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Dream tamers - Capítulo 9

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  4. Capítulo 9 - 9 Ecos y sombras
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9: Ecos y sombras 9: Ecos y sombras El aire dentro de las Espirales de la Luz Rota era tan denso que parecía líquido.Cada paso de Bruno hacía vibrar el suelo de cristal bajo sus pies, y la luz roja del cielo se deslizaba como sangre por las grietas.

Había avanzado sin rumbo durante lo que podrían haber sido minutos o siglos.El onírico no tenía tiempo, y en ese lugar en particular, tampoco parecía tener cordura.

Sombras difusas lo observaban desde las torres en ruinas.A veces creía escuchar pasos a su espalda, pero cuando giraba, no había nada.

—Perfecto —murmuró—.

Perdido en el infierno de los sueños.

Una voz suave, casi temblorosa, respondió desde un costado: —No exactamente el infierno, pero… sí estás en un mal vecindario.

Bruno se giró instintivamente.Un joven, quizá de su misma edad o un poco menos, lo observaba desde una columna rota.Tenía el cabello oscuro, despeinado, y unas gafas gruesas que distorsionaban el reflejo de sus ojos.Vestía una chaqueta con el emblema descolorido de Luna de Sangre, aunque estaba medio rasgado y remendado.

—¿Quién eres?

—preguntó Bruno, tensando los hombros.

—Tranquilo, tranquilo.

—El chico levantó las manos, sonriendo nervioso—.

No voy a hacerte daño.Se acercó con pasos cuidadosos.

—Me llamo Corvan.

Y tú… pareces terriblemente fuera de lugar.

—Podría decir lo mismo de ti —respondió Bruno, aún en guardia.

Corvan se rió suavemente.

—Tienes razón.

Pero yo al menos sé dónde estoy.Miró a su alrededor y bajó la voz—.

Este sitio está lleno de gremios oscuros y mercenarios.

No querrás que te vean caminando solo.

Bruno frunció el ceño.

—¿Gremios?

—Luna de Sangre, Espejos Vacíos, Dormitoria… y algunos que ni siquiera tienen nombre.

—Corvan suspiró—.

Gente que usa el oni por dinero, por venganza o por puro placer.

—Encantador.

—Bruno cruzó los brazos—.

Y supongo que tú perteneces a uno de ellos.

Corvan sonrió, incómodo.

—Técnicamente, sí.

—Se señaló el emblema rasgado—.

Pero no todos somos monstruos.Miró hacia el horizonte, donde el cielo se retorcía.

—Ven.

No deberías quedarte aquí.

Tengo un refugio cerca.

El refugio era una cavidad escondida entre dos torres quebradas.Dentro, había estanterías improvisadas hechas de hueso y cristal, llenas de libros y pergaminos flotantes.Una lámpara de oni azul flotaba en el centro, iluminando el rostro del joven.

—¿Vives aquí?

—preguntó Bruno.

—Digamos que… sobrevivo aquí.

—Corvan se encogió de hombros—.

Los demás prefieren las zonas altas, donde el oni corrupto es más denso.

A mí me basta con mis lecturas.

Bruno observó los libros.

—¿Qué clase de cosas estudias?

—Todo lo que nadie debería saber.

—Corvan sonrió con tristeza—.

Pero si uno no entiende los sueños, los sueños terminan devorándolo.

Se sentó frente a Bruno, apoyando los codos en las rodillas.

—Ahora, tu turno.

¿Quién eres y qué demonios haces aquí?

Bruno vaciló, pero la sinceridad del chico le inspiró confianza.

—Me llamo Bruno.

Soy de Somnia Veritas… o al menos eso creo.

Contó todo: el sueño del pasillo, a Lucía, el diario del abuelo, el trance, y cómo había terminado cayendo allí sin llave ni canalización.

Cuando terminó, Corvan tenía los ojos muy abiertos detrás de las gafas.

—Eso… es imposible.

—Se levantó, nervioso, caminando en círculos—.

Entrar a las Espirales sin una puerta ni un conjuro… eso no pasa.

Bruno lo miró con cansancio.

—Créeme, lo sé.

Corvan buscó entre sus estantes hasta sacar un libro delgado, encuadernado en cuero rojo.

—Toma.

—Se lo ofreció—.

Quizá esto te ayude a entender mejor lo que eres.

Bruno lo abrió.

No entendía los símbolos, pero el oni dentro del papel parecía moverse.

—¿Qué es?

—Una novela antigua sobre el flujo inverso.

Nadie en su sano juicio lo lee, pero siempre me intrigó.

Habla de tamers que no absorben oni… sino que lo proyectan.

Podría decirse que nadie le pone atención a eso porque es fantasía.

Pero yo siempre he creído que podría ser real.

Bruno levantó la mirada, sorprendido.Corvan sonrió, pero su gesto era triste.

—Siempre quise pertenecer a Somnia Veritas.

En su día presenté mis pruebas.

Pero mi oni era inestable, me dijeron que no era “apto”.

—¿Y cómo acabaste aquí?

—preguntó Bruno con cuidado.

—Mala suerte.

—Corvan se encogió de hombros—.

Un reclutador de Luna de Sangre me ofreció un lugar.

Dijo que aquí aceptaban a todos.

No me di cuenta de lo que realmente eran hasta que ya era tarde.

Su voz se quebró.

—No soy uno de ellos, Bruno.

Pero una vez que te marcan, no puedes salir.

Hubo un silencio incómodo.

Bruno asintió lentamente.

—Gracias por ayudarme, de todos modos.

Corvan se enderezó, respirando hondo.

—Te sacaré de aquí antes de que alguien te vea.

Tomó su bastón y caminó hacia la salida del refugio.

—Ven conmigo.

El sendero se estrechaba a medida que se alejaban del corazón de las Espirales.Corvan avanzaba atento, con las manos extendidas, canalizando pequeñas chispas de oni para iluminar el camino.

—Estamos casi fuera del alcance de los gremios —dijo—.

Si canalizo un poco más, podré comunicarme con quien elijas.

Tal vez tu amiga Lucía.

Bruno asintió.

—Hazlo.

Corvan cerró los ojos, concentrándose.Un halo azul comenzó a rodearlo.—Dame un segundo… Pero antes de que terminara la frase, el suelo tembló.Dos figuras emergieron de entre las sombras.Altos, corpulentos, cubiertos de suciedad y cicatrices.

No llevaban insignias.

Solo armaduras de oni endurecido y armas que respiraban humo.

—Mira lo que tenemos aquí —dijo uno de ellos, con voz grave y burlona—.

Un soñador perdido y un traidor de Luna de Sangre.

Corvan retrocedió un paso.

—No queremos problemas.

—Oh, yo sí.

—El otro mercenario sonrió mostrando dientes afilados—.

El oni fresco vale más que las promesas.

El primero avanzó con un hacha enorme que dejaba un rastro rojizo en el aire.Bruno se interpuso entre ellos y Corvan, levantando los puños envueltos en un tenue brillo azul.

—No te acerques.

El hombre rió.

—¿Y si lo hago?

El golpe fue brutal.

Bruno lo esquivó apenas, pero el aire desplazado lo arrojó contra el suelo.Corvan intentó canalizar su oni, creando un círculo luminoso para enviar el mensaje, pero el segundo mercenario lo embistió, rompiendo el círculo y derribándolo.

—¡Corvan!

—gritó Bruno.

El chico intentó levantarse, sangrando por la boca.

—Puedo hacerlo… puedo… El hacha volvió a descender.

Bruno la detuvo con los brazos cubiertos de oni, pero el impacto lo lanzó varios metros atrás.Su respiración era entrecortada, su energía casi agotada.

Los mercenarios se acercaron lentamente, disfrutando de la desesperación.—No te preocupes —dijo uno, levantando la hoja—.

Solo dolerá un momento.

Entonces, el aire se rasgó.

Un túnel de luz dorada se abrió de golpe frente a ellos.Una hacha idéntica pero resplandeciente emergió del portal, cortando el brazo del mercenario antes de que alcanzara a Bruno.El otro apenas alcanzó a girar cuando un aro giratorio lo golpeó en el rostro, derribándolo.

Una lanza etérea se clavó en el suelo, vibrando.Y frente a ellos, un rugido hizo temblar todo el terreno:un oso gigantesco, hecho de trazos de pintura, se irguió, mostrando colmillos de luz.

Bruno alzó la vista.A través del portal surgieron Orryn, Vania, Carlos y Rembrandt.

El líder del gremio avanzó, con su hacha dorada aún goteando luz.

—¿Quién osa lastimar a un miembro de Somnia Veritas?

Los mercenarios retrocedieron, aterrados, y desaparecieron en la bruma sin decir palabra.

Lucía no estaba entre ellos.Y eso hizo que el silencio posterior doliera aún más.

Carlos se acercó a Corvan, que yacía inconsciente.

—¿Este también es enemigo?

—preguntó Vania, limpiando su aro.

Orryn lo observó con desconfianza.

—Parece de Luna de Sangre.

Deberíamos llevarlo prisionero.

—No —intervino Bruno, respirando con dificultad—.

Él me ayudó.

Sin él, estaría muerto.

Orryn lo miró unos segundos, luego asintió.

—Lo evaluaremos después.

Bruno sintió que la visión se le nublaba.Las voces comenzaron a desvanecerse.

-Lucía… —susurró antes de desplomarse.

Despertó en una habitación del gremio, con Calennor Kairos sentado a su lado.El maestro giró el reloj de arena entre las manos.

—Eres un imán para los problemas, Bruno.

—No lo hice a propósito —dijo él, intentando incorporarse.

Calennor lo observó con atención.

—No lo dudo.

Pero Orryn teme que vuelvas a aparecer donde no debes.

Así que te dejaré esto.

Le colocó en la muñeca una pulsera de metal oscuro, tallada con símbolos luminosos.

—¿Qué es?

—preguntó Bruno.

—Un ancla.

Evitará que cruces al onírico sin supervisión.

—Suena más a un grillete que a una ayuda —replicó Bruno, mirando el brazalete.

Calennor sonrió apenas.

—A veces son la misma cosa.

Carlos entró en ese momento.

—Lucía no ha vuelto —dijo sin rodeos.

Bruno levantó la cabeza.

—¿Qué?

—Mandó una comunicación breve.

Avisó que no estabas en tu habitación.

Desde entonces, nada.

El silencio se hizo pesado.Orryn, que acababa de entrar, habló con su voz de trueno.

—Te enviaremos de vuelta al mundo real.

Por ahora, es el único lugar donde no podrás causar una brecha.

Bruno lo miró con frustración.

—Ni siquiera sé cómo lo hice.

—Exactamente —respondió Orryn—.

Y hasta que lo sepas, no pondrás en riesgo a nadie más.

Una puerta se abrió, bañándolo en luz.Bruno cruzó el portal sin mirar atrás, con el peso del brazalete brillando débilmente en su muñeca.

El mundo real lo recibió con el mismo silencio que la vez anterior.Miró el brazalete, apretó los dientes.

—“Un ancla”, dijo… —murmuró—.

Más bien una cadena.

En otro punto del onírico, entre corrientes de luz que fluían como ríos suspendidos, una silueta avanzaba sola.Lucía caminaba con paso firme, los ojos brillando con determinación.

El aire aquí era espeso, cargado de recuerdos olvidados.

La corriente del Olvido.

Se detuvo un momento, cerrando los ojos.Podía sentirlo.

Un rastro de oni familiar, débil, pero inconfundible.

—Bruno… —susurró.

Y siguió avanzando entre los ecos de las memorias perdidas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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