Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Dovahkiin en "the witcher" - Capítulo 12

  1. Inicio
  2. Dovahkiin en "the witcher"
  3. Capítulo 12 - 12 Capitulo 12
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

12: Capitulo 12 12: Capitulo 12 La luz del amanecer de Redania se filtraba a través de las cortinas de lino, bañando la habitación con un tono dorado que Denise sentía casi irreal.

Abrió los ojos lentamente, encontrando el espacio a su lado vacío, aunque las sábanas aún conservaban un calor residual que parecía vibrar.

Al desperezarse, un hormigueo eléctrico recorrió su cuerpo, un eco de la noche anterior que se negaba a desvanecerse.

Denise se quedó inmóvil, dejando que los recuerdos la inundaran.

Mientras sus dedos rozaban la tela donde él había estado, no pudo evitar reconstruir cada momento.

Recordó el circo, el asombro ante los malabaristas elfos que desafiaban la gravedad con una gracia casi dolorosa, el aroma de las manzanas asadas y la sidra caliente, y la risa de Jonar, que sonaba más clara que cualquier instrumento musical.

Recordó cómo, entre el bullicio de enanos y medianos, él le había dejado claro que su vida era un camino sin destino fijo.

Ella lo había aceptado con la serenidad de quien ha aprendido que el presente es el único tesoro real.

Pero lo que más se repetía en su mente era el contacto físico.

Al cerrar los ojos, Denise volvía a sentir la cena en su pequeña cocina; el estofado que habían compartido y el vino de Aedirn que parecía encenderles la sangre.

Sin embargo, nada la había preparado para el momento en que sus cuerpos se fundieron.

El contacto con la piel de Jonar despertaba una sensación que Denise nunca creyó que existiese.

No era simplemente el calor de otro ser humano; era una vibración profunda, una energía vital que parecía emanar de sus poros como un zumbido constante.

Al tocarlo, ella sentía que su propia piel se renovaba, como si la esencia de Jonar estuviera insuflando vida en sus rincones más olvidados.

Era un fuego que no quemaba, sino que iluminaba, una conexión que trascendía lo carnal para rozar lo sagrado.

Se había sentido poderosa, y, por primera vez en muchos años, deseada.

Un crujido en la madera de la escalera la trajo de vuelta al presente.

El aroma de pan tostado y especias comenzó a llenar la habitación.

La puerta se abrió suavemente y Jonar apareció, cargando una bandeja de madera.

Ya estaba vestido, con su túnica ajustada, pero sus ojos dorados mantenían la suavidad de la noche.

—Buenos días —dijo él con esa voz que parecía resonar en los huesos de Denise.

Se acercó a la cama, dejó la bandeja y se inclinó para darle un beso que le supo a pan caliente y a una promesa cumplida.

—He preparado algo de desayunar.

Denise se incorporó, dejando que las mantas resbalaran por sus hombros, sintiéndose extrañamente cómoda bajo su mirada.

—Hueles a victoria, Jonar —bromeó ella, tomando una taza de té humeante.

Cenaron y charlaron con una familiaridad asombrosa, como si los años de diferencia y los mundos que los separaban se hubieran disuelto entre las sábanas.

Sin embargo, el tono de Jonar se volvió más pragmático después de un rato.

—Tendré que partir pronto —mencionó él, rodeando la mano de Denise con la suya.

—He quedado con el brujo en las afueras.

Tenemos un contrato que resolver juntos; parece que algo ha estado acechando a los pastores cerca de los lindes del bosque.

Denise asintió, sintiendo una pequeña punzada de melancolía, pero mantuvo su sonrisa firme.

Ella conocía los términos.

—Ten cuidado.

—dijo ella, antes de suspirar con resignación.

—Yo también tendré un día agitado.

Hoy es cuando los escritores anónimos vienen a la librería a presentar sus manuscritos.

Soy una de las encargadas de recibir los borradores.

Es un desfile de sueños en papel, y no quiero que ninguno se pierda por mi descuido.

Jonar la miró con una admiración genuina, inclinándose una vez más para besar su frente.

Mientras él terminaba de prepararse para ir al encuentro del brujo, Denise se quedó un momento más en la cama, sintiendo aún el rastro de aquella energía sobrehumana en su piel, sabiendo que, pasara lo que pasara, esa noche había cambiado algo en ella para siempre.

.

.

.

Jonar partió hacia la posada, allí se encontró con el brujo que lo esperaba, tras un breve saludo ambos partieron en sus monturas hacia el bosque al noroeste de Guamez.

Varios cazadores habían desaparecido en la zona, un contrato había sido formado para investigar lo que sucedió y matar aquello que había causado las muertes de los cazadores.

El bosque que rodeaba Guamez no era un lugar para los débiles de corazón.

A medida que Jonar y Eskel se alejaban de los caminos trillados, la luz del sol se convertía en una filtración verdosa y enferma.

El silencio era tan denso que el crujido de una rama seca bajo las botas de Eskel sonaba como un disparo.

Eskel se detuvo en seco, olfateando el aire.

Sus ojos de gato se contrajeron.

Un tótem se encontraba frente a él.

Raíces brotaban del suelo de manera vertical, sobre ellas una serie de cráneos de animales decoraban la madera, lobos, cuervos y un oso.

—Huele a savia vieja y a muerte —susurró el brujo—.

Estamos en su territorio, el de un Leshen, joven quizás.

—Dime, Eskel —dijo Jonar, manteniendo una calma que contrastaba con la tensión del ambiente—, ¿todos tus contratos son así de lúgubres?

Anoche estuve rodeado de música y luces, y hoy me traes a un cementerio de árboles.

Eskel soltó una risa seca mientras desenvainaba su espada de plata.

—El equilibrio del mundo, Jonar.

Por cierto…

¿Qué tal la cita?

No te veías con prisa por salir de esa casa esta mañana.

Jonar sonrió, recordando la calidez de Denise y esa electricidad compartida.

—Fue una noche que ninguna balada podría describir con justicia.

Denise es…

especial.

Hay una fuerza en ella que no esperaba.

Eskel sacó un frasco de aceite.

El ungüento era espeso y negro; lo extendió con cuidado por la hoja de plata, que empezó a brillar con un matiz aceitoso y letal.

Jonar miro con curiosidad —¿Ese aceite es veneno?

—Algo parecido —comentó el brujo —Aceite para relictos, más que veneno es un aceite que afecta las habilidades mágicas de los relictos, los entorpece, aunque en grandes cantidades podrían debilitarlo bastante, lamentablemente no tengo tal cantidad.

—¿Me darías una copia de la receta?

Tengo el hábito de adquirir cosas útiles, si bien no me hace falta, quizás un día me pueda ser de ayuda.

—Si, no hay problema —respondió Eskel.

Luego saco otra posición, de color verde y la bebio.

—Rayo, ayuda potencia el cuerpo.

Jonar estaba a punto de preguntar por la posición cuando sintió un cambio a su alrededor.

—Aquí viene En ese momento, el bosque cobró vida de la peor manera posible.

Un rugido que parecía el lamento de robles rompiéndose sacudió los árboles.

Delante de ellos, la niebla se espesó y emergió el Leshen.

Era una figura de pesadilla: una estructura de madera retorcida y huesos, de más de dos metros de altura, con un cráneo de ciervo por cabeza y manos que terminaban en garras de raíces afiladas como cuchillos.

—¡Por debajo!

—gritó Eskel.

El suelo estalló.

Enormes raíces y enredaderas surgieron de la tierra con la velocidad de látigos, buscando atrapar sus tobillos.

Eskel rodó hacia un lado, trazando un arco de plata que cercenó las fibras vegetales, las cuales sangraron una savia negra y espesa.

Jonar, por su parte, no se movió; simplemente activo su magia y una barrera de energía pura desintegró las raíces antes de que lo tocaran.

El Leshen alzó sus brazos hacia el cielo gris.

De repente, el aire se llenó de un graznido ensordecedor.

Una nube de cuervos negros, con ojos rojos de furia, descendió sobre ellos como una marea de plumas y picos.

—¡Cúbreme!

—pidió Eskel, lanzando una señal de Igni.

Una llamarada brotó de sus dedos, quemando a los pájaros en pleno vuelo, pero el Leshen ya se había desvanecido, transformándose en una columna de humo negro y cenizas para reaparecer detrás del brujo.

—¡Detrás de ti!

—Jonar reaccionó con la velocidad del rayo.

Una lanza de llama brotó de sus dedos, impactando en el pecho de madera del monstruo justo cuando este alzaba sus garras para golpear a Eskel.

El impacto lanzó al Leshen hacia atrás, pero la criatura soltó un aullido ultrasónico.

Desde la espesura, los aliados del bosque respondieron.

Una manada de lobos hambrientos, con el pelaje erizado y los ojos inyectados en sangre, cargó contra ellos.

Al mismo tiempo, un enorme oso pardo, poseído por la magia del Leshen, surgió de entre los arbustos, derribando troncos a su paso.

—Esto se está animando —gruñó Eskel, entrando en el trance del combate.

Eskel se lanzó contra los lobos, esta vez con su espada de acero, decapitaba y cercenaba con una precisión quirúrgica.

Jonar, mientras tanto, se enfrentó al oso.

El animal cargó con todo su peso, pero el semidiós lo detuvo en seco con una mano extendida, creando un campo de fuerza que hizo que el oso se golpeara contra una pared invisible.

Para luego crear una lanza de hielo que atravesó el cráneo de la enorme bestia de manera vertical.

Con un gesto de su otra mano, Jonar invocó una ráfaga de viento que lanzó a los lobos restantes contra los troncos espinosos.

El Leshen, viendo a sus siervos caer, se hundió en la tierra y reapareció junto a Eskel, golpeándolo con una fuerza brutal que lo mandó a volar contra un árbol.

El brujo escupió sangre, pero se puso en pie de inmediato, bebiendo una poción de golondrina que hizo que sus venas se tornaran negras bajo su piel.

—¡Ahora, Jonar!

—rugió Eskel.

Jonar concentró su poder.

El aire alrededor de Jonar comenzó a chisporrotear.

El Leshen intentó invocar más raíces para protegerse, creando un escudo de madera viva, pero Jonar cerró el puño.

—¡Arde!

—sentenció Jonar.

No fue fuego ordinario; fue una columna de energía pura que calcinó el escudo del Leshen en un segundo.

Eskel aprovechó la apertura.

Se deslizó por debajo de las largas garras del monstruo y, con un giro de cadera, hundió su espada ungida profundamente en el núcleo del cuerpo de madera.

El Leshen se sacudió violentamente, soltando un último grito que hizo que los árboles cercanos perdieran sus hojas.

Finalmente, se desmoronó, convirtiéndose en un montón de cenizas y madera muerta.

El cráneo de ciervo cayó al suelo con un golpe seco, rompiéndose en pedazos.

El silencio volvió al bosque, pero era un silencio diferente, uno de paz recuperada.

Eskel se apoyó en su espada, respirando con dificultad, mientras sus ojos volvían a la normalidad.

—Maldita sea…

—suspiró el brujo—.

Ese era más fuerte de lo que parecía.

Gracias por el apoyo, Jonar.

Jonar sacudió el polvo de su jubón, su expresión volviendo a la serenidad.

—Fue una buena cacería —dijo mientras tomaba el cráneo de la bestia.

—Nos servirá para cobrar la recompensa.

—Bien, esto vale al menos diez coronas de plata, suficiente dinero para vivir un año, sin lujos, pero suficiente para comer y dormir en un buen lugar.

—Comentó el brujo.

Jonar asiento mientras lanzaba una oleada de magia restauradora sobre el brujo.

Una vez terminado ambos volvieron a Guamez.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo