de satisfacción y urgencia, pero con mi cuerpo sobrecargado de energía me sentí letárgico y solo pude ver como uno de los dos Bastardos se levantaba mientras la electricidad corría por su cuerpo retorciendo sus músculos.

– ¡Roewwwwwwwww!

– Rugió y se lanzó con la mandíbula abierta, su carga fue tan lenta que era cómica o tal vez era que el tiempo se había ralentizado.

– ¡Woooof!

– escuché a la distancia.

Tal vez porque llevábamos mucho tiempo juntos, o tal vez porque Nube es muy inteligente, pero siempre hemos podido entendernos, así que sentí la urgencia en su aullido, aunque por extraño que sea sentía que esta vez no era por el Bastado que amenazaba con devorarme, sino era más un “¡Agáchate!” y…

– ¡…..Boom…….!

Mi mundo se iluminó una vez más, aunque esta vez el olor a carne chamuscada y las puntas de mi cabello quemado fue lo que llenó mi mundo, además de una dulce voz que escuché desde mi espalda.

– ¡¿Acaso quieres que te devoren?!

¡Si tu intención es morir entonces yo te cocinare personalmente!

– ¡María!

– Gritó mi compañero lancero de cabello crispado.

– ¿María…?

– Me pregunté antes de voltear y ver un nuevo grupo junto al mío, una pequeña de al menos quince años con el cabello escarlata como el de Ashley tenía una mirada furiosa en su rostro, su atuendo no era para nada el de un Mercenario promedio, ya que parecía priorizar la estética antes que la practicidad y supervivencia, además que contrario a mi grupo o a los que la rodeaban, ella no tenía una espada, un látigo, un arco, una maza o cualquier tipo de arma, en sus manos solo había una varita y en su cintura una funda ocupada por un libro igual de carmesí que su cabello.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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