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Dream tamers - Capítulo 27

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  4. Capítulo 27 - 27 El linaje de la memoria
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27: El linaje de la memoria 27: El linaje de la memoria Cuando salieron del salón del judicador, Orryn no dijo nada.

Apenas cruzaron el primer corredor de Lumen del Ensueño, se detuvo y miró al grupo con seriedad ceremonial.

—Debo encargarme de asuntos del Círculo —anunció—.

Nos veremos más tarde.

Manténganse en los límites de la sede.

Lucía asintió.

Carlos levantó la mano como saludo.Bruno simplemente observó su espalda alejarse.

Pero Vania susurró apenas, como para sí misma: —Ese “asuntos del Círculo” suena más a “regañarán a alguien”.

Nadie le respondió.

Orryn caminó sin prisa por los corredores serpentinos de Lumen.

A diferencia de Somnia, donde las estructuras eran sobrias y firmes, aquí todo vibraba con un pulso suave, casi orgánico.

Las paredes cambiaban su brillo según el estado emocional del visitante, como un suspiro interminable.

Cruzó un portal de luz turquesa.La sala donde entró era pequeña, silenciosa.Y Tassadar ya lo esperaba.

Estaba sentado en una silla baja, revisando papeles como si fuera un profesor viejo corrigiendo tareas.

Sus lentes reposaban a mitad de la nariz.

Cuando oyó a Orryn entrar, levantó una ceja… y eso bastó para que toda la solemnidad se evaporara.

—Ven acá, bodoque —dijo Tassadar sin levantar la vista del documento—.

Pensé que te tardarías más.

Orryn resopló con resignación.

—No soy un niño, Tassadar.

—A mí no me mientes —replicó el judicador, finalmente dejando los papeles—.

Sigues frunciendo el ceño igual que cuando eras un aprendiz y no podías cargar esa hacha sin tambalearte.

Orryn entrecerró los ojos.

—Era un arma demasiado grande.

—Y tú demasiado orgulloso —sentenció Tassadar, con un gesto que oscilaba entre burla y cariño—.

Si no fuera por tu testarudez jamás habrías llegado a Guardián.

La sala guardó silencio unos segundos.Tassadar lo miró de forma distinta, más profunda, más pesada.

—¿Cómo estás?

—preguntó, sin tono paternalista, solo humano.

—Bien —respondió Orryn—.

El escuadrón también.

—Me refiero al muchacho.

Orryn apretó la mandíbula.

—Bruno… es complicado.

Su oni no sigue ninguna estructura.

No parece responder a los flujos convencionales.

Cuando lo observé en las Espirales, sentí… algo antiguo.

Algo que no he sentido nunca.

Tassadar movió los dedos, pensativo.

—Sí.

Lo noté en cuanto entró al salón.

Era como mirar una herida en el tejido del onírico.

Una que no sangra… pero que respira.

Orryn se tensó.

—¿Qué es?

Tassadar negó con la cabeza.

—No lo sé.

Y créeme, Orryn… no suelo decir esa frase.

No era una exageración.

Los judicadores eran los únicos que conservaban los archivos sellados, los verdaderos orígenes del onírico, los secretos que ningún gremio debía conocer.

Si Tassadar decía “no lo sé”, significaba algo grande.

—Entonces… —Orryn cruzó los brazos— ¿debo preocuparme?

Tassadar sonrió, una sonrisa distinta a la que le mostraba al Círculo.

Más cálida.Más… familiar.

—No aún.

Bruno no vibra como una amenaza.

Vibra como… —buscó la palabra y frunció el entrecejo— como una pieza que no debería existir pero existe igual.

Orryn guardó silencio.

Tassadar continuó: —Tu tarea será vigilarlo.

No como Guardián.

Como tú.

Como Orryn.

Tienes la cabeza más recta de Somnia y, aunque te pese, eres el único en quien confío para esto.

Orryn bajó la mirada un instante, incómodo con el elogio.

—Haré lo que deba.

Tassadar lo observó, y el tono cambió.Se volvió más profundo.

Más antiguo.

—Tú sabes por qué te pedí que vinieras, ¿cierto?

Orryn levantó la cabeza lentamente.

—Lo imaginé.

El judicador asintió.

—Es hora de que entiendas por qué existes.

Por qué tu apellido pesa.

El aire en la sala cambió, como si alguien hubiese apagado el mundo exterior.

—Orryn —comenzó Tassadar—, el onírico no está hecho solo de los que llegan desde el mundo real.

Algunos nacimos aquí.

Respiramos aquí.

Amamos aquí.

Y morimos aquí.

Era la primera vez que Orryn escuchaba esa frase directamente de él.

—Los linajes oníricos —susurró el Guardián—.

Creí que eran casi un mito.

—No lo son —Tassadar entrelazó los dedos—.

Son pocos.

Muy pocos.

Y cada generación muere un poco más rápido.

No somos eternos.

Solo… viejos.

Miró a Orryn con algo parecido a nostalgia.

—Tu familia es uno de esos linajes.

Tu sangre nació en el onírico, no fuera de él.

Pese a que te inventaron un pasado en el mundo real, fue solo para protegerte.

Y lo más importante: tu bisabuelo —mi hijo— fue uno de los fundadores de Somnia Veritas.

Orryn sintió un golpe seco en el pecho.

Sabía que su familia tenía historia, claro, pero nunca le habían dicho esto.

Tassadar nunca lo había dicho tan claramente.

—¿Mi bisabuelo…?

—repitió Orryn.

—Sí —respondió Tassadar con un suspiro suave—.

Él ayudó a formar el gremio, estableció los principios que lo rigen y escribió los primeros tratados del flujo.

Él fue quien dio forma al Veritas que conoces.

Silencio.

Orryn se mantuvo quieto, como si temiera romper el aire con un movimiento.

—Entonces… yo… —Eres su heredero —concluyó Tassadar—.

Un heredero que tardó más que otros en encontrar su lugar.

Que fue derrotado una y otra vez por su propio escuadrón.

Que nunca logró superar a Krynn en ningún ejercicio formal.

Pero… —y aquí Tassadar sonrió— que jamás perdió la cabeza.

Que jamás traicionó sus principios.

Ni siquiera cuando hubiera sido lo más fácil.

Ese tipo de halagos no eran comunes.No para un judicador.No para alguien como Tassadar.

—Siempre supe que llegarías a Guardián —dijo—, no por talento, sino por rectitud.

Orryn tragó saliva, incómodo por la emoción que le recorría el pecho.

—Gracias… abuelo.

El viejo judicador carraspeó.

—No me llames así en público.

Me arruinas la reputación.

El comentario los hizo reír, solo un poco.Lo suficiente para aliviar la tensión.

Tassadar cambió de postura, más serio.

—Orryn.

Vigila al muchacho.

No sé qué es, pero sé esto: su presencia altera los cimientos del onírico.

Si es peligroso… serás el primero en saberlo.

Y el primero en tener que actuar.

Orryn asintió lentamente.

—Entendido.

—Y si no es peligroso… —el judicador lo miró con suavidad— entonces quizás será lo mejor que le haya pasado al onírico en milenios.

El Guardián apretó el mango de su hacha.

—Lo protegeré —prometió.

Tassadar negó con la cabeza.

—No es eso lo que te pedí.Te pedí que lo vigiles.Lo demás lo decidirá él.O el destino.

Se levantó.

Tocó el bastón contra el suelo.

El sonido resonó como una campana.

—Ahora ve.

No puedes mantener a tus niños solos por mucho tiempo.

Se meterán en problemas.

—Carlos no es tan irresponsable.

—Bruno sí.

Orryn resopló.

—Ese sí.

Tassadar sonrió.

—Anda, bodoque.

No me hagas ir por ti después.

Cuando Orryn salió de la sala, el aire corrió nuevamente.

El mundo recuperó su sonido.

Tenía obviamente mucha información de su familia pero jamás quiso indagar demasiado, ya que siempre obtenía evasivas o información parcial, y habían pasado tantos siglos que ya no importaba demasiado.

Hasta ahora.

Por primera vez en mucho tiempo, el Guardián de la Memoria caminó con una sensación extraña en el pecho: peso… y destino.

Un linaje antiguo.

Un muchacho imposible.

Un judicador inquieto.

Y la Copa apenas estaba empezando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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