Dragón Demoníaco: Sistema de Harén - Capítulo 382
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Capítulo 382: Desayuno (R-18)
La suave luz de la mañana inundó la habitación, filtrándose a través de las pesadas cortinas y tiñendo la escena con un tono dorado. Strax se despertó por la sensación de un peso sobre su cuerpo, pero no era el peso habitual de las sábanas. Algo era diferente. Algo era… cálido.
Parpadeó lentamente, sintiendo la suave presión contra su pecho y cintura. Sus ojos, aún un poco borrosos, por fin se enfocaron. Lo que vio hizo que su corazón se acelerara.
Samira yacía parcialmente sobre él, con la cabeza apoyada en su pecho, completamente desnuda, y su pelo anaranjado se esparcía sobre su piel. Estaba profundamente dormida, con una expresión serena que contrastaba con la tormenta de emociones que había mostrado antes. Su cuerpo se apoyaba en el de él, con la barbilla descansando en su pecho, y él podía sentir el calor de la piel de ella contra la suya.
Junto a ella, casi como un reflejo, estaba Rogue en una posición igualmente descarada, con la cabeza apoyada en la cadera de Strax y su pelo rubio oscuro cayendo desordenadamente sobre su rostro. La postura de ella aún mantenía un aura de elegancia, incluso en el caos del momento. Las piernas de Rogue estaban flexionadas, ligeramente entrelazadas con las de Strax, y él podía sentir la suave presión de su presencia contra su cuerpo…
Pero en realidad… no era realmente la presión de su presencia… Después de todo… Rogue… aún tenía la polla de Strax en la boca mientras dormía.
La escena era profundamente íntima, casi erótica, con las suaves curvas del cuerpo de Rogue serpenteando alrededor de las piernas de Strax. Sus labios estaban ligeramente entreabiertos, permitiendo que un flujo constante de aire cálido recorriera el rígido tronco de su miembro. Los ojos de Rogue estaban cerrados en un sueño profundo, y sus largas pestañas tocaban sus sonrojadas mejillas.
Strax se obligó a no pensar en moverse y se mantuvo quieto, temeroso de romper el momento. Podía sentir cada gota de la saliva caliente de Rogue resbalando por su palpitante polla, brillando bajo la tenue luz de la habitación. El olor almizclado a sexo y lujuria llenaba el aire a su alrededor.
Durante largos momentos, Strax permaneció inmóvil, absorbiendo la sensación de la boca caliente y húmeda de Rogue envolviendo su polla. Finalmente, con una mueca, consiguió soltar un suave gemido. Como respuesta, Rogue se movió ligeramente, apretando los labios alrededor de la cabeza del miembro de él y succionando con suavidad antes de volver a dormirse, sin darse cuenta de lo que hacía.
Los músculos del abdomen de Strax se contrajeron y apretó los dientes, intentando reprimir otra oleada de placer. Era una agonía deliciosa estar tan cerca del clímax, pero se negaba a rendirse mientras Rogue dormía inocentemente.
«Esa jodida mujer traviesa… se durmió mamándome la polla…», pensó. Y por suerte… o por desgracia… tuvo que quedarse en esa posición un rato. Esperando el momento adecuado para moverse…
Lo último que recordaba era el calor abrasador del beso con Samira, la excitación latente entre los tres… ¿Pero qué había pasado después de eso? ¿Cómo habían acabado teniendo sexo hasta el punto de caer rendidos en el suelo? Ni él mismo lo sabía… o más bien, sí, pero eran destellos lejanos de bestias enloquecidas por el sexo.
Entonces, de nuevo, ellas se movieron ligeramente… Él tragó saliva, sintiendo los cuerpos de las dos mujeres sobre él. La sensación no era incómoda, pero de alguna manera ya sentía que si algo pasaba no sería capaz de contenerse mucho tiempo; después de todo… Rogue todavía tenía su polla en la boca.
Al menos parecía que todo se había resuelto… Estaban allí, tan cerca, tan vulnerables, sin ninguna defensa, unos junto a otros. Como si finalmente se hubieran reconciliado después de… haber disfrutado de esa noche.
La habitación estaba en silencio, excepto por el suave sonido de sus respiraciones, que resonaba en la inmensidad del espacio vacío. Strax, con un movimiento lento, empezó a acomodar su cuerpo para no molestarlas. Pero cuando intentó moverse, sintió que Samira se acurrucaba más contra él, como si no quisiera apartarse. Al mismo tiempo, Rogue, con un suave suspiro, abrió los ojos y se percató del miembro del hombre en su boca, levantando la cabeza para mirar a Strax con una expresión que mezclaba diversión y algo más profundo.
—Buenos días —dijo Rogue con la polla en la boca, su voz baja y seductora. Esbozó una sonrisa enigmática y mantuvo su boca aterciopelada alrededor del rígido miembro de él.
—Para ya… —ordenó él, no porque no le gustara, sino porque no quería que la otra se despertara…
—Relájate —Rogue succionó entonces la cabeza de su polla—. Un coño como yo necesita leche caliente por la mañana para empezar bien el día… considera esto… mi desayuno —dijo con audacia.
—¡Mnn…! —Strax intentó reprimir otro gemido, apretando los labios en una fina línea mientras luchaba contra la creciente oleada de placer que amenazaba con desbordarlo. La visión de Rogue con su polla en la boca, mirándolo con aquellos ojos brillantes y traviesos, era casi insoportable. Podía sentir cómo le temblaban los muslos y se le contraían los músculos en preparación para el inminente clímax.
—Rogue… —susurró, con la voz tensa—. No es momento para esto. —A pesar de sus palabras, no hizo ningún movimiento para apartarse, pues su cuerpo traicionaba el deseo que sentía.
Como respuesta, Rogue solo sonrió más ampliamente alrededor del miembro de él, y en sus mejillas se formaron unos adorables hoyuelos mientras comenzaba a lamerlo lenta y provocadoramente, desde la base hasta la punta. Enroscó la lengua alrededor de la sensible cabeza, enviando una oleada de placer a través de Strax.
Él se retorcía, luchando por controlarse. Era una tortura deliciosa, estar tan cerca del límite y que su propia fuerza de voluntad se lo negara. El suave sonido de los labios de Rogue moviéndose por su piel llenaba la habitación, mezclándose con el sonido más fuerte de la propia y agitada respiración de él.
Rogue continuó chupando la polla de Strax con pericia, con los labios moviéndose a lo largo de esta mientras se metía cada centímetro en la boca. Su lengua giraba y se retorcía, tentando los puntos más sensibles mientras lo llevaba cada vez más cerca del límite.
Strax ya estaba prácticamente temblando, con todo el cuerpo tenso como la cuerda de un arco mientras luchaba por contener su inminente clímax. Sus caderas se movieron por voluntad propia, hundiendo su miembro más profundamente en la garganta de Rogue mientras ella lo succionaba con fuerza.
De repente, con un gemido ahogado, todo el cuerpo de él se estremeció de placer mientras se derramaba en la boca de ella, llenándola con su líquido caliente y espeso. Ella tragó cada gota con avidez, lamiéndose los labios para no perder ni una gota del preciado «desayuno».
Cuando terminó, abrió la boca con una amplia y satisfecha sonrisa, mostrando su ahora vacío interior. Con un suspiro de satisfacción, se recostó en las almohadas, mirando a Strax con una expresión de pura satisfacción.
—¡Mnn…! ¡Delicioso! —exclamó, con la voz ronca por el placer—. Ha sido el mejor desayuno que he tomado nunca. Siempre sirves tan bien, cariño.
Estiró su esbelto cuerpo, desperezándose como una gata. Sus pechos se elevaron, con los pezones aún duros por la excitación. Sonrió para sus adentros, saboreando el regusto de Strax en su lengua.
Él pensó que eso era todo… pero aquella Guepardo no se detendría por nada del mundo… «¿¡Es una súcubo!?», se preguntó para sus adentros.
Rogue se puso de espaldas a Strax, girándose lentamente para que su culo se frotara contra la ingle de él. Arqueó la espalda, sacando el culo en una pose provocadora mientras se colocaba contra su polla, que volvía a endurecerse.
—Mmm, empecemos bien el día —ronroneó, frotando su entrada contra la punta del palpitante miembro de Strax—. Estoy tan húmeda y lista para ti, nene. Quieres follarme bien, ¿a que sí?
Strax gimió suavemente y sus manos volaron a las caderas de ella mientras esta lo provocaba. Podía sentir su calor y su humedad; sabía que estaba lista para recibirlo. Pero él vaciló, todavía con una punzada de culpa.
—Rogue, no sé si deberíamos… Samira podría despertarse —argumentó, a pesar de que sus caderas se movían por voluntad propia, presionando contra el culo de ella.
—Shhh, no te preocupes por eso ahora —lo tranquilizó ella—. Disfrutemos del momento. Sabes que lo deseas tanto como yo.
Con una mano posesiva, Strax sujetó las caderas de Rogue mientras ella se apretaba contra él, gimiendo suavemente al provocarlo. Su polla dio un respingo en respuesta, casi suplicando ser enterrada en su húmeda entrada. Sabía que estaba mal, que no debería hacer aquello mientras Samira dormía a su lado, pero el deseo le impedía pensar con claridad.
—Mmm, estás tan duro por mí —ronroneó Rogue, arqueando la espalda para presionar su culo aún más fuerte contra él—. No te preocupes por la gata, no se despertará. Confía en mí, ya he probado esta técnica antes.
Strax tragó en seco mientras su determinación flaqueaba ante las continuas provocaciones de ella. Su mano libre se deslizó por el cuerpo de la mujer, acariciando la curva de su cintura y subiendo hasta cubrir un turgente pecho. Apretó la suave carne, sintiendo el duro pezón frotarse contra su palma mientras ella se retorcía contra él.
—Rogue, no podemos —jadeó, aunque sus caderas se movían por voluntad propia, presionando más firmemente contra ella—. No está bien.
—Claro que podemos —lo tranquilizó ella, con la voz ronca por el deseo—. Disfrutemos del momento. Sabes que lo deseas tanto como yo.
Dicho esto, ella cambió de posición para quedar frente a él. Sus labios se encontraron en un beso apasionado, con las lenguas batiéndose en duelo mientras se colocaba sobre él. Guió el rígido miembro de él hasta su empapada entrada y descendió lentamente, tragándose cada centímetro con un gemido de placer.
—Oh, sí… —susurró, cabalgándolo lentamente—. Llenas tan bien.
Strax le sujetó las caderas, dejándola tomar el control mientras ella establecía un ritmo lento y constante. Su polla palpitaba dentro de ella, sintiendo cada centímetro de su apretado calor. Podía sentir las paredes de ella contraerse a su alrededor, amasando su sensible miembro mientras lo cabalgaba con pericia.
Volvieron a besarse, con las lenguas danzando mientras sus cuerpos se movían juntos en perfecta armonía. Las manos de Strax exploraban el cuerpo de ella, acariciando cada curva mientras se movía sobre él. Podía sentir cómo aumentaba la tensión y su orgasmo se acercaba rápidamente.
—Oh, me voy a correr —gimió Rogue, con movimientos cada vez más frenéticos—. Fóllame más duro, nene. Quiero sentirte explotar dentro de mí.
Con un gruñido grave, Strax le sujetó las caderas con fuerza, manteniéndola en su sitio mientras bombeaba hacia arriba, hundiéndose profundamente en ella. Sintió su miembro pulsar y estremecerse al derramarse en su interior, llenándola con su caliente y espeso semen.
Rogue gritó de placer y su cuerpo tembló al alcanzar su propio clímax. Se retorció y se agitó sobre él, con su interior apretando la polla de él mientras le ordeñaba hasta la última gota.
Cuando por fin terminaron, ella se desplomó sobre el pecho de él, jadeante y satisfecha. Permanecieron así un buen rato, abrazados mientras recuperaban el aliento y saboreaban el momento postorgásmico.
—Sois… un par de jodidos pervertidos —dijo Samira de repente…
Rogue la miró… —¿Desde cuándo…?
—Desde que no parabas de menear el culo en su polla y sacudiste toda la cama —respondió ella.
—Ah… bueno, a mí ya me han servido el desayuno —dijo, levantándose mientras la corrida le goteaba entre los muslos—. ¡Disfruta del tuyo, que tengo mucho trabajo que hacer! —añadió.
…[Rogue se unió al harén]
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