Dragon Age: El despertar del Lobo Terrible - Capítulo 7
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7: Conexión 7: Conexión Solas y Cassandra volvieron a encontrarse durante la madrugada.
Cuando ella rompió el silencio, ambos ya estaban descendiendo las escaleras que los llevaban hacia las celdas en el tramo inferior de la Capilla.
– ¿No pudiste dormir esta noche?
– preguntó con tono neutro.
Solas le dirigió una mirada lateral.
Por un segundo, olvidó que los demás necesitaban dormir.
Solo los somniari estaban libres de esa necesidad biológica (si lo deseaban), pero si pretendía mantener la fachada de un simple apóstata, debía actuar en consecuencia.
Entonces, esbozó una sonrisa leve y forzó un gesto de fatiga, cuando dijo: – En verdad, Buscadora, me preocupa demasiado la situación que nos atraviesa.
– habló con voz suavizada y convincente.
– Supongo que mi mente ha estado demasiado ocupada.
Me alegra que tú tampoco descanses.
Habla bien de tu compromiso.
Él solo había estado leyendo su libro.
– Si duermo ahora, quizás no despierte mañana – replicó Cassandra.
Su tono fue seco, sin sarcasmo, solo realista.
Se adelantó un par de pasos y abrió la puerta de la celda con la llave, como lo había hecho durante la mañana.
Solas notó las ojeras bajo sus ojos y no tuvo tiempo de inspeccionar más, puesto que las sombras ocupaban gran parte del reciento.
Eso, y además que justo ella agregó.
– Y me alegra que estés tan dispuesto a prestar tus servicios a estas horas, Solas.
– entonces entró en la celda y se recostó contra la pared fría, cruzando los brazos.
Aún llevaba la armadura completa, la espada a la cintura y el escudo a la espalda.
No había traído su bastón de mago, y eso decía mucho.
No confiaba en él…
pero aún así, le había concedido acceso por segunda vez.
Sin mediar otra palabra, Solas se arrodilló junto a la prisionera.
A lo que había venido, en primero lugar, ¿no?
Entonces, sus dedos rozaron la palma de la joven mujer, y una vibración sutil lo atravesó.
Fue como si, por un instante, hubiera tocado una chispa de sí mismo, perdida en un tiempo que ya no existía.
Y lo reconoció de inmediato…
por supuesto que lo hizo.
Su poder.
Su magia.
El Corazón de la Bestia.
Y Solas se disgustó rápidamente.
Porque la prisionera no debería estar viva después de haber tocado su esencia de Evanuri.
Ese poder tendría que haberla destruido.
Consumido.
Reducido a cenizas.
Pero ahí estaba.
Respirando.
Sosteniendo esa energía como si le perteneciera.
El desprecio se arremolinó en su interior…
junto con algo más difícil de nombrar.
¿Curiosidad?
¿Fascinación?
Maldita fuera…
Es una reacción directa al contacto con mi Orbe.
¿Será permanente?
¿Habrá forma de quitárselo?
Siguió sosteniendo su mano unos instantes más, observando la respiración de la dalishana, el brillo tenue de su piel marcada por el poder contenido.
¿Y por qué se alió con Corifeus?
La frustración le tensó el rostro.
Finalmente, dejó caer con suavidad la mano de la prisionera sobre su muslo.
Cassandra lo observaba desde la pared cuando volvió a hablar.
– ¿Has obtenido alguna respuesta, Solas?
– El destello sobre su palma es poderoso, Buscadora.
Si me dieras la oportunidad de acercarme a una grieta, creo que podría decirte si se trata de la misma energía arcana.
Tal vez…
tal vez la prisionera pueda ayudarnos a interactuar con la Brecha del Velo, si despierta.
Claro que eso depende de que sea lo mismo…
y de que ella esté dispuesta.
– ¿Qué quieres decir con “si está dispuesta”?
Solas miró a la mujer con fingida sorpresa.
– ¿Acaso no es tu prisionera?
– respondió con calma.
– ¿No sospechas que está vinculada a la Brecha?
Si formó parte de un plan mayor, si tuvo algo que ver con todo esto…
entonces existe la posibilidad de que no colabore.
¿No lo habías considerado?
– Dejó que la pregunta flotara en el aire, plantando la semilla.
Sabía exactamente lo que hacía.
Cuanto más dudaran de ella, más lejos estarían de dudar de él.
Nadie debía descubrir que el Orbe le pertenecía.
Ni que había sido él quien permitió que Corifeus lo localizara a través de sus propios agentes.
La explosión había sido un error.
Uno inesperado…
pero no irreversible.
Eso, para él, solo significaba que el tiempo ahora apretaba.
Y que tendría que ser más cuidadoso en adelante.
Pero sus planes no habían cambiado.
Iba a devolverle a los suyos lo que les había arrebatado por error.
Cassandra suspiró.
– Por supuesto que lo creo, Solas.
Y me preocupa que ella sea la responsable de todo esto.
– entonces la guerrera se movió sutilmente dejándole ver el escudo.
Y él lo entendió por primera vez: no estaba armada por él, sino por la dalishana.
Casi sonrió con sombrío placer al comprender que la mujer sí que empezaba a confiar en sus aportes.
El poder del relato era algo que Solas siempre había admirado.
Y ahora, aquí estaba, viendo cómo su historia cuidadosamente hilada tejía sus redes en las mentes de aquella mujer, como él lo había pretendido…
Porque claro, ¿cómo desconfiar de un elfo errante, sabio, preocupado por el destino del mundo?
Ella quería creer en él.
Necesitaba creer en él.
Y no la culpaba.
La desesperación hacía maravillas con los corazones crédulos.
– La mujer debe de ser una maga muy poderosa si porta esa marca, ¿no crees, Solas?
Quizás, fue la prisionera quien causó la Brecha en el cielo, pero ¿de dónde proviene esta magia?
– El origen de la Marca me es desconocido, Buscadora.
– mintió.
– En cuanto a tus otras preguntas, no puedo otorgar respuesta ahora.
Debería acercarme a las grietas y comparar las melodías de ambas corrientes.
– ¿Melodías?
– Los magos oímos la magia de un modo que aquellos que carecen de nuestro don no pueden.
El sonido de un mismo hechizo es el mismo, podría hablar con bastante certeza si consigo comparar ambas fuentes de poder.
– Se trata de una maga poderosa, entonces.
– aseguró Cassandra que se situó al lado de Solas.
Ni siquiera lo miró, solo observaba a la prisionera.
Bien, eso significaba que no lo sentía una amenaza.
– Nunca he visto un mago capaz de controlar el cielo.
– rápidamente se corrigió.
– El Velo.
– y entonces, sí le dedicó una mirada severa.
– Si la prisionera ha sido escupida del Más Allá.
¿Crees que este poder viene del…
Hacedor?
– ¿Con una elfa?
– en el tono de su voz sugirió el error en el razonamiento.
– No sé cuáles son las preferencias de tu dios, Buscadora.
Pero sospecho que tu prisionera venera a sus propios dioses.
– y con un movimiento delicado mostró el tatuaje de sangre que recorría la piel en el rostro de la mujer que yacía dormida.
Cassandra hizo un gesto de incomodidad y se limitó a asentir, y el mago la vio desviar la mirada.
La guerrera era creyente, tenía fe…
necesitaba creer que todo este caos tenía algún sentido.
– Tienes razón.
– murmuró por lo bajo, luego caminó hacia su rincón y allí permaneció en completo silencio.
Después de ello, las horas transcurrieron en el interior de la celda y Solas se dedicó a realizar todo tipo de experimentos a la prisionera, quien no despertó con ninguno de ellos.
Estaba frustrado, necesitaba ingresar al Mas Allá, y aquí, ya poco tenía por hacer…
pero de pronto… percibió que la respiración de Cassandra, finalmente, se volvió más lenta y pesada, Solas se permitió algo que rara vez hacía en presencia de otros: sonreír.
El tiempo era suyo ahora que su custodia había sido derrotada por el cansancio.
Al fin.
Liberó un glifo de protección que envolvió a ambos elfos.
Tomó del interior de su bolsillo un grupo de hierbas trituradas y dejó el contenido en su palma, luego, hizo arder con fuego arcano y el aroma inundó sus fosas nasales.
Solas inspiró profundamente.
Pronto, su mente se deslizó fuera de la realidad tangible, y él se indujo en un estado de meditación profunda.
Deseaba encontrar el espíritu de la prisionera.
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