Dream tamers - Capítulo 20
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20: El círculo de la verdad 20: El círculo de la verdad La sala era inmensa, pero sin muros visibles.
Un círculo de mármol negro delimitaba el espacio y, en su centro, una franja de luz blanca recorría el suelo.
El aire olía a incienso antiguo y piedra húmeda.Allí, en medio de la penumbra, se reunía el Círculo de la Verdad, la instancia más alta del gremio Somnia Veritas.
No era el poder supremo del onírico, pero sí la jerarquía más alta dentro del gremio.
Sus decisiones definían el rumbo de la academia, las misiones y la vigilancia sobre las anomalías, se coordinaban con el resto de gremios y tenían un enorme grado de respeto entre el resto de instituciones del onírico.
Siete figuras rodeaban el círculo.
Siete Guardianes.
Aurus, Guardián de la Luz, el más antiguo y de mayor rango.
Elyra, Guardiana de la Voz.
Tharion, Guardián del Silencio.
Nemea, Guardiana de la Forma.
Krynn, Guardián del Deseo.
Sydra, Guardiana del Tiempo.
Y el más joven de todos, Orryn, Guardián de la Memoria.
Nadie hablaba.
Solo se escuchaba el roce del incienso consumiéndose.
Fue Orryn quien rompió el silencio.
Su voz, grave pero firme, retumbó en el recinto.
—Honorable Círculo… comparezco ante ustedes para pedir respuestas.
No por mí, sino por Somnia.
Un eco seco respondió, seguido de una breve risa.
Krynn, el Guardián del Deseo, un tipo delgado, de rostro siniestro y poco amigable, movió apenas la cabeza.
—Qué curioso —dijo con una sonrisa cansada—.
En esta sala estamos los que llegamos a ofrecer algo dentro de Somnia, no los que piden.
Orryn sostuvo la mirada hacia su silueta apenas visible.
—Estuve en las Espirales de la Luz Rota.
Vi cosas que no estoy seguro de haber visto.
Bruno Allen, un aprendiz, mostró un tipo de oni que desafía todo registro que yo conozca.
Y no solo eso: presencié la irrupción de una fuerza desconocida, algo que ningún informe previo había descrito.
Krynn chasqueó la lengua.
—Por algo sigues siendo el último en la jerarquía, Memoria.
Aún no comprendes tu papel aquí.
Orryn mantuvo la voz serena.
—No es lo que traigo a discusión.
El aire se tensó.Las sombras parecieron inclinarse hacia el centro.
—Ya basta —intervino Aurus, sin levantar la voz.
Su tono bastó para silenciar la sala.—El informe de Orryn es necesario.
Continúa.
El maestro respiró hondo y avanzó un paso.
La luz blanca lo bañó parcialmente, mostrando su rostro curtido y la marca del oni en su brazo derecho.
—Durante la misión en las Espirales —comenzó—, Dante, líder de Luna de Sangre, activó un protocolo prohibido de canalización.
Lucía D’Alenko fue forzada a servir como conductora del Devastador.
Intervine con mis escuadrones para detener la ejecución.
Pero entonces… Bruno apareció.
La mención del nombre hizo murmurar a varios.
—Su oni —prosiguió— es peculiar.
Canaliza pero tambien proyecta, no lo entiendo del todo, y su uso genera presión en el entorno, alterando los flujos naturales.
Causó la manifestación de bestias menores, reacciones espontáneas del onírico, y…
lo más impresionante es que por un momento me pareció que inclusive a mi me habría tomado demasiado esfuerzo enfrentarle —los murmuros se intensificaron— Lo aplastó con una facilidad que ni nuestros tamers más experimentados podrían lograr.
Luego, un individuo desconocido apareció y ejecutó al líder de Luna de Sangre.
Se detuvo un instante.
—No se identificó.
No era parte de aquel gremio.
Elyra, la Guardiana de la Voz, habló con suavidad.
—Y ese individuo… ¿dijo algo?
—Solo una frase: “Nos veremos más adelante, Somnia.” La sala volvió al silencio.
El sonido del incienso era lo único vivo.
Finalmente, Tharion, el Guardián del Silencio, habló.
Su voz era baja, como si cada palabra pesara una piedra.
—Entonces algo se está moviendo sin que lo sepamos, y es similar a algo en los registros.
Nemea, Guardiana de la Forma, giró la cabeza hacia él.
—¿Quieres decir que no es nuevo?
Tharion asintió apenas.—No del todo.
Hay registros antiguos… muy antiguos.
Casos aislados de oni inverso.
Criaturas que no respondían a lo cotidiano en el onírico.
Según los archivos, la última manifestación ocurrió hace casi milenio y medio.
Orryn frunció el ceño.
—¿Y nadie pensó en advertirme de eso antes de enviarme allí?
Krynn soltó una carcajada.
—¿Y privarte de la experiencia?
Vamos, Memoria, no seas tan sensible.
—Silencio, Krynn —ordenó Aurus.
El Guardián del Deseo se encogió de hombros, divertido.
Aurus prosiguió:—Orryn, tu sorpresa es comprensible.
Pero el Consejo no podía intervenir sin confirmar la naturaleza del evento.
—¿Confirmar?
—replicó Orryn, alzando un poco la voz—.
¡Casi perdemos a Lucía!
¡Bruno casi genera un nudo de convergencia y un desconocido asesinó a Dante frente a nosotros!
Aurus se levantó.Su figura se recortó contra la oscuridad como un faro inmóvil.
—Y sin embargo, no se generó, y no hemos tenido uno en muchos años, además todos regresaron vivos.
Gracias a ti.
Orryn apretó la mandíbula, conteniéndose.—Entonces… ¿qué ocurrirá ahora?
Aurus entrelazó las manos.
—Varec ha sido puesto a disposición del consejo disciplinario de Somnia.
Junto con Dusk.
Se evaluará su castigo por sus acciones.
Nosotros solo somos un gremio, debemos enviarlos al Consejo, que es quien toma esas decisiones, no podemos tomar justicia por cuenta propia una vez que terminó el conflicto.
Orryn asintió, aunque no del todo convencido.
—¿Y Bruno?
Por primera vez, todos los Guardianes lo miraron.
Incluso Krynn dejó de sonreír.
Aurus habló despacio: —No es el primero de su tipo.
Los registros antiguos mencionan otros como él.
Casos perdidos en los primeros siglos del onírico.
Todos inestables.
Todos desaparecieron.
—¿Desaparecieron?
—preguntó Orryn.
—Se disolvieron —aclaró Tharion—.
El oni contrario corroe el alma con el tiempo.
Elyra intervino: —Pero este chico… resistió.
Y controló su flujo.
Tal vez sea distinto.
Aurus asintió.
—Por ahora permanecerá bajo observación en la Academia.
Continuará su formación.
Orryn lo miró con incredulidad.
—¿En la Academia?
¿Después de eso?
Krynn soltó una carcajada seca.
—Qué mejor sitio para tenerlo vigilado.
Además, el resto de tamers en el onírico necesita creer que todo sigue igual.
—¿Y si su poder se desborda?
—preguntó Orryn.
—Entonces Somnia actuará —respondió Aurus, sin titubear.
Todos parecían entender que Aurus se refería a si mismo, el guardian de mayor rango y poder dentro de Somnia.
Sus ojos brillaron en un dorado rojizo, intenso, y todos tomaron rapidamente el mensaje implícito.
El tono de su voz no admitía discusión.
El silencio que siguió fue incómodo, pero nadie lo rompió.
Hasta que habló Sydra, la Guardiana del Tiempo.
Su voz parecía llegar desde otro siglo.
—Los registros muestran un patrón.
Cuando un oni inverso aparece, algo mayor se aproxima.
No lo destruyan aún.
Observen.
Aurus inclinó levemente la cabeza, aceptando.
—Así será.
Krynn murmuró entre dientes: —Observar al caos, qué gran estrategia.
Nemea replicó con frialdad.
—Tu deseo de control te hace impaciente, Krynn.
A veces los incendios muestran caminos que los mapas ocultan.
Krynn sonrió, aunque no respondió.
Aurus dio un paso hacia el centro.
La luz aumentó bajo sus pies.—Orryn, recibirás nuevas órdenes.
Debes mantener vigilancia constante sobre Bruno Allen.
Nadie fuera del Círculo debe conocer la magnitud de lo ocurrido en las Espirales de la Luz Rota.
—¿Y Varec?
—preguntó Orryn.
Aurus dudó un instante.
—Varec será interrogado a fondo.
En su testimonio mencionó un nombre… un grupo del que no tenemos registro: Anatema.
Orryn se tensó.
—Sí, lo mencionó con mucha seguridad.
Aunque parece que nadie ha escuchado ese nombre anteriormente.
Tharion respondió con una calma inquietante.
—Cuando un hombre de su rango pronuncia un nombre que nadie recuerda, vale la pena escucharlo.
El eco de esas palabras se disolvió lentamente.
Aurus bajó la cabeza.
—El Círculo revisará los archivos sellados.
Si Anatema existió, o algo que se refiera a ellos, vale la pena estar informados.
Las luces comenzaron a apagarse, una a una.
El resplandor blanco se redujo hasta quedar solo un punto en el centro.
Aurus habló por última vez.
—La reunión termina.
Somnia debe parecer estable.
La verdad, como siempre, quedará en las sombras.
Los Guardianes se desvanecieron entre penumbras, uno a uno, hasta que solo Orryn quedó de pie.
La oscuridad lo envolvía, pero la línea de luz aún ardía bajo sus botas.
Respiró hondo.
Sus manos temblaban ligeramente sobre el mango del hacha.
“Casos antiguos”, pensó.
“Desaparecieron… o los hicieron desaparecer.” Cerró los ojos.
Por primera vez en siglos, el Guardián de la Memoria sintió miedo de lo que podría recordar.
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