Dueño de tienda a nivel dios - Capítulo 105
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105: Capítulo 105: ¿Dónde está la diferencia?
105: Capítulo 105: ¿Dónde está la diferencia?
Una expresión solemne apareció en los ojos de Bu Shiyi.
Solo al enfrentarse de verdad al Viejo Bai entendió la presión que suponía.
Desde fuera, parecía que ella llevaba la iniciativa todo el tiempo.
Su espada no dejaba de atacar, una y otra vez, mientras el Viejo Bai se limitaba a defenderse.
Pero cuanto más avanzaba el combate, peor se veía su cara.
Porque descubrió algo inquietante: el Viejo Bai era como una masa de algodón imposible de atravesar.
No importaba cuán rápido, cuán preciso o cuán feroz fuera su ataque; todo caía en el vacío.
No había efecto.
No había avance.
Y, poco a poco, Bu Shiyi sintió algo todavía más incómodo.
Sus movimientos ya no le pertenecían del todo.
Cada ataque que lanzaba parecía arrastrarla justo hacia donde el Viejo Bai quería.
Como si, sin darse cuenta, hubiera caído por completo en su ritmo.
En otras palabras, ya no podía detenerse.
Y ella sabía perfectamente lo que eso significaba.
El instante en que su ofensiva se cortara… sería el instante de su derrota.
Fuera del juego, Bu Lige frunció el ceño al mirar la pantalla.
—¿Por qué el Viejo Bai no ataca?
¿Por qué solo se está defendiendo?
Jiang Shengjun también estaba desconcertado.
A sus ojos, parecía que el Viejo Bai había quedado completamente contenido por la ofensiva de Bu Shiyi.
Pero, al mismo tiempo, ambos sabían que eso era imposible.
El Viejo Bai acababa de entrar al noveno nivel del Reino de la Integración del Alma.
Bu Shiyi, por muy talentosa que fuera, seguía estando en el Reino del Alma Errante.
Aunque dentro de la Arena el reino de los dos se hubiera igualado, la visión, la experiencia y la conciencia de combate seguían estando en niveles completamente distintos.
Por eso, lo que estaban viendo los confundía todavía más.
Fue Ji Wuhui quien respondió con una sonrisa leve: —Todavía no lo ven porque su nivel aún no es suficiente.
Desde el principio, la dirección del combate ha estado completamente en manos del Viejo Bai.—Parece que Shiyi está atacando sin parar, pero en realidad ya cayó en su ritmo.
Ahora mismo está montada sobre un tigre y no puede bajarse.
Las palabras apenas habían terminado de salir de su boca cuando el Viejo Bai se movió.
Hasta ese momento, había estado bloqueando, cediendo, absorbiendo la presión.
Pero ahora… atacó.
No se sabía en qué momento, una simple rama seca había aparecido en su mano.
Y con ella dio un solo paso al frente y lanzó una estocada.
Nada más.
Sin adornos.
Sin desbordes.
Sin ningún movimiento innecesario.
Era un gesto simple hasta el extremo.
Y, sin embargo, en el instante en que lo vio venir, Bu Shiyi sintió como si todo el mundo se le viniera encima.
Aquel ataque contenía una claridad absoluta.
No había espacio para evitarlo.
No había espacio para responder.
En ese momento entendió otra diferencia enorme entre ambos: aunque su reino actual era el mismo, el uso que hacía el Viejo Bai del poder espiritual estaba muy por encima del suyo.
No era cuestión de cantidad.
Era cuestión de comprensión.
De control.
De haber peleado lo suficiente como para convertir todo eso en instinto.
En el siguiente instante, la espada de Bu Shiyi se quebró centímetro a centímetro.
Y su figura se convirtió en puntos de luz.
Había perdido.
Fuera del juego, Bu Lige abrió mucho los ojos.
—¡¿Solo un movimiento?!
¡Desde el principio hasta el final, solo necesitó un movimiento para decidirlo!
Bu Shiyi se quitó el casco y guardó silencio unos segundos antes de hablar: —Perdí.
El Viejo Bai también salió del juego y sonrió con tranquilidad.
—Niña de la familia Bu, ¿ahora entiendes dónde está la diferencia?
Bu Shiyi asintió despacio.
Sí.
Ahora lo entendía.
No era solo una cuestión de experiencia de combate.
Tampoco era únicamente una diferencia de visión.
Había algo más profundo.
Sus movimientos todavía eran demasiado “pensados”.
Demasiado marcados.
Demasiado visibles.
En cambio, el Viejo Bai era distinto.
Cada acción suya parecía surgir de forma natural, como si no necesitara decidir nada.
No había rastro de movimientos sobrantes.
No había dudas.
No había vacilación.
Ese tipo de conciencia de combate extrema ya estaba grabada en su cuerpo.
Era puro instinto.
Y una cosa así no podía formarse sin incontables batallas reales.
Sin embargo… en la Tienda de Origen, esa lógica tampoco era absoluta.
Porque la Torre de prueba hacía posible algo que en el exterior resultaba impensable: acumular experiencia de combate real dentro de un juego.
Muy pronto, la atención de todos volvió a cambiar.
Ya era hora de entrar otra vez en la Torre de prueba.
Como suele decirse, la mejor forma de mejorar la fuerza es pelear.
Y por eso Bu Shiyi eligió directamente el modo desafío.
No tenía sentido entrar en la Arena por ahora.
Bu Lige y Jiang Shengjun eran demasiado flojos como rivales para lo que ella quería pulir.
Y ni Ji Wuhui ni el Viejo Bai podían pasarse el día sirviéndole de compañeros de entrenamiento.
En cuanto a Luo Chuan y Yao Ziyan… ni siquiera se molestó en pensarlo.
Por otro lado, Ji Wuhui y el Viejo Bai también eligieron el modo desafío.
Para Ji Wuhui, la experiencia seguía siendo novedosa.
Era la primera vez que se enfrentaba a bestias monstruosas tan reales dentro de un juego.
Aunque, claro, tener que adaptarse de golpe a un cuerpo de Forja del Cuerpo seguía resultándole un poco extraño.
En cambio, Bu Lige y Jiang Shengjun se fueron directamente a la Arena.
Los dos estaban en el Reino del Alma Errante, y su experiencia de combate tampoco era mala.
Eran, por tanto, una pareja bastante adecuada para medirse entre sí.
Por supuesto, antes de ponerse el casco, los tres hicieron lo mismo de siempre: cada uno fue por su vaso de fideos instantáneos.
Después de todo, durante esa hora, la velocidad de cultivo aumentaba muchísimo.
Y nadie pensaba desperdiciar una ventaja así.
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