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Dream tamers - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 Somnia arde
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16: Somnia arde 16: Somnia arde Los corredores de Somnia vibraban bajo los pasos.

La presión del oni hacía parecer que el aire mismo se contraía.

El sonido del metal y la respiración controlada eran las únicas constantes.

Orryn avanzaba al frente del segundo escuadrón.

Su hacha colgaba del hombro, cubierta de inscripciones rúnicas que brillaban intermitentes.

A su lado marchaban Carlos, Vania y Rembrandt, cada uno revisando su canalización.

El objetivo era claro: abrir camino hacia el núcleo.

El suelo mostraba huellas de combate.

Cuerpos de facciones menores de Luna de Sangre yacían en los bordes, algunos aún temblando bajo residuos de oni.

No habían llegado a tiempo para interceptar al escuadrón frontal.

Eso significaba que Mary, Damian y Albarn ya estaban peleando.

—Mantengan formación —ordenó Orryn—.

Nadie se separa.

La voz sonó tranquila, pero el aire cambió.

Los sensores de oni en el brazalete de Carlos marcaron incremento súbito.

—Movimiento —dijo.

De la penumbra surgieron seis mercenarios.

Tenían tatuajes activos, los ojos teñidos de rojo y movimientos irregulares, como marionetas desincronizadas.

Vania giró su aro y lo lanzó.

La pieza cortó dos cuerpos y regresó a su mano como si hubiera girado sobre un eje invisible.

Rembrandt trazó una línea con tinta negra y la pared frente al grupo se endureció, bloqueando la descarga de oni que los mercenarios dispararon.

Orryn dio un paso y blandió el hacha.

La hoja se iluminó y un haz de energía dividió el corredor en dos.

Los enemigos no duraron más de diez segundos.

Siguieron avanzando.

El aire se tornó más espeso.

—Campo alterado —informó Carlos—.

Hay algo más adelante.

Una puerta metálica se abrió sola.

Detrás, un pasillo amplio y vacío, salvo por una figura solitaria en el centro.

El hombre llevaba un abrigo largo y una máscara parcial en el rostro.

Sus manos estaban desnudas, pero el oni formaba filamentos finos alrededor de sus dedos.—Retrocedan —dijo Orryn.

Demasiado tarde.

La figura levantó la mano y el corredor se cerró detrás de ellos con una pared de luz.—Soy Varec, custodio de este acceso —dijo el extraño con voz neutra—.

Nadie pasa.

Carlos fue el primero en moverse.

Lanzó una ráfaga de cortes dobles.

Varec ni se inmutó; con un gesto, el aire entre ambos se densificó y detuvo las cuchillas como si hubieran chocado contra un muro de vidrio.

Vania atacó desde el flanco, lanzando su aro con precisión.

El arma rozó el borde del campo y se desvió, perdiendo trayectoria.

Rembrandt intentó abrir una grieta en el suelo con una firma rápida, pero la tinta se disolvió antes de tocar la superficie.

Orryn retrocedió medio paso, concentró energía en el hacha y descargó un golpe vertical.

La onda rompió la barrera de Varec, pero el contragolpe lo lanzó contra la pared.

—Separación táctica —ordenó entre dientes—.

No lo encaren de frente.

Carlos se deslizó a un lado, buscando un punto ciego.

Vania reconfiguró su aro en dos mitades y las usó para mantener la distancia.El tamer enemigo empezó a moverse; su estilo era quirúrgico, cada gesto calculado.

No usaba fuerza, sino control absoluto del entorno.

Vania giró ambas mitades del aro a velocidad creciente, creando un vórtice azul.

Varec respondió cerrando la mano; el aire se plegó y el vórtice se comprimió hasta desaparecer.Carlos atacó con todo, cuchillas en cruz; logró rozar el hombro del enemigo, dejando una línea de sangre que brilló un instante antes de cerrarse.

Rembrandt pintó un símbolo en el suelo y murmuró: —Caída.

El piso se hundió bajo Varec.

Por un momento pareció que caería, pero extendió un brazo y se sostuvo con una columna de energía sólida.—Ingenioso —dijo—, pero inútil.

Entonces, una descarga lateral sacudió el pasillo.

Orryn había vuelto a ponerse en pie y su hacha brillaba como si contuviera relámpagos internos.

Golpeó una vez más, y el suelo se quebró.

La onda sacudió todo el corredor.

—¡Ahora!

—gritó.

Carlos y Vania cargaron juntos.

Rembrandt reforzó la pared tras ellos.

El impacto fue devastador.

Varec retrocedió varios metros antes de recomponerse.

El equipo se preparaba para seguir presionando cuando un chasquido metálico cortó el aire.

De la oscuridad del pasillo lateral surgió otra figura.

Látigos de oni negro giraban como aspas a su alrededor.

—No tan rápido, Orryn —dijo Dusk, sonriendo.

Orryn reconoció la voz de inmediato.

—Debí suponerlo —respondió.

Dusk avanzó con calma, moviendo los látigos como si flotaran.

Cada uno dejaba un rastro rojizo en el aire.

Varec, aprovechando la distracción, se replegó hacia el fondo, cerrando su campo protector.

—Sigan ustedes —ordenó Orryn a su escuadrón—.

No se detengan.

—Maestro… —empezó Carlos, pero Dusk ya estaba encima.

Los látigos se cruzaron en un arco que partió el aire.

Orryn alzó el hacha y los desvió, pero el impacto lo empujó varios metros atrás.

Dusk no le dio tregua.

Cada movimiento era una serpiente golpeando desde un ángulo nuevo.

Orryn giró, bloqueó dos, cortó uno, pero el tercero le rozó el pecho y dejó una herida luminosa.

—Siempre tan noble —dijo Dusk, girando el brazo para lanzar otro golpe—.

Creí que ya habías aprendido que los principios no salvan a nadie.

—Tampoco los látigos —respondió Orryn, y canalizó energía.

El hacha se cubrió de una corriente azul intensa.

Golpeó con toda la fuerza, y la descarga levantó polvo y fragmentos de metal.

Dusk bloqueó parcialmente, los látigos vibraron como cables en tensión.

El choque se mantuvo unos segundos, hasta que ambos se separaron por el impulso.

Detrás, Carlos y su grupo intentaban rodear el área, pero Varec reapareció.—Les dije que no pasarían.

El suelo se deformó bajo ellos.

Vania rodó al suelo, Rembrandt activó un sello y Carlos volvió a interponerse.

El pasillo entero se convirtió en un campo de energía vibrante.La batalla se dividió: Orryn y Dusk a un lado; el resto del escuadrón contra Varec al otro.

Los látigos de Dusk sonaban como relámpagos contenidos.

Orryn respondía con golpes amplios, usando el peso del hacha como extensión de su cuerpo.

Cada colisión generaba una sacudida que hacía temblar las paredes.Dusk lo mantenía a raya, siempre un paso adelante.El maestro comprendió que no podría avanzar sin neutralizarlo.

A varios corredores de distancia, el escuadrón frontal ya había entrado en combate directo.

Mary avanzaba envuelta en fuego azul, cada paso dejando una estela ardiente.

Los mercenarios de Luna de Sangre retrocedían, cegados por el resplandor.—Avanza —gritó Damian.

El copiador saltó hacia el frente, imitó el movimiento de un enemigo que disparaba ondas de choque, y devolvió tres seguidas, multiplicadas en potencia.

Las paredes estallaron en fragmentos.

Albarn cargó detrás de ellos, canalizando toda su fuerza física en un solo golpe.

El impacto rompió una barrera de oni negro como si fuera vidrio.

El trío se abrió paso en formación cerrada.

Cada movimiento estaba sincronizado: Mary cubría el rango con fuego, Damian analizaba patrones y Albarn abría las brechas.

Pero no tardaron en encontrar resistencia real.

De la siguiente sala emergieron tres tamers élite, equipados con armaduras parciales y flujos estables.

Mary enfrentó a Seraph, la mujer de las ilusiones.

Damian se topó con Kade, un manipulador de masa corrosiva.

Albarn se cruzó con Inez, una experta en velocidad y armas cortas.

El primer choque fue simultáneo.

Seraph multiplicó su imagen en cinco copias.

Mary giró sobre sí misma y las flamas azules se expandieron en anillos; las ilusiones ardieron una tras otra.

Kade lanzó un muro de oni líquido; Damian lo copió y lo devolvió, pero invertido, congelando parte del material.

Albarn simplemente embistió a Inez; el suelo se partió con el impacto.

El enfrentamiento fue feroz.

Mary concentró las flamas en una columna ascendente, cegando el área.

Damian aprovechó el resplandor para copiar la técnica de velocidad de Inez, moviéndose tan rápido que dejó rastros luminosos.

Albarn levantó una sección de metal del suelo y la usó como ariete, golpeando hasta que las defensas cedieron.

El olor a oni quemado llenó el aire.Uno a uno, los enemigos cayeron.

Damian respiraba con dificultad, el brazo derecho entumido por la sobrecarga .Mary bajó el fuego; las paredes ardían con tonos azulados.

Albarn se limpió la sangre de los nudillos.

—Avancen —dijo ella, sin mirar atrás.

En la cámara central, Lucía observaba las luces del panel.

Su escudo seguía intacto.

El devastador dormía.

Dante entró con un grupo de técnicos.—La estabilidad se mantiene, pero no durará —dijo uno.

Dante asintió.

—Prepárense para conectar la silla.

Lucía giró la cabeza.

—¿Vas a matarlo?

—Voy a contenerlo.

Tú lo sabes mejor que nadie.

Si el oni se libera, no quedará nada.

—No necesitas matarme para lograrlo.

—Sí, lo necesito.

—Dante ni la miró—.

No existe canal capaz de manejar esa masa sin intercambio vital.

Lucía calló.

No porque aceptara, sino porque entendió que no había argumento que atravesara la rigidez de aquel hombre.

Los técnicos trajeron la estructura: una silla metálica cubierta de conductores.

Cables de oni colgaban del techo, vibrando.

Dante se detuvo frente a ella.

—Treinta minutos.

—Su voz fue seca, sin emoción—.

Después de eso, te sentarás aquí.

Lucía lo sostuvo la mirada un instante.

—Haz lo que tengas que hacer.

Pero no digas que no te lo advertí.

Dante giró y salió del laboratorio.

La puerta se cerró.

El reloj del panel marcó la cuenta regresiva.

Treinta minutos.

Lucía se quedó sola frente a la cúpula.

El devastador respiró profundo, como si sintiera lo que se aproximaba.

Ella apoyó la mano en el vidrio y susurró: —Pronto todo terminará.

A lo lejos, los pasillos seguían resonando con fuego, acero y oni.

Somnia ardía.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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