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Dragon Age: El despertar del Lobo Terrible - Capítulo 28

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28: Josie, yo me encargo 28: Josie, yo me encargo Pueblo de Refugio, Reino de Ferelden, 9:41 del Dragón La Heraldo de Andraste y su equipo habían partido hacia Val Royeaux para contactar con las sacerdotisas e intentar convencer de que la Inquisición era la mejor oportunidad que tenían para resolver el problema con la Brecha y, por lo que Cullen sabía, ya estarían de regreso en estos momentos hacia Refugio.

Él había finalizado la lectura del informe que uno de los agentes de Leliana le había entregado.

Se trataba de uno de los dos testigos presenciales que habían sobrevivido a un extraño evento ocurrido noches atrás, en las afueras del pueblo de Refugio, en el que Solas, el mago apóstata y especialista en las fuerzas del Más Allá y el Velo, había masacrado a cinco soldados templarios en circunstancias…

difíciles de explicar.

Cullen tenía ante sí ambos informes.

Uno, escrito por el propio Solas.

El otro, del agente de Leliana.

El agente mencionaba un mago cubierto por un escudo mágico y una bola de luz por encima del hombro izquierdo.

Solas, mencionaba un escudo espiritual y una voluta.

Coincidían.

Luego, el agente de Leliana comentaba un ataque por parte de los templarios que incluyó solo golpes bravos contusos, pero sin poder templarios…

y al parecer, sin intención de dejar consciente al oponente.

Escribió: “es posible que hayan querido asesinarlo.

Le estaban dando una buena paliza.” Según el informe, en el mismo instante en que los templarios hicieron uso de sus habilidades, el mago atacó.

Solas, comentaba lo mismo, pero agregaba que ante la agresión explicó en dos oportunidades que era miembro de la Inquisición a sus atacantes y ante la herida abdominal que recibió y el bloqueo de su conexión con el Más Allá, se vio obligado a comandar su maná y provocar un ataque arcano.

Manifestaba ser consciente que el volumen arcano gobernado había sido exagerado pero que, en aquel momento y debido a que no contaba con experiencia personal en la disrupción de su magia debido al bloqueo templario, decidió usar la mayor cantidad de energía antes de ser totalmente bloqueado para liberarse de sus atacantes.

También ofrecía unas disculpas muy educadas, manifestando que no había tenido intención de asesinar a nadie y mucho menos ocasionar problemas a la Inquisición.

Si bien Solas había otorgado más detalles, los relatos, volvían a coincidir.

Y luego llegaba esta parte: El agente de Leliana describía un remolino verdoso, con luminiscencia “similares al color que emerge desde las grietas” que había envuelto al apóstata y destrozado a los atacantes en “un abrir y cerrar de ojos”.

Solas, mencionaba un manejo complejo de las fuerzas de su maná en sangre para mantener una porción del Velo lo suficientemente delgada y absorber, de ese modo, energía arcana controlada…

Y ahí estaba, precisamente, el problema…

Si cinco templarios habían bloqueado a Solas no era posible que el mago haya sido capaz de conectar con el Más Allá, ¿cómo demonios había logrado conjurar entonces?

Magia de sangre, no era.

Cullen había sido templarios y conocía perfectamente los rastros que ese tipo de poder dejaba como prueba.

Rastros de demonios tampoco se encontró, pero sí de magia…

una gran explosión arcana.

Y en esos rastros mágicos, Cullen identificó luminiscencias celestinas y verdosas, unos remanentes arcanos diferentes a todo lo que él había visto a lo largo de sus años de servicio en la Capilla.

Y ahora, el comandante quería saber qué era aquello, pero Solas no estaba colaborando en absoluto frente a sus preguntas.

Y eso le fastidiaba.

Los años dentro de la orden le habían otorgado un sexo sentido al comandante cuando algo no cuadraba entre magos.

Y Solas… simplemente no cuadraba.

La puerta de la oficina del Consejo se abrió e ingresaron Leliana y Josephine.

– Aquí tengo el informe final de la investigación.

Solas es inocente.

– sentenció Leliana dejando el conjunto de papeles sobre la mesa.

– Cassandra cree que ha actuado en defensa propia y da fe de la ausencia de signos del uso de magia de sangre.

Al parecer, nuestro apóstata no es maleficarum, aunque se lo haya acusado de ello.

Cullen guardó silencio y su mirada se posó frente a las dos declaraciones que sostenía.

– Me gustaría comentar un detalle, si me lo permiten.

– siguió el tono apacible de Josephine cuando aquellos dos la miraron.

– Nuestra Heraldo de Andraste se ha mostrado muy enfática en defenderlo.

Lo ha hecho públicamente y…

– Ha pasado todo el día del evento en el interior de la tienda de Cassandra a solas con él…

– finalizó Leliana.

– ¿Ya corren rumores acerca de ellos dos?

– No, aún no.

Pero debemos encaminar a Elentari en su comportamiento.

La orden templaria ha hecho correr la voz de que son los únicos capaces de proteger a los inocentes de la Inquisición…

– ¿De nosotros?

– intervino Cullen.

– ¿Han perdido de la cabeza?

– Hace bastante tiempo…

– susurró Leliana.

– Nuestra Heraldo se desempeña perfectamente en el campo de batalla, – siguió la embajadora – su corazón está en el lugar adecuado, pero es…

muy élfica…

y demasiado arcana.

Si queremos ganarnos el apoyo de los nobles en Orlais, debemos instruirla mejor en nuestras costumbres.

– Y en el Juego.

– agregó, por supuesto, la maestra espía.

– ¿Podemos volver la atención sobre Solas durante un segundo?

– pidió Cullen.

– ¿Qué te preocupa?

– quiso saber Josephine.

– ¿Cómo es posible que un apóstata pueda asesinar a cinco templarios luego de una disrupción de su magia?

Se los digo, jamás he sido testigo de un evento similar.

Leliana movió los hombros quitándole importancia a las preocupaciones de él.

– Recuerda que eran templarios que no consumieron lirio, quizás sus habilidades eran mediocres.

Y no portaban los escudos de la orden, ni las espadas.

Lo atacaron con armas comunes.

En cualquier caso, es la hoja templaria la que bloquea los ataques arcanos.

Y te recuerdo, que una lo atravesó por completo y puso en riesgo su vida.

– Sí, lo sé.

Sin embargo, eran cinco templarios Lel…

no debió existir posibilidad en la que Solas fuera capaz de comandar magia como lo hizo.

Tu agente describió un remolino que lo cubrió antes de lanzar los restos de templarios por los aires.

– Tengo entendido que nuestro especialista en el Más Allá tiene un don excepcional para comandar el hielo.

– intervino Josephine.

– Quizás se trató de buena fortuna que sucediera durante una ventisca…

– ¿Buena fortuna?

¡Hay cinco templarios muertos!

– se quejó Cullen.

– Oh, vaya…

– la vocecita rítmica de Leliana advirtió que daría un golpe.

– ¿Quién es el que sigue poniendo su atención sobre nuestro apóstata?

¿El comandante o el antiguo templario?

– No me vengas con esas tonterías, Leliana.

Solas estuvo presente y frente a nosotros el mismo día de la explosión, ofreció su ayuda a la Inquisición y ha sido fundamental en nuestros avances, pero se ha mostrado reticente a la hora de responder a mis preguntas.

La maestra espía sonrió con desdén.

– Yo también tendría mis sospechas si un antiguo templario me interroga y soy una maga apóstata, Cullen.

Por otro lado, Cassandra, que es una Buscadora de la Verdad, no ha encontrado nada sospechoso en él.

Pero, dime, ¿qué es lo que te molesta?

¿Sus habilidades arcanas o el hecho de que pareciera ser que, como mago, actúa sobre los límites de lo que la Capilla considera “aceptable” respecto al uso de magia?

– Es peligroso que cualquier mago explore los límites de la magia.

– Para eso teníamos a los templarios…

y tú ya no lo eres.

– Leliana se cruzó de brazos y lo enfrentó.

– ¿Y tú desde cuándo eres una simpatizante ferviente de la causa de los magos libres?

– ella le sonrió con desdén.

– No tienes idea de cuánto simpatizo…

y ¿desde cuándo?

Desde que conocí a mi mejor amiga durante la Quinta Ruina, una maga excepcional que tú bien conoces.

– el comandante entrecerró los ojos frente al golpe bajo que acababa de asestar la maestra espía.

Praianna, la guarda comandante de Ferelden, había sido una maga en el interior del círculo de Ferelden y él…

él se había enamorado de ella.

Ahora era solo un grato recuerdo.

– Ya que sacas el tema a relucir…

– Leliana miró a Josephine.

– ¿Cómo vamos con las relaciones de la Inquisición y las familias más influyentes de Orlais, Josie?

La embajadora sonrió con elegancia.

– Vamos perfecto, Lel.

Ya he logrado convencer a cuatro de las familias nobles para que apoyen nuestra causa.

Tengo a tres con las que estoy manejando negociaciones, y he solicitado intervención de la corona fereldena para ajustar las alianzas.

– ¿Alistair ha aceptado participar en negociaciones con Orlais?

– Más bien, la reina Anora.

El rey no ha respondido ninguna de mis cartas.

– Leliana se llevó una mano sobre el mentón e hizo un gesto de disgusto.

– Qué sorpresa, Josie.

No sabía que íbamos tan bien con las casas más influyentes del reino vecino.

– fingió una sonrisa aliviada.

– Así que, si todo sigue su curso, la opción de aliarnos con la facción templaria será una realidad en poco tiempo.

– Me he estado esforzando muchísimo para conseguir estas relaciones y ganarnos su confianza.

Ha sido un trabajo minucioso, pero sabes que eso es precisamente lo que me gusta.

– Leliana volvió dar una risa suelta.

– Si convencemos a diez de las familias más influyentes de Orlais el lord Buscador tendrá que responder ante la Inquisición.

– sentenció Cullen, sintiéndose algo más aliviado con las noticias que volcó la embajadora en el interior de la sala del Consejo.

– Eso obligará a los templarios a colaborar para cerrar la Brecha.

– Todavía tenemos que oír qué tienen los magos rebeldes para ofrecer.

– intervino Leliana.

– Respecto a eso…

– interrumpió Josephine.

– Los nobles orlesianos se muestran dispuestos a colaborar con la Inquisición en honor a nuestra redentora Andraste.

He dejado correr rumores acerca de Elentari y su marca…

rumores que aseguran que ella es heraldo de nuestra profetisa.

– ¿Crees prudente aliarnos con los templarios?

Hasta ahora, es la Capilla quien se ha mostrado abiertamente en contra de la Inquisición.

– aclaró la maestra espía.

– Sin embargo, si no lo hacemos, las casas orlesianas nos darán la espalda…

– No creo que tengan esa oportunidad si la Inquisición demuestra ser efectiva.

Pero sí, nos costará mucho más ganarnos el favor de la nobleza, considerando que nuestra heraldo ya es una elfa dalishana y una maga apóstata…

– Bien, supongo que mi interés personal en las habilidades arcanas de Solas es menor con relación al trabajo que tenemos por delante.

– cedió el comandante.

– Es mucho más importante enfocarnos en la Heraldo…

¿creen que ella aceptará?

Quiero decir, vamos a pedirle que finja ser alguien que no es.

– Debe elegir qué máscara quiere portar, y llevarla con orgullo, como lo hacemos todos.

– aseguró Leliana.

– Como lo haces tú…

– la contradijo el rubio.

Su rectitud y su convicción eran reales.

Leliana hizo un gesto desaprobatorio.

– En su posición, ella no tiene el lujo de evitar valerse de las apariencias, Cullen.

Es peligroso que se muestre abiertamente como es, tanto para ella como para la Inquisición.

Elentari debe ser la Heraldo de Andraste si queremos que algo de esto funcione.

– Quizás, lo sea…

– susurró la embajadora y Leliana asintió.

– No “quizás”, Josie, ella lo es…

solo que sus creencias no la dejan ver la realidad.

Pero Elentari es justo lo que necesitamos para hacer temblar al mundo.

– Para cerrar la Brecha.

– interrumpió Cassandra que acababa de ingresar al interior de la sala con una armadura desgastada y sucia.

Evidentemente, el grupo acababa de volver de su visita a Val Royeaux.

– ¡Cass!

¿Cómo les ha ido?

– interrumpió Josephine con una sonrisa.

– Desastroso.

– aseguró Leliana y Cassandra asintió.

Cullen y la embajadora miraron a la maestra espía.

– Uno de mis agentes me adelantó los resultados, pretendía comunicárselos, pero la conversación se ha ido por las ramas.

– se excusó.

– La Heraldo no ha logrado nada con las sacerdotisas y el lord Buscador se ha comportado como un idiota.

– Cassandra dio un suspiro.

– Los templarios han abandonado el sentido común y la capital…

Por suerte, Josie está demostrando sus espléndidas habilidades de embajadora moviéndose con rapidez entre los nobles orlesianos para lograr el apoyo que la Inquisición requiere si desea obligar a los templarios a actuar.

– El lord Buscador Lucius no es el hombre que recordaba.

– compartió la Buscadora.

– Se ha llevado a los templarios a algún sitio que tienes que situar, Leliana.

Debemos investigarlo.

– No todos los templarios lo apoyarán…

habrá modo de obtener información.

– agregó el comandante.

– Fiona se nos aproximó al retirarnos de la capital.

– comentó Cassandra.

– Nos invitó a reunirnos con los magos rebeldes en Risco Rojo para ofrecer el poder de su facción en apoyo a la Inquisición – Entonces Elentari bien podría ir simplemente a buscar los magos libres.

– insinuó Leliana.

– Y dejar de lado al lord Buscador y la orden templaria.

– Es una posibilidad.

– agregó la embajadora.

– Los magos podrían merecer el riesgo…

– ¡La rebelión de los magos podría ser diez veces peor!

– se quejó el comandante.

– Ya hemos visto la fuerza de un solo mago apóstata noches atrás…

– Y aquí vamos otra vez…

– susurró mostrando disgusto Leliana.

– Cassandra, ¿podrías decirle a Cullen que Solas no es un maleficarum?

– ¡Jamás he dicho eso, Leliana!

– se molestó Cullen frente a la mentira que acababa de soltar la maestra espía, y ella lo sabía.

– Solas no practica magia de sangre, Cullen…

– ¡Eso lo sé!

Pero…

– resopló y sacudió su mano, dando por finalizada la discusión sobre el apóstata.

– Los magos prometen poder – intervino Cassandra – Pero se encuentran más desesperados de lo que creen.

Sigo pensando que existe la posibilidad de que alguno de los magos rebeldes sea responsable de lo que ocurrió en el Cónclave…

– Lo mismo podríamos decir de los templarios, ¿no crees, Cassandra?

– preguntó con educación la embajadora.

– De cualquier manera, en estos momentos no contamos con la suficiente influencia para contactar con la orden sin correr peligro.

Sin embargo, si me otorgan un poco más de tiempo, eso lo cambiaré durante las próximas negociaciones.

– Hablando de eso…

– Cassandra habló.

– La Heraldo ha sido invitada a una reunión en el chateau del Duque Bastien de Ghislain…

– Oh, es una excelente oportunidad para…

– estaba diciendo Josephine cuando Leliana se le adelantó.

– Para que yo me encargue de este asunto, ¿te parece, Josie?

– Claro, Lel.

Eres exquisita en el dominio de El Juego.

La maestra espía le sonrió y un brillito enigmático surcó su mirada…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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