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Dos y un nuevo Mundo - Capítulo 114

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  4. Capítulo 114 - 114 Estampida IX
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114: Estampida (IX) 114: Estampida (IX) Las agujas de fuego volaron imparables, se curvaban en el aire y atravesaban la nevada evaporando todo a su paso sin perder fuerza hasta finalmente golpear ferozmente su objetivo.

– Gruaa…

Las agujas se clavaron en la primera víctima perforando fácilmente su armadura de escamas, no porque fueran filosas o la velocidad sea demasiada, sino que María controlaba activamente su magia y las guío a los lugares donde penetrar fue sencillo, heridas, ojos, boca, fosas nasales, etc.

El sudor corrió por su frente y piel blanca se enrojeció levemente ya que nunca fue fácil manejar tal cantidad de proyectiles, sin embargo, las agujas no se detuvieron y alcanzaron a su segunda….

Tercer y cuarta víctima.

Las agujas clavadas carbonizaban la carne a su alrededor y los Bastardos chillaban en consecuencia, sin embargo, no hubo víctimas, pero una sonrisa se hizo evidente el rostro de María, quien levantó su mano con la varita y la estiró hacia los Bastardo que se recomponía mientras chillaba.

– Boom – comentó casualmente derrumbando su aire de superioridad y tanto las agujas clavadas en la piel como aquellas que recién golpeaban y parecían desaparecer en las escamas, explotaron.

Las finas agujas median como mucho treinta centímetros y eran finas ya que su grosor nunca superó el de un antebrazo.

La potencia que podías obtener de su explosión estuvo lejos de la enorme bola de fuego que calcinó al primer Bastardo, pero con la interminable lluvia de agujas sobre los Bastardos el daño se acumuló lo suficiente y finalmente algunos sucumbieron, otros, los más alejados, lograron reaccionar al ver la escena y curvaron sus cuerpos esquivando las lesiones comprometedoras o su totalidad, entonces giraron y fijaron sus ojos de reptil en la Maga, pero cuando quisieron cargar hacia ella se toparon con la sorpresa de que sus largos brazos con garras no se despegaban del suelo y, como si les explicará la situación, una voz más serena y madura llegó.

– …

Fija sus movimientos, ata sus cuerpos y llévalos a ti.

La tierra que había buscado la luz elevándose debajo de la nieve junto a la oración se enfureció y como cemento atrapó las patas de los Bastardos.

– ¡Graaa!

– ¡Ruooo!

Los Bastardos se sacudieron y trataron de elevar sus patas con fuerza, creando grietas y casi quebrando la tierra endurecida, pero el mago apuntó su varita hacia las Bestias y la tierra comenzó a cubrir más y más, escalando como una trepadora en un muro no se detuvo hasta que los Bastardos atrapados se convirtieron en estatuas.

– Tierra…

– entonces la voz serena cambio de oración – lejos de tus orígenes te adentraste al cielo, a la libertad, pero fue esta la que te hizo caer…

La voz y la serenidad del joven Mago le daba un toque especial a la poesía, la hacía cautivadora, pero muchos la tomarían de “traicionera” ya que contrario a María, quien su magia fue visible desde el inicio hasta el final, ni siquiera la atmósfera del Joven Mago había cambiado, pero la tierra tembló y de debajo de las estatuas un pico de tierra se elevó con ira golpeando sus pechos.

La punta era fina, parecía un pico que fácilmente encontrarías en acantilados y que no tendría problema alguno en atravesarte si cayeras sobre él, sin embargo, estos picos de tierra no tuvieron la fuerza suficiente para terminar con todas sus víctimas, aunque eso no fue un problema y la Vanguardia del equipo se lanzó hacia las bajas regaladas.

– ¡Buena asistencia!

– ¡Siempre se puede confiar en Félix para lucirme!

Ambos gritaron y azotaron sus armas, terminando con la vida de los Bastardos que parecían estar a punto de liberarse.

Sin duda eran un equipo competente, no, estaba claro que eran un grupo de Élite.

Abel estaba fascinado con su comprensión y como actuaban de inmediato para cubrir los huecos que se creaban mientras cumplían su función, sin embargo, para quienes los conocían de cerca por haber trabajado juntos o porque se toparon en medio de una misión, este grupo élite se veía especialmente presumido el día de hoy.

Tal vez sean los celos o tal vez era solo la verdad, Abel era uno de los pocos que no lo sabía, pero alerta para cubrir a sus compañeros su vista era todo menos estrecha y no pasó desapercibido lo que algunos de los integrantes sí.

La lucha entera Ashley y la Bestia de Mana estaba llegando a su fin, Ashley parecía furiosa, sus cortes dejaban profundas marcas en el cuerpo del Bastardo Mutado, pero debido a sus propias limitaciones no podía terminar como era adecuando, aunque eso era hasta ahora, ya que el Bastardos trató de retroceder y su pata se quebró creando una oportunidad que Ashley no dejaría pasar.

Sin embargo, el Bastardos era más inteligente de lo que había dejado ver y sus fauces se iluminaron mientras caía.

Ella palideció, el objetivo no era ella.

– ¡Cuidado!

– se escuchó el grito de Ashley a lo lejos, sonaba desesperada aunque había cortado la cabeza de su presa.

Volteando los ojos, María observó como lo que parecía ser el último ataque del Bastardo la había fijado como objetivo y avanzaba a toda potencia.

– ¡…!

– ella no gritó, pero su magia tambaleó y desapareció, además que su cuerpo se puso rígido.

Pero como este era un campo de batalla más de un suceso impredecible ocurrió y el enorme ataque fue recibido por un escudo, era el Maestro de Sucursal.

El Bastardo en su lado se encontraba en el suelo con su piel más blanca y pálida que sus mismas escamas.

– ¡Jaaaaa!

El Maestro de Sucursal gritó dejando la vida y, con dificultad, logró reflejar el ataque hacia algunos de los Bastardos que quedaban.

La precisión, o tal vez la suerte, fue tan irreal que los únicos Afectados fueron las peligrosas Bestias – ¡Riaaaaaaa!

– ¡Bestia inútil!

Ashley gimió, su ira era palpable, y se lanzó contra las criaturas que aún quedaban libres amenazando la vida de los Mercenarios, aunque estos mismos habían hecho un excelente trabajo.

Pero, en medio de todo – ¡Raaaaaaa!

– un nuevo gruñido se escuchó cerca de la Maga que suspiraba de alivio.

No hacía falta decir que el gruñido salía de las fauces abiertas que devorarían a un humano sin problema.

Parecía que el Bastardo había aprovechado la conmoción por la Bestia Mágica para colarse y tomar su presa.

– ¡María!

– gritaron los tres compañeros a la vez.

Ninguno estaba lo suficientemente cerca, normalmente Félix estaría cerca a María para cuidarla cuando la Vanguardia se adelantará, ya que ella tenía un poder de ataque más grande y explosivo, aun tardaba más en lanzarlo, pero aumentando las sospechas de quienes lo miraron todo desde las lejanías, no solo el Mago, sino todo el grupo parecía haberse movido para acaparar la atención y logros.

– ¡Nooooo!

– dijeron las voces desesperadas y todos los que no estaban ocupados peleando palidecieron, sin embargo…

– Descansa….

Observa cómo trabajan los adultos.

Un niño apareció a su costado con valentía e incluso le dio tiempo para bromear con la Maga inmóvil.

Ella no reconocía la vestimenta o la silueta de la espalda frente a ella, sin embargo, le parecía demasiado familiar, tal vez no reconocerla fue solo por la impresión del momento o ….

Porque nunca prestó atención a nada más que su atractivo rostro, pero fue es ese momento, cuando reconoció a la persona frente a él, que un nuevo sentido de urgencia nació en su cuerpo y una barrera Mágica comenzó a formarse a su alrededor, aunque si su objetivo era cubrir a ambos esta llegaba algo tarde.

Por su parte, Abel empuñó su daga con fuerza.

Su pequeño cuerpo y su corta daga lucían especialmente pequeños frente a los colmillos del Bastardo que podía comerlo de un bocado y usar la daga como palillos para los dientes, pero aún frente a ellos Abel no retrocedió, de hecho, hizo lo contrario y dio un paso decidido hacia el Bastardo mientras agitaba su daga.

La daga golpeó las fauces superiores del Bastardo y tembló amenazando con romperse, al mismo tiempo la barrera Mágica de María estaba por alcanzarlo, pero incluso consumiendo factores de Mejora sin descanso el niño fue empujando hacia atrás y la barrera se destruyó antes de formarse.

– ¡…!

El rostro sorprendido de María se tornó rojo cuando Abel la protegió con su brazo libre mientras retrocedían por la carga, también era sorprendente que el pequeño pudiera resistir tremenda fuerza, aunque la sangre que bajaba por la nariz del joven y un olor extraño a humedad comenzó a cubrir los alrededores.

Ella no podía verlos directo, pero en ese momento los ojos de Abel brillaban como las joyas más hermosas del mundo y la electricidad comenzó a saltar de su cuerpo.

– ¡Nube!

– grito Abel y su compañera rodeó a María, entonces los alrededores se iluminaron y María fue obligada a cerrar los ojos mientras el sonido de la electricidad fluyendo era claro en sus oídos.

– ….

Fueron unos segundos, pero el sonido se transformó y cuando María volvió a abrir los ojos se encontró con una vista sorprendente, el Bastardo había logrado ser cortado a la mitad, sin embargo, lo que más la sorprendió fue la vista y la sonrisa en el niño que ella había subestimado.

– funcionó….

– murmuró Abel por lo bajo, aunque María lo escuchó.

– ¡María!

– se escuchó de inmediato y los tres restantes del grupo llegaron de inmediato.

La intensidad fue tanta que naturalmente apartaron a Abel y la examinaron con la vista preocupada.

Abel solo levantó los hombros y se comenzó a caminar.

Normalmente hubiera seguido en guardia, pero cuando terminó con el Bastardo pudo ver a su Maestra sonriendo de forma pícara a lo lejos, además de a los Bastardos restantes calcinados o congelados.

– ¡María ¿Estás bien?!

¿Te duele algo?

– preguntó Félix por quinta vez.

– …

No….

Estoy bien….

– respondió María finalmente, sus ojos fijos en la espalda del niño que parecía disculparse profundamente con su mascota mientras limpiaban su pelaje con mimos.

– lo sentimos….

Fue nuestro…

Error…

– Félix se disculpó por todos, sin embargo, sus ojos juzgaban a sus compañeros culpándolos por todo.

– ….

– María volvió a estar en silencio, su rostro estaba algo sonrojado, pero los hombres a su alrededor parecían no notarlo, al mismo tiempo su cabeza daba vueltas por todas las preguntas que se hacía, “¿Cómo?” Si volteaba la vista podía ver como su distancia con su grupo era menor que la distancia entre Abel y ella, pero el pequeño llegó sin problemas, “¿Acaso…

Ese niño era más fuerte que ella?” María había podido terminar con varios Bastardos, pero ella misma lo sabía, ella no era débil, para nada, pero lograr está hazaña fue por qué la armadura de escamas de los Bastardos estaba destruida por los Mercenarios y los mismos Bastardos estaban distraídos en su pelea contra ellos.

“¿Por qué?” Está pregunta era la que en verdad más atención tenía, pues para ella no encajaba la idea de que Abel la salvará porque podía, como mago, su orgullo no le permitía aceptarlo y su corazón latió con fuerza cuando Abel se alejó con Ashley y el Maestro de Sucursal.

Y finalmente…

“¿Quién…?” ella había descartado en su primer vistazo a Abel, era el único en su grupo que tenía un buen aspecto, no logró ver cómo se encargó de los Bastardos, solo llegó para ayudarlo por lo que pensó que era el “lastre” de su grupo, sin embargo, ¿Quién era este niño tan traicionero?

Un joven con apariencia encantadora con una fuerza descomunal y una presión abrumadora.

Abel sintió la mirada clavada en su espalda y volteó, casualmente se cruzó con María, pero su atención se desvió al Grupo momentáneo que había formado y al ver que ya habían emprendido su camino hacia la ciudad, en un estado mucho mejor mientras eran escoltados por otros grupos, sonrió antes de voltear y seguir.

Por otro lado, aún preocupados por María mientras caminaban hacia la ciudad, el grupo de tres hombres pensaban para sí mismos.

El niño que la había salvado no excedía los trece, sin embargo, demostró estar un paso por sobre de ellos, fue sorprendente e increíble a su manera, pero sin saber porque, ni uno de ellos estaba satisfecho.

Al mismo tiempo, Ashley observaba a su discípulo cuando no pudo aguantar más y revolvió su cabello con fuerza.

– ¡Tuu….

Pequeño!

¿Cómo hiciste eso?

La pregunta no era sobre como lo hizo para replicarlo, después de todo era Ashley quien sabía más como hacerlo y que había logrado su discípulo, sino que la pregunta era más ¿Cómo lo había logrado su alumno?

¿Acaso su intervención fue más de la que debería?

Si ese era el caso entonces Abel corría un gran riesgo, pero la respuesta la dejo helada, incluso a ella, la Mercenario más fuerte del Norte, usuaria del atributo Fuego.

– Bueno…

No sé cómo explicarlo, pero viendo a la Maga lo entendí un poco…

– ¿Qué cosa?

– Mmmm – Abel dudó, no, solo buscó la palabra más adecuada antes de responder- …La conciencia…

creo – …

Abel lo dijo de forma natural, pero incluso el Maestro de Sucursal que escuchaba con interés se detuvo por un segundo antes de continuar.

– Aún no lo comprendo o lo domino, pero…- Abel desenfundó su daga – …

Cuando los dientes chocaron contra la daga comprendí que no resistiría, no es su culpa, ya la he forzado demasiado, pero, aunque sea egoísta, aún no quiero que lo haga.

Pensé en cómo hacer para lograrlo y llegué a la respuesta de que, si lograba controlar la Electricidad y no dejarla correr, sino concentrarla en ella, entonces tal vez podía lograrlo…

La sensación fue extraña…

Pero la Daga se sintió parte de mí y los Factores de Mejora, así como la electricidad, fluyeron naturalmente hacia ella…

Cómo digo, aún no lo entiendo por completo, pero …

Sentía que si quería moverla entonces podría hacerlo, ¿Me explico bien?…

Abel pidió una respuesta, pero lo único que encontró fue la mirada en blanco de Ashley y el Maestro de Sucursal.

– ¿Dije algo mal?

– preguntó nervioso.

Él no entendía la sensación, solo replicó lo que ya había estado haciendo al derretir la nieve o calentar agua, aunque en esencia eran cosas muy distintas.

– …

– …

Sin embargo, no recibió respuesta incluso cuando la pidió.

Mientas tanto la cabeza de ambos adultos estaba hecha un completo desastre, ¿Que era esa capacidad de crecimiento?

¿Cómo podía un niño lograr lo que a ellos les llevo interminables riesgos.

Ashley había discutido y pensando con ella misma innumerables veces, dejando claro todas y cada una que lo único que sentía por quienes le arrebataron la niñez a su discípulo no eran más que basura, pero, por primera vez lo entendió.

Un talento que desataría guerras por poseerlo, eso era rebajar el potencial de este niño.

Al mismo tiempo un sentimiento cálido nació en el pecho de Ashley, ella apreciaba profundamente a Abel, lo miraba como a un sobrino o incluso como a un hermano menor, ella había entendido lo doloroso que iba a ser el camino que recorrería y ahora solo podía vislumbrar de lejos lo salvaje que será y fue ese calor en su pecho lo que la llevo a detenerse.

Su cabeza baja y hundida contraria a su naturaleza.

– ¿Paso algo…?

– preguntó Abel, seguía nerviosos por la situación y preguntas sin respuesta.

Aunque está vez no fue distinto y no obtuvo una respuesta, solo una voz serena dirigida a él.

– Abel…

– ¡Si, Maestra!

– no lo entendía, pero su cuerpo se tensó misteriosamente.

– …

Ashley dudó por un segundo, pero levantó su mirada y observo al niño que se veía más diminuto que nunca.

El pequeño tenía mucho por delante, mucho por aprender y ver y ella no podía decir más incluso si ahora tenía la certeza de que su Discípulo no saldría perjudicado, sin embargo habían cosas que si podía hacer para ayudarlo.

Ashley misma creía que el cuerpo de su discípulo no podía describirse con otra cosa más que “perfecto” además que su capacidad visual y de análisis no concordaba con su edad.

Si dependiera de ella entonces estos serían los talentos que lo definían y como tal ella creía de corazón que lo más adecuado para él era luchar con el cuerpo, usar sus manos o guantes para destrozar a su enemigo, pero eso no dependía de ella, de hecho, la decisión había sido tomada hace mucho por su Alumno, un loco embobado por las espadas.

Ella le dio una daga hermosa con esperanza de que notara las ineficiencias a la que se enfrentaba, pero este terminó dominando sus enseñanzas y, por ende, el arma, logrando resultados como este, así que no había momento para seguir dudando.

– Abel …

Te enseñaré a usar la espada.

– …

Está vez fue Abel quien se quedó en blanco y se detuvo en seco.

Sinceramente Abel quería gritar, no de emoción a pesar del vuelco que dio su corazón, sino de enojo y miró fijamente a su Maestra.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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