Dos y un nuevo Mundo - Capítulo 89
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
89: Mercenario (I) 89: Mercenario (I) El sol se había escondido, las lamparas y antorchas que iluminaban la ciudad se habían encendido tratando de alejar la oscuridad que se había apoderado de la ciudad y las puertas que se cerraban sin esperar a nadie dejaban desolados a algunos desafortunados novatos que estaban solo a metros de ingresar y conseguir pasar la noche descansando en la comodidad que ofrecían las posadas o sus casas.
La ciudad comenzaba a activar la vida nocturna cuando en los bares comenzaban a escucharse risas y el canto de los bardos mientras se alzaban las jarras de cerveza con fuertes gritos mientras pedían otra ronda o algún acompañamiento.
El gremio de Mercenarios no era distinto, podía verse a varias personas de todas las edades festejar y disfrutar de una comida luego de un gran día de trabajo o como preparación para partir al día siguiente a primera hora, pero la cantidad era menos de lo que uno esperaba, no, era menor de lo que era hace unos años y en general la vista de los mercenarios era distinta pero para bien, pues la mayoría de ellos, aunque con sus rostros rojos por el alcohol, sus cuerpos entrenados demostraban que estaban en su mejor tiempo y mientras unos brindaban y gritaban, un único grito de emoción resonó desde las escaleras que dirigían al sótano, a las salas de entrenamiento.
Algunos voltearon momentáneamente antes de ignorar por completo la conmoción y brindar una vez más, otros se apuraron en tomar su bebida o devorar su comida para levantarse e ir hacia la fuente y hubieron quienes parecieron abatidos mientras recordaban el dinero que habían perdido.
– ¡Vamos, demuéstrale!
– ¡No te dejes mocoso, aposté por ti!
– ¡Jorge, si ganas te invitare a beber gratis para siempre!
En el sótano, donde los gritos devoraban a otros para ser audibles, la gran Audiencia rodeaba en un circulo a Jorge, un hombre tan grande como un oso y a un pequeño joven, quien acababa de cumplir los doce años.
La vista haría que los ciudadanos promedio llamaran a los guardias para evitar la masacre y fallecimiento del niño, pero los Mercenarios rugían de emoción mientras ambos protagonistas se miraban en el centro.
– ¡Empiecen!
Un tercero rugió y Jorge, de inmediato, se lanzó sobre el niño, sus brazos tan grandes y gruesos como el joven se azotaron en puños abrumadoramente fuertes que hacían chillar el aire alrededor.
Algunos novatos o recién llegados en la audiencia tragaron saliva al ver al joven inmóvil, pero esas mismas personas quedaron atónitas cuando el joven delgado apartó suavemente los golpes del oso mientras permanecía en su lugar.
– ¡Jajaja, no esperaba menos!
– Rugió Jorge mientras retraía sus puños y los volvía a lanzar.
– …
– El joven se mantuvo calmado, no parecía enojado, tampoco presuntuosos, su silencio se explicaba con su mirada penetrante en cada uno de los golpes de su oponente, así como en los movimientos preciosos que realizaba.
Jorge lanzó un golpe descendente que aplastaría el cuerpo del joven, pero este dio un paso al cotado y con ambas manos desvió el enorme puño hacia el suelo, de inmediato lanzó una patada aparentemente inofensiva hacia el grueso cuerpo de Jorge, pero a pesar de lo enorme y tosco que se miraba, Jorge se apartó y respondió con una patada baja.
– ¡…!
– esto pareció tomar por sorpresa al joven, pero aunque sorprendido no se miraba nervioso, y recibió la ágil patada mientras flexionaba la pierna.
– ¡Uhhhhh!
– La audiencia exclamo mientras escuchaban el fuerte sonido de impacto que resonó de inmediato, pero algunos pocos esperanzados no pudieron ni pestañear y vieron como el chico comenzaba a caer aparentemente por perder su punto de apoyo por la fuerza de la patada.
Jorge sonrió, confiaba en su victoria y continuo su ataque mientras giraba y arremetía con un golpe de su codo que aterrizaría en el costado de su oponente, que caía impotente.
¿Acaso esto era maltrato infantil?
un hombre enorme dominando a un delgado joven en una pelea a puño limpio mientras otros adultos ardían en furor no podía clasificarse como otra cosa, o tal ves si, aunque para peor, pero ignorando incluso hasta el más mínimo sonido, los ojos del joven observaban el golpe como si el tiempo se hubiera detenido y mientras algunos gritos, más parecidos a llantos, resonaban desde el público, el joven recuperó su pierna y pisó el suelo lo más fuerte que pudo, al mismo tiempo que doblaba su cuerpo hacia atrás para esquivar, casi formando una “n” con su cuerpo.
– ¡Jajaja, eso es todo pequeño!
– Gritó Jorge mientras aprovechaba la fuerza de su golpe fallido y terminando su giro en un poderoso golpe en el abdomen que hundiría al joven en el suelo.
Jorge saboreaba la victoria, pero el joven se movió tan rápido que pareció una ilusión ante sus ojos, recupero su posición mientras desenroscaba su cuerpo y le daba la espalda al mismo tiempo que movía lentamente su pie hacia Jorge y tomaba el enorme brazo que pasó rozando su cuello.
– ¡Qué-!
– Los ojos de Jorge se abrieron cuando no pudo terminar de expresar su confusión porque su cuerpo fue lanzado al aire antes de estrellarse con fuerza en el suelo.
La vista de como un delgado joven lanzaba desde el hombro a un hombre varias veces más pesado que él fue una escena difícil de creer y más si el uso de Factores de Mejora estaba prohibido ya que eso indicaría que la fuerza del niño era casi tan alta como su técnica.
Pero tal escena sorprendente se desarrolló en unos pocos segundos antes de que los confiados apostadores pudieran siquiera parpadear.
– ¡Suficiente!
¡La victoria es de Abel!
– …
– ¡Woahhhhhhhhhhh!
Jorge y los que apostaron confiados por su victoria parpadeaban una y otra vez como si quisieran despertar de un sueño o tratando de comprender lo que pasó, pero sus dudas fueron ahogadas en el fuerte rugido que se adueño del lugar.
– Jajaja, te lo dije, pelear únicamente con fuerza y técnica era una desventaja para alguien tan grande como tu.
– …
Cállate…
Mientras gran parte del público se acercó a Abel, emocionados por diferentes razones, un hombre alto y delgado, con orejas y rostro redondo que lo asemejaban a un mono, se acercó a Jorge y le tendió la mano para ayudarlo a levantarse.
– Es solo que es un niño…
– Dijo Jorge ya de pie.
– Jajajaja ¿Un niño?
Quieres decir que perdiste contra un niño…
– Cállate, me entendiste…
Jorge y el hombre parecido a un mono terminaron su platica volteando a ver como una horda emocionada rodeaba al supuesto “Niño” que había salido victorioso.
– ¡Jajajaj sabía que podía confiar en ti!
– ¡Cuando puedas beber asegúrate de decirme, te invitare una copa!
– ¡Jajajaj como se esperaba de ti!
Todos lo bañaban con elogios y promesas por la emoción, aunque eso no era extraño, después de todo la llegada del dedicado Abel había sido el comienzo de la “Época dorada” de los Mercenarios en esta tierra nevada del norte, además que con todos estos años viéndolo crecer casi podía decirse que Abel era lo más cercano a un “Hijo” para muchos de ellos y por eso también había quienes presumían felices de su racha de victorias.
– ¡Sigo yo!
– ¿Qué?
¡He esperado desde hace días para poder combatir con él, sigo yo!
Claro que también hubieron los entusiastas que buscaban batallar con el pequeño invicto, ya que una recompensa moderadamente alta para Mercenarios Novatos, Bajos o Medios, había sido ofrecida por Ashley a quien lograra vencer al pequeño en una pelea bajo condiciones mínimas.
Al comienzo Abel estaba algo nervioso, pues todos estos años que pasó aprendiendo de Ashley, su maestra, había dejado arraigado en su cuerpo y mente el miedo de los castigos que podría imponerle y más si se tratase de dinero, pero para suerte de Abel, o mejor dicho bajo consideración de Ashley, aquellos Mercenarios que vencerían fácilmente al pequeño habían sido excluidos bajo amenazas o por el hecho de que no estaban en la ciudad.
Aunque claro, de ninguna manera los Mercenarios que quedaron se lo dejaron fácil y estuvo a punto de perder en reiteradas ocasiones.
– ¡Woof!
– Nube…
– Dijo Abel sintiendo a su compañero rosando su pierna.
Nube, quien había permanecido sin cambios en estos últimos seis años, había traído un trozo de tela absorbente que representaba las toallas en este nuevo mundo.
– Owwww…
– Gimieron con ternura algunos de los presentes, casi como si los primeros días no hubieran corrido de espanto o de miedo al ver a un Lobo Niebla frente a ellos.
Abel se secó el sudor del cuerpo y rostro y escuchó las discusiones de los demás mientras mantenía una risa falsa en el rostro, pero- – ¡Abeeeeeeel!
Un gritó resonó al mismo tiempo que la puerta del Gremio era abierta de una patada que se escuchó hasta el sótano.
El grito congeló a mucho de los presentes y en el sótano muchos temblaron al saber quien era el remitente, así como aquellos que peleaban por ser los siguientes, que se calmaron y caminaron sin rumbo en el lugar con solo una escalera por la cual huir.
Aunque, esa idea estaba lejos de ser posible, pues los pasos pesados hicieron crujir la madera y pronto, tanto la vestimenta como el rojizo cabello de la fuente se hizo visible para todos.
– Woof….
Nube ladró sin fuerza antes de observar a Abel y dispersarse en niebla.
– Traidora…- susurró Abel mientras observaba a Ashley, quien dejó las escaleras y cuando pisó el suelo hizo que todos los desorganizados Mercenarios se ordenaran en dos filas a los costados, dejando el camino libre hacia su discípulo.
– Hmmmm…- farfulló Ashley observando a los ordenados Mercenarios, sudorosos por los nervios, sin detener su paso y a segundos antes de llegar frente a Abel, habló con una amplia sonrisa, mas salvaje que linda – “Veo que lo están haciendo bien” Al escucharla todos los presentes dejaron salir un suspiro de alivio y relajaron un poco sus posturas, por nada en especial, pero aún en los rostros más bruscos había una tonta sonrisa de orgullo.
– Maestra…
– Exclamó Abel por lo bajo.
– Pequeño Mocoso, ¿Acaso perdiste?
– Respondió Ashley malinterpretando sus intenciones y Abel solo pudo suspirar antes de responder.
– Tuve suerte de evitarlo.
Los mercenarios se relajaron y se permitieron moverse por el lugar, muchos aún pendientes de la conversación entre el niño y su maestra, mientras otros decidieron que era mejor subir a saludar a los recién llegados.
– Jajaja, lo sabía, después de todo eres mi discípulo.
Se jacto Ashley antes de girar de inmediato, tan rápido y natural que nadie le prestó atención, pero como si escapara de algo en particular, sin embargo, cuando comenzó a alejarse y hacer que todo el mundo pensara que la única razón por la que había venido inmediatamente después de llegar de su misión era para asegurarse que su discípulo no le hubiera hecho perder dinero, fue solo una persona quien la observo distinto a todos estos Adultos Resignados, Abel, quien suspiró una vez más antes de hablar.
– Maestra sobre la recompensa…
– ¡Ah…
cierto!
– Exclamó Ashley mientras se sobresaltaba como si hubiera sido pillada haciendo alguna travesura y volteó lentamente para observar a su discípulo con una mirada que pedía perdón, pero Abel parecía firme en seguir adelante.
El trato que había hecho Ashley con Abel y el resto de los Mercenarios era ajeno al mismo pequeño, ya que si bien la “recompensa” para los demás seria monetaria, para Abel sería no ser torturado por su maestra y, además, lo acordado en palabras que ahora eran repetidas por un Abel quien suspiraba una vez más en resignación.
– Ya que no perdí, espero poder tener un enfrentamiento adecuado con usted, Maestra.
– Pero…
– Ashley estuvo a punto de lanzar miles de escusas y razones para evitar cumplir con aquel acuerdo de inmediato, la verdad es que ella había estado ansiando una ducha y cama en condiciones optimas desde que emprendió su camino de regreso, pero ya que lamentablemente su avaricia pudo más, primero optó por volver y asegurarse de que su dinero estaba a salvo, sin embargo ahora se daba cuenta de que eso también fue un error, ya que a lo largo de estos años también había conocido lo obstinado que podía llegar a ser su discípulo.
– Esta bien…
– Suspiró Ashley, pero contrario a las palabras desganadas, el ambiente cambio.
Ashley ansiaba una ducha caliente y una comida en condiciones, así como una cerveza, y como un niño tratando de ignorar su responsabilidad , pero que no había logrado salirse con la suya, había logrado llegar a otra respuesta, sabiendo que su discípulo podía pelear durante horas sin parar entonces solo aprovecharía las palabras que él mismo dijo y respiró profundamente al mismo tiempo que los alrededores parecieron temblar como si la realidad se hubiera convertido en una ilusión creada por el calor y, en menos de lo que uno podría llegar a imaginar, los ojos de Abel, impulsados por los Factores de Mejora así como todo su cuerpo y sentidos, observaron como el suelo donde había estado su Maestra yacía carbonizado antes de que el calor chamuscara los vellos de su nariz y un ligero toque golpeara su cabeza.
– Estas muerto – Dijo Ashley antes de revolver el cabello de su discípulo y comenzar a caminar hacia las escaleras.
– ….
– Abel parpadeo confundido observando lo ocurrido.
Sus ojos cambiaron de lugar entre la única huella que había dejado su maestra en el suelo, a varios metros de él, y recorría el suelo intacto hasta las marcas que aparecieron como por arte de magia a su lado.
Abel pensó por un momento en pedir una revancha u objetar por que fue injusto, pero como alguien con años de experiencia solo pudo agitar la cabeza mientras observaba a su Maestra abandonar el lugar.
– ¡Woof!
Nube dejó su estado incorpóreo y se acostó en ambos hombros de Abel, lamiendo su cara como si tratara de consolarlo y Abel la acarició antes de comenzar a seguir los pasos de su maestra mientras susurraba “Aún tengo un largo camino…”
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com