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Dream tamers - Capítulo 3

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  4. Capítulo 3 - 3 El material de los sueños
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3: El material de los sueños 3: El material de los sueños La habitación de Lucía era pequeña y caótica.

Un cuarto de azotea improvisado con una cama sin cabecera, una mesa cubierta de papeles y tres lámparas distintas que parecían no decidirse por una temperatura de luz.Bruno estaba sentado en el suelo, mirando una especie de estuche metálico del tamaño de un cuaderno.

En su interior, descansaban tres llaves extrañas, cada una de forma diferente: una parecía estar hecha de cristal líquido, otra de algo parecido al hueso pulido, y la última era completamente negra, como si absorbiera la luz a su alrededor.

—¿Eso abre… sueños?

—preguntó Bruno, sin saber si sonaba más curioso o idiota.

Lucía soltó una pequeña risa.

—De alguna forma.

No abre sueños, sino puertas.

Los tamers no entramos al onírico dormidos, sino a través de ellas.

Estas llaves se fabrican allá, en el propio onírico.

Yo tengo tres, pero con una basta.

Bruno la observó mientras ella tomaba la llave de cristal.

La sostuvo frente a la lámpara, y por un instante, esta se deformó en un reflejo que vibró como agua.

—Solo los tamers pueden invocarlas —dijo ella—.

Es un vínculo entre la energía oni y la voluntad.

Al usarla, abrimos una puerta hacia la sala de tránsito.

—¿Tránsito?

—Una especie de antesala —explicó—.

Un canal que filtra la energía del mundo humano antes de que entre al onírico, para evitar que se contamine.

Lucía dibujó en el aire un arco invisible.

La llave de cristal dejó un rastro de luz azulada, y poco a poco ese trazo se solidificó, como si el aire se congelara hasta formar una puerta ovalada de superficie líquida.Bruno tragó saliva.

—¿Y esto es seguro?

—Solo si te mantienes tranquilo.

—Lucía le tendió la mano—.

Ven.

Él dudó un momento, pero la curiosidad pudo más.

Tomó su mano y cruzaron juntos.

El primer paso fue como sumergirse en agua tibia.

Todo sonido desapareció.

Luego, un murmullo distante, como si millones de voces hablaran al mismo tiempo desde muy lejos, comenzó a llenar el silencio.

El lugar era vasto y sin dirección.

Un túnel sin fin hecho de luz difusa y bruma suspendida, con destellos de color que parecían flotar entre capas de aire.

No había suelo ni techo, solo una sensación de profundidad constante.

—Esto es la sala introductoria —dijo Lucía, su voz resonando como si hablara dentro de una cueva—.

Aquí llega toda la energía oni del mundo real antes de filtrarse al onírico.

No podemos quedarnos mucho tiempo, pero desde aquí podemos viajar a cualquier punto conectado por las puertas secundarias.

—¿Puertas secundarias?

—Sí, las que no requieren llave.

Se abren con oni.

Bruno intentó tocar la niebla; sintió algo entre líquido y estático, una textura imposible.Lucía levantó la mano y dibujó un símbolo en el aire: una línea y tres círculos concéntricos.

La bruma se agitó y, frente a ellos, apareció otra puerta, más pequeña, que pulsaba con luz anaranjada.

—Vamos a un sitio que te resultará familiar —dijo ella.

Cuando cruzaron, Bruno sintió un tirón en el estómago y luego… la reconoció.La escuela.

Su universidad.Pero algo estaba mal: todo estaba silencioso.

Los pasillos parecían bañados en un resplandor grisáceo, y las personas caminaban por ellos con la mirada perdida, sin emitir sonido alguno.

Cada paso que daban levantaba un pequeño polvo de luz.

—No nos pueden ver —dijo Lucía.

Bruno observó a un grupo de alumnos en la cafetería: reían, o eso parecía, pero sus gestos se movían en silencio, como en una película muda.

—¿Qué… qué es esto exactamente?

—El reflejo del mundo.

Cuando alguien está despierto, su mente sigue conectada al onírico.

Cada pensamiento, cada emoción, libera una mínima cantidad de oni.

—¿Y eso… flota aquí?

—Sí —asintió ella—.

Todo ser vivo libera oni con solo existir.

Es el material de los sueños.

Los tamers lo absorbemos para mantener la estructura del onírico y para realizar misiones.

Bruno miró el patio central.

El aire estaba lleno de diminutos filamentos brillantes que subían y bajaban como partículas de polvo.

Era bello, pero perturbador.

—¿Y esas partículas… son oni?

—Exacto.

Las personas generan distintas cantidades según su potencial.

Algunos casi nada; otros, sin saberlo, mucho.

—¿Y yo?

—preguntó, en tono más curioso que vanidoso.

Lucía lo miró de reojo.

—Aún no lo sé.

Pero que hayas podido cruzar conmigo sin llave ya dice algo.

Caminaban entre los pasillos, atravesando a la gente como si fueran humo.

Bruno sintió que su mente se aclaraba, aunque no sabía si era la emoción o el efecto del lugar.

—Entonces los tamers… ¿roban esto?

—No lo llames robar.

Es un intercambio.

El onírico existe porque el oni fluye desde el mundo real, y nosotros lo mantenemos en equilibrio.

Si el onírico se contamina, los sueños humanos se deforman, y con ellos la realidad.

Bruno se detuvo frente a su propio cubículo.Estaba vacío.

Sobre la mesa había un libro abierto y una taza de café, igual que esa mañana.

Pero el reflejo del café brillaba con una luz tenue.

—Esto es muy extraño —murmuró.

Lucía asintió.

—Lo es.

Pero si quieres entender cómo funciona el oni, tendrás que acostumbrarte.

Se quedaron un rato en silencio.Lucía tomó aire y añadió: —Para empezar a ejercitar la absorción, debes aprender a concentrar el oni que tú mismo generas.

—¿Cómo hago eso?

—Soñando.

Voluntariamente.Bruno la miró, incrédulo.

—¿Soñar… despierto?

—Exacto.

La imaginación es una forma de oni.

Cuanto más creativa es una persona, más puede concentrarlo.

Bruno soltó una risa seca.

—Entonces estoy jodido.

Lucía arqueó una ceja.

—¿Por qué?

—Porque mi carrera entera consiste en estudiar muertos.

Literalmente.

Historia antigua.

Rituales, tablillas, entierros… No hay nada de creativo en eso.

Lucía sonrió con suavidad.

—Te equivocas.

La historia también es un sueño.

Solo que otros soñaron antes que tú.

Bruno no supo qué responder.

Por un momento, el onírico reflejado de la escuela le pareció hermoso, como si cada partícula de luz fuera un pensamiento suspendido en el aire.

Lucía cerró los ojos.

La puerta que los había traído ahí se materializó de nuevo, vibrando.

—Volvamos.

No conviene quedarnos demasiado tiempo.

Al cruzarla, todo el sonido regresó de golpe.Bruno se encontró otra vez en la habitación de Lucía.

El aire era denso, y la luz de las lámparas parecía parpadear de manera irregular.

—¿Eso fue… real?

—preguntó.

—Tan real como cualquier sueño —respondió Lucía, guardando la llave.

De pronto, ella tambaleó.

Bruno la sostuvo antes de que cayera al suelo.

—¡Lucía!

Ella respiraba agitada.

—Estoy bien… solo un mareo.

—¿Segura?

—Sí.—Se sentó en el borde de la cama—.

Me he estado sintiendo rara desde… desde aquella vez que tomé tu oni.

Bruno la miró confundido.

—¿Te refieres al sueño del pasillo?

—Sí.

Cuando te toqué, absorbí demasiado, más de lo que debería de una sola fuente.

No pensé que tendría consecuencias.

—¿Te pasa seguido?

Lucía negó con la cabeza.

—Nunca.

Pero no te preocupes, se me pasará.

Bruno dudó un instante antes de soltarla.

—No debería ser peligroso, ¿verdad?Ella le sonrió con una calma que no convencía a nadie.

—Solo si lo fuera para ti.

Y por ahora… no lo es.

Se levantó lentamente y recogió las llaves, colocándolas de nuevo en el estuche metálico.

—Tengo cosas que hacer en el gremio —dijo con voz más firme—.

Misiones pendientes.

—¿Qué clase de misiones?

—Las de siempre: estabilizar sueños, sellar portales defectuosos, buscar rastros de oni alterado.

Cosas rutinarias.

—Tomó su chaqueta—.

Te visitaré en un par de días.

Bruno asintió.Ella abrió la puerta, se detuvo un momento y añadió: —Trata de soñar, Bruno.

No por obligación, sino por ti.

Cuando la puerta se cerró, el silencio volvió a llenar la habitación.Bruno se quedó mirando el punto donde había estado la puerta onírica.

El aire parecía aún vibrar ligeramente, como si el mundo real no terminara de asentarse del todo.

Miró sus manos, recordando la sensación del pasillo gris, el polvo de luz en el aire y las figuras caminando sin verlo.—“Material de los sueños”, eh… —susurró para sí.

Afuera, el viento movió las cortinas.Por un instante, creyó oír una voz tenue que repetía su nombre.

Pero esta vez no quiso mirar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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