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Dos y un nuevo Mundo - Capítulo 96

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  4. Capítulo 96 - 96 Viaje V
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96: Viaje (V) 96: Viaje (V) ******POV Abel***** Una sensación pegajosa, viscosa, una sensación familiar que no debió representar un problema alguno para moverme, sin embargo, no pude, no pude ni siquiera pestañear.

Mi cuerpo se tensó, mi aliento se entrecortó, al ver a la bestia que se alzaba imponente frente a mí el sonido que me rodeaba comenzó a desdibujarse, como si comenzara a hundir en el agua, poco a poco los gritos y sonidos sonaban ajenos e inentendibles.

Entonces la criatura levanto la pata, era enorme, al menos tres veces mi cuerpo y las garras que sobresalían a duras penas eran tan grandes que no creía que pudieran cortarme, no, eso me aplastaría sin problema.

Finalmente, la pata comenzó a descender hacia mí.

Sentía los factores consumirse sin parar y la electricidad brotaba desenfrenada sobre mi haciendo que el balanceo pareciera tan lento como se pudiera, pero aun así no pude moverme.

Esquivar sería tan fácil como dar un paso al costado, pero observando fijamente la pata que marcaba mi muerte lo único que pude hacer fue no pestañear y cuando el calor de la bestia se sentía incluso fuera del contacto un grito llegó.

– ¡Vamos, Muévete!

– Era Edgar.

Mi visión temblaba y estaba nublosa, pero sus ojos plateados brillaban profusamente mientras no solo resistió, sino que empujó la pata de la bestia hacia atrás.

– ¡¿Qué crees que haces mocoso?!

Sentí un tirón que cambió mi mundo, sentía la ira en su voz, pero sencillamente no podía responder.

Una persona que acaba de ver se sentía tan ajena y desconocida que me perdía en el movimiento de cabeza por la frustración ante mi vaga respuesta, entonces me empujó mientras dejaba salir un chasquido o algo parecido.

No lo entendía, la intención de matar era algo que había experimentado el primer día que llegue a este lugar y había sido recurrente mientras lidiaba con muchas bestias más grandes que yo en este corto año.

No lo entendía, no lo podía describir, pero por primera vez desde que llegué a este mundo pude entender lo que era el “Miedo Natural” pude entender aquello con lo que las personas, los individuos en este mundo, tienen que luchar, el miedo innato, la lucha por subir en esta pirámide de poder donde no eran las Tonocrias, sino nosotros los que se encontraban en el fondo.

********POV Normal****** Edgar se lanzó con el escudo en alto y paró el balanceo tras balanceo de la Bestia al mismo tiempo sus compañeros aprovecharon cada espacio para atacar o crear un nuevo espacio, todos estaban dando lo mejor, pero nada podría explicar mejor la diferencia de poder que había incluso entre bestias calificadas en el mismo nivel que esta vista.

Por otro lado, Abel estaba inmóvil observando lo que ocurría segundo a segundo.

Los gritos de batalla, así como los rugidos de la gigante bestia que sacudían la tierra lo habían mantenido congelado en el lugar, pero cuando la intensa batalla comenzó a arrojar distintas cosas, desde nieve hasta árboles, el cuerpo de Abel se tensó aún más y antes de darse cuenta su pie retrocedió lentamente, pero mientras el pequeño se encontraba dando un paso atrás, aún con el sonido ahogado, la luz demasiado brillante para ser cómoda y el temblor en su cuerpo, un ligero toque en la espalda, que debió ser imperceptible, y un calor tan débil como pudiera ser, lo hizo detenerse.

Abel volteó de inmediato, asustado de que pudiera ser otra Bestia, él sabía que no sería así, pero aun así volteó y, como esperaba, no encontró nada.

Detrás de él solo había el campo nevado por el que había llegado y las pisadas sobre ella demostraban que nunca hubo nada o nadie que lo detuviera, fue extraño, pero en ese momento Abel se dio cuenta de algo, su cuerpo había dejado de temblar.

Su cuerpo había estado temblando, su visión se hacía cada vez más borrosa y el sonido sonaba cada vez más ahogado a pesar del creciente escándalo, pero en medio de toda esa situación el toque en su espalda llamó su atención…

y el calor que debería haberse extinguido comenzó a crecer.

Abel era alguien que sobre pensaba mucho y eso lo había ayudado innumerables veces, pero esta vez sin importar cuanto lo pensara no podía comenzar a entenderlo y sin embargo el calor en su espalda se sentía cada vez más fuerte, llegando a cubrir su cuerpo entero.

Abel era alguien lógico, incluso podríamos llamarlo calculador, pero algo que había aprendido en este mundo era que debía soltarse, soltarse como aquella vez en la cueva, soltarse para sobrevivir y en esta situación donde el suelo retumbaba y los gritos se ahogaban en sus oídos, Abel observó su mano y contrario a aquella vez en la cueva no se preguntó “¿Qué haría Kayn?” pues él podría imaginar como correría hacia la bestia sin pensarlo, no, contrario a aquella vez Abel solo podía pensar en que debería hacer él.

Había pasado un año desde que se había separado de su familia, pronto cumpliría siete años, y algún día tendría que partir en su viaje de regreso, pensar en eso lo aterraba, después de todo no sabía dónde o como lo haría, pero si algo había aprendido, no, si algo había estado luchando para aprender era justamente lo que necesitaba “Soltar”, Abel debía seguir pensando, después de todo no podía desechar su experiencia de una vida, pero debía comenzar a actuar, no pensando en su amigo, sino pensando por sí mismo y así lograr superar los obstáculos que se le presenten.

Abel apartó la vista de su mano, sus ojos brillaban con una resolución distinta, aunque sus piernas aún se negaban a moverse, pero el viento tormentoso sopló y, aunque Abel sabía que era imposible, unas palabras de su amigo llegaron a sus oídos – “¡Solo hazlo, bastardo miedoso!” – …

Abel finalmente sonrió y, como si alguien lo empujara desde atrás, sus primeros pasos tambalearon como los de un ciervo recién nacido por lo que luchó para recuperar el equilibrio, pero cuando lo hizo el siguiente paso fue muy sencillo, no, incluso se sintió liviano, simple, fácil, como si el sudor en su cuerpo y el miedo solo hubieran sido una alucinación.

– “¡Cuidado!” – Sonó el grito de Edgar cuando un árbol había sido arrojado por la enorme criatura.

Abel estaba fuera del sitió de impacto, pero no pudo evitar que sus ojos siguieran la trayectoria que seguía el improvisado proyectil, entonces lo vio.

– …

– A…Ayuda…

-Ma…mama…

Tras él, e incluso a su costado, se encontraban la mayoría de los mercenarios Novatos y otro experimentados, todos temblando mientras presionaban sus manos tan fuerte que sangraban o balbuceando palabras mientras se enfrentaban a la misma realidad que él apenas comenzaba a comprender y aceptar.

Abel tenía el cuerpo de un niño y en gran medida, salvo algunas costumbres, él había regresado a ser un niño, pero como alguien serio y calculador entendía las responsabilidades, el rol que tenía que cumplir, aunque muchas personas se rían al escuchar esto, pero era ese pensamiento, ese apego o costumbre que mantenía de su anterior vida lo que lo hizo tomar su arma.

– “Esta es mi prueba de ascensión…” – Murmuró.

– “Es mi responsabilidad…” – Dijo el pequeño mientras pasaba el cuerpo del Mercenario que fue víctima de una Tonocria.

– “Y me haré responsable…

lo juro” – Dijo finalmente antes de desenvainar su daga.

Los ojos del niño brillaron y observaron como Edgar empujaba hacia atrás a la bestia, dejando su pecho libre.

– “¡Ahora!” – gritó Edgar y de inmediato la chica tenebrosa saltó de entre las sombras azotando sus dagas sin reserva al mismo tiempo que una lanza y una flecha volaban apuntando a la misma dirección.

Las armas golpearon el pecho de la criatura, este parecía estar desnudo, pero las delgadas escamas y piel dejaron salir un sonido que mostraba la dureza y resistencia sobrenatural que poseía, aunque no logró salir intacto y un ligero chorro de sangre comenzó a brotar.

– ¡Graaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

La bestia rugió y la chica tenebrosa fue forzada a taparse los oídos.

Su concentración había sido cortada y la bestia extremadamente peligrosa no dejaría pasar eso, por lo que azotó su brazo al mismo tiempo que recuperaba la postura.

– ¡No…….!

Gritó el grupo de Edgar con desesperación y no era extraño, después de todo un golpe bien dado era todo lo que se necesitaba para acabar con la frágil vida de los humanos, pero…

– ¡…!

– La misma chica tenebrosa, que aún se cubría los oídos de los cuales salía un pequeño rastro de sangre, abrió los ojos sorprendida cuando sintió a alguien tirar de su cuerpo, ¿Lo sorprendente?

es que la criatura que la salvó ni siquiera era humana, sino un elegante y hermoso can, Nube.

– ¡Ana!

Cuando la chica tenebrosa cayó al suelo con Nube todo su grupo fue a auxiliarla, algo sumamente irresponsable, pero nadie dijo nada más que la misma Ana.

– ¿Chicos?

¿Qué hacen…?

La bestia…

– Tranquila…

creo que es nuestro turno de descansar.

Ana no entendía lo que significaba esas palabras, pero un escalofrío recorrió su espalda y la obligó a ver en dirección de donde había venido.

– Eso…

– Sorprendente…

¿Verdad?

Bueno, ¿Qué se puede hacer?

Las bestias del mismo plumaje vuelan juntas…

Ana no podía responder ante la mejor elección de palabras que había escuchado ante la situación, ya que ella misma de entre todos los presentes era la que en el pasado fue rescatada de una forma similar por la que ahora era la maestra del niño que corría de un lado a otro sobre la bestia.

– “Tienes razón…”- Suspiró.

Abel dejaba un rastro por donde pasaba, era el brillo de sus ojos que demostraban la enorme cantidad de Factores que consumía segundo a segundo y pronto esos rastros había recorrido el cuerpo entero de la bestia.

– ¡Graaaa!

Rugió la bestia de dolor cuando Abel apuñalo su costado y una corriente explotó del lugar dejando chispar incluso luego de que otro lugar fuera cortado.

La bestia giró, azotó, golpeó, rodó e intentó de todo tratando de seguir el ritmo del pequeño, todo el mundo pensaba que en este punto eso no tenía sentido, pero mientras Nube se materializaba y mordía a la enorme criatura Abel fue golpeado y enviado a volar.

– ¡…!

Todo el mundo guardó silencio, no, nadie pudo siquiera respirar cuando la situación había cambiado en menos de un segundo, pero de entre la nube de viene que se había elevado, y el vapor de la misma derritiéndose, un niño salió caminando, su agarre sobre la Daga más fuerte que nunca.

La sangre goteaba de las heridas y fracturas en las extremidades que ya habían sanado y la sangre que brotó de algún lugar de su cabeza había entrado a sus ojos solo para acentuar lo guinda de estos y, por si fuera poco, el brillo se intensificó una vez más mientras pequeños rayos comenzaron a crepitar a su alrededor y derretir la nieve cuando el pequeño dio una respiración profunda, calmada, sencilla.

Entonces nadie pudo decir nada, aunque esta vez la razón fue diferente, y, a la vista de todos, el niño desapareció, entonces, cuando apareció bajo la criatura con una fuerte explosión que apartó la nieve y desequilibró a la Bestia por la onda de choque, las nubes de tormenta rugieron iluminando el área.

Los reportes fueron varios y diversos sobre la lucha que se llevó a continuación, algunos lo reportaron como una valiente y honorífica batalla, otros simplemente dijeron que la vista no fue distinta a ver una pelea entre bestias y hubo quienes se abstuvieron de dar detalles por lo absurdo que fue, pero algo que permaneció en todos los reportes fue el magnífico y aterrador sonido que los devoró durante decenas de minutos la cual comenzaron a llamar “La Ira del Norte”.

Cuando Abel terminó venciendo a la Enorme Bestia con su ropa y cuerpo magullados, rasgados o rotos, los pasos del niño tenían un peso distinto y, mientras Abel observaba la figura de la Progenitora a la distancia, esos pasos se profundizaron….

aunque esta vez se sentía un poco más de…

¿Odio?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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