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Dovahkiin en "the witcher" - Capítulo 18

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18: Capitulo 18 18: Capitulo 18 El camino hacia el Sur se extendía como una serpiente de tierra entre los altos pastizales de Redania.

El traqueteo de la carreta y el rítmico golpear de los cascos de los caballos contra el suelo eran los únicos sonidos que rompían la paz de una mañana inusualmente despejada.

Jonar sostenía las riendas con parsimonia, disfrutando del aire fresco, mientras Salma y Sadia se acomodan en el carruaje comercial.

—Maese Jonar… —comenzó Salma, rompiendo el silencio—.

Hay algo que ha estado rondando nuestras mentes desde que dejamos el pueblo.

Jonar ladeó la cabeza, invitándola a continuar sin apartar la vista del camino.

—¿Por qué decidiste ayudarnos?

—preguntó Sadia, completando la idea de su amiga—.

Hemos conocido a hechiceros antes.

La mayoría no son… propensos a la caridad.

Se encierran en sus torres de magia, se pierden en libros de investigación y nos ven como curiosidades para diseccionar o herramientas para su placer.

Tú no pareces ser así.

Jonar dejó escapar una pequeña risa seca.

—No soy un hechicero en el sentido en que ustedes lo conocen.

Hace tiempo que pasé días y noches en torres y castillos aprendiendo e investigando; ya dejé esta etapa atrás.

Actualmente estoy en búsqueda de experiencias, de aventuras, de ver y conocer cosas nuevas.

—Hay algo más —añadió Sadia, inclinándose un poco hacia él—.

Nosotras… sentimos los pensamientos de los demás.

No es que leamos sus mentes palabra por palabra, pero percibimos la “textura” de sus intenciones.

Cuando nos encontramos por primera vez, no percibimos ni un solo pensamiento oscuro en ti.

Ni asco, ni esa lujuria depredadora que suele seguir al miedo, ni planes para vendernos.

Fue como mirar un lago en calma.

¿Acaso ya te habías encontrado con alguna de las nuestras?

Jonar tiró levemente de las riendas para esquivar un bache.

—No, nunca había visto súcubos antes de cruzarme con ustedes.

Pero en mi hogar, la noción de “humano” es mucho más amplia de lo que este mundo parece permitir.

Ambas lo miraron con genuina curiosidad.

Jonar continuó, su voz cargada con el peso de la nostalgia.

—He compartido banquetes con los khajiitas, hombres con rostro de felino y pelaje suave que comercian con especias y secretos.

He luchado hombro con hombro con los argonianos, guerreros de escamas que pueden respirar bajo el agua y cuya sangre es tan fría como su disciplina.

Para mí, la apariencia es irrelevante.

—¿Hombres gatos?

¿Gente lagarto?

—Salma parpadeó, incrédula—.

Entonces no eres de aquí, maese.

¿De dónde vienes?

—De un lugar muy lejano —respondió Jonar; ambas percibieron que no quería profundizar más en el tema, así que no preguntaron.

—El odio a otros por su raza me parece la forma más primitiva de estupidez —sentenció Jonar con firmeza—.

Yo juzgo a las personas por sus acciones.

Si eres racional y tus actos no perjudican a nadie, entonces no hay motivos para la agresión.

Si eres un monstruo que devora inocentes, entonces la violencia está justificada.

Ustedes me pidieron ayuda y no mostraron malicia.

Eso es todo lo que necesito saber.

Ambas súcubos intercambiaron una mirada.

A sus ojos, Jonar acababa de pasar de ser un protector poderoso a ser alguien “culto”, poseedor de una visión del mundo que cualquier no humano desearía poder realizar.

.

.

.

El viaje transcurrió sin problemas; salvo algunos baches en el camino, el viaje fue constante, no se detuvieron ni a almorzar, comieron mientras viajaban.

Así llegó la noche.

Jonar detuvo el carro cerca de un claro y comenzaron a armar el campamento.

Tiempo después, los tres se encontraban sentados alrededor del fuego.

El fuego de la hoguera proyectaba sombras alargadas contra la carreta.

Salma cepillaba su cabello con parsimonia, mientras Sadia pulía una pequeña gema.

El ambiente era de una paz insólita para dos criaturas que solían vivir huyendo.

—Salma, Sadia —dijo Jonar, cerrando un pequeño cuaderno de notas que llevaba consigo—.

Dado que este es mi primer encuentro real con su especie, me gustaría pedirles un favor.

He leído sobre ustedes en algunos libros; no hace falta decir qué tipo de imagen retrata de ustedes.

Por eso me gustaría haceros algunas preguntas…

para tener una visión objetiva.

Las dos hermanas se miraron.

Salma soltó una risita suave.

—Pregúntanos lo que quieras, maese.

Jonar asintió, con la mirada fija en las brasas.

—Primero, sobre vuestra naturaleza.

Los libros los llaman demonios.

Claramente no son demonios.

¿Cómo se definirían ustedes?

—.

Ciertamente, no venimos de ningún infierno.

Somos criaturas que llegamos aquí durante una conjunción, como los hombres o los elfos.

Somos una especie física, de carne y hueso, con necesidades biológicas.

Creo que, como los demás humanoides, pertenecemos a la definición de “mamífero”, si es así como se les dice.

—Eso me lleva a mi siguiente pregunta —continuó Jonar—.

¿Su constante deseo de apareamiento tiene una función más allá del placer?

—Es nuestra forma de alimentación, Jonar —explicó Sadia, esta vez sin rastro de picardía—.

Nos alimentamos físicamente como cualquier otro ser vivo, pero también.

Necesitamos energía vital, la “energía” que fluye por los seres vivos.

El acto sexual es la mejor forma que tenemos de obtener esa energía…

aunque algunos de los nuestros, menos cuidadosos, terminan agotando a sus compañeros, llevándolos hasta la muerte.

—Es como absorber el calor de una llama —comentó Salma.

—El calor es la energía que absorbemos; la llama es la propia vida.

Podemos absorber energía simplemente por contacto, aunque de esta manera solamente podemos obtener poca.

—¿Entonces el placer es el incentivo que usan solamente para sus “presas”?

—No —respondieron ambas—, también sentimos placer.

Es algo parecido al placer que sientes al comer una buena comida; alimentarse es algo vital para cualquier ser vivo, y también hay placer en su degustación.

Algo similar ocurre con los apareamientos; lo hacemos por necesidad y también obtenemos placer de ello.

—¿Cada cuánto tiempo necesitan obtener energía vital?

¿Pueden vivir sin ella?

Ambas se miraron pensativas.

—Diría que lo mínimo es una vez a la semana —comentó Sadia.

—Pero lo mejor es obtenerlo todos los días —dijo Salma.

—Pero hay casos en los que podemos estar largos periodos sin aparearnos; normalmente, aquellas que se retiran a vivir lejos de las civilizaciones pueden subsistir en lugares con fuerte energía vital de la naturaleza.

Aun así, el deseo no desaparece.

Es como si un humano estuviera en un lugar donde no necesitará alimentarse, donde el aire mismo que respira sacia su hambre; aun así sentirá el deseo de querer comer, de devorar, de disfrutar de algún tipo de alimento.

—Comentó la morena.

—Entiendo, tiene mucho sentido.

¿Y qué hay de la procreación?

He leído que solo existís mujeres.

—Es un mito común —dijo Salma—.

Existen los íncubos, nuestra contraparte masculina, pero son mucho más escasos.

Debe haber más de diez súcubos por íncubos; sus nacimientos son raros y en cierto sentido son celebrados.

Por otro lado, podemos procrear con cualquier humanoide “mamífero”: hombres, elfos, enanos, incluso aquellos a quienes llaman “medio humanos” o “híbridos”.

Mientras sea mamífero, entonces puede haber procreación.

—¿Solamente se relacionan sexoafectivamente con estas especies, y con los “machos” únicamente?

—Algunas de nuestras hermanas prefieren a las mujeres —comentó Sadia.

—Ya sabes, son menos problemáticas que su contraparte masculina.

También hay algunas de las nuestras que prefieren vincularse con otros tipos de seres.

—¿Cómo, por ejemplo?

—Animales: lobos, caballos, ciervos, etc.

Tenemos una gran capacidad de vincularnos con la naturaleza, y como podemos extraer energía vital a través del apareamiento, hacerlo con animales no resulta ningún problema; tienen vitalidad en gran cantidad, y suelen ser compañeros bastante leales.

—Así que el bestialismo es una práctica en su especie.

No tiene nada de raro; algunos humanos también lo hacen.

Sobre los ejemplos de hombres de campo que se relacionan con sus ovejas y cabras.

—Ciertamente —comentó Salma con una sonrisa.

—Muchos de nuestros clientes suelen verse atraídos por nuestro lado animal, como dicen; incluso desarrollan un fetiche —comentó mientras meneaba una protuberancia en forma de cola en el aire.

Y a más de uno le gusta acariciar nuestras piernas.

—Una vez, una joven noble humana proveniente de Tretogor pasó por Den’esle y se enteró de que nos encontrábamos en el burdel.

Vino a nosotras pidiéndonos que satisfacemos su más profundo deseo; nos pidió hipnotizar a su caballo, aquel que utilizaba para competir en torneos.

Ya te imaginarás para qué —cometió Sadia con una sonrisa.

—Imagino que le gustaba montar a su corcel en más de un sentido —comentó Jonar con una sonrisa.

—Ciertamente, las personas de poder suelen ser mucho más perversas de lo que la gente imagina.

Tanta libertad y poder los lleva a lugares bastante extravagantes —comentó mientras recordaba las orgías que se realizaban en Cyrodiil, hombres y mujeres de la alta sociedad, comerciantes, etc.; y no solo eran humanos a los que invitaban.

Los khajiitas y Argonianos eran bastante populares en esas fiestas, tanto para los hombres como para las mujeres.

Pero los más populares eran los minotauros; a más de una dama de alta alcurnia le gustaba pasar la noche con esos gigantes cornudos.

Él nunca había hecho nada para detenerlos, solamente infiltraba agentes del Penitus Oculatus para obtener información en caso de que tuviera que chantajearlos algún día.

—Volviendo al tema, ¿cuánto suelen ser sus embarazos?

¿Son parecidos a los embarazos en humanas?

—La gestación tarda menos que en las humanas, solo cuatro meses.

Tampoco suele ser tan problemático; es raro que enfermemos o que veamos nuestras capacidades físicas disminuidas.

El mayor problema que suele haber es la alimentación; al igual que las embarazadas comen más en la gestación, nosotras necesitamos de una mayor cantidad de energía vital en dicho periodo.

Suele ser común que nuestras parejas mueran en dicho proceso; la falta de control termina por agotar y enfermarlos ante tanta pérdida de su energía.

—comentó Salma.

—Entiendo, embarazos más cortos, y el mayor problema es la obtención de alimento; la falta de control termina por causar la muerte del macho.

¿Suelen procrear con parejas con un vínculo sentimental?

¿Qué factores tienen en cuenta a la hora de decidir tener descendencia?

—Nuestros hijos siempre son deseados, tenemos control total de nuestra capacidad de fecundación, podemos decidir cuándo tener o no un hijo.

Además, nunca perdemos nuestra fertilidad.

Y como nos desarrollamos mucho más rápido que las demás razas, podemos quedar fecundadas a partir de los seis años, que sería como los quince de sus mujeres.

—Comentó Sadia.

—Respecto a los factores… Estos son diversos; generalmente, decidimos tener descendencia cuando sentimos un fuerte vínculo con un hombre, pero también puede ser porque sus rasgos nos parecen atractivos.

Que el macho sea estéticamente bello, fuerte, carismático o de buen carácter puede llevarnos a querer tener descendencia con él.

Pero diría que lo más importante es su energía vital; nosotros podemos sentirla; mientras más nos guste, más probabilidad hay de querer tener descendencia.

—comentó Salma.

—Entiendo, tengo que hacer una pregunta incómoda; como seguro sabrán, existe el rumor de que los súcubos, como seres de perversión, se les aparecen a los humanos… digamos muy jóvenes.

Ambas suspiraron con cansancio.

—He escuchado ese tipo de rumores; normalmente los dicen para luego atacarnos, nos crean una imagen de seres de maldad y perversión pura antes de los linchamientos —comentó Sadia.

—Como hemos dicho antes —comenzó Salma.

—Somos seres con un fuerte vínculo con la naturaleza, y tener contacto con seres jóvenes e inmaduros es una violación contra la naturaleza misma; si no están preparados para la procreación, entonces no nos acercamos.

Además, la energía vital de los jóvenes es inmadura; es como comer un fruto que está inmaduro, verde.

No hay sabor, no hay placer, solo la sensación de decepción y, en nuestro caso, el hecho de haber cometido un acto inmoral.

Solamente observamos la energía de alguien muy joven en caso de no haber ninguna otra opción, y solamente lo haremos por contacto físico, no por apareamiento.

—Bien —comentó Jonar mientras escribía en el cuaderno.

—Anteriormente dijiste que se desarrollan más rápido que las demás razas.

—¿Cómo es su infancia, entonces?

—preguntó Jonar, genuinamente curioso.

—Nacemos con el aspecto de niñas humanas, aunque con pequeñas señales de nuestra raza: un rastro de cola, un bulto donde saldrán los cuernos —respondió Sadia con un deje de nostalgia—.

Como dijimos, crecemos mucho más rápido; en seis años llegamos a la adolescencia y en ocho somos jóvenes adultas.

Nuestras madres nos crían solas o con otros súcubos que también toman el papel de madre.

Nos enseña todo lo necesario para vivir: costumbres, idiomas, a relacionarnos con la naturaleza.

En ese periodo, la energía vital no es una necesidad del todo; nuestra madre nos la brinda por contacto.

Es con la llegada de la adolescencia cuando necesitamos energía vital en gran cantidad; antes de ello, nuestra madre nos enseña cómo usar nuestras habilidades para atraer hombres.

Nos enseñan todo hasta nuestra primera vez; logramos nuestra “independencia” con el primer acto sexual.

A partir de ahí podemos marcharnos a vivir por nuestra cuenta, o seguir conviviendo con nuestra madre, pero esta ya no cumplirá el rol de maternar; seremos compañeras de igual “estatus social”, como dirían ustedes.

—El rol de madre e hija desaparece una vez consumado el primer acto, entonces.

—Comentó Jonar y las mujeres asintieron.

—Respecto a sus poderes, se afirma que pueden aparecer en sueños y controlar la mente de sus “víctimas”.

¿Qué tan cierto es esto?

—Normalmente, podemos influenciar en la mente de los machos, pero resulta mucho más fácil cuando están abiertos a interactuar con nosotras.

Con los sueños sucede lo mismo, podemos vincularnos mentalmente a ellos, aparecer en sueños, y si la conexión es grande, o su resistencia hacia nosotras es muy poca, podemos usar telepatía.

—Comentó Sadia.

—¿Es por dicha influencia de su magia mental que los hombres ceden tanto hacia ustedes?

¿O hay algún otro motivo?

—preguntó Jonar.

—Normalmente, los hombres se obsesionan con nosotras sin tener que influenciarlos mentalmente; es más, normalmente tenemos que usar nuestra magia para que vuelvan a su casa.

Volviendo a tu pregunta, tenemos atributos físicos que hacen que los machos sientan deseo hacia nosotras.

Nuestro cuerpo libera feromonas que los atraen; nuestro aroma, saliva y otros fluidos activan su deseo sexual, y bueno, somos muy buenas haciendo lo nuestro —dijo Salma moviendo su cuerpo; sus pechos y cadera se movieron de aquí para allá.

—Así que tanto física como mágicamente cuentan con características perfectas para la atracción.

—Comentó Jonar mientras anotaba en su cuaderno.

Cerró el libro o guardó el lápiz.

—Bueno, esta noche montaré guardia; presiento algunos depredadores cerca, seguro se trata de una manada de lobos; ustedes descansen tranquilas.

Ambas mujeres se miraron.

—Agradecemos su preocupación, Maese Jonar.

—Comentó Sadia.

—Si quiere descansar, en nuestra tienda hay espacio de sobra —comentó Salama.

Jonar sonrió ante la propuesta.

Pensaba que lo invitarían antes o durante su estadía en Novigrado.

—Agradezco su invitación, señoritas, quizás en otro momento, por ahora quiero asegurarme de la seguridad del campamento; que descansen bien.

—Dijo mientras se levantaba.

Ambas asintieron con una sonrisa.

Jonar caminó alejándose del campamento; había notado, a lo lejos, que había personas que los habían estado siguiendo desde que salieron de Den’esle —Deben ser espías enviados por la maga Philipa.

Solo se dedican a observarme, por ahora.

Deben estar observándome para saber mi ubicación.

Debería intentar perderlos, solo para divertirme, jeje.

—Después de todo, aquellos relacionados con Aretuza parecen interesados en conocerlo; dudaba que alguien intentara matarlo, no sin antes conocer sus secretos respecto a la magia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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