Dueño de tienda a nivel dios - Capítulo 345
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Capítulo 345: Capítulo 344: Vacío, abismo y orden
—…déjalo aquí…
—…ya no puedo resistirlo…
De repente, unos murmullos vagos resonaron en la mente de Luo Chuan.
Luo Chuan frunció ligeramente el ceño y levantó la vista hacia el Árbol del Mundo.
No cabía duda.
Aquella voz venía de allí.
Tras pensarlo un momento, preguntó en su mente:
—Sistema, ¿puedes mostrarme la información de ese árbol?
La verdad, no esperaba demasiado.
Después de todo, el sistema ya tenía experiencia ignorando preguntas incómodas.
Pero, esta vez, la respuesta llegó enseguida:
—Sí.
Frente a los ojos de Luo Chuan apareció un pequeño panel de información, parecido a los que mostraba la Torre de prueba.
Árbol del Mundo
Nivel: Santo
Estado: erosionado por el abismo, pérdida masiva de vitalidad, conciencia alterada…
Observación: La vida está desapareciendo. Se recomienda tratamiento inmediato.
Luo Chuan se quedó mirando el panel unos segundos.
En la columna de estado había una larga lista de alertas en rojo.
Solo verla ya daba una mala impresión.
Y, aun así, aquel árbol seguía en pie.
Luo Chuan no pudo evitar chasquear la lengua para sus adentros.
La vitalidad del Árbol del Mundo era realmente monstruosa.
Si cualquier otra criatura hubiera acumulado tantos problemas, hacía mucho que estaría muerta.
Pero había algo que le importaba más que todo lo demás.
La erosión del abismo.
Luo Chuan entrecerró un poco los ojos.
—Sistema, ¿qué es exactamente el abismo?
La voz del sistema sonó con la misma calma de siempre:
—El vacío es supremo. Todo nace del vacío.
Luo Chuan guardó silencio.
Luego respondió sin emoción:
—Sistema, di algo que una persona normal pueda entender.
Hubo un breve silencio.
Por un instante, Luo Chuan tuvo la desagradable sensación de que el sistema lo estaba mirando por encima del hombro.
Finalmente, la explicación continuó:
—Puedes entenderlo así: todos los mundos que nacen del vacío pertenecen al lado del orden.
Luo Chuan asintió despacio.
—¿Y el abismo?
—El abismo es el lado opuesto.
—Es la fuerza que erosiona el orden, empujando todo hacia el caos y la destrucción.
Esta vez Luo Chuan sí entendió.
Pensó un poco antes de resumirlo con sus propias palabras:
—Entonces, el vacío es el origen.
—Los mundos nacen de él y forman el orden.
—Y el abismo es la fuerza que arrastra ese orden de vuelta al caos.
—Puedes entenderlo así —respondió el sistema.
Luo Chuan sintió que empezaba a dolerle un poco la cabeza.
Muchas cosas parecían estar uniéndose poco a poco.
Las ruinas antiguas.
Esas criaturas deformes.
El estado del Árbol del Mundo.
Y también las palabras del sumo sacerdote sobre la erosión de este mundo.
Justo cuando estaba pensando en ello, una voz familiar sonó a lo lejos:
—¡Jefe!
Luo Chuan se volvió.
Desde la distancia se acercaba un grupo numeroso.
Había miembros de la familia real de las bestias demoníacas, y también varios cultivadores humanos mezclados entre ellos.
Al ver esa escena, Luo Chuan no pudo evitar quedarse un poco sorprendido.
Sinceramente, tenía bastante curiosidad por saber cómo habían terminado todos juntos.
Pero la atención del grupo cambió de inmediato al ver el Árbol del Mundo.
Las exclamaciones empezaron una tras otra.
—¡Qué árbol tan enorme!
—¿De verdad existe una forma de vida así?
—Solo mirarlo ya da miedo…
—¿Podría ser este el núcleo de las ruinas antiguas?
Muchos se quedaron mirando el árbol con el rostro lleno de asombro.
Aquella existencia era tan grande, tan antigua y tan opresiva que, solo con verla, ya se sentía que el viaje había valido la pena.
Entre la multitud, alguien murmuró con el rostro pálido:
—Su aura es demasiado aterradora…
—Siento que, delante de él, no soy más que una hormiga.
Lo cierto era que, en condiciones normales, un grupo tan grande moviéndose por las ruinas antiguas habría atraído problemas hacía rato.
Pero la situación era distinta.
Entre ellos había varios expertos del Reino de la Integración del Alma, e incluso figuras del Reino Venerable de la familia real demoníaca.
Con semejante formación, la mayoría de las criaturas extrañas de las ruinas antiguas ni siquiera se atrevía a acercarse.
Las pocas que aparecían eran aplastadas casi al instante.
Por eso habían llegado hasta allí sin demasiados contratiempos.
Yao Ziyan fue la primera en acercarse a Luo Chuan.
—Jefe, por fin lo encontramos.
Luo Chuan asintió.
Luego miró una vez más al Árbol del Mundo y habló con calma:
—Parece que aquí está el verdadero problema.
Al escuchar esas palabras, muchas miradas se volvieron de inmediato hacia él.
Porque, por el tono con que lo había dicho, estaba claro que Luo Chuan ya sabía algo que los demás todavía no entendían.
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