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Dovahkiin en "the witcher" - Capítulo 2

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2: capitulo 2 2: capitulo 2 Allí estaba, había caído en la trampa de los Daedra, había caído de una forma tan simple que casi le causaba gracia.

Era lógico que lo intentaran, pues le habían arrebatado a cada uno de sus artefactos.

Pensó que estaban intentando invadir Nirn, que los dieciséis se había unido con tal propósito, para cuando su poder y el de ellos se enfrentaron sobre el plano de Nirn y el de Oblivion lo último que pensó es que sería arrojado desde Tamriel hacia más allá de oblivion.

Tal acción necesaria de enorme poder, tal propósito de seguro fue desgarrador, ya que el pacto con los aedra había sido restituido al convertirse en portador del amuleto de los reyes.

Ahora flotaba en un lugar, en un espacio, si es que podría llamarlo de aquella manera, solo había frío y viento, un mar de escarcha.

En un principio pensé que se encontraba en una subdimensión de olvido creada por los daedra, un espacio de ausencia de calor extremo.

Pero con el paso del tiempo noto que este frío no era normal.

La escarcha no era nieve ni hielo, era un silencio sólido que crujía bajo la voluntad.

Allí no había cielo ni suelo, solo una extensión blanca que se extendía hasta donde la voz podía alcanzar.

Flotaba en ese vacío como una pieza arrancada de un tablero Su Thu’um, manifestado con su esencia divina era la única llama que lo mantenía entero, un hilo único de calor y sonido en ese mar blanco.

Cada vez que pronunciaba una sílaba, la escarcha vibraba y se recomponía, cada vez que callaba la blanca intentaba tragárselo.

No había tiempo medible allí, los segundos se estiran como cuerdas y se enroscaban en sí mismos.

La sensación era la de estar suspendido entre latidos, sin gravedad, sin movimiento, solo él y su conciencia frente a aquel frío.

No había forma de detener el frío, su Thu’um también era devorado, el frío, que por lo visto no solo congelaba, sino que deterioraba todo lo que tocaba, no parecía verse afectado ni siquiera por el “despejar cielos” ¿Dónde se encontraba?

No tenía noción de un plano así en el olvido.

¿Era este el lugar de los inicios de los tiempos?

Las preguntas iban y venían, pero no había certeza, más aún, no sabía cómo salir de aquel lugar.

Ni su Thu’um ni sus hechizos funcionaban, y su divinidad heredará tampoco duraría eternamente.

.

.

.

La preocupación le carcomía, sus energías se estaban agotando, solo mantener un espacio alrededor de él había consumido gran parte de su poder.

No duraría mucho tiempo más, y la escarcha no parecía tener fin.

Entonces lo decidido, si estar a la defensiva lo llevaría inevitablemente a su final, entonces algo tenía que hacer.

Encendió su chispa, su alma brillo, un dorado divino brillo desde su ser, en aquel momento un sol dorado brillo en el mar del frío blanco.

Su conciencia se expandió en búsqueda de cualquier cosa a la cual sentir.

Fue en ese silencio donde la sintió, no un tacto ni un sonido, sino una esencia antigua, una insistencia que no pedía sino que persistía.

La presencia apareció como un pulso fuera del tiempo, una nota sostenida que no se apagaba con el viento de la escarcha.

No sabía que era, pero tampoco necesitaba saberlo, al ser lo único que podía percibir dentro de ese mar helado no tuvo más opción que dirigirse hacia aquella presencia.

Se acercó a ella lentamente, su velocidad disminuyó, la falta de energía ya lo estaba afectando.

Poco a poco la percibio mejor, sintió una luz, verde, suave suspendida en el tiempo frente a la escarcha.

Al acercarse más a ella la blancura se curvó, y en esa curva el brillo, consumiendo casi todo el poder que le quedaba se estrelló contra la escarcha frente a aquella luz verde, algo cambió a su alrededor, el espacio se plegó frente a él.

.

.

.

La sensación de respirar fue lo primero que sintió, luego el desgaste, su energía casi totalmente agotada, su mana, su chispa divina era ahora una brasa.

El dolor en su alma, por haber usado su divinidad, le aquejaba.

Respiro, sintió la humedad, el frío aún se aferraba a él, pero también sintió su viralidad.

Abró los ojos, un bosque lo rodeaba, frente a él un árbol antiguo y flores que nunca habías visto.

Eran bonitas y cálidas, el aire de la primavera emanaba de ellas.

Se levantó, bajo sus botas, la tierra era blanda y cubierta de hojas húmedas, el cielo, cuando alzó la vista, era un gris que prometía lluvia.

No sabía dónde estaba, pero estaba con vida.

Entonces percibo aquella presencia, aquella luz verde que flotaba.

Podía sentirla mejor ahora, no solo la luz que emanaba de ella, ahora percibía sentimientos… dolor, sol profundo dolor emanaba de aquella presencia.

-Un alma, es un alma en pena… ¿pero como?

Sabía de la existencia de fantasmas o espectros, él mismo se había enfrentado a ellos, pero un alma como aquella, su presencia atemporal, no era común.

Un alma podía poseer determinada aura ligada a su esencia, pero aquella alma era atemporal, similar a la de los dragones, pero no era como la de sus parientes, ni como la de los aedra ni daedra.

Una magia extraña emanaba de ella, suspendida en el tiempo, brillando, pero apartada del mundo, alejada de la realidad, pero aún atada a ella.

Allí estaba, existiendo, perseverando, un alma en pena había sido su faro para llegar a este lugar.

lamentablemente aquel ser estaba herido, el alma era un conjunto de fragmentos, destellos de una forma que no terminaba de sostenerse, imágenes superpuestas que se negaban a ensamblarse.

No hablaba.

No podía.

El dolor parecía haber partido en astillas su ser.

Cada astilla flotaba a su alrededor como insectos atrapados en la luz.

Había voluntad en esos fragmentos, una insistencia que no pedía sino que se aferraba.

-No hay mucho que pueda hacer para ayudarte… pero te lo debo.

Cerró los ojos y dejó que la última fuerza que le quedaba se reuniera.

Sabía que no podía devolverle la vida, ni recomponerla por completa, no en aquel estado.

Lo que podía hacer era ofrecer un refugio donde el mundo no la desgarrara más, la Estrella de Azura , un faro de luz que, en su mundo, guardaba y pulía almas.

Invoco la Estrella, utilizó las últimas chispas de su poder en ella, una luz cálida y dorada comenzó a brillar del artefacto.

Los fragmentos se acercaron, atraídos por la luz que él invocaba.

No hubo palabras, sólo imágenes que se superponen hasta formar, por un instante, la sombra de una persona.

Con cuidado, como quien deposita un tesoro frágil, ofreció los fragmentos a la luz.

Uno a uno, las astillas se deslizaron hacia la estrella y fueron absorbidas con tranquilidad.

La estrella no las aprisionó, ofreció refugio, las ordenadas, las puso a reposar en un lugar donde la realidad no las carcomerían.

El precio era claro y punzante.

Cada fragmento que entraba en la estrella vaciaba un poco más de su poder.

La corona le ardía, la túnica y sus anillos le pesaban como si fuera de ébano.

Cuando la última chispa de fragmento se hundió en la luz, su divinidad se apagó en un susurro.

No cayó desmayado, pero su fuerza se había ido, su cuerpo temblaba por sostenerse.

En el claro quedó un silencio distinto, no el silencio del vacío, sino el silencio de algo que ha sido puesto a salvo.

La estrella de Azura flotaba sobre su mano, pequeña y constante, emitiendo un pulso que no exigía nada más que tiempo.

No había garantía de que aquel sería despertara completo, solo había la certeza de que, por ahora, su fragmentada voluntad tenía un refugio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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