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Dream tamers - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 La doncella de los escudos
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12: La doncella de los escudos 12: La doncella de los escudos Lucía despertó con un dolor punzante en la nuca y un peso frío alrededor de las muñecas.

Tardó unos segundos en darse cuenta de que no podía sentir su oni.

El silencio interior —ese murmullo constante que todo tamer aprende a reconocer como parte de sí— estaba ausente.

Era como si alguien hubiera arrancado un pedazo de su alma.

Se incorporó lentamente.

La habitación era amplia pero vacía.

No había barrotes ni cadenas colgando de las paredes; solo una cama sencilla, una lámpara de luz mortecina y una puerta metálica sin manija interior.

El aire olía a polvo y óxido.

Lucía miró los brazaletes que rodeaban sus muñecas: anillos negros con símbolos tallados en relieve que parecían absorber la luz.

Intentó canalizar oni… nada.

El vacío la golpeó como una bofetada.

—No intentes forzarlo —dijo una voz desde las sombras.

Lucía se tensó.

De entre la penumbra emergió Dante, con su paso lento y ese aire arrogante que siempre lo acompañaba.

Su mirada era la de quien observa algo con una mezcla de fascinación y desprecio.

La cicatriz que le cruzaba el cuello brillaba tenuemente con un resplandor rojizo.

—¿Dónde estoy?

—exigió Lucía, poniéndose de pie.

—En un lugar seguro —respondió él con una sonrisa torcida—.

Para nosotros, al menos.

Lucía lo fulminó con la mirada.

—¿Qué quieres conmigo?

Si pensaban matarme, ya lo habrían hecho.

—¿Matarte?

No tan rápido.

—Dante cruzó los brazos y se apoyó contra la pared—.

No te trajimos para eso… todavía.

Lucía respiró hondo, intentando mantener la calma.

—¿Entonces para qué?

—Para algo que solo tú puedes hacer —respondió él, con tono casi amable—.

Eres una Protectora, Lucía.

Tu oni se especializa en defensa.

Escudos, barreras, sellos.

Y eso, justo eso, es lo que necesitamos.

Ella frunció el ceño.

—¿Necesitan?

¿Para qué exactamente?

Dante caminó lentamente por la habitación, como si saboreara cada palabra.—En las profundidades de las Espirales… algo despertó.

Una bestia común, corrompida más allá del punto de retorno.

Empezó devorando pequeñas entidades de oni.

Luego, otras bestias.

Luego, tamers.

Su oni se volvió una amalgama imposible.

Los nuestros lo llaman el eco de un demonio antiguo.

Nadie sabe qué es exactamente… pero está creciendo.

Lucía apretó los puños, a pesar de los brazaletes.

—Y me trajeron para que lo detuviera.

—No —dijo Dante, negando con una sonrisa—.

Para que lo contengas.Necesitamos mantenerlo encerrado mientras ejecutamos un ritual de sumisión.

Si logramos dominarlo, Luna de Sangre controlará el oni más poderoso que haya existido en siglos.

—Eso es una locura —replicó Lucía—.

Nadie puede domar algo así.

—Oh, no subestimes la locura, Lucía.

Es la fuerza que mueve a los gremios oscuros.

—Y sus cadáveres —escupió ella.

Dante rió suavemente.

—Lo sé.

Pero tú serás diferente.

Tus escudos pueden resistir su influencia, aunque sea por un tiempo.Nuestros propios protectores no son suficientes.

Necesitamos a la doncella de los escudos de Somnia Veritas.

Lucía lo miró con repulsión.

—¿Y qué pasa después?

¿Después del ritual?¿Me dejarán ir?

¿O planean matarme cuando ya no les sirva?

Dante hizo una pausa.

Por un instante, su expresión pareció sincera.

—Te mentiría si dijera que te dejarán libre.

—Entonces dilo.

—Parte del ritual requiere crear cadenas de oni permanentes.

Y para eso… —Dante bajó la mirada— necesitamos una fuente viva de oni puro.Tu sacrificio cerrará el sello.Y si todo sale bien… morirás, pero el demonio quedará bajo nuestro control.

El silencio posterior pesó como plomo.Lucía no parpadeó.Su respiración era lenta, controlada, pero el temblor en sus manos la traicionaba.

Dante se enderezó y caminó hacia la puerta.

—Tienes una semana, Lucía.

Descansa.

Te necesitaremos fuerte.

Cuando salió, la puerta se cerró con un sonido seco.Lucía se dejó caer en el suelo, apoyando la cabeza contra la pared.Las sombras parecían encogerse a su alrededor.

Una semana.Siete días para convertirse en sacrificio.Y sin oni… no tenía forma de escapar.

Cerró los ojos, intentando concentrarse.Sintió, débilmente, un eco de energía en lo más profundo de su pecho, una chispa mínima, como el reflejo de un recuerdo.“No importa cuán sellado esté tu poder —le había dicho Calennor alguna vez—, el oni siempre busca su camino de regreso”.

Apretó los dientes.

—Entonces que lo busque —susurró.

En otro lugar, al mismo tiempo: La sala de reuniones del gremio estaba en penumbra.Solo una franja de luz caía sobre el centro de la mesa, donde Orryn observaba un mapa etéreo flotando sobre el cristal.

Los contornos de las Espirales giraban lentamente, formados por líneas de oni azul pálido.Cada pulsación indicaba una anomalía.El centro brillaba con intensidad enfermiza.

—Así que la tienen ahí —dijo Carlos, con voz contenida.Orryn asintió.

—Todo apunta a la espiral del Abismo Menor.

Una de las más antiguas y menos exploradas.Vania levantó una ceja.

—¿Menor?

No suena precisamente amistosa.

—El nombre engaña.

—Rembrandt, apoyado contra la pared, murmuró—.

Es una zona donde el tiempo se pliega.

Nadie entra y sale sin perder algo de sí.—Exacto —dijo Orryn—.

Y para rescatar a Lucía, necesitaremos más que coraje.

Extendió la mano y el mapa se transformó en un conjunto de símbolos: los emblemas de los tamers que participarían en la misión.

—He solicitado apoyo de otro escuadrón.

—Su mirada recorrió la sala—.

Les presentaré a los refuerzos.

Las puertas se abrieron, dejando entrar a tres figuras.

El primero era Damian: alto, de complexión delgada, completamente vestido de negro.

Su cabello platinado caía en mechones desordenados sobre unos ojos grises y penetrantes.

Su aura era casi imperceptible, como si se desvaneciera cada vez que uno parpadeaba.—Especialista en mimetización —anunció Orryn—.

Puede reproducir el flujo de oni de otros tamers y enmascarar su presencia.

Detrás de él caminó Mary, de cabello rojo encendido y ojos violetas que parecían contener fuego líquido.

Vestía un atuendo oscuro con bandas reflectantes, muy parecido al de los cuerpos de rescate, aunque claramente adaptado para el combate.—Conversión total de oni a fuego espiritual —añadió Orryn—.

Sus flamas azules pueden purificar corrupción y abrir caminos en zonas selladas.

Por último, Albarn entró con paso firme, cruzando los brazos.

Era un hombre grande, de músculos definidos y rostro anguloso, con la cabeza rapada y un tatuaje de un cráneo de toro que cubría casi todo su cuero cabelludo.—Canalización bruta.

Fuerza amplificada por oni —dijo Orryn con tono grave—.

Puede mover estructuras enteras o detener ataques imposibles de bloquear.

El silencio se extendió mientras los tres se alineaban frente al resto del escuadrón.Carlos fue el primero en hablar.

—¿Y cuándo partimos?

—preguntó, directo como siempre.

Orryn mantuvo la mirada en el mapa suspendido.—En siete días.

—¿Siete?

—interrumpió Carlos—.

¡Lucía no tiene siete días!

—Curiosamente sí los tiene—respondió Orryn con calma—.

Por que la bestia que intentan domar solo puede ser invocada bajo la luz de la luna llena del mundo real.Y eso… —miró el reloj de arena que llevaba colgado del cinturón— será en exactamente una semana.Antes de eso, estarán preparando el ritual.

Nosotros… prepararemos el contraataque.

Vania, con expresión sombría, bajó la mirada.

Rembrandt exhaló, visiblemente tenso.

Damian sonrió apenas, como si aquello fuera un juego.

Mary cerró el puño, y un leve resplandor azul se encendió entre sus dedos.

Albarn simplemente asintió, sin una palabra.

—Los seis partirán juntos —continuó Orryn—.

Serán nuestra lanza y nuestro escudo.

Entrenarán sin cesar por 5 días y descansarán el siguiente, para partir empezando el séptimo día.

Acostumbrense a los mecanismos de pelea de los otros, saquen provecho de cada pequeño detalle.

Cada segundo cuenta, pero un paso en falso podría costarnos más que la vida de Lucía.

Carlos cruzó los brazos.

—Entendido.

—Bien —dijo Orryn, alzando la vista—.

Entonces prepárense.El equilibrio del onírico depende de que esa bestia no despierte completamente…y de que Lucía no se convierta en el precio de nuestra victoria.

En las profundidades de las Espirales, Lucía permanecía sentada en el suelo, mirando sus manos inmóviles.

El brazalete oscuro reflejaba débilmente la luz de la lámpara.

Cerró los ojos y murmuró apenas, casi una plegaria: —No necesito ser salvada… solo necesito tiempo.

Pero, por primera vez, no estaba segura de que el tiempo siguiera corriendo a su favor.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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