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Dream tamers - Capítulo 28

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  4. Capítulo 28 - 28 Las llaves de la copa
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28: Las llaves de la copa 28: Las llaves de la copa El salón de espera de los competidores no parecía una antesala de combate, sino un templo de cristal vivo.

El piso era semi transparente, como cristal opaco, y debajo de él se veía un océano de luz en tonos pastel moviéndose como respiraciones lentas.

Las paredes, formadas por paneles de vidrio opalescente, vibraban de vez en cuando con destellos suaves, como si Lumen del Ensueño estuviera probando el pulso emocional de todos los presentes.

Bruno entró detrás de Lucía y Carlos, con Vania pegada a su hombro.

Orryn caminaba unos pasos por detrás, acompañado de Rembrandt, Mary y Albarn, todos con sus uniformes de Somnia: blanco y dorado, sobrios, impecables.

En el centro del salón, seis plataformas circulares marcaban la posición de cada gremio.

Sobre cada una flotaba un emblema luminoso, formando un anillo suspendido en el aire.

—Somnia Veritas allá —señaló Vania.

Se acomodaron en su círculo.

Del otro lado, Bruno pudo ver el resto de símbolos: la máscara partida de Noctis Aeternum, las torres invertidas de Umbrae Lucentis, la corona de espinas de los Custodios del Umbral, el anillo fragmentado de Arkanum Somnii y, presidiéndolo todo, el símbolo cambiante de Lumen del Ensueño, que nunca adoptaba la misma forma dos veces.

Los representantes ya estaban casi todos allí.

—Mira —murmuró Carlos, inclinándose apenas hacia Bruno—.

Aquella de cabello blanco… Selene Varik, de Umbrae.

Dicen que manipula sombras como recuerdos.

Bruno siguió la dirección de su mirada: una mujer alta, de expresión fría, los observaba fugazmente antes de desviar la vista.

—Y esa de allá —añadió Vania, con un leve gesto del mentón—, Isolde Marek.

Noctis.

La pelirroja.

La que se dice es la tamer más bonita en todo el onírico.

Isolde reía con sus compañeros, apoyada con naturalidad en una baranda de cristal.

Su oni, apenas perceptible, tenía un brillo oscuro en la mirada, una intensidad que obligaba a voltear a verla.

Lucía la observó unos segundos.

—Se siente… peligrosa —susurró.

—Lo es —dijo Orryn, sin dramatizar, simplemente afirmando—.

Noctis no manda a cualquiera.

Bruno no sabía exactamente qué debía sentir.

Miraba rostros, uniformes, colores, pero todo le parecía demasiado… lejos.

Como si la Copa fuera un espectáculo ajeno donde él se había colado por error.

Hasta que lo vio.

Un hombre de complexión semi atletica, alto, cabello negro recogido en una coleta baja, uniforme de Noctis perfectamente ajustado.

No tenía el porte de un coloso ni la presencia desafiante de un fanático.

Era… limpio.

Medido.

Preciso.

—Ese es Calem Draven —dijo Carlos en voz baja, como si no quisiera que lo escucharan—.

El favorito.

Calem conversaba con Isolde y Raven Holt, sin levantar la voz.

No reía.

Apenas esbozaba medias sonrisas controladas.

Cada movimiento suyo parecía calculado.

—¿Qué sabes de él?

—preguntó Bruno.

Carlos se cruzó de brazos.

—Especialista en anulación de oni.

No solo rompe técnicas: las desarma, las recanaliza.

Hace que tu propio poder deje de responderte.

El año pasado destruyó al campeón de Umbrae sin siquiera levantar el tono de voz.

Vania añadió, con cara de pocos amigos: —Y se dice que Noctis está considerando cederle un lugar en su Círculo.

Si no gana la Copa, de todos modos saldrá de aquí más alto de lo que entró.

Bruno tragó saliva.

Favorito.

Círculo.

Anulación.

Palabras grandes para alguien que solo había sobrevivido a base de instinto y una fuerza que ni él entendía.

Una vibración recorrió el salón.

Las luces se atenuaron, concentrándose hacia la parte frontal.

Un estrado de cristal emergió lentamente, y sobre él aparecieron Tassadar y otros judicadores, alineados como estatuas antiguas.

El murmullo bajó de golpe.

Tassadar avanzó un paso.

En ese modo, el cariñoso “abuelo” desaparecía; quedaba solo el judicador: voz pesada, postura impecable, ojos que lo veían todo.

—Representantes de los seis gremios —comenzó, su voz amplificada sin necesidad de oni visible—.

Bienvenidos a la Copa de los Seis Velos.

El eco de sus palabras rebotó por el cristal como un susurro repetido.

—Esta Copa —continuó— existe para recordar a todos nosotros que el onírico no se sostiene solo en tratados, reuniones y archivos.

Se sostiene en aquellos que arriesgan su propia existencia para mantenerlo en equilibrio.

Ustedes son la punta visible de ese esfuerzo.

Algunos tamers levantaron la cabeza con orgullo.

Otros simplemente escuchaban en silencio.

—Las reglas son simples —prosiguió Tassadar—.

Combates uno contra uno.

Está prohibido matar de forma deliberada.

Está prohibido atacar a los espectadores, al personal de soporte o a los judicadores.

Está prohibido recibir ayuda externa durante el combate.

Hizo una pausa breve.

—Las infracciones graves serán respondidas de inmediato.

No hay apelaciones.

Bruno no pudo evitar un pequeño escalofrío.

No era miedo, exactamente.

Era… la certeza de que, si algo salía mal, nadie iba a discutirlo después.

—El campeón —dijo Tassadar— recibirá un reconocimiento formal del Consejo, y además, durante un ciclo completo, custodiará una reliquia del almacén del Consejo, prestada únicamente para tal propósito.

Los murmullos surgieron de inmediato.

“Reliquia”.

“Consejo”.

“Prestada”.

Eran palabras que no se tomaban a la ligera.

Tassadar levantó una mano, y el silencio volvió a caer sobre todos.

—Ahora se determinarán las llaves del torneo.

Del techo descendió una estructura circular, como una corona hecha de cristal líquido.

Se detuvo sobre el centro del salón y comenzó a girar lentamente.

Cada vuelta dejaba caer chispas de luz que flotaban en el aire, buscando a cada representante.

—Cuando su nombre aparezca —explicó Tassadar—, den un paso al frente.

El primer hilo de luz descendió hacia el sector de Lumen del Ensueño.

—Naia Éteris —anunció una voz neutra, resonando desde la corona—.

Primera ronda.

Naia avanzó con serenidad.

La luz formó un círculo frente a ella, proyectando una llave flotante.

Un segundo hilo cayó sobre otro gremio.

—Iohan Delacroix, de Umbrae Lucentis.

Las líneas se unieron.

Naia vs.

Iohan.

Primera llave.

Carlos murmuró un “uff” bajo.

Bruno no sabía si era de alivio por no estar ahí… o por miedo de estar más adelante.

Uno a uno, los nombres se fueron uniendo: Sabine, Selene, Garet, Lyra, Eiden, Raven… El aire se cargaba más con cada unión.

Hasta que la corona pareció frenarse ligeramente sobre el sector de Somnia.

Una línea de luz descendió.

—Carlos de Somnia Veritas —cantó la voz.

Carlos dio un paso al frente, tragando en seco.

La luz formó el primer círculo de su llave.

Otro hilo cayó, esta vez hacia los Custodios del Umbral.

—Sabine Kael.

Vania soltó un silbido muy bajito.

—Te tocó la más simpática de los Custodios — en tono burlón.

Carlos no respondió.

Estudiaba la proyección con atención, como si ya estuviera pensando en cómo romper el estilo defensivo del enemigo.

La corona siguió su danza.

Un nuevo hilo.

—Lucía D’Alenko, de Somnia Veritas.

Lucía avanzó, firme.

La luz dibujó su nombre con trazo elegante.

El segundo hilo buscó, titubeante… y se posó sobre la sección de Lumen.

—Lyra Ventur, de Lumen del Ensueño.

Lucía respiró hondo.

Un duelo contra Lumen, en territorio de Lumen.

No podía ser más justo… ni más adverso.

—Te tocó jugar de visita con la que nos recibió al llegar —murmuró Vania.

Lucía sonrió sin humor.

—Nunca jugamos de otra cosa.

Bruno los observaba a todos desde atrás.

Parte de él quería que su nombre no saliera.

Otra parte se sentía ridícula por pensarlo: estaba allí precisamente para eso.

La corona giró una vez más.

La luz se detuvo justo sobre la sección de Somnia.

Bruno sintió el llamado antes de que lo nombraran.

Como si el oni del lugar le hubiera puesto una mano en el pecho.

—Bruno Allen, de Somnia Veritas.

El estómago se le hizo nudo, pero avanzó.

Cada paso sonó demasiado fuerte sobre el cristal.

Se colocó en el círculo, frente a la proyección vacía que esperaba su rival.

La corona giró más despacio.

Un segundo hilo de luz descendió… hacia Noctis Aeternum.

Bruno no respiró mientras esperaba.

—Calem Draven.

El nombre cayó como una piedra en un lago.

El hilo se unió al suyo.

El trazado de la llave se iluminó con fuerza, marcando “Ronda 1”.

Vania dejó escapar: —No… Carlos abrió la boca, sin encontrar palabras.

Rembrandt se acomodó el bigote falso, incómodo, como si buscara un gesto solemne y no lo lograra.

Incluso Orryn apretó un poco la mandíbula.

Apenas un segundo, pero suficiente para que Vania lo notara.

El murmullo se esparció por el salón, distinto al resto.

No era simple curiosidad: era el ruido de docenas de evaluaciones simultáneas.

“Pobre Somnia.” “Le tocó Calem en la primera.” “Ese chico está muerto.” Bruno miró su propio nombre unido al de Calem, flotando frente a él.

Las letras parecían más brillantes que las del resto, como si el onírico quisiera asegurarse de que no hubiera dudas.

—Genial… —susurró Vania—.

Justo el favorito.

Lucía avanzó un paso, poniéndose a su lado.

—No significa que ya perdiste —dijo, seria.

—Tampoco que ya ganó —agregó Carlos, aunque su voz no sonó tan firme como habría querido.

Bruno intentó sonreír, pero el gesto se le quebró a la mitad.

—¿Y qué… qué hace exactamente?

—preguntó, refiriéndose a Calem.

Fue Orryn quien respondió.

—Anula oni —dijo, como si en esas dos palabras cupiera un tratado entero—.

Observa el flujo, lo descompone y lo obliga a apagarse.

Si lo permite, puede recanalizarlo y usarlo en tu contra.

Es preciso.

Frío.

Eficiente.

Nunca desperdicia un movimiento.

Bruno asintió, aunque eso no le aclaraba nada en términos prácticos.

Solo significaba: “si te equivocas, te enfría”.

Un movimiento delante de él lo hizo alzar la vista.

Calem se había separado de su grupo.

Noctis estaba a unos metros, pero en ese momento sentía su presencia demasiado cerca.

Caminó con tranquilidad hasta la distancia justa en la que aún no rompía etiqueta.

Su mirada se posó en Bruno, evaluándolo, sin prisa.

No dijo su nombre.

No preguntó quién era.

Sencillamente lo miró como se observa una herramienta nueva.

—Somnia manda a un novato —murmuró Calem, con una cortesía envenenada—.

Supongo que algunos gremios prefieren salir pronto, para disfrutar el resto del torneo desde las gradas.

Lucía dio un paso al frente, y Vania también, casi al mismo tiempo.

—O puedes preocuparte por tu propio lado de la llave —espetó Vania.

Calem la ignoró.

Tenía los ojos clavados en Bruno, como si quisiera arrancarle la piel para ver qué había debajo.

—No te preocupes —continuó, con una media sonrisa—.

No suelo romper a mis oponentes.

Solo sus técnicas.

Bruno sostuvo la mirada todo lo que pudo.

No por valentía, sino por simple orgullo.

Había visto cosas en las Espirales que nadie debería ver; un par de frases condescendientes no iban a hacerle bajar la cabeza.

—Nos vemos en la arena —dijo Calem, finalmente.

Se giró sin esperar respuesta y volvió con su gremio.

Vania dejó escapar un insulto entre dientes.

—Imbécil… Carlos exhaló despacio.

—Todos lo tienen como favorito.

No es solo ego.

Es realidad.

Bruno seguía mirando la llave flotante.

Su nombre y el de Calem conectados por una línea de luz que, en ese momento, le parecía una sentencia.

—Nunca he peleado… frente a tantos —confesó, en voz baja.

Lucía lo miró de lado.

—Nunca peleaste frente a tantos —corrigió—.

Pero peleaste por cosas mucho peores que un trofeo.

Eso vale más.

Orryn llegó a su lado.

Puso una mano firme sobre el hombro de Bruno.

—Escucha —dijo—.

No pienses en “favoritos” ni en rumores.

Piensa en una sola cosa: sobreviviste a algo que se tragó a tamers con décadas de experiencia.

No eres un novato… solo eres nuevo.

Bruno sonrió apenas al juego de palabras.

—Y no estás solo —añadió Lucía.

Vania resopló.

—Exacto.

Si mueres, me toca a mí salvar el honor del gremio.

Así que, por favor, no hagas el ridículo.

La forma en que lo dijo sacó una risa leve de todos, incluso de Bruno.

El cristal del salón pareció brillar un poco diferente, como si Lumen recogiera ese cambio de ánimo y lo aprobara.

En el estrado, Tassadar alzó de nuevo la voz.

—Las llaves han sido selladas.

La Copa de los Seis Velos comenzará al amanecer.

Descansen… si pueden.

La corona de cristal se elevó hacia el techo y se disolvió en una lluvia de chispas.

Los emblemas de los gremios se apagaron uno a uno.

El murmullo volvió, ahora más intenso.

Algunos se retiraban conversando, otros caminaban en silencio, con la mente ya en su primer combate.

Bruno se quedó unos segundos más, mirando el espacio vacío donde antes flotaba su llave.

Mañana, pensó.Mañana todo el onírico verá cómo me rompen… o cómo sigo en pie.

No sabía cuál de las dos lo asustaba más.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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