Dos y un nuevo Mundo - Capítulo 91
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91: Noticias.
91: Noticias.
Mientras Abel se preparaba para partir y las ruedas del destino giraban sin detenerse, lejos, en la frontera sur del Imperio Sutra, una aldea ardía en llamas.
Nubes de humo negro oscurecían la noche cubriendo el brillo de la Luna y las Estrellas y las llamas resplandecían vívidamente amenazando con no apagarse pase lo que pase.
El olor a carne quemada y metal abundaban en los alrededores haciendo que bestias de muchos tamaños comenzaran a acudir desde lo más lejano, y en el centro de todo este caos y destrucción, de pie y con una mirada tan vacía e indiferente como fuera posible, un grupo de siluetas humanas, tan oscuras como las sombras, terminaban con la vida de los últimos residentes.
– Buen trabajo, Uno.
– Dijo una nueva Sombra emergiendo del suelo.
– …
Por el contrario la sombra llamada Uno no mostro ninguna respuesta hacia aquellas palabras, es más, sus ojos parecían hundirse aún más en la oscuridad al escuchar las palabras de fueron dirigidas hacia él.
Junto a Uno habían tres siluetas más, todas indistinguibles de cualquier rastro mínimo que pudiera dar una idea de su identidad, pero todas y cada una de ellas compartían aquella mirada perdida y vacía.
– Tch…
– Chasqueó la Sombra al observar a este grupo que parecía seguir sus ordenes y en ese momento una nueva figura saltó de entre los alrededores, cayendo y arrodillándose frente a él.
– ¡Reportando, Cero!
– ¿Huh?
La sombra ahora conocida como Cero mostraba cierto rastro de insatisfacción hacía la nueva presencia, pero su molestia parecía estar más orientada hacia sus propios sentimientos, entonces suspiró dejando ir cualquier rastro de emoción que pudiera filtrarse en su voz y respondió.
– ¿Qué ocurre?
– Fue reportado que los refuerzos enemigos vienen en camino, Señor.
La mirada de Cero dejó a la figura arrodillada y viajó por los alrededores donde el olor a carne quemada le trajo un recuerdo a la mente.
Arrodillado frente al único Emperador de su Imponente Imperio, Cero, solo pudo rezar para que el aire entre a sus pulmones mientras trataba de resistir la fuerte presión y las bajas temperaturas que presionaban su cuerpo mientras unas palabras simples eran dichas de una forma tan indiferente, pero que, por extraño que fuera, parecían más cercanas a una orden, no, a una Ley que incluso la misma Naturaleza debería esforzarse por cumplir, – “Ya es hora, tomó un tiempo, pero con todo el mundo mirando no podría quedar más claro.
Destruye.
Proclámalo a lo grande.” Una sonrisa se formó en el rostro cubierto por la sombra, haciendo que solo él sea consiente de esto, y en vez de mirar a la figura arrodillada se volteó para ver a las cuatro sombras detrás de él.
Esta aldea en la que estaban parados no podía ser algo más lejano al mismo termino, pues de todo lo que uno podría imaginar la verdad es que esta “Aldea” era en verdad una fortaleza erguida para proteger las fronteras, pero así como las personas, los enormes muros y grandes construcciones habían sido reducidos a menos que cenizas, dejando el lugar en los restos de lo que alguna vez fue grandioso.
Pero eso no era todo.
En el pasado se contaron cuentos, no, se contaron historias de horror de como aldeas o ciudades eran arrastradas por aquellas personas que alcanzaban el umbral de super humanos y, aunque no habían sido tantos años como muchos quisieran, hoy esa hazaña se repitió y Cero observaba con recelo a aquellos que habían sido los responsables de tal obra de arte.
Él mismo era un Super humano y tenía la confianza para decir que replicar esta hazaña no sería imposible, pero aunque le duela, y jamás lo haga en voz alta, tenía que aceptar que con una fortaleza como esta tendría que arriesgarse a morir o salir lastimado de tal forma que no pueda volver a tomar su arma de por vida.
Sin embargo, ese mismo recelo cambió de inmediato recordando las siguientes palabras de su único líder haciendo que de inmediato hable en voz alta.
– “¡Orden….!” – Sus ojos giraron observando como todos los ojos muertos se posaban sobre él y la excitación comenzaba a llenar su cuerpo.
Cero hace mucho que se había resignado a entrar en el reino que muchos llaman “Monstruos”, pero eso no significó que se diera por vencido en escalar y, observando como aquellas sombras que se movían sin voluntad seguían sus palabras al pie de la letra, lo demostraba.
Él nunca podría lograr lo que ellos lograron y tal vez eso sea únicamente por su propio sentido de inferioridad, sin embargo Cero ya no le prestaba más atención a eso y observó como un centenar de Personas saltaron y los rodearon haciendo que su excitación llegue al punto máximo y entonces Rugió.
– ¡Acaben con todos!
Ante sus palabras un destello iluminó el lugar y las noticias de lo que pasó viajaron a la misma velocidad, llegando al propio Reino de Sgrowl.
Donde el Rey temblaba de ira y rencor mientras presionaba sus dientes y arrugaba el pergamino que se encontraba entre sus pálidos dedos.
– “Así que ya empezó…” – Murmuró el Rey mientras trataba de ahogar sus sentimientos.
– “¿Qué cosa?” – Preguntó el joven que solo podía ser el heredero.
– “¡Maldición!” – Gritó finalmente el Rey, incapaz de ahogar su ira – “¡Es el Imperio, su Nueva y Maldita campaña de conquista acaba de comenzar!” Todo mundo palideció, pero así como se podía palpar el miedo o nerviosismo, también lo hacía la Ira.
Y mientras los murmullos comenzaban a hacerse audibles y pronto se transformaron en conversaciones acaloradas, Abel había abandonado la capital de camino al norte.
El pequeño no lo sabía y tal vez el Destino no lo inmiscuiría en este asunto teniendo otros planes guardados, pero así como era ignorado por Abel, sin que nadie se lo espere, La Guerra Había comenzado.
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