Dream tamers - Capítulo 26
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26: Tassadar, el judicador 26: Tassadar, el judicador El sendero que conducía al corazón del dominio de Lumen del Ensueño se abrió como una cinta de luz pálida ante el grupo.
Orryn caminaba al frente, acompañado de Mary, Rembrandt y Albarn.
Tenían una expresión casi administrativa.
—Nos separamos aquí —anunció Orryn, ajustándose el hacha sobre la espalda—.
Los representantes simbólicos de Arkanum necesitan presentarse y registrar su participación.
Yo los acompañaré.
Ustedes cuatro sigan con la guía.
Rembrandt levantó una mano con su saludo ridículamente solemne… y con el bigote falso ya torcido hacia la izquierda.
Albarn lo empujó discretamente para enderezarlo.
Bruno reprimió una sonrisa.
Carlos suspiró como si le hubieran quitado una carga enorme.
Lucía hizo una inclinación breve hacia Orryn.
—Cuídelos —pidió.
—Ese es el plan —respondió él.
Lyra—la mujer de cabello lavanda y ojos translúcidos que los había recibido antes— dio un paso al frente.
—Síganme, por favor.
Y el grupo de Somnia Veritas continuó solo.
El sendero viviente El camino se retorcía suavemente, como si respirara.
La luz en el suelo cambiaba de temperatura cada pocos metros: cálida cerca de Carlos, fresca cuando pasaba Vania, un punto profundamente estable alrededor de Bruno… como si el mundo allí dejara de moverse.
Lucía avanzaba observando todo con una mezcla de interés y cautela.
A cada lado del sendero, jardines enteros cambiaban de forma y color dependiendo del estado emocional de cada uno.
Flores que se abrían cuando Carlos exhalaba, calderones de niebla cuando Vania fruncía el ceño, espejos de agua completamente planos en cuanto Bruno se acercaba.
La guía lo notó dos veces.
No dijo nada.
Las habitaciones Se detuvieron frente a una hilera de puertas, todas blancas, todas respirando un leve resplandor dorado.
—Aquí se hospedarán —explicó la guía—.
Cada habitación se ajusta al estado emocional del huésped.
No controlen nada; déjenla reaccionar.
Abrió primero la de Vania.
Era cálida, amplia.
Las cortinas se agitaban con una brisa que ni existía.
Los colores parecían girar entre tonos suaves de rojo y violeta.
Vania dio un paso dentro, confundida: se veía cómoda… pero también inquieta sin saber por qué.
Carlos, curioso, se asomó detrás de ella.
La habitación cambió en un instante.
El aire se volvió tenso.
El color mutó a un naranja nervioso y el techo pareció latir un poco.
—Oh… —dijo Carlos, incómodo.
Vania se cruzó de brazos, mirando a otro lado.
—¡Descompusiste mi habitación, tonto!
—exclamó, como si hubiera quejas que levantar.
Bruno y Lucía intercambiaron una mirada que decía sí, claro.
Siguieron.
La guía abrió la puerta de Bruno.
Una explosión de paisaje onírico brotó al instante: un cielo con doble aurora, una cama flotando sobre un mar de sueños líquidos.
Carlos silbó bajo.
—Amigo… tu cuarto es un poema.
Bruno dio un paso dentro.
Y todo se apagó.
Instantáneamente.
El cielo se volvió normal, la cama cayó sobre el suelo como si nunca hubiera flotado, las paredes se volvieron de un blanco perfectamente estándar.
La habitación quedó… normal.
Demasiado normal.
Casi aburrida.
Bruno parpadeó.
—Creo que rompí algo.
La guía lo observó con una expresión que no supo ocultar: sorpresa.
—No… —dijo lentamente—.
No está roto.
Solo… reacciona a usted de manera atípica.
Lucía sonrió apenas.
—Como todo en tu vida.
La sala de relajación Un pasillo de azules suaves los llevó a un espacio circular sin techo visible.
La luz caía como lluvia dorada.
Colchonetas y plataformas de descanso flotaban suavemente en el aire.
—Siéntense —indicóla instructora —.
Lumen considera que la mente relajada rinde mejor en competencia.
Cada uno tomó un lugar.
La sala se adaptó al instante.
El aire alrededor de Lucía se volvió cálido y brillante.
Alrededor de Carlos, suave y rítmico, como si una melodía inexistente lo acunara.
En Vania, la luz vibraba entre indecisión y orgullo.
Y alrededor de Bruno… Nada.
Cero reacción.
El piso ni se iluminó.
El aire ni tembló.
Era como si la sala no pudiera “leerlo”.
Vania abrió un ojo.
—Bruno… eres un agujero negro emocional.
—Gracias supongo.
La guía tragó saliva.
Claramente nunca había visto algo así.
Les indicaron ejercicios simples: respiración, recordar momentos tranquilos, dejar que el ambiente los “acomodara”.
Cada vez que alguno se relajaba, el espacio respondía.
Se expandía, cambiaba, florecía.
Alrededor de Bruno, seguía absolutamente neutro.
Pero él sí logró relajarse.
A su modo.
—Bien —dijo la guía finalmente—.
Ya están listos.
En ese momento, Orryn entró por la puerta lateral, acompañado por la guía original del grupo, Lyra.
—Vengan —dijo—.
Es hora de conocer al judicador.
Tassadar La sala del judicador era un salón de luz blanca, silencioso, con un escritorio en el centro y cientos de cintas flotando como documentos hechos de oni.
Una figura estaba de espaldas, escribiendo sin voltear.
Alto, inmóvil, la espalda tan recta que parecía hecha de mármol.
—Tassadar, honorable judicador —anunció la guía—.
Los representantes de Somnia han llegado.
El hombre continuó escribiendo.
—Los escucho —dijo con una voz profunda, sin emoción alguna.
Nunca giró.
—La Copa de los Seis Velos será estrictamente regulada —continuó—.
Comportamiento marcial.
Respeto entre gremios.
Protocolos al pie de la letra.
Somnia Veritas presenta a tres combatientes y un suplente.
Todos deben someterse a examen inicial de oni.
Sus ojos seguían fijos en los documentos.
—Está prohibido el uso de técnicas letales, salvo en caso de autodefensa.
Cualquier violación será castigada con expulsión inmediata del onírico por un ciclo completo.La reliquia se entregará al campeón según lo determine el Consejo.
Yo supervisaré personalmente cada encuentro.
Habló durante casi cinco minutos, sin moverse un centímetro.
Al final, cerró el documento y alzó la cabeza.
Miró a Orryn.
Y el mundo cambió.
—¡Mi muchacho!
—exclamó Tassadar con una expresión que no debía existir en alguien tan solemne—.
¡Ven acá, bodoque!
Orryn abrió los ojos como si lo hubieran apuñalado.
—Por favor… no delante del escuadrón… Tassadar lo agarró por los hombros, sacudiéndolo como abuelo orgulloso.
—¡Mírense nada más!
¡Creí que seguías chaparro!
¿Ya comiste?
¿Sigues entrenando mal?
¿Por qué estás tan flaco?
Bruno, Lucía, Carlos y Vania quedaron petrificados.
¿Ese era el judicador?
La guía parecía a punto de desmayarse.
Tassadar ignoró todo.
Solo le faltaba pellizcarle las mejillas a Orryn.
Orryn finalmente recuperó dignidad.
—Él es mi… tatarabuelo —murmuró en voz baja.
—¡Y bien orgulloso que estoy!
—siguió Tassadar.
Entonces se giró hacia el grupo y, como si activara un interruptor, toda la calidez desapareció.
Volvió a ser el mármol viviente de antes.
Se acercó a Bruno.
Muy cerca.
—Tú —dijo—.
Tu oni no reacciona a Lumen.
Eso no es normal.
Bruno tragó saliva.
—Lo sé.
—No me gusta lo que no entiendo —prosiguió Tassadar, sin cambiar el tono—.
Pero no es motivo para descalificarte.
Solo para vigilarte.
Bruno asintió.
Tassadar bajó la voz.
—Compórtate.
Da lo mejor de ti.
Y no rompas nada… que no debas romper.
Se enderezó.
—Bienvenidos a Lumen del Ensueño.
La Copa empieza pronto.
Y sin un solo destello, sin un sonido… Desapareció.
El silencio se quedó colgado en el aire.
Carlos exhaló.
—…ok.
Ese tipo da más miedo cuando sonríe.
Vania asintió lentamente.
—Y cuando no sonríe.
Lucía se giró hacia Bruno.
—¿Listo para esto?
Bruno miró hacia la puerta por donde había desaparecido Tassadar.
—No lo sé —admitió.
Pero por primera vez desde que despertó en el onírico… Sentía ganas de averiguarlo.
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