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Dream tamers - Capítulo 13

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  4. Capítulo 13 - 13 El devastador
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13: El devastador 13: El devastador Lucía fue llevada por dos tamers de Luna de Sangre a través de un pasillo húmedo, donde el aire se espesaba con olor a hierro y podredumbre.

Los muros vibraban con un pulso bajo, como si algo vivo respirara tras ellos.

El sonido de cadenas lejanas se mezclaba con los rezos guturales de los acólitos que custodiaban el recinto.

Cuando cruzaron la última compuerta, la vio.

La criatura era una amalgama de hueso y oni corrupto.

Tres cabezas cubiertas por cráneos animales, de cuyos hocicos brotaban vapores negros que se mezclaban con la oscuridad del lugar.

El cuerpo —una masa de músculos de piedra y carne— latía con un ritmo antinatural.

Cada movimiento liberaba ondas de energía que hacían vibrar el aire.

Lucía sintió cómo el oni se le enredaba en la piel, como si intentara infiltrarse en su interior.

Por reflejo quiso levantar su escudo, pero los brazaletes que la mantenían controlada brillaron con un pulso rojo y le robaron el aliento.

Dante observaba desde una plataforma elevada.

Su rostro, parcialmente cubierto por una máscara metálica, reflejaba una satisfacción fría.

—Impresionante, ¿verdad?

—dijo con tono casi reverente—.

No es solo corrupción… es evolución.

Lucía lo fulminó con la mirada.

—Lo que tienes ahí es un demonio.

—O un dios.

Depende de quién lo mire —replicó él—.

Lo llamamos el Devastador.

Cada protector que hemos puesto frente a él ha sido absorbido en minutos.

Su oni…

se los traga, los reescribe, los borra.

Pero contigo será diferente.

—¿Qué piensas hacerme?

Dante chasqueó los dedos.

Dos tamers se acercaron y extendieron un conjunto de runas brillantes sobre el suelo, conectadas a los brazaletes de Lucía mediante finos hilos de energía carmesí.

—Tu oni tiene una cualidad única: defensivo, flexible.

Perfecto para contener.

Vas a crear el primer campo que logre estabilizar su presencia.

—¿Y si me niego?

Dante sonrió sin humor.

—Entonces te romperás.

Y tu oni seguirá sirviendo, aunque tú no.

Lucía sintió el flujo arrancársele a la fuerza.

Las runas chispearon, y una esfera de luz blanca brotó desde su pecho, extendiéndose en un domo transparente.

El aire tembló cuando la criatura rugió; su grito era una vibración que destrozaba la mente.

Las tres cabezas se estrellaron contra el campo.

El escudo titiló, pero resistió.

—Funciona… —murmuró uno de los tamers, incrédulo.

Dante asintió lentamente, complacido.

—Perfecto.

Entonces el ritual podrá realizarse.

Lucía cayó de rodillas, jadeando.

Cada respiración era una puñalada.

Sentía el oni drenarse de su cuerpo y mezclarse con el campo.

Las runas del suelo ardían con intensidad creciente.

Dante se acercó a ella.

—No intentes resistirte.

Cuanto más te opongas, más duele.

Lucía levantó la cabeza con esfuerzo.

—Algún día… pagarás por esto.

Él se inclinó hasta quedar a su altura.

—Lo dudo.

Los dioses olvidaron mirar este lugar hace mucho.

La oscuridad volvió a cerrarse sobre ella mientras la bestia golpeaba una y otra vez el escudo que su propio oni mantenía con vida.

En el mundo real, Bruno trataba de concentrarse.

La habitación estaba en penumbra; sobre el escritorio, el diario del abuelo permanecía abierto en una página sin texto visible.

Había pasado días intentando sentir el flujo del oni, pero no conseguía más que un zumbido persistente en los oídos.

Se recostó y cerró los ojos.“Solo dormir un poco”, pensó.

El sueño lo atrapó de inmediato.

Flotaba en un espacio líquido, sin horizonte ni fondo.

Frente a él, la silueta blanca emergió, la misma que había visto en la antesala del onírico.

Esta vez parecía más definida, como si la luz la esculpiera lentamente.

—Volviste —dijo Bruno.

—Nunca me fui —respondió la figura, con voz calmada y distante—.

No necesitas hallarme.

Lo que necesitas es hallarte a ti mismo.

Bruno dio un paso hacia ella, el agua se onduló bajo sus pies.—Hay alguien en peligro.

No sé cómo salvarla.

Necesito poder… necesito entender.

La figura inclinó la cabeza.

—Siempre hay problemas enormes, Bruno.

Y la respuesta siempre es la misma.

—¿Cuál?

—Hallarte a ti mismo.

El eco de esas palabras se disolvió en un silencio total.

Cuando Bruno quiso hablar, la figura ya se desvanecía, deshecha en una lluvia de fragmentos dorados.

Despertó con el corazón acelerado y la garganta seca.

El diario brillaba débilmente sobre el escritorio, como si hubiera absorbido algo de su sueño.

—“Hallarme a mí mismo”… —murmuró—.

¿Qué diablos significa eso?

Fuera, el amanecer comenzaba a teñir la ciudad.

De vuelta en el onírico, Lucía abría los ojos.

El suelo bajo ella era un mosaico de runas agrietadas.

El escudo seguía activo, pero la bestia había cambiado: su cuerpo se expandía y contraía, como si el espacio alrededor respirara con él.

Cada exhalación distorsionaba el aire, arrancando pedazos de las paredes.

—Retírenla —ordenó Dante desde lejos—.

Necesita descansar antes del siguiente intento.

Los tamers desactivaron las runas.

Lucía cayó al suelo, extenuada.

Sintió que el mundo giraba; el olor del oni corrupto seguía en su nariz.

Mientras la arrastraban fuera del recinto, miró una vez más hacia la criatura.

Las tres cabezas giraron en direcciones opuestas, pero una de ellas pareció mirarla directamente.

Durante un instante, creyó ver algo en esos ojos vacíos.Algo que la observaba con… ¿conciencia?

El escudo colapsó con un estallido de energía.

Las runas del suelo se apagaron una a una, y el silencio se extendió por la cámara.

Lucía, sudando, apenas alcanzó a susurrar: —No va a detenerse… La bestia rugió, y el eco se prolongó hasta perderse en la distancia, deformando el espacio mismo.El campo de contención se desvanecía, y con él, las fuerzas de Lucía.

Así, entre el sonido de la respiración del monstruo y el crepitar del oni corrompido, terminó su primer día como prisionera del Devastador.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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