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Dream tamers - Capítulo 5

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  4. Capítulo 5 - 5 Somnia Veritas
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5: Somnia Veritas 5: Somnia Veritas Capítulo 5 — Somnia Veritas Lucía apareció sin previo aviso, justo cuando Bruno estaba preparando café.

—¿Alguna vez pensaste en poner candado?

—dijo, apoyándose en el marco de la puerta.

Bruno casi derrama la cafetera.

—¿Siempre entras así?

—Solo cuando no me abren.

—Le guiñó un ojo—.

¿Cómo te fue soñando?

Bruno dejó la taza sobre la mesa.

—Lo intenté.

Y… creo que funcionó.

Lucía arqueó una ceja.—¿“Crees”?

—Desperté en un lugar raro.

Era como… un espacio vacío, pero había fragmentos de cosas mías.

Mi casa, la universidad.

Todo flotando.

—¿Y pudiste moverte?

—Casi nada.

Me costaba respirar.

Era como si el aire pesara.

Lucía lo escuchó en silencio, con los brazos cruzados.

—Eso significa que lograste acceder al onírico —dijo al fin—.

Sin llave.

—¿Y eso es… bueno?

—Eso es imposible, Bruno.

Lucía comenzó a caminar por la habitación, pensativa.

—Incluso los tamers más experimentados necesitan una puerta de transición.

Tú simplemente entraste… por voluntad.

—¿Y eso qué implica?

—preguntó Bruno, un poco incómodo.

—Que no eres tan “normal” como pensaba.

—Su tono era mitad sorpresa, mitad preocupación.

Se quedó unos segundos en silencio, luego se giró hacia él.—Ven conmigo.

Hay algo que necesito mostrarte.

—¿Ahora?—Ahora.

Sacó de su chaqueta una llave diferente a la anterior.

Esta era más gruesa, metálica, con un núcleo de luz líquida que giraba lentamente.La colocó frente a la pared y susurró algo en un idioma que Bruno no reconoció.El aire se contrajo, vibró, y una puerta se formó frente a ellos, más definida que la anterior: un arco tallado en piedra negra con símbolos que parecían moverse.

—Esta llave conecta directamente con mi gremio —dijo Lucía—.

Prepárate.

Bruno apenas alcanzó a respirar antes de que cruzaran.

El primer impacto fue la luz.No era una fuente concreta, sino una claridad suspendida en el aire.Estaban de pie sobre una pasarela transparente que se extendía sobre un lago sin fin.Las aguas eran de un azul profundo, y bajo su superficie se movían destellos como pensamientos líquidos.

A lo lejos, flotando sobre el agua, se alzaba una estructura inmensa: una mezcla entre templo y biblioteca, hecha de piedra blanca y cristal.

Columnas imposibles sostenían bóvedas que se perdían en la altura, y en las paredes corrían corrientes de luz como si fueran venas.

—Bienvenido a Somnia Veritas —dijo Lucía, sonriendo con un dejo de orgullo—.

La Biblioteca de las Aguas Quietas.

Bruno no podía apartar la mirada.El aire olía a papel viejo y lluvia.Cada sonido era un eco suave, como si las paredes mismas susurraran palabras olvidadas.

—Esto… —empezó a decir— no parece un lugar hecho por humanos.

—No lo es.

Fue construido antes de que existiera lo que hoy llamas “humanidad”.

Lucía caminó por la pasarela y él la siguió, tratando de no mirar demasiado hacia abajo.Mientras avanzaban, explicó: —Los gremios del onírico no son simples organizaciones.

Son instituciones enraizadas en el equilibrio del mundo… y del universo.

Cada uno existe desde hace milenios, algunos incluso desde antes de que el tiempo fuera medible.

—¿Y los humanos los fundaron?

—No lo sabemos.

Algunos registros hablan de los primeros tamers como seres que habitaban entre ambos planos.

Pero los textos más antiguos se pierden.

Ni siquiera Somnia Veritas conserva todo.

Cruzaron un arco enorme cubierto de símbolos dorados.

Detrás, una gran sala circular los recibió.Miles de libros flotaban en el aire, abriéndose y cerrándose solos, y en el centro una fuente derramaba agua luminosa sobre un piso de vidrio.

Lucía habló con voz baja, reverente.—Aquí se guarda la memoria del oni.

Cada gota de esta fuente contiene fragmentos de sueños reales.

Bruno dio un paso adelante y observó su reflejo.

En el agua vio imágenes superpuestas: personas riendo, llorando, lugares desconocidos.

—¿Todos esos son sueños?

—Sí.

Somnia Veritas se especializa en materializar espacios oníricos para estudiarlos, reconstruirlos o sellarlos si están dañados.

—¿Y hay más gremios como este?

Lucía asintió.

—Seis, reconocidos por el Consejo de los Círculos.

Todos legales, aunque cada uno con su estilo propio.

Bruno la miró con genuina curiosidad.—¿Qué hacen los otros?

Lucía enumeró con calma mientras caminaban: —Umbrae Lucentis es experto en manipulación narrativa.

Moldean los sueños como si fueran historias, creando ilusiones o alucinaciones controladas.

A veces son contratados para misiones de persuasión o espionaje.

—Noctis Aeternum, los restauradores de sombras, regulan los límites entre la vigilia y el sueño profundo.

—Arkanum Somnii es casi un culto, se centran en los secretos del oni puro.

—Lumen del ensueño se encarga de las misiones de sanación, ayudando a los soñadores atormentados.

—Y Los Custodios del umbral, el más antiguo, mantienen el orden entre los planos.

—Nosotros… somos el reflejo —dijo finalmente—.

Buscamos la verdad en el sueño y el sueño en la verdad.

—¿Y todos están de acuerdo entre sí?

Lucía soltó una risa suave.

—¿Acaso los humanos lo están?

Subieron una escalera en espiral que se abría hacia una galería lateral.Ahí el ambiente cambió: la solemnidad se mezcló con cierta vitalidad.En las paredes colgaban mapas oníricos, representaciones del flujo del oni en distintas regiones, y en los pasillos circulaban tamers con ropas de distintas tonalidades azules, cada una con el símbolo del ojo semicerrado grabado en el pecho.

—¿Y aquí trabajas tú?

—preguntó Bruno.

—Aquí entreno, descanso… y a veces sobrevivo —respondió con una sonrisa.

Lucía lo condujo hacia una sala más pequeña, llena de estanterías flotantes y mesas con herramientas de cristal.Tres personas los esperaban.

—Te presento a mi escuadrón —dijo ella.

El primero era Carlos, un tipo moreno, de complexión fuerte y mirada despierta.

Llevaba un chaleco corto y guantes sin dedos, y en su cintura brillaban pequeñas láminas translúcidas.

—Él se especializa en crear armas etéreas con oni.

Le gusta decir que el acero de un sueño nunca se oxida.

—Porque es verdad —replicó Carlos, estrechándole la mano a Bruno—.

¿Así que tú eres el civil?

El segundo era Vania, una chica de cabello rosa pálido recogido en un moño alto.

Llevaba un aro metálico al hombro, como un hula hula, pero con inscripciones doradas.

—Y no lo mires así —dijo Lucía, notando la expresión de Bruno—.

Ese anillo está cargado de oni.

Lo usa como proyectil.

Vania sonrió de oreja a oreja.

—Y nunca fallo.

Bueno, casi nunca.

El tercero era Rembrandt, un chico delgado con el cabello revuelto y manchas de pintura seca en las manos.

—Él usa el oni para recrear pinturas del mundo real —explicó Lucía—.

Sus cuadros pueden atrapar cosas… o personas.

—Prefiero pensar que las preservo —dijo Rembrandt, sin levantar mucho la mirada.

Bruno saludó con una mezcla de timidez y fascinación.El grupo era heterogéneo, pero había algo en su dinámica que se sentía natural, casi familiar.

—Entonces —dijo Carlos, cruzándose de brazos—, ¿qué hace aquí un tipo sin oni propio?

Lucía lo fulminó con la mirada.

—Tiene oni.

Solo que aún no sabe usarlo.

—Sí, claro —ironizó Vania—, y yo soy reina del onírico .—No subestimen lo que no entienden —intervino Rembrandt, sin apartar la vista de un boceto—.

A veces los vacíos atraen más energía que los recipientes llenos.

Lucía le lanzó una mirada de aprobación.

—Gracias.

Bruno, algo incómodo, solo atinó a preguntar: —¿Y ustedes también empezaron sin saber nada?

Carlos rió.

—Nadie nace sabiendo controlar el oni.

Pero créeme, algunos aprenden más rápido que otros.

Mientras hablaban, las luces de la sala parpadearon.Lucía miró hacia el techo.

—Nos están llamando.

—¿El consejo?

—preguntó Carlos.

—No.

Orryn.

El nombre provocó un silencio inmediato.

—¿Orryn?

—repitió Bruno.

—El séptimo del Círculo de la Verdad —respondió Lucía—.

El guardián de la memoria.

Y… nuestro superior directo.

Carlos resopló.

—Genial.

Siempre que él llama, algo grande pasa.

Lucía hizo un gesto para que la siguieran.Caminaron por un corredor de piedra brillante que desembocaba en una gran puerta doble con inscripciones móviles.Cuando se abrió, un viento tibio los envolvió.

La sala de Orryn era amplia, redonda, y su techo proyectaba un cielo lleno de constelaciones oníricas que se movían lentamente.En el centro, de pie, estaba Orryn.

Era un hombre de unos treinta y cinco años, de complexión atlética, rostro firme y mirada tan directa que parecía cortar el aire.Llevaba un uniforme azul oscuro con líneas doradas y el emblema de Somnia Veritas sobre el pecho.En su brazo izquierdo, un brazalete con la forma del ojo semicerrado emitía un leve resplandor.

—Custodios del Velo —dijo con voz grave—.

Han sido convocados por una anomalía detectada en el sector occidental del onírico.

Sus ojos se posaron en Bruno.—Y tú debes ser el motivo de tantos informes contradictorios.

Bruno se irguió instintivamente.

—¿Informes?

Lucía intervino con cautela.

—Yo le hablé de él, maestro Orryn.

Accedió al onírico sin llave.

Orryn ladeó la cabeza, intrigado.

—Eso no debería ser posible.

Caminó despacio hasta quedar frente a Bruno.

Su presencia imponía, no por violencia, sino por control.

—¿Sabes lo que eso significa, muchacho?

Bruno negó con la cabeza.

—Significa que, consciente o no, tu oni responde directamente al flujo natural del onírico.

Que tu conexión no está mediada por una llave, ni por un juramento.

Eres… un canal puro.

Lucía se tensó.

—¿Eso es peligroso?

—Depende —respondió Orryn—.

Los canales puros son raros.

Algunos se desintegran al primer intento.

Otros… abren puertas que no deberían existir.

Guardó silencio unos segundos antes de continuar.

—Por ahora, no tomaremos medidas.

Pero si vuelve a ocurrir, el Consejo de Veritas deberá evaluarlo.

Bruno tragó saliva.Orryn giró hacia el resto del escuadrón.

—Tienen una tarea.

Un nodo de oni alterado en la zona liminal de las Torres de Agua.

Podría ser un desbordamiento o un rastro de corrupción.

Necesito que lo contengan y traigan un registro.

—Sí, maestro —respondieron al unísono.

Antes de salir, Orryn volvió a mirar a Bruno.

—Tú vendrás también.

Si el onírico te reclama, más vale que aprendamos cómo.

Bruno intentó replicar, pero el tono de Orryn no dejaba espacio a réplica.El hombre se giró hacia la fuente central y, con un leve gesto, hizo aparecer un mapa flotante de energía azul.

—Prepárense —dijo—.

Y tú, Bruno… recuerda algo: el onírico no perdona la curiosidad.

Solo la recompensa cuando va acompañada de propósito.

Sus palabras resonaron en la sala mientras las constelaciones giraban lentamente sobre ellos.

Lucía lo miró de reojo, con una mezcla de preocupación y esperanza.—Te dije que esto apenas empezaba.

Bruno asintió, sin saber si debía sentirse privilegiado o condenado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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