Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Dream tamers - Capítulo 29

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Dream tamers
  4. Capítulo 29 - 29 Lo que no se anula
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

29: Lo que no se anula 29: Lo que no se anula El pasillo que conectaba las áreas de descanso con la zona exterior de Lumen del Ensueño parecía estirarse más de lo normal esa noche.

No era largo en distancia, pero sí en sensación.

El suelo reflejaba una luz suave, cambiante, como si reaccionara a cada paso.

Bruno caminaba junto a Carlos y Vania, con Lucía apenas unos metros adelante, hablando en voz baja con uno de los asistentes del gremio anfitrión.

Todo estaba… demasiado tranquilo.

—Este lugar no duerme —murmuró Carlos, mirando alrededor—.

Solo baja el volumen.

—Eso es peor —respondió Vania—.

Al menos en Somnia sabes cuándo el silencio significa algo.

Bruno no dijo nada.

Desde la revelación de las llaves, tenía una presión constante en el pecho, una mezcla de anticipación y una calma rara, incómoda.

No ansiedad.

No miedo.

Algo más denso.

Fue entonces cuando una presencia se acomodó a su ritmo.

—¿Te molesta si camino contigo?

La voz era clara, directa, sin rodeos.

Bruno giró la cabeza.

Isolde Marek caminaba a su lado como si siempre hubiera estado ahí.

Su cabello rojo capturaba la luz del entorno de forma casi antinatural, y su uniforme de Noctis, oscuro y ceñido, contrastaba con el blanco dorado de Somnia como una sombra bien definida.

—Eh… no —respondió Bruno, tardando medio segundo más de lo normal—.

No me molesta.

Isolde sonrió apenas.

No era una sonrisa coqueta, ni provocadora.

Era una sonrisa cómoda, segura de sí misma.

—No conocía a nadie de Somnia antes de esta Copa —dijo—.

Al menos no de los que llaman la atención.

Vania miró por encima del hombro, detectando la cercanía de inmediato.

Carlos también lo notó, pero prefirió no decir nada.

—No creo ser muy interesante —dijo Bruno, honesto.

—Eso dicen todos los interesantes —replicó Isolde, sin mirarlo—.

Y casi siempre mienten.

Caminaron unos pasos en silencio.

El ambiente parecía responder a la cercanía entre ambos, suavizando sus tonos, como si Lumen quisiera escuchar.

—Calem cree que eres un trámite —continuó ella—.

Eso me parece… imprudente.

Bruno frunció el ceño.

—¿Y tú?

Isolde giró finalmente el rostro hacia él.

Sus ojos tenían una intensidad tranquila, peligrosa de otra manera.

—Yo creo que eres una variable —dijo—.

Y las variables arruinan los pronósticos.

Antes de que Bruno pudiera responder, ella se adelantó un paso y volvió con su gremio, como si la conversación no hubiera sido nada fuera de lo común.

Bruno se quedó un segundo detenido.

—¿Todo bien?

—preguntó Carlos.

—Sí —respondió—.

Solo… conversación casual.

Vania resopló.

—Claro.

Casual.

Más tarde, en una de las explanadas abiertas de Lumen, Calem Draven observaba la arena desde una baranda elevada.

No entrenaba.

No hablaba.

No gesticulaba.

Solo miraba.

El espacio estaba vacío, pero su mente no.

Reproducía, una y otra vez, la sensación que había tenido al ver a Bruno de cerca.

No era una lectura completa, ni un análisis formal.

Era algo más primario.

Había intentado, por reflejo, medirlo.

Y no había podido.

No era ausencia de flujo.

Tampoco caos.

Parecía como si su flujo estuviera encerrado en una jaula de acero.

Calem apretó ligeramente los dedos sobre la baranda.

Había anulado oni de veteranos.

Había desarmado técnicas complejas, flujos refinados, estructuras casi perfectas.

Todo oni respondía a algo: ritmo, intención, emoción.

Lo de Bruno no respondía.

No se expandía.

No reaccionaba.

Estaba ahí… contenido.

—Imposible —murmuró para sí mismo.

La idea le resultó irritante.

No por miedo, sino por algo peor: incertidumbre.

Y la incertidumbre no tenía lugar en su forma de combatir.

Aun así, cuando cerró los ojos un segundo, la sensación persistió.

Como si, detrás de esa jaula invisible, algo enorme respirara con paciencia.

Calem abrió los ojos de golpe.

—No importa —se dijo—.

Todo se rompe, si sabes dónde presionar.

Pero no sonó tan convencido como hubiera querido.

Esa noche, los corredores estaban casi vacíos.

Bruno caminaba junto a Lucía de regreso a los alojamientos asignados a Somnia.

El resto se había adelantado.

El silencio entre ambos no era incómodo… pero sí denso.

—Te vi con Isolde —dijo Lucía, sin rodeos.

Bruno parpadeó.

—¿Ah?

—No te estoy acusando de nada —añadió enseguida—.

Solo lo noté.

Bruno se rascó la nuca.

—Fue… raro.

Solo habló conmigo.

Un poco.

Lucía asintió lentamente.

—Noctis no da pasos sin razón —dijo—.

Y ella menos.

—¿Eso es una advertencia?

Lucía lo miró de reojo.

—Es información —corrigió—.

Tú decides qué haces con ella.

Bruno guardó silencio unos segundos.

—Calem también me habló —agregó—.

Bueno… más bien habló hacia mí.

Lucía suspiró.

—Entonces ya empezó.

—¿Qué cosa?

—La presión —respondió—.

No por la Copa.

Por lo que representas sin darte cuenta.

Llegaron frente a la puerta de la habitación de Bruno.

El símbolo de Somnia brilló suavemente al reconocerlo.

—Descansa —dijo Lucía—.

Mañana no necesitas dudas.

Necesitas estar presente.

Bruno asintió.

—Gracias… por decirme lo de Isolde.

Lucía hizo una pausa mínima antes de responder.

—Para eso estamos —dijo, y se alejó por el corredor.

La habitación estaba en silencio absoluto.

Bruno se recostó en la cama, mirando el techo liso, sin proyecciones, sin sueños inducidos.

Lumen no reaccionaba a él.

Nunca lo hacía.

Cerró los ojos.

Pensó en la llave.

En Calem.

En Isolde.

En la arena.

En esa jaula invisible que alguien había sentido… pero que él nunca había visto.

Intentó relajarse.

Contar respiraciones.

Dejar que el cuerpo bajara el ritmo.

Nada.

Abrió los ojos otra vez.

—Genial… —murmuró.

El onírico dormía.

Bruno no.

Y, por primera vez desde que había llegado a Lumen del Ensueño, tuvo la sensación clara de que, pasara lo que pasara al amanecer, algo ya había cambiado.

Algo que no se anulaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo