Dream tamers - Capítulo 22
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22: La copa de los seis velos.
22: La copa de los seis velos.
Bruno bostezó por tercera vez en menos de cinco minutos.
Llevaba horas frente a la misma pantalla, con el mismo archivo abierto, corrigiendo el mismo reporte que le habían pedido desde la mañana.
Afuera ya era de noche.
Dentro, las luces frías del local le daban a todo un tono enfermo de oficina barata.
La computadora colgaba cada tanto.La impresora hacía ruidos de muerte lenta.
El ventilador de techo giraba con un quejido constante.
Un día más en la vida de Bruno Allen.
Guardó el archivo.
Volvió a abrirlo.
Se quedó mirando la barra parpadeante donde debía escribir una observación que no le importaba.
—Qué flojera… —murmuró.
El nuevo brazalete en su muñeca (que le dio Orryn) ardió un instante.
Como una punzada.Un relámpago rápido de calor.
Bruno frunció el ceño, se sobó la piel por encima, y lo ignoró.
Lo había sentido varias veces los últimos días.
A ratos pensaba que era solo estrés.
El reloj en la esquina de la pantalla marcó las 9:47 p.
m.
Bruno suspiró.
—Un rato más y me voy… No alcanzó a terminar la frase.
La campanita sobre la puerta sonó.Alzó la mirada, esperando a un estudiante rezagado o algún profesor aún trabajando.
Era Lucía.
Llevaba ropa normal, jeans y una blusa clara, el cabello recogido en una coleta alta.
En ella siempre había algo que no terminaba de encajar con el mundo real: la postura demasiado alerta, los ojos demasiado despiertos.
Entró como si no hubiera pasado nada, como si fuera lo más normal del mundo verla ahí, a esas horas, en ese lugar.
—Por fin —dijo, cruzándose de brazos—.
Te estoy buscando desde hace rato.
Bruno parpadeó.
—¿Lucía…?
¿Qué haces aquí?
—Lo mismo debería preguntarte yo —señaló la pantalla—.
¿Trabajando mientras te llaman como loco desde Somnia?
Él se quedó callado un segundo.
—¿Qué?
Lucía caminó hasta el escritorio y apoyó ambas manos sobre la mesa.
—Bruno, llevas horas ignorando las señales del brazalete.
—¿Señales?
—bajó la vista a su muñeca, confundido—.
Solo arde a ratos.
Pensé que era… no sé, algo normal.
Lucía lo miró con una mezcla de paciencia y exasperación.
—No.
No es normal.Te estuvieron llamando al menos tres veces.
Orryn dijo que, si tardabas más, vendría él mismo.
Créeme, no quieres a Orryn apareciendo en tu trabajo.
Bruno apretó los labios.
—No… definitivamente no.
Se reclinó en la silla, soltando el aire.
—Aún no entiendo del todo cómo funcionan esas señales —admitió—.
Pensé que si era urgente me despertarían a la fuerza o algo así.
—Esto es urgente —replicó Lucía—.
El brazalete late cuando te convocan.
Si lo ignoras, late más fuerte.
Y si lo sigues ignorando… —¿Me regaña Orryn?
—Te regaña medio Somnia —sonrió de lado—.
Y no todos son tan pacientes como él.
Guardó el archivo de un clic.
Ni leyó el mensaje de confirmación.
Cerró la computadora, se levantó y agarró la mochila.
—Está bien.
Vamos.
—¿No tienes que avisar que te vas?
—Si no me ven, asumirán que sigo aquí —se encogió de hombros—.
Y si me ven, asumirán que ya terminé.
Gano de las dos formas.
Lucía rodó los ojos.
—Un prodigio de la responsabilidad.
—Me estás llevando a un mundo donde me quieren explotar, no vengas a hablarme de responsabilidad laboral.
Ella sonrió apenas.
—Tienes razón.
Mejor vámonos.
Salieron a la calle.
La ciudad real los recibió con su ruido cansado: tráfico lejano, perros ladrando, un televisor encendido en algún departamento.
El aire nocturno estaba más frío que de costumbre.
Bruno miró el cielo un segundo.
—¿Aquí también hay cosas que cambian cuando pasa algo en Somnia?
—preguntó, casi sin pensarlo.
Lucía lo miró de reojo.
—Más de las que te imaginas.
Pero si empiezas a buscar señales en cada nube, te vas a volver loco.
Caminó unos pasos por la banqueta.
—Duérmete en cuanto puedas —dijo al final—.
Te esperan en el Mar de las aguas quietas.
Bruno asintió.
El agua siempre lo recibía primero.
Un segundo estaba acostado en su cama, con la luz apagada, escuchando el ventilador.
Al siguiente, flotaba de espaldas en una superficie calma, infinita, sin horizonte.
El Mar de las aguas quietas lo sostenía sin esfuerzo.
El cielo del onírico, del color que no existe en el mundo real, se extendía sobre él.
Se incorporó, dejando que el agua escurriera sin mojarlo realmente.
A pocos metros, sobre una plataforma de piedra blanca, lo esperaba el escuadrón: Lucía, Carlos, Vania y Rembrandt, .
Más allá, Orryn, erguido, con el hacha a un lado, acompañado por Mary y Albarn.
Y junto a él, apoyado en su bastón, que parecía de adorno, ya que su silueta delgada y elegante no correspondía con un bastón por la edad, ahí estaba Krynn.
El Guardián del Deseo sonreía con ese gesto cansado que ya conocía.
Ojos afilados, postura relajada, como si siempre supiera algo que los demás no.
—Al fin —dijo Krynn, con fingida solemnidad—.
El prodigio del oni llega tarde a su propia cita con el destino.
Bruno frunció el ceño.
—Lo siento.
Estaba… trabajando.
—Qué palabra tan triste —comentó Krynn, haciendo una mueca—.
Pero bueno, supongo que alguien tiene que mantener encendido tu mundo mientras duermes.
Orryn carraspeó apenas.
—Bruno —dijo—, escucha con atención.
Esto no es una misión normal.
Krynn levantó el bastón, dando un golpecito suave contra la piedra.
—No, en efecto.
Esta vez, niños, no los vamos a mandar a morir a ninguna espiral, ni a detener cultos, ni a discutir con lunáticos —sonrió, divertido—.
Oficialmente, van a representar a Somnia Veritas en la Copa de los seis velos.
El grupo se miró entre sí.
—¿La… qué?
—preguntó Vania.
Carlos chasqueó los dedos, como si recordara algo.
—La copa esa… ¿no es el torneo ese simbólico que organizan entre gremios cada cierto tiempo?
Krynn lo señaló con el bastón.
—Al menos uno de ustedes pone atención cuando explicamos historia.
Muy bien, Carlos —asintió—.
La Copa de los seis velos es una tradición antigua.
Se realiza cada cierto ciclo para… —hizo un gesto circular con la mano— “afianzar los lazos entre gremios”, “celebrar el equilibrio del onírico”, “promover la cooperación mutua”.
Todas esas frases bonitas de la propaganda.
—Pero en realidad… —intervino Orryn—, sirve para medir fuerzas.
Krynn sonrió más amplio.
—Exacto.
Una serie de combates uno contra uno.
Cada gremio presenta a sus representantes, se organizan llaves, se pelean en rondas ceremoniales hasta que queda un campeón.
Mary alzó la mano, medio en broma.
—¿Y se vale matar?
—No se debe —respondió Krynn—.
Pero a veces pasa —se encogió de hombros—.
Después de todo, estamos jugando con oni, no con almohadas.
Lucía lo miró con cierto recelo.
—¿Y qué gana el campeón?
Krynn apoyó el bastón en el suelo, con solemnidad exagerada.
—La gloria eterna, el reconocimiento de los gremios y… —bajó la voz, bajando la mirada un poco— una reliquia.
Bruno se cruzó de brazos.
—¿Qué tipo de reliquia?
—De las que no tengo permitido describir con detalle —dijo Krynn—.
Solo diré que el Consejo —sí, ese Consejo que se sienta por encima de todos los gremios y presume decidir el destino del onírico— tiene un almacén.
Un bonito lugar donde guardan objetos que no deberían pertenecer a nadie… y que, por tradición, prestan uno al campeón de la copa.
—¿Prestan?
—repitió Vania.
—Prestan —confirmó—.
Nada que venga del Consejo se entrega del todo.
Al menos no sin un precio.
Hubo un silencio incómodo.
Damian miró a Orryn.
—¿Y nosotros vamos como… espectadores?
—No —respondió el maestro—.
Vamos como participantes.
Somnia Veritas no ha mandado un escuadrón completo en años.
Esta vez lo harán.
Carlos silbó bajito.
—Nada de presión.
Krynn giró el bastón entre los dedos.
—Además, la Copa coincide con una cumbre —añadió—.
Mientras ustedes se golpean en la arena, los líderes de cada gremio se reunirán con los judicadores.
Rembrandt frunció el ceño.
—¿Los… qué?
—Los judicadores —repitió Krynn—.
Un grupo muy serio de personas que sesionan para decidir qué se permite y qué no en el onírico.
Protocolos, límites, castigos, alianzas.
Todo lo… aburrido.
Orryn añadió: —En esta ocasión, la sede será el gremio Lumen del Ensueño.
Ellos han preparado la arena.
El judicador que presidirá la copa será Tassadar.
El nombre cayó con cierto peso.
Lucía lo reconoció.
—He escuchado de él —dijo—.
Dicen que nunca sonríe.
—Eso dicen de muchos —comentó Krynn—.
Pero Tassadar sí se lo toma personal.
Es eficiente, incorruptible, inteligente y fastidiosamente meticuloso.
Les recomiendo no darle motivos para escribir su nombre en un informe.
El grupo asintió sin mucho entusiasmo.
Krynn miró entonces a Bruno con más atención.
Sus ojos se volvieron un poco más agudos, la sonrisa un poco menos burlona.
—En su caso —dijo—, el asunto es ligeramente distinto.
Bruno levantó la barbilla.
—¿Por qué?
Krynn dio unos pasos hacia él.
—Porque tú, Bruno Allen, eres… cómo decirlo sin inflar tu ego… un problema interesante —lo miró de arriba abajo—.
El onírico todavía está decidiendo qué hacer contigo.
Sería ridículo mandarte a una copa frente a todos los gremios sin al menos… —hizo un gesto vago— pulirte un poco.
Bruno sintió un leve escalofrío.
—No entiendo.
—No tienes que entenderlo ahora —dijo Krynn—.
Solo búscame en dos días.
Te ayudaré a entrenar antes de la copa.
Considera esto un… privilegio —sonrió con ironía—.
No suelo ensuciarme las manos con niños.
Bruno apretó los dientes, pero no respondió.
Krynn se giró hacia el grupo.
—Prepárense.
Partiremos en una semana hacia el dominio de Lumen del Ensueño.
Su territorio entero será el escenario.
No hagan el ridículo.
Se dio media vuelta y empezó a alejarse, pero se detuvo a medio camino.
—Ah, y una cosa más —añadió, sin girarse—.
No todos los combates se ganan con fuerza.
Algunos se ganan con lo que uno es capaz de desear de sí mismo —golpeó el bastón una vez—.
Y ustedes, nos guste o no, aún están averiguando qué demonios desean.
Los dejó con eso y desapareció con un simple parpadeo de luz.
El silencio quedó flotando unos segundos.
Fue Carlos quien lo rompió.
—Bueno… al menos no nos mandaron a morir esta vez —dijo, intentando sonar optimista.
Vania bufó.
—Todavía no empiezan los combates, no cantes victoria.
Bruno miró hacia el horizonte del mar.Algo en su pecho se sentía extraño.
No era miedo exactamente, pero tampoco emoción pura.
Lucía se acercó, colocándose a su lado.
—¿Has oído hablar de Lumen del Ensueño?
—le preguntó Carlos, adelantándose un paso.
Bruno negó con la cabeza.
—Solo de nombre.
Carlos se cruzó de brazos, adoptando su tono de explicación.
—Son un gremio especializado en armonizar el oni a través de las emociones.
No se enfocan tanto en la fuerza bruta o en canalizar energía al ambiente como nosotros… sino en lo que sienten.Lo que piensan.Lo que arrastran encima —hizo un gesto como abarcando un peso invisible—.
Sus manifestaciones de oni suelen provocar reacciones emocionales fuertes en otros.
Te pueden hacer dudar, recordar cosas, revivir miedos.
Por eso son difíciles de leer y de combatir.
Vania añadió: —Si te das cuenta, Somnia Veritas, en general, se centra más en lo físico.
Canalizamos el flujo, lo metemos en armas, en escudos, en campos, en energía sólida.
Somos… concretos.
Medibles.
Miró a Bruno con una ceja levantada.
—Y por eso es una casualidad enorme que tú hayas caído aquí.
Lo tuyo no es precisamente concreto.
Es energía pura, casi incontenible.
Bruno se encogió ligeramente de hombros.
—Y eso… ¿es bueno o malo?
—Depende de quién esté mirando —respondió Vania.
Lucía esbozó una pequeña sonrisa.
—En la copa te van a mirar todos.
Bruno soltó el aire lentamente.
Por primera vez en mucho tiempo, el día “normal” que había tenido en el mundo real le pareció lejano, casi ajeno.El reporte, la computadora, el ventilador… ya eran otra vida.
Ahora estaba en el mar, mirando hacia una región donde los sueños respondían a las emociones.Con un torneo por delante.Con gremios observando.Con un Guardián del Deseo dispuesto a “pulirlo”.
La calma tras la tormenta, pensó.Aunque, en el fondo, sabía que la calma en Somnia nunca duraba demasiado.
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