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Dragon Age: El despertar del Lobo Terrible - Capítulo 5

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5: Información 5: Información Cercanía al Templo de las Cenizas Sagradas, Pueblo de Refugio, Reino de Ferelden, 9:41 del Dragón La humana de cabellos de fuego se retiró de la habitación cuando la mañana ya se había instalado por completo aquel día.

El mago apóstata guardaba silencio y permanecía sentado en una incómoda silla de madera, con su mochila de viaje sobre el regazo y mucha información para dar.

Para la mayoría, la información era una forma de representar la realidad.

Eso era una suposición ingenua, Solas sabía que rara vez la información aspiraba a reflejar la realidad tal cual era, más bien, buscaba construirla.

A veces, claro, la representaba con precisión.

Otras, no tanto.

Pero lo que siempre lograba (y esto era lo verdaderamente poderoso) era conectar a las personas.

Y era precisamente lo que Solas estaba haciendo en ese momento…

establecer una conexión con este grupo.

Una que le permitiera comprender con exactitud qué estaba ocurriendo.

Porque aquella explosión había sido catastrófica…

y él estaba casi seguro de que solo podía haber sido provocada por su Orbe.

La puerta se abrió con brusquedad, interrumpiendo sus pensamientos.

Una mujer de cabello oscuro y corto entró con paso firme.

Solas reparó en su armadura pesada, en la tensión de su mandíbula, en la cicatriz que le cruzaba el rostro.

Sin duda, una guerrera humana.

La pelirroja (Leliana, si recordaba bien) ingresó tras ella y le apoyó una mano en el hombro.

– Ha ofrecido voluntariamente su ayuda, Cassandra.

Al menos, óyelo.

La guerrera se paró frente a él con bravuconería, cruzada de brazos, tensión en su rostro y una voz impiadosa.

– Me ha dicho Leliana que tú mismo has entregado tu bastón.

La mujer de cabello oscuro era quien portaba por estos momentos el arma que Solas había dado a Leliana.

El mago apóstata se limitó a asentir, pero no agregó palabra alguna.

No valía la pena hablar con estos seres incultos.

Solo manipularlos, si era necesario.

– Y eres un apóstata.

– insistió, él volvió a asentir.

– ¿Dónde estabas al momento de la explosión?

– Ya te lo he dicho, Cass…

– oyó a la pelirroja quejarse, mientras daba un paso al frente y se colocaba entre él y ella.

– En una aldea cercana al sitio.

Tenemos testigos que lo sitúan en aquel lugar.

No ha mentido.

No, había desinformado.

La guerrera sorteó el cuerpo de la pelirroja y volvió a enfrentarlo: – Leliana afirma que has solicitado permiso para estudiar a la única sobreviviente de la explosión.

– Solas asintió en silencio, una vez más, y Cassandra suspiró con notable agotamiento.

– Dime, ¿qué es lo que pretendes con la prisionera?

“¿Pretender con la prisionera?” Él pretendía muchas cosas, ¿pero con la prisionera?

Nada.

Si pretendía algo era con ellas, y simplemente se trataba de ganar tiempo…

– Yo no pretendo nada…

– por primera vez abrió la boca el mago y dejó que el tono de su voz indicara que no sabía cómo era correcto dirigirse a la mujer malhumorada.

Aunque, ciertamente, el tono también dejó escapar un ritmo en sus palabras que mostró educación y respeto.

Algo muy propio de los elfos de estas épocas para con los shemlen, como había advertido.

La guerrera volvió a dar un suspiro y en el brillo de sus ojos Solas fue capaz de reconocer temor, duda y desesperanza.

Bien…

hacía bien en sentirse así.

– Dime “Buscadora”.

Una Buscadora de la Verdad.

Solas asintió.

Sí…

Había leído en el último año acerca de las jerarquías del andrastinismo, la religión más popular en Thedas, y los Buscadores eran el brazo armado de la Capilla con la función de actuar como herramienta de corrección interna dentro de la institución religiosa…

Bien, fuerza militar, eso solo podía significar que esta mujer seguramente tendría un pensamiento estructurado y rígido.

Algo fácil de manejar.

– No pretendo nada, Buscadora.

– corrigió.

– Me he presentado voluntariamente ante ustedes porque es lo correcto.

Todos estamos en peligro si esa grieta en el Velo continúa expandiéndose.

No es prudente quedarnos cruzados de brazos.

Conexión.

Solas estaba construyendo, con precisión calculada, una conexión estrecha con este grupo que (a su juicio) tenía la clara intención de lograr algo entre medio de la catástrofe.

Y él debía hacerse ver como un consejero imprescindible en asuntos arcanos, alguien a quien no podían permitirse ignorar, para formar parte de ellos.

Porque, aunque ellas no lo sabían (y si dependía de él, jamás lo harían), si aquella explosión había sido causada por su Orbe…

eso solo podía significar que las cosas eran mucho más graves de lo que cualquiera de los presentes podría siquiera imaginar.

Pero él no iba a explicárselo a ninguno.

– Solo solicito permiso para estudiar a la prisionera – dijo el elfo con voz serena, pero segura.

– Con la intención de encontrar un modo de cerrar la Brecha en el cielo, si es que tal cosa es posible.

– hizo una pausa.

– Me especializo en las fuerzas del Más Allá y el Velo, y pongo mis conocimientos a disposición para colaborar en lo que sea necesario.

El tiempo transcurrió entre los tres.

Cassandra y Leliana se permitieron una mirada rápida, Solas solo fue capaz de pensar en lo irónico que resultaba presentarse a sí mismo como “experto en el Velo” ante estos seres cuando, bueno, era su creador.

– Cassandra, – interrumpió el silencio Leliana.

– Él ha supuesto correctamente que la Brecha se está expandiendo.

– En los ojos de la pelirroja había temor honesto al hablar.

– Cree que destruirá el mundo entero si no encontramos forma de impedirlo.

– La mujer de cabello oscuro apoyó las manos sobre el escritorio y dejó que todo el peso de sus responsabilidades parecieran aplastarla ante la acongojada situación en este día fatídico.

Todo era caos desde hacía varias horas.

Solas no envidiaba el peso de ese tipo de responsabilidades, pero no haría nada por alivianárselo.

– Si no tienes nada que objetar, autorizaré sus estudios…

– ¿Objetar?

– Cassandra dejó escapar una risa seca.

El agotamiento era evidente.

– Si en verdad has venido hasta aquí con el compromiso de salvar este mundo, ¿cómo podría objetarlo?

¿Salvar el mundo?

Bueno sí, podía tratarse de eso…

pero no este mundo.

– No pretendo salvar este mundo, Buscadora.

– aclaró.

– Tan solo encontrar respuestas si mis conocimientos son capaces de aportar algún tipo de guía.

Por un instante, Leliana lo observó en silencio.

Fue solo un destello fugaz en la mirada de la pelirroja, pero lo suficiente para que Solas comprendiera que aquella mujer era más peligrosa de lo que aparentaba.

Ese modo de observar con rapidez hasta el mínimo detalle, era el modo de ver de un verdugo, alguien capaz de actos despiadados.

¿Acaso él había sido tan obtuso de utilizar mal la entonación de sus palabras cuando mencionó “este” mundo?

No.

No se trataba de eso…

se trataba simplemente de ella.

El pequeño pajarillo de plumaje rojizo era, sin duda, un arma letal.

Lástima que se enfrentaba a un lobo.

– Mira, Solas – oyó la voz implacable de la guerrera, y el mago volvió a mirarla.

– No te conozco, así como no conozco tus intenciones.

Pero conozco a Leliana, y ella está apostando por ti.

– Cassandra suspiró hondo y se irguió aún más, imponiéndose con su estatura y su temple.

Ajustó la espada sobre la vaina, posiblemente un acto reflejo que le otorgaba seguridad, y sin proponérselo, sus hombros se movieron con naturalidad cuando ajustó el peso de su escudo sobre la espalda.

Era evidente que la mujer era una gallarda guerrera de estos tiempos.

– Comprenderás que, por ahora, no te devolveré tu báculo.

– advirtió.

– Hay demasiado caos entre magos y templarios.

Pero te permitiré que examines a la prisionera.

– El apóstata asintió, con expresión neutra.

Qué ingenuo era pensar que ella estaba segura solo porque él no portaba un canalizador.

El báculo era útil, sí…

pero innecesario.

Con o sin Velo, Solas conocía más de una forma de arrebatar vidas.

La magia era solo la más elegante de todas ellas.

– Acompáñame – dijo la Buscadora finalmente.

– Te llevaré con la prisionera.

Ambos atravesaron el interior de la Capilla del pueblo y se dirigieron a los pisos inferiores, donde se encontraban las celdas.

El lugar estaba oscuro y humedecido, el olor a moho y sangre seca invadía las fosas nasales.

Algunas antorchas danzaban ardiendo e iluminando este sector, pero eran pocas, y Solas deseó extender su mano para hacer arder al resto y poder observar mejor.

Se contuvo, naturalmente…

Cassandra se dirigió con resolución hacia una de las celdas, adelantándose frente al mago.

Solas frunció los labios en reproche mudo a la mujer por sentirse tan segura a su lado (y tan rápido).

Era una actitud ingenua confiar la espalda a un desconocido (aunque tuviera escudo), más aún a Fen’Harel, pero bueno, ella no lo sabía…

ni lo haría.

Por ahora, podía permitirse esos errores de cálculo…

– Es ella.

– la oyó pronunciar.

Solas se acercó a la Buscadora y miró a la única sobreviviente de la explosión en el Cónclave.

Y para desgracia del elfo, se trataba de una dalishana.

Hizo una mueca casi imperceptible.

De todos los seres de este mundo justo ese: una elfa dalishana portadora de la marca de Ghilan’nain sobre su rostro.

Estuvo tentado a dar un suspiro y revolear sus ojos, pero por supuesto que controló su postura a la perfección.

Apretó los dientes y tuvo que desviar la mirada a la puerta contigua para neutralizar la frustración…

aunque, ¡la grandeza de la gran Ghilan’nain invocada en la piel de aquella muchacha otorgó al herético Lobo Terrible la oportunidad de advertir una biblioteca en el interior de este sitio!

Vaya, los dalishanos sí que sabían cómo hacer hablar a sus dioses cautivos…

Excelente.

Más tarde podría acercarse a buscar información.

Nunca estaba de más leer sobre el folclore de estos tiempos e interpretar correctamente el papel de “mago apóstata errante”, ¿verdad?

Ghilan’nain enasal…

Después plantaría un árbol en su nombre…

La voz de Cassandra lo obligó a apartar la atención de su gran resentimiento.

– No ha despertado desde que hemos tomado su cuerpo.

– no lo estaba mirando.

Seguía con toda la atención sobre la adoradora de “Ghily”.

– Pero ha sido encontrada en el sitio de la explosión.

Creemos que fue escupida desde el Más Allá.

¿Escupida del Más Allá?

Poco probable.

Entonces un brillo verdoso sobre la palma de la prisionera llamó la atención del mago.

– ¿Puedo?

– Solas señaló la celda.

Cassandra asintió y tomó una llave de hierro grande e hizo girar la cerradura.

Ambos ingresaron, el mago se arrodilló al lado de la dalishana que continuaba inconsciente sobre el suelo frío de la celda.

Acercó la palma de su mano sobre la frente a la joven y cerró sus ojos.

Dejó que las fuerzas arcanas lo invadieran y obligó a la mente dalishana a cederle paso…

después de todo, era un mago soñador…

podía permitirse un truquito.

O dos.

La prisionera se encontraba sumida en un sueño profundo (probablemente arcano) en el interior del Reino de los Sueños…

sumergida en un estado de meditación profundo…

Se preguntó cómo lo había logrado o qué lo había provocado.

Entonces, volvió a dirigir la mirada hacia la guerrera.

– No despertará pronto.

Está drenada.

Sea lo que sea que ocurrió dentro del templo, ha vaciado casi por completo sus reservas de maná.

– ¿Maná?

– repitió Cassandra, arqueando una ceja.

– ¿Es una maga?

– Eso parece, Buscadora.

La mujer resopló, se movió con impaciencia a su lado.

Su mirada se perdió unos instantes en un horizonte de responsabilidades imposibles, y al fin confesó.

– Escucha, Solas.

Tengo muchísimas cosas que hacer.

La revuelta entre magos y templarios no nos ha dejado un segundo de respiro, y todo ha empeorado con la muerte de Su Más Sagrada.

– Solas asintió en silencio.

– Algo me dice que eres un hombre sensato, que no intentará escapar.

Te dejaré aquí para que examines a la prisionera, pero deberás quedarte en la celda con ella.

Precaución.

– Si despierta, no la dejaré huir – respondió él sin rodeos.

– No me es grata la idea de yacer entre rejas.

Me incomoda.

Pero puedes confiar en que no permitiré que escape.

– Confía en mí, así como yo estoy confiando en tus intenciones – replicó la Buscadora.

Solas hizo una mueca leve.

No quería estar encerrado.

– Somos dos desconocidos que, al parecer, deberán cooperar, apóstata.

No te dejaré con la prisionera sin bloquear la celda.

– ambos enfrentaron sus miradas.

– Estarás dentro.

Es una precaución.

Aún no sabemos qué podría hacer si despierta.

– Entonces, en este día somos dos los que no somos capaces de confiar, Buscadora.

Lamento declinar tu oferta.

– dijo el mago con calma, pero firmeza.

– Aprecio que me hayas permitido verla, pero no deseo encontrarme privado de mi libertad.

Espero que puedas entenderlo.

Cassandra frunció el ceño, pero no discutió.

– Eres prudente – dijo ella al fin.

– Y desconfiado.

– No más que tú, Buscadora.

No más que tú.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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