Dream tamers - Capítulo 25
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25: Lumen de la bienvenida 25: Lumen de la bienvenida El eco metálico del oni disipándose retumbó suavemente sobre la arena de entrenamiento.
Carlos se sacudió las manos, intentando no mostrar que estaba sin aliento.
Frente a él, Mary aún tenía el fuego azul ardiendo como brasas en cada nudillo.
—Si hubieras entrenado así dos meses antes —dijo ella, con ese tono terriblemente neutral que usaba para insultar sin parecerlo— quizá no hubieras salido volando en las Espirales.
Carlos bufó.
—Gracias, Mary.
De verdad necesitaba recordar eso.
Ella apagó el fuego con un chasquido y dio un paso atrás.
—Para eso estoy.
A unos metros, el aro de oni de Vania trazaba círculos limpios, como pétalos flotando en el aire.
Rembrandt marcaba tiempos con el pie, midiendo reacciones.
Ambos parecían sincronizados… hasta que Vania vio a Carlos.
Y su concentración se quebró.
El aro perdió forma, vibró, y estalló en motas que se disiparon.
Ella respiró hondo, recogió su cabello detrás de la oreja y caminó con demasiada calma hacia ellos.
—Veo que ya están en “modo copa” —dijo en un tono que pretendía ser casual, fallando miserablemente—.
Qué bonito.
Qué emocionante.
Carlos intentó decir algo, pero ella no se detuvo.
Su mirada viajó a Bruno, que recién entraba a la arena.
—Espero que al menos ustedes no hagan el ridículo —añadió, con una sonrisa seca.
Se marchó hacia la zona de descanso sin esperar respuesta.
Carlos se quedó mirando, confundido.
—¿Está… está enojada conmigo?
—le preguntó a Bruno en cuanto lo tuvo cerca—.
Porque juro que no hice nada.
Bruno levantó las manos, sin intención de involucrarse.
—No me metas.
No entiendo nada de lo que pasa en su cabeza.
—Nadie entiende nada de lo que pasa en su cabeza —murmuró Mary, cruzándose de brazos.
La arena volvió a llenarse de actividad.
Albarn corría en círculos, cargando dos pesas de oni en las piernas como si fueran brazales de fuego.
Cada paso dejaba un pequeño cráter en la superficie moldeable del suelo.
Rembrandt, ya sin el aro de Vania para sincronizar, decidió inventarse un ejercicio.
Apareció con un bigote falso de color negro.Bien recortado.Evidentemente pegado con oni.
Se paró frente al grupo, erguido como una estatua, pecho fuera, mirada elevada.
—¡Represento a Arkanum Somnii con solemnidad y tradición!
—declaró con un tono grave, casi teatral.
Intentó hacer un saludo militar… pero el bigote se le despegó y se quedó a medio camino del gesto cuando su pie resbaló en una piedra.
—¡Ay!— exclamó, cayéndose de rodillas.
Albarn se llevó la mano a la cara.Lucía soltó una risa breve.Carlos y Mary se inclinaron de lado para esconder la carcajada.
Incluso Orryn, desde atrás, cruzado de brazos, dejó escapar una sonrisa contenida.
—Mientras se mantengan así de relajados —dijo con media risa grave— no van a morirse de nervios antes de llegar.
Bruno volteó hacia la entrada de la arena.Allí, apenas visible entre las columnas, Krynn observaba.Silueta fina, ojos afilados, expresión siempre a medio camino entre burla e interés.
El Guardián del Deseo se limitó a asentir una vez, como si la escena entera hubiera sido un examen que pasaron sin saberlo.
La tarde se apagaba cuando Orryn extendió la mano hacia ellos.
—Escuadrón Somnia —dijo, con una formalidad que inmediatamente cambió el aire—.
Reúnanse.
Todos dejaron lo que estaban haciendo.
El ambiente se tensó apenas.
El brillo del Mar de las Aguas Quietas iluminaba el rostro del maestro en tonos azulinos.
—Ha llegado el momento —continuó—.
Lumen del Ensueño ya abrió los portales.
La Copa de los Seis Velos está por comenzar.
Lucía tragó saliva.
Carlos se cuadró ligeramente.
Vania, que había vuelto sin que nadie lo notara, cruzó los brazos con una dignidad extraña, como si quisiera que nadie supiera que estaba dolida.
Orryn los miró uno por uno.
—A partir de este punto, cada paso que den será observado por todos los gremios —les dijo—.
No habrá anonimato.
No habrá margen para actuar como simples aprendices.
Caminen con cuidado.
El agua bajo sus pies comenzó a elevarse.Una góndola de luz azul emergió del mar, sosteniéndolos en una plataforma suave como vidrio líquido.
El viaje comenzó.
El Mar de las Aguas Quietas se extendía infinitamente debajo de ellos, reflejando un cielo que no pertenecía al mundo real.
Bruno respiró profundo.
Cada segundo sentía como si su cuerpo se volviera más liviano, como si la gravedad del mundo normal se desprendiera de él.
—Esto siempre me da vértigo —murmuró Carlos.
—Eso es porque tu oni es un desastre cuando estás nervioso —contestó Vania, sin mirarlo.
Carlos abrió la boca para replicar… pero decidió mejor no hacerlo.
La plataforma continuó su ascenso.Arriba, el cielo cambió lentamente de color: del azul profundo a un rosa tenue, luego a un dorado suave que vibraba como si fuera música, no luz.
—Lumen del Ensueño —susurró Lucía—.
Nunca había visto su región desde arriba.
Bruno frunció el ceño.Había algo extraño en cómo la luz se movía.
No era natural.
No era física.Parecía… sentirlos.
Lucía notó su expresión.
—Respira normal.
Aquí todo lo que sientes se amplifica —dijo sin mirarlo directamente—.
Si te tensas, el paisaje se va a tensar contigo.
El comentario lo confundió más.Pero hizo caso.Inspiró despacio.
El mundo dejó de vibrar tanto.
Cuando la góndola cruzó las nubes, apareció finalmente ante ellos: El dominio de Lumen del Ensueño.
Un océano de jardines flotantes, hechos de pétalos que no caían y raíces que no tocaban nada.Puentes de cristal líquido unían plataformas vivas, que cambiaban de forma según la emoción colectiva de la región.Arcos de luz nacían del aire, se doblaban y desaparecían.
Y, al centro, elevado sobre un gran loto de piedra pulida: La arena de la Copa de los Seis Velos.
Era gigantesca.Una estructura circular suspendida entre jardines vivos, rodeada por columnas móviles que ascendían y descendían como respiraciones.Los colores del domo cambiaban cada pocos segundos, del dorado al azul, del azul al rosa, según algún ritmo emocional que Bruno no lograba descifrar.
—Esto es… demasiado —susurró Carlos, sin vergüenza alguna.
—Lumen siempre quiere hacer sentir pequeños a los demás —comentó Vania, intentando sonar indiferente.Falló.
Bruno no dijo nada.El lugar lo abrumaba, pero no de manera negativa.Era como si el aire le rozara el pecho, como si todo fuese… sensible.
Lucía dio un paso más cerca de él.
—No te quedes quieto.
Nos esperan.
Una pasarela curva se materializó frente a ellos, hecha de niebla sólida.
De ella emergió una figura.
Una mujer joven.
Cabello en ondas suaves.
Ojos tranquilos, casi apagados.
Vestida con un uniforme de Lumen: blanco perlado con detalles opalescentes que parecían moverse al ritmo de su respiración.
Su oni brillaba apenas, en tonos pastel, como una brisa emocional constante.
—Somnia Veritas —dijo con voz armoniosa—.
Bienvenidos a nuestro dominio.
Los evaluó con un vistazo suave, sin juzgar, sin emoción evidente.
—Mi nombre es Lyra Ventur.
El judicador Tassadar los espera.
Hizo una leve inclinación de cabeza.
El camino se abrió detrás de ella como un abanico de luz viva.
Bruno tragó saliva.
Carlos se acomodó la capa.
Mientras Lucía avanzaba hacia la pasarela, Vania se ajustó el cinturón del uniforme, intentando mantenerse neutra.
A su lado, Rembrandt se pegaba su bigote falso con absoluta solemnidad.
Carlos notó su expresión.
—¿No deberías quedarte en Somnia?
—preguntó con cautela.
Vania lo fulminó con la mirada.
—¿Y dejar que ustedes tres viajen sin ningún respaldo?
No, gracias.
Bruno se rascó la nuca.
—Pero… tú no compites.
—Obviamente —replicó ella, con un aire casi ofendido—.
Cada gremio debe presentar al menos un suplente para la copa, por si alguno cae enfermo, queda indispuesto o… se rompe la cara en los entrenamientos —miró a Carlos de reojo—.
Es reglamento básico.
Carlos parpadeó.
—Ah… cierto.
Yo… eh… olvidé ese detalle.
—Claramente —bufó Vania.
Rembrandt levantó el dedo.
—Arkanum no trajo suplentes —recordó, orgulloso de su dato.
Vania suspiró.
—Porque Arkanum sólo está mandando representantes simbólicos esta vez.
Si uno de ellos cae, el gremio queda descalificado.
Punto.
Bruno asintió, finalmente entendiendo.
—Entonces tú eres nuestro respaldo oficial.
Vania alzó el mentón, intentando sonar humilde sin lograrlo.
—Alguien tiene que evitar que Somnia haga el ridículo.
Carlos sonrió, pequeño.
—Gracias por venir.
Ella giró la cara de inmediato, disimulando el rubor.
—No empieces.
Rembrandt tosió como viejo general y se acomodó el bigote falso.
—¡Muy bien!
¡Con suplente y todo, Somnia marcha con paso firme!
Orryn, desde atrás, soltó una risa contenida.
—Mientras no se maten entre ustedes antes de llegar, ya lo considero un triunfo.
Y con eso, el escuadrón Somnia dio su primer paso dentro de la Copa de los Seis Velos.
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